El arte de reconectar con la naturaleza que hay debajo de la ciudad

El arte de reconectar con la naturaleza que hay debajo de la ciudad

El arte de reconectar con la naturaleza que hay debajo de la ciudad

Madrid bebía de fuentes que brotaban en la superficie, abundantes arroyos y el agua limpia que corría por kilómetros de galerías de los tiempos musulmanes. El proyecto ecoartístico ‘Aguas ocultas, aguas olvidadas’ recupera esa conexión con el subsuelo que nutre


Analía Iglesias
Madrid | 25 octubre, 2019

Tiempo de lectura: 5 min



Desbloquear es un verbo de actualidad. Por eso, la propuesta de “desbloquear los flujos de agua” suena a metáfora de un momento en el que la sensación de bloqueo individual y colectivo parece generalizada. Se trata, sin embargo, de una propuesta de consistencia real, que hace fluir aguas desaparecidas de la superficie de la vida cotidiana de Madrid. Así, bajo la consigna ‘Aguas ocultas, aguas olvidadas’, discurre en estos días un proyecto de los artistas escoceses Minty Donald y Nick Millar, junto a la paisajista e ingeniera de montes española Malú Cayetano, para que los ciudadanos vuelvan a conectarse con el agua, que forma parte indisoluble de la naturaleza que hay debajo del cemento de una ciudad.

El proyecto de arte público –que cuenta con el apoyo del Centro de Acercamiento a lo Rural CAR-Inland y la Universidad de Glasgow, Escocia– arrancó hace unos meses en los barrios de La Concepción y Quintana, de Madrid, en torno al parque El Calero, cuyo nombre evoca al arroyo que un día discurrió por esas vaguadas. Donald y Millar, dos artistas cuya práctica se centra en la reflexión sobre la interdependencia del ser humano con el agua, y Cayetano, que trabaja habitualmente en intervenciones en el espacio público, comenzaron por reunirse con vecinos e indagar minuciosamente en la cartografía de la vieja Mayrit (topónimo de Madrid durante la época medieval), para descubrir los cursos de agua de la zona.

 

“Lo primero que hicimos fue hablar con la asociación cultural de la Conce, para ver cuál era la relación de los vecinos con el agua. Una de las cosas que nos marcó el inicio fue la frase ‘el barrio no tiene ninguna relación con el agua’. Nos lo decía una persona que había crecido en la periferia madrileña, en el barrio de casas bajas de San Pascual, y nos sorprendió que ni siquiera allí se hubiese percibido la relación con el agua”, le explica Cayetano a El Ágora.

Imagen de Nick Millar & Minty Donald.

Los artistas y la ingeniera de montes consultaron mapas disponibles en la Biblioteca Nacional y contactaron con los actuales responsables de la gestión del agua, el Canal de Isabel II y el Ayuntamiento de Madrid. En la cartografía antigua descubrieron que, efectivamente, los suelos en torno al parque El Calero eran de captación, para las canalizaciones llamadas los viajes de agua del Bajo Abroñigal, que suministraba agua potable a otras zonas como La Latina, San Francisco el Grande y Embajadores. Aquellos viajes del agua, heredados de la época musulmana, designaban la infraestructura de galerías por las que circulaba, pendiente abajo, el agua que bebía la villa, entre los siglos VIII y mediados del XIX, y de las cuales hay noticias ya en el Fuero de Madrid de 1202.

Si apenas quedaban rastros de las fuentes que emergían de aquellas napas freáticas que humedecían los suelos de la meseta, el proyecto pretendía visibilizarlos en un “paseo del agua” que señalara algunos de esos puntos debajo de los cuales pasaba un viaje del agua y reflexionar junto a vecinos y expertos sobre la topografía de la ciudad y cómo esta permitía al agua a fluir. “El arroyo Abroñigal circulaba por el trazado de lo que hoy es la autovía M30 y, como este, el resto de arroyos se fueron cubriendo. Los vecinos nos contaron que recordaban que, cuando las casas bajas se demolieron, los escombros de utilizaron para rellenar los cauces. Es una práctica muy habitual, ya que los arroyos periféricos son arroyos secos, que suelen tener muy poca agua y que generaban problemas de salubridad, porque se utilizaban como basureros informales, pero que se convertían en torrentes cuando llovía. Así, los cursos de agua se fueron canalizando”, comenta la paisajista.

Imagen de Nick Millar & Minty Donald.

Uno de las últimos manantiales verdaderos que emana del suelo de Madrid es la Fuente de la Minaya, que se encuentra en la quinta de Torre Arias, un predio que también visitaron los artistas y la veintena de vecinos que asistieron a la convocatoria del paseo. A la caminata también se sumó la artista sonora Susana Jiménez Carmona, a quien se le ocurrió trasladar el recorrido a pistas de audio que estimulen la imaginación: “el encuentro con el agua invita a un encuentro con las personas, con la memoria y con las cosas que allí han pasado”, en palabras de la propia Jiménez Carmona. Esas pistas sonoras trazan un mapa, con nueve estaciones (de libre descarga y disponible, aquí, en Soundcloud), que pueden guiar un autopaseo. Algunos de los ejercicios consisten en imaginar cómo sería el parque si el arroyo aún pasara por allí, y en oír el murmullo del líquido que se escapa por los poros de las tuberías de saneamiento, en intentar adivinar hacia dónde se deslizará un hilo de agua sobre la superficie compacta de la metrópolis, o en ahuecar la mano para pasarse unos sorbos de agua de una persona a otra.

Las acciones de ‘Aguas ocultas, aguas olvidadas’ se pensaron como impulso para el redescubrimiento del entorno y pueden ser reeditadas en cualquier otro barrio. Como ciudadanos que, a menudo, damos demasiadas cosas por sentado, estas experiencias colectivas nos ayudan a expresar dudas elementales sobre la procedencia del agua, su curso, su gestión, sus mezclas, su dispersión o su destino. Por lo demás, lo lúdico y lo inverosímil también forman parte de esta propuesta que contempla un juego de postales con fotografías artísticas en el anverso y que, en el reverso, plantean actos realizables o misiones imposibles que nos dejarán pensando, o riendo: ¿Cómo sería un río en lugar de una autopista?  ¿Y si perforáramos el parque, qué nos encontraríamos?

Imagen de Nick Millar & Minty Donald.

Sin duda, a nadie le hacen falta instrucciones, sino preguntas que encaucen nuevas reflexiones, porque al cortar el vínculo con el agua de la naturaleza, los urbanitas hemos  perdido cosas, que seguramente podremos recuperar si hacemos las paces con lo que quedó tapado bajo el asfalto. Consciente de los bloqueos constructivos y de los nuevos retos ante la crisis climática, Malú Cayetano menciona como conclusión la necesidad de que el agua vuelva a fluir, y el primer paso será la consciencia que anime otro tipo de  construcción que permita la recarga de los acuíferos que hubo bajo las ciudades.

 



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