Agrivoltaica: ¿son compatibles la fotovoltaica y el desarrollo agrícola? - EL ÁGORA DIARIO

Agrivoltaica: ¿son compatibles la fotovoltaica y el desarrollo agrícola?

Cada vez se dedican más terrenos rurales a la producción fotovoltaica y hay un debate sobre cómo y dónde hacerlo. Algunas investigaciones sostienen que los cultivos se benefician de la protección de los paneles y estos ganan eficiencia por la situación favorable de los emplazamientos agrícolas. En el sector no hay unanimidad

Elena Alonso
Madrid | 8 octubre, 2019

Tiempo de lectura: 6 min



La duda está sembrada. Hay que fomentar el uso de las energías renovables pero respetando el uso original del terreno agrícola. Conscientes de que lo ideal sería que éste no se destinara nunca a la producción de electricidad, sin embargo, dentro del mismo sector renovable no hay unanimidad sobre qué criterios seguir.

Muchos ven en el autoconsumo la solución a este problema, pero, tal y como explica José Donoso, director general de UNEF (Unión Española Fotovoltaica), no hay tanta posibilidad de potencia. “Si queremos luchar efectivamente contra el cambio climático, eliminar los combustibles fósiles y la nuclear y atender al crecimiento de la demanda de energía, va a hacer falta mucha fotovoltaica y se va a necesitar terreno”, aclara.

Al respecto la Fundación Renovables en su último informe es tajante: se debe favorecer la generación de electricidad con fuentes renovables en terrenos poco aptos para el cultivo o directamente no cultivables. Para ello, pide una regulación estricta que impida la retirada de terreno fértil para la implantación de plantas de generación y el establecimiento de gravámenes que lo penalicen.

Para José Donoso, en cambio, es más importante minimizar los efectos de las redes de alta tensión, que es lo que más impacto tiene, y emplazar las instalaciones en los terrenos que estén más cercanos al punto de consumo. “Si se levanta una planta en un terreno que esté baldío pero que está situado a quince kilómetros de la subestación finalmente va a ocupar más territorio porque hay que construir una red para cubrir esa distancia”.

En España no hay mucho terreno agrícola pero también es cierto que hay que buscar un equilibrio entre el terreno que menos valga y la cercanía, además, los promotores no suelen querer terrenos agrícolas porque son más caros, insiste. A pesar de ello, “en la actualidad se están pagando rentas por alquiler de grandes superficies de terreno cultivable por parte de empresas promotoras con el fin de llevar a cabo centrales de generación de electricidad”, afirma la Fundación Renovables.

“Dedicar actualmente terrenos agrícolas a la fotovoltaica con la cantidad de territorio baldío que hay en España es un disparate”, asevera Mariano Sidrach de Cardona, vicepresidente de la Fundación Renovables, que sí piensa que “el autoconsumo tiene en nuestro país un potencial tremendo, lo que ocurre es que las grandes plantas resultan más rentables”. A su juicio, la cercanía no es un argumento y la rentabilidad económica no debe ser el único criterio a seguir. “Hay otras rentabilidades sociales, ecológicas, etc…”, dice en alusión, entre otros problemas, al caso de la “España vaciada”.

En esta línea, la Fundación Renovables defiende el establecimiento de deducciones para la generación eléctrica renovable en el ámbito rural en terrenos no cultivables o de bajo valor productivo, haciendo especial énfasis en las iniciativas nacidas desde organizaciones locales y de pequeño tamaño o como apoyo a instalaciones ganaderas no extensivas, de riego, etc.

Reservas naturales fotovoltaicas

Para José Donoso hay que tener en cuenta que el terreno cultivado no es un espacio natural, en el sentido de que supone una agresión del hombre al medio. Así visto, los grandes campos de monocultivo no fomentan biodiversidad. Por esta razón, en el decálogo de mejores prácticas para impulsar la sostenibilidad total del sector, UNEF propone que los parques fotovoltaicos se planteen como reservas integrales de la naturaleza. Es decir, que se diseñen para proteger la biodiversidad y las especies locales de los entornos en los que se pongan en marcha. “Se pueden convertir en una especie de santuarios porque, además de albergar una gran diversidad de plantas, insectos, aves y otros animales, por ellos no van a pasear personas y no van a entrar los cazadores”, explica su director general.

