'Aguas oscuras' y el nuevo cine de suspense ambiental - EL ÁGORA DIARIO

‘Aguas oscuras’ y el nuevo cine de suspense ambiental

‘Aguas oscuras’ y el nuevo cine de suspense ambiental

Las estrellas de Hollywood cada vez se comprometen más con causas ambientales. Esta vez es Mark Ruffalo quien produce la película Aguas oscuras, sobre un caso judicial que enfrentó a granjeros de Ohio con el gigante químico DuPont, por la contaminación de sus tierras y bebederos de ganado


Analía Iglesias
Madrid | 7 febrero, 2020

Tiempo de lectura: 5 min



El teflón es uno de esos materiales de los que alguna vez oímos decir que eran peligrosos, pero en los que quizá no reparamos especialmente. Ya nos hemos acostumbrado a escuchar de lejos las discusiones sobre las cosas tóxicas que nos rodean, o que “no es para tanto”. A veces sentimos que no damos abasto para prestar atención a todas las alertas que han ido surgiendo como contraaque de algunos avances tecnológicos o como efectos colaterales de cierto confort que nos provee la industria química. Sin embargo, siempre hay quien tiene una sensibilidad especial hacia algún tema e insiste, y amplifica la advertencia. Este es el caso de la estrella de Hollywood Mark Ruffalo, que decidió producir una película a su gusto (y contratar como director nada menos que a Todd Haynes), para contar un conflicto con sordina que se desató tras constatar  la contaminación de aguas y tierras provocada, por décadas, por el gigante químico DuPont, en West Virginia, EE.UU.

Cartel de la película ‘Aguas oscuras’. | Focus Features

Aguas oscuras (Dark waters, 2019) es la película –actualmente en cartel en salas de cine de España–  con la que Ruffalo quiso reflotar la noticia de la que se había hecho eco el New York Times Magazine, en el artículo “El abogado que se convirtió en la peor pesadilla de Du Pont”, firmado por Nathaniel Rich, en enero de 2016. Rob Bilot es, en la vida real, aquel abogado exitoso, que en plena carrera ascendente –precisamente como asesor de grandes conglomerados industriales– recibe un día la llamada telefónica de su abuela Alma, pidiéndole que aconseje a un vecino desesperado por un contencioso que mantiene contra las fábricas vecinas, por las fuentes de agua en las que bebe su ganado.

Así fue como el granjero Wilbur Tennant llegó, en 1998, a los despachos enmoquetados de la gran ciudad, impotente frente a la languidez de sus tierras y los bebederos envenenados. El hermano de Tennant acaba de morir de cáncer y en la comarca hay un rumor acallado acerca de la polución letal que provoca el gigante que da trabajo a toda la comunidad de Parkersburg. Algo a disgusto, con la incomodidad que un pasado poco glamuroso puede generarle frente a sus socios del bufete de la familia de William Howard Taft (en Cincinatti),  el abogado accede a echar un vistazo. Se acerca, pues, al pueblecito de su abuela, en honor a los recuerdos de la alegría infantil de aquellos veranos rurales, pero, esta vez, todo se ensombrece. He aquí el argumento del thriller ecológico que protagonizan Mark Ruffalo y Tim Robbins, dos de las actuales estrellas comprometidas con la defensa a ultranza de la naturaleza, contra la voracidad de las corporaciones.

El eterno retorno del agua

Lo saben bien en Hollywood: no hay riqueza monetaria que valga sin un planeta en buen estado de conservación, y el agua es el más preciado de los recursos naturales capaces de mantener ese equilibrio. Porque el agua de la Tierra es siempre la misma: como nos explican los ecólogos, el agua llegó de fuera de nuestra atmósfera, por la conjunción química que se produjo a través del impacto de los cometas que chocaron contra la Tierra. Lo apuntaba, días atrás, el catedrático de Ecología de la Universidad de León, Estanislao de Luis Callabuig, en el programa radial A vivir que son dos días, de la Cadena SER: “El ciclo del agua hace que contemos con un agua que se mantiene constante a lo largo del tiempo. Tenemos mucha agua, pero es la misma desde hace millones de años. Hay un cálculo que dice que cada 3.100 millones de años, una misma molécula de agua puede llegar al mismo sitio. El problema ahora es cómo hemos modificado y contaminado esa agua, de la que carecen al menos 2.800 millones de personas en este mundo”.

Mark Rufallo interpreta al abogado Rob Bilott. | Focus Features

Si el agua en sus distintos estados está en permanente reciclaje, transformación y depuración, resulta vital mantener ese volumen de agua limpia, porque contaminar irreversiblemente grandes masas de agua significa que se sustraerán para siempre a nuestro planeta. En la película Aguas oscuras se muestran las calamidades que conlleva la polución de las aguas. No solo se trata de la muerte del ganado sino también de las deformidades físicas que empiezan a aparecer en animales y humanos desprevenidos, u obligados a convivir con los desechos de la gran industria.

En este sonado caso, del que no haremos spoiler, la fábrica DuPont había conseguido que la Justicia archivara la causa porque, al fin y al cabo, el ruego de un solo granjero podía ser desactivado apenas con las firmas de veterinarios y otros expertos, que elaboraban informes sobre el descuido del ganado por parte de Tennant.  Y es allí donde entra la figura del ‘informante’, como dice Ruffalo, porque todos queremos saber cómo se transforma una persona que vive cómodamente y que parece impermeable a las súplicas de los últimos de la escala social.

Un material de la industria militar en nuestra cocina

En esta película de informantes, el abogado tiene que interrumpir su lineal vida tranquila  hacia la cima, con una engorrosa investigación que lo llevará hasta los orígenes del teflón como material antideslizante utilizado en la industria bélica, al que en los años 50 se quiere aprovechar y rentabilizar en el apartado doméstico. De aquel modo fue como uno de los compuestos fluorados con los que se elaboraba el teflón (PFOA, por sus siglas en inglés) entró en la cadena de montaje de ollas, sartenes y cubertería.

Los actores Victor Garber (izquierda) y Tim Robbins (derecha) en una secuencia de ‘Aguas Oscuras’. | Focus Features

No obstante el tiempo pasado. De 1999 data la demanda que finalmente consiguen interponer contra DuPont  por arrojar toneladas de vertidos industriales de sus factorías al río Ohio y por enterrar lodos contaminados con químicos perfluorados que filtraban directamente a las napas de las que provenía el agua potable de los pueblos cercanos. Ya en los años 70 se habían tomado muestras de sangre de los empleados de la misma fábrica de West Virginia y se había constatado la presencia de los mismos químicos en su organismo. Por supuesto, nadie desconocía las consecuencias de esos químicos en los órganos de animales de laboratorio y en humanos. Pero el resto de la historia la completará el lector, si finalmente se tienta con este nuevo género de cine de suspense ambiental, que es entretenido pero también inquieta, e invita al compromiso.



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