El suelo, la mejor herramienta para capturar CO2 - EL ÁGORA DIARIO

El suelo, la mejor herramienta para capturar CO2

El secuestro de carbono del suelo en tierras agrícolas es uno de los medios clave para mitigar el cambio climático. Las buenas prácticas agrícolas y forestales pueden ayudar a las tierras de cultivo o a los bosques a absorber más carbono de la atmósfera

María Santos
Madrid | 16 octubre, 2019

Tiempo de lectura: 5 min



La emisión de gases de efecto invernadero es hoy por hoy una de las principales causas del calentamiento global que alimenta el cambio climático. La agricultura, responsable hasta ahora del 11% del total de las emisiones podría llegar a ser neutral en emisiones de carbono en pocos años adoptando un modelo de conservación que favorezca el secuestro de CO2 en el suelo.

Lograr una Europa carbono neutral en 2050 implica el compromiso de todos los sectores responsables de las emisiones. La agricultura es hoy la tercera actividad económica emisora de CO2, uno de los principales gases efecto invernadero.

Sin embargo, la adopción de buenas prácticas y un modelo de gestión del suelo puede contribuir a que se convierta en uno de los pilares mitigadores del calentamiento global.

La agricultura causa, sufre y mitiga el cambio climático

La mayor parte de las emisiones generadas por la agricultura están relacionadas con prácticas en el ámbito agrario, como la deforestación, el agotamiento de los suelos agrícolas por una sobre explotación y excesivo laboreo del suelo, cambio de de manejo de prados, manejo inadecuado de turberas y zonas húmedas; mientras que otras prácticas, por el contrario, son susceptibles de almacenar carbono, tanto en los suelos como en la biomasa.

La degradación de los suelos amenaza más del 40% de la superficie terrestre, casi 12 millones de hectáreas anuales

Por otro lado los bosques y la vegetación en general son sumideros de carbono. Tienen la capacidad de absorber el carbono presente en la atmósfera e incorporarlo a través de la fotosíntesis a la estructura del suelo.

De esta manera se puede almacenar carbono que, de otra forma, estaría libre en la atmósfera. Además, el carbono orgánico de las plantas es más estable que el que se encuentra en forma gaseosa. Esto es lo que se conoce como “secuestro de carbono”.

Uno de los modelos para que la actividad agraria fomente este secuestro de CO2 es la agricultura de conservación, que según Oscar Veroz investigador de la Asociación Española de Agricultura de Conservación Suelos vivos, se fundamenta en cultivar produciendo una mínima alteración del suelo, manteniendo una cobertura permanente que evita su erosión y realizando, por otro lado, rotación de cultivos que ayuden a fomentar la biodiversidad en la zona.

España es líder en la Unión Europea en técnica de agricultura de conservación con más de dos millones de hectáreas cultivadas y un gran potencial para desarrollarla en las extensiones de cultivos herbáceos del país.

Además de la compensación de las emisiones de CO2, afirma Veroz para El Ágora, los estudios de campo desarrollados con agricultura de conservación han confirmado en las parcelas en las que se ha llevado a cabo que se pueden obtener ahorros de hasta un 20% en los costes de producción, sobre todo energéticos.

“La importancia del proyecto LIFE+Agricarbon», ha explicado Veroz, desarrollado con fondos europeos, se condensa en un solo dato: se ha demostrado que, gracias a la agricultura de conservación se han compensado emisiones de CO2 de más de un millón de ciudadanos europeos“.

Entre las medidas aplicadas se ha optado por  agricultura de precisión para promover un uso más eficiente de la energía gracias al empleo de ayudas al guiado de los tractores y técnicas de aplicación variable de insumos. Ambos métodos han conseguido aumentar la eficiencia y la productividad energética, según los resultados obtenidos, consiguiendo un ahorro energético global del 18%.

Estas técnicas respetuosas con el medio ambiente no son menos productivas que las convencionales, una de las creencias que rodean a estos métodos, ya que según Veroz se ha constatado que la agricultura de conservación ahorra costes a los agricultores cifrados en unos 60 euros por hectárea de media.

El estudio del contenido porcentual del Carbono Orgánico en el Suelo (COS) a nivel nacional, muestra que 16 provincias tienen un porcentaje por debajo del 1%, y 28 provincias tienen un porcentaje entre el 1% y el 2%, lo que supone, según algunos autores, que 44 provincias, (88% del total), están en riesgo de pérdidas importantes en la calidad de sus suelos.

 

A tenor de los datos aportados por los diferentes estudios analizados, es posible constatar que los suelos de uso agrícola son los que más cantidad de carbono orgánico han perdido históricamente y que, por tanto, poseen un gran potencial para secuestrar el carbono atmosférico.

Todo dependerá de la implantación y puesta en práctica de sistemas de manejo, que incremente la capacidad sumidero del suelo, contribuyendo así a la mitigación de los impactos del cambio climático y a la sostenibilidad de los ecosistemas agrarios.