Por eso, en su decálogo proponen una serie de medidas como la extensión de los estudios de seguimiento de avifauna; revegetación con plantas que favorezcan a los insectos polinizadores así como el respeto a los cursos de agua existentes y reutilizar el agua usada en la limpieza de placas como riego.

Agrivoltaica

En los últimos años se está investigando el cultivo bajo paneles solares. Esta última opción, denominada Agrivoltaica, trata de compatibilizar el uso del terreno por la energía solar con el uso del suelo por el agricultor. Este pasado verano se han publicado dos estudios al respecto en la revista Nature que aseveran que esta práctica puede ser beneficiosa, en algunas zonas, tanto para el crecimiento de ciertos cultivos como para el funcionamiento de los paneles fotovoltaicos.

El más reciente, “Agrivoltaics provide mutual benefits across the food–energy–water nexus in drylands”, publicado en septiembre y realizado por investigadores en su mayoría procedentes de la Universidad de Arizona, afirma que la sombra de los paneles fotovoltaicos reduce el estrés por sequía en las plantas, favorece una mayor producción de alimentos y disminuye el estrés por calor al panel fotovoltaico, que aumenta en eficiencia.

Los investigadores del otro estudio -“Solar PV Power Potential is Greatest Over Croplands”-, también estadounidenses, realizaron experimentos agrivoltaicos y lograron cultivar con éxito aloe vera, tomates, maíz de biogás, pasto y lechuga. Para ello, partieron de la idea de que “las tres principales cubiertas terrestres asociadas con el mayor potencial de energía solar fotovoltaica son tierras de cultivo, praderas y humedales, ya que los paneles solares son más productivos con abundante insolación, vientos ligeros, temperaturas moderadas y baja humedad, las mismas condiciones mejores para los cultivos agrícolas”.

Una investigación similar se acaba de poner en marcha en España, en este caso para trasladar este concepto a azoteas en el entorno urbano. El estudio lo ha impulsado un grupo de investigadores de la Universidad de Málaga dedicado a analizar la instalación de autoconsumo fotovoltaico en azoteas y terrazas. Paralelamente, otro grupo de expertos de la Universidad de Sevilla estudiaba como las cubiertas vegetales en azoteas o fachadas pueden minimizar los efectos de “isla de calor” de la ciudad cuando sube mucho la temperatura. Tal y como explica Llanos Mora, catedrática de la UMA, consideraron que sería muy interesante unir las dos investigaciones y observar cómo podría beneficiarse una cubierta vegetal si se instalan sobre ella unos paneles. “Como las plantas bajan la temperatura, la fotovoltaica funciona mejor y es más eficiente”, explica Mora.

Solar sobre balsas de riego

Un concepto muy similar al de Agrivoltaica es el de la solar flotante, que persigue el mismo fin: preservar el uso original del suelo. Consiste en la instalación de sistemas fotovoltaicos sobre balsas de riego. Al fin y al cabo, éstas son superficies agrícolas que están destinadas a acumular agua para regar los cultivos. No se utiliza terreno nuevo. Emilio Pons, director de Ingeniería y Desarrollo de Isigenere, una de las empresas pioneras en España en Solar Flotante, aunque no la única, asegura que estos sistemas permiten conservar el uso del suelo, porque las placas se instalan sobre el agua destinada al cuidado del mismo terreno agrícola en el que se almacena. “Lo que hacemos es darle un segundo uso a esa superficie. Almacenamos agua y producimos energía para la agricultura en el mismo sitio, sin tener que destinar superficie agrícola para generar electricidad” explica Emilio Pons.

Este tipo de instalaciones tienen otra ventaja y es que evitan en gran medida la evaporación del agua, un recurso escaso muy a menudo en nuestro país. Según Pons, sus sistemas tienen unos ratios de reducción de evaporación del agua del 85%. Una virtud que va unida a que la producción de electricidad se destina principalmente al bombeo, de modo que se elimina el sobrecoste que supondría sacar el agua de grandes profundidades. De las instalaciones que ha ejecutado Isigenere en España, alrededor de diez, la más pequeña tiene cerca de 15 kW de potencia y la más grande alrededor de 2,5 MW. Todas son de agua dulce y en balsas de riego. Hoy por hoy no hay en España ninguna planta de este tipo destinada a vender energía a la red. La tecnología promete: la empresa acaba de firmar el contrato para la instalación de dos plantas sobre embalses en Extremadura, las primeras en España.



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