Los incendios no se previenen limpiando sino gestionando el monte

El fuego se previene dando valor a los montes

El cambio climático, el abandono del medio rural y la pérdida de usos de las masas forestales condiciona la gestión de los incendios en España y el resto del mundo. Dar valor al monte y crear paisajes más diversos se vuelve clave para poder afrontar los llamados incendios de sexta generación

María Santos | Redacción de El Ágora
Madrid | 1 noviembre, 2019

Tiempo de lectura: 5 min



El subdirector general de Política Forestal del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, José Manuel Jaquotot, considera que la de 2019 ha sido una campaña de incendios forestales “bastante normal” comparada con la media de los últimos 10 años, “a pesar de que el estrés hídrico hacía presagiar una mala temporada”.

Desde el 1 de enero hasta el 13 de octubre de 2019 se registraron 10.499 incendios que quemaron un total de 80.431 hectáreas de las que 25.656 eran bosques o zonas de arbolado, un 5% menos que la media del decenio.

Asimismo, señala que en ese periodo se han registrado 14 grandes incendios forestales (GIF), aquellos que superan las 500 hectáreas quemadas, una cifra que también es inferior a la media del decenio, que son 19 de estos siniestros, aunque en ellos se quemó un tercio de la superficie total.

Jaquotot ha puesto en valor el alto nivel de los sistemas de extinción de incendios forestales españoles, “lo que nos convierte en una referencia internacional”, y ha destacado la profesionalización y la excelente coordinación de las distintas administraciones implicadas en la extinción de incendios especialmente complejos como el registrado este verano en Canarias.

Según el subdirector general de Política Forestal, para evitar los incendios forestales no hay que limpiar los montes, como suele repetirse desde muchas instancias sin gran conocimiento técnico, sino gestionarlos, darles uso.

España es el tercer país de Europa con mayor volumen de masa forestal, sólo por detrás de Suecia y Finlandia. En concreto según el último Anuario Estadístico de España, tenemos 7.500 millones de árboles y 18,41 millones de hectáreas, y una masa forestal que crece a un ritmo anual del 2,19%, cuatro veces más que la media europea.

Aún así, “es fundamental recuperar los usos de las masas forestales. Frenar el abandono rural y buscar actividades que generen rentabilidad, como la producción trufera o el cultivo de frutos rojos, mantendrán nuestros bosques cuidados y por tanto se reducirá el riesgo de incendios”, indica Jaquotot.

Madera en el monte

A pesar de su amplia superficie forestal, España es el octavo país de la UE en aprovechamiento de la madera. Según datos de la Confederación de Organizaciones de Selvicultores de España, cada año se quedan en el monte del orden de 30 a 40 millones de metros cúbicos de madera y biomasa.

Este dato se suma al alto grado de abandono de las explotaciones agrarias, así como al de la deficiente gestión de los montes comunales que provocan que el riesgo de incendios aumente, impidiendo así el adecuado aprovechamiento de sus recursos.

En este sentido, el responsable de política forestal del MAPAMA destaca la importancia de la nueva Estrategia Forestal Española que busca ser el marco estatal común de la política forestal de la Administración General y de las comunidades autónomas para la próxima década.

La estrategia quiere incorporar la política forestal en las demandas de cambio climático y transición energética hacia una economía circular baja en carbono para lograr un desarrollo sostenible.

Para José Manuel Jaquotot, los montes españoles pueden desempeñar un papel muy relevante en asuntos como la mitigación del cambio climático, el desarrollo sostenible y la gestión eficiente de los recursos naturales.

Para Ramón María Bosch, coordinador del Comité de Defensa contra Incendios Forestales de Tecnifuego (Asociación Española de Sociedades de protección contra Incendios) el cambio climático está cambiando el paradigma de los grandes incendios forestales.

Cambios en la dinámica de los fuegos

El aumento de las temperaturas, el abandono de zonas rurales, la pérdida del uso de las masas forestales y el estrés hídrico están haciendo que los incendios se extiendan a latitudes más al norte de Europa, donde hasta ahora no se contemplaban, y que alcancen una virulencia desconocida hasta ahora.

Incendio de Gran Canaria

De hecho, en España en los últimos años la temporada de riesgo de incendios forestales apenas duraba cuatro meses, de junio a octubre, y este mismo año hemos afrontado la extinción de grandes incendios forestales desde el inicio de la primavera.

Bosch coincide con la Administración en que la forma de prevenir los incendios forestales no es limpiar los bosques sino gestionar el territorio convenientemente y recuperar los usos de la masa forestal. “Para ello, es fundamental apostar por una Política Forestal Nacional que permita un aprovechamiento de los bosques, que apueste por considerarlos generadores de riqueza y fijadores de población en el entorno rural”.

El monte es un reflejo de los cambios socioeconómicos. Mucha gente joven abandona las zonas rurales para buscar trabajo en las ciudades y lo que antes eran campos agrícolas se convierten en bosques”, afirma el portavoz de Tecnifuego.

En su opinión, hace falta un enfoque estructural que abarque desde el fomento de las inversiones en la explotación de la biomasa, el impulso del pastoreo como actividad esencial en la prevención por su papel en el desbrozado de los montes, promover las quemas controladas y preventivas o apostar por un paisaje mosaico donde se alternen campos de cultivo y masas con distintos tipos de especies arbóreas.

El experto añade que, aunque la mayoría de los incendios parecen ser intencionados, es muy importante que los ciudadanos seamos conscientes de que con nuestras acciones diarias podemos evitar incendios “consumiendo biomasa, comprando muebles de árboles autóctonos, comiendo carne de oveja o de cabra o instaurando planes de autoprotección en las urbanizaciones y municipios”.

Incendios de sexta generación

Para Bosch el cambio climático ha influido en la aparición de los denominados incendios de sexta generación, con ejemplos como los padecidos en Portugal y Chile en el año 2017.

Se trata de incendios que liberan grandes cantidades de energía generando nubes convectivas a capas altas de la atmosfera (los pyrocumulonimbos) que a través de procesos de colapso de la columna convectiva de aire alimentan el crecimiento errático y sorpresivo de estos fuegos.

Los llamados incendios de sexta generación pueden llegar a calcinar más de 4.000 hectáreas por hora y son imposibles de contener
Las nubes convectivas presentan un gran desarrollo vertical de gran inestabilidad por el calentamiento de su base y el enfriamiento de su cima, lo que origina la mayor parte de tempestades de fuego que se observan en los gigantescos incendios de los últimos años.

La confluencia de estos fenómenos en un incendio forestal provoca una gran voracidad de las llamas que pueden llegar a consumir más de 4.000 hectáreas por hora.

En el caso de Chile, el fuego se propagó a un ritmo de 8.000 hectáreas por hora mientras que en Portugal llegaron a consumirse entre 10.000 y 14.000 hectáreas por hora.

Estos sucesos comprometen tanto las técnicas como las tecnologías más tradicionales que hasta ahora se han empleado en la lucha contra el fuego y obligan a tomar medidas de adaptación al cambio climático también en materia forestal y en la prevención de incendios.

La regeneración de paisajes más resilientes a las llamas, mejor gestionados y más heterogéneos es la clave para adaptarse a las nuevas circustancias que convierten gran parte de los montes en depósitos de combustible prestos a arder y frente a los que todo esfuerzo de extinción se ve impotente.



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