Almacén de COS en España

Todos los estudios realizados a nivel nacional coinciden en que los suelos españoles tienen una baja concentración de COS en la capa superficial de suelo (0-30 cm), en línea con los trabajos realizados a nivel europeo, en los que se destaca que las zonas del arco Mediterráneo son las que menores valores de concentración de COS tienen de Europa (Lugato et al., 2014).

Un compromiso mundial: secuestrar 4.000 millones de toneladas de CO2

La restauración de las tierras agrícolas degradadas y el aumento de la tasa del carbono en el suelo juegan un papel importante en el tratamiento del triple desafío que constituyen la seguridad alimentaria, la adaptación de los sistemas alimentarios y de las personas al cambio climático, y la mitigación de las emisiones producidas por los humanos.

Ya en la COP21, celebrada en París en 2015, España se sumó al Objetivo 4×1000 que en el horizonte de los suelos mundiales, lo que representa existencias de cerca de un billón de toneladas de carbono, se traduciría en algunas décadas en un secuestro anual de 4.000 millones de toneladas de carbono en el suelo, lo cual representaría un contrapeso del aumento del CO2 atmosférico.

El potencial de secuestro de carbono del suelo a nivel mundial se sitúa en 2,1 billones de toneladas al año, correspondiendo a los suelos agrarios una tasa de secuestro de entre 0,4-1,2 billones de toneladas al año si se aplicasen prácticas como la siembra directa, la retirada de tierras, la implantación de cultivos perennes, implantación de cultivos de raíces profundas, utilización óptima de enmiendas orgánicas (estiércol animal, lodos de depuradora, paja de cereales, compost), rotaciones de cultivos, riego, cultivos bioenergéticas, agricultura ecológica y conversión de tierras de cultivo en pastizales o bosques.

En sólo 10 años de labranza, se pierde el 30% de la materia orgánica que originariamente tenía el suelo

El pasado mes de septiembre los ministros de Agricultura de la Unión Europea se reunieron para discutir sobre el secuestro de carbono del suelo como una acción climática en la agricultura y apoyar esta medida a través de la Política Agrícola Común (PAC) .

Bruselas defiende que las buenas prácticas agrícolas y forestales pueden ayudar a las tierras de cultivo o a los bosques a absorber más carbono de la atmósfera, y estas técnicas pueden ser apoyadas a través de las políticas comunitarias, que llegarían a hacer de la agricultura una parte de la solución a la proliferación de gases efecto invernadero.

Según los ministros, la PAC ofrece la capacidad suficiente para aumentar el secuestro de carbono, pero debe garantizarse la financiación de la misma.

Varios métodos prácticos para el secuestro de carbono

En el debate se destacó la necesidad de considerar las demandas especiales locales y regionales, y que deben mejorarse los métodos para medir el carbono, aumentar la investigación y tener efectos prácticos en la actividad agraria. También debe respaldarse el desarrollo de innovaciones al respecto.

Los pastos, la rotación de cultivos, el mínimo laboreo, la siembra directa, la forestación y la agro-silvicultura se destacaron como acciones concretas para este secuestro de carbono en varias de las discusiones.

El ciclo del carbono

El ciclo del carbono es un ciclo biogeoquímico por el cual el carbono se intercambia entre la biosfera, la litosfera, la hidrosfera y la atmósfera de la Tierra.

Los conocimientos sobre esta circulación de carbono posibilitan apreciar la intervención humana en el clima y sus efectos sobre el cambio climático.

El carbono (C) es el cuarto elemento más abundante en el Universo, después del hidrógeno, el helio y el oxígeno (O)

Existen básicamente dos formas de carbono: orgánica (presente en los organismos vivos y muertos, y en los descompuestos) y otra inorgánica (presente en las rocas).

En el planeta Tierra, el carbono circula a través de los océanos, de la atmósfera y de la superficie y el interior terrestre, en un gran ciclo biogeoquímico. Este ciclo puede ser dividido en dos: el ciclo lento o geológico y el ciclo rápido o biológico.

Suele considerarse que este ciclo está constituido por cuatro reservorios principales de carbono interconectados por rutas de intercambio.

Los reservorios son la atmósfera, la biosfera terrestre (que incluye sistemas de agua dulce y material orgánico no vivo, como el carbono del suelo), los océanos (que incluyen el carbono inorgánico disuelto, los organismos marítimos y la materia no viva), y los sedimentos (que incluyen los combustibles fósiles).

Los movimientos anuales de carbono entre reservorios ocurren debido a varios procesos químicos, físicos, geológicos y biológicos.

El océano contiene el fondo activo más grande de carbono cerca de la superficie de la Tierra, pero la parte del océano profundo no se intercambia rápidamente con la atmósfera.


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