El legado de las inventoras olvidadas - EL ÁGORA DIARIO

El legado de las inventoras olvidadas

El legado de las inventoras olvidadas

En vísperas del Día Internacional de la Mujer rescatamos el legado de una treintena de inventoras que aparecen en el libro Visionarias. Inventoras Desconocidas (Ed. Bridge, 2020) de la ilustradora Mercedes Palacios. El limpiaparabrisas, la lavadora o las bengalas surgieron del cerebro de una mujer, algo pocas veces reconocido


Visionarias. Inventoras desconocidas

Visionarias. Inventoras desconocidas

Autor/es: Mercedes Palacios

Editorial: Bridge

Ciudad/Año de publicación: Barcelona, febrero de 2020

Precio: 20,90 €

Más información:

160 páginas. Tapa dura


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Hace un par de años, mientras la ilustradora Mercedes Palacios (Madrid, 1981) se estaba documentando para otro trabajo, leyó un titular que la descolocó: “El limpiaparabrisas lo inventó una mujer”. ¿Cómo era posible que no supiera que un elemento tan necesario para la conducción había sido obra de una inventora? “Me sorprendió tanto mi propio desconocimiento que me puse a buscar más información sobre ella y de ahí encontré otras tantas mujeres inventoras”, señala la autora a El Ágora.

Tenemos que remontarnos a un gélido día de 1902 para llegar al momento eureka del limpiaparabrisas. Mary Anderson se fue a visitar a unos amigos que vivían en Nueva York (EEUU). Por culpa de la nieve, el trayecto se alargó más de la cuenta, sobre todo porque el conductor tenía que bajar constantemente para limpiar las lunas a mano. Fue en ese momento cuando a Anderson se le ocurrió la idea de que un dispositivo pudiera limpiar el cristal accionándolo desde el puesto del conductor.

Un año después consiguió patentar su invento y se lo ofreció a diferentes compañías automovilísticas, que lo rechazaron sin vacilar. Una de ellas alegó que el dispositivo tenía “poco valor comercial”. Tras 17 años sin lograr que nadie apostara por su invención, Anderson dejó que la patente caducara sin renovarla.

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Ada Lovelace es considerada hoy una visionaria de la computación. | Mercedes Palacios.

Tan solo dos años después, Cadillac y Ford añadieron de serie el limpiaparabrisas en sus vehículos y su inventora no obtuvo ningún tipo de reconocimiento. Su triste historia es una de las que narra Palacios en Visionarias. Inventoras desconocidas (Ed. Bridge, 2020), 33 biografías de mujeres con mucha inventiva acompañadas de cuidadas ilustraciones.

“La ilustración podía contribuir a divulgar sus historias porque es un mecanismo de comunicación muy potente”, explica Mercedes Palacios
“Me pareció que la ilustración podía contribuir a divulgar sus historias porque es un mecanismo de comunicación muy potente”, explica la autora. De hecho, antes de que decidiera escribir el libro, Palacios aprovechó la iniciativa Inktober –que consiste en subir a una red social todos los días de octubre una ilustración a tintapara divulgar la historia de 31 mujeres. Estas publicaciones tuvieron muy buena acogida, por lo que el siguiente paso fue elaborar el libro ilustrado.

En muchos casos, apenas existe información ni fotografías sobre las inventoras, lo que resultó todo un reto para la ilustradora. “He dejado que mi imaginación fluya libremente”, destaca,  aunque eso sí, todas las ilustraciones llevan un trabajo previo de documentación sobre el vestuario de la época de cada una de las mujeres. “Entre eso y la historia de sus vidas pronto tuve una imagen clara de cómo las veía en mi mente”, resalta Palacios.

Ocultas bajo las patentes

Además del limpiaparabrisas, del cerebro de una mujer surgieron la lavadora, las bengalas o la calefacción central. Entre las visionarias que recoge el libro encontramos caras conocidas como Marie Curie, Margarita Salas, Ada Lovelace o Hedy Lamarr pero, ¿quién fue la primera española en patentar una invención a su nombre? Se llamaba Fermina Orduña y apenas hay información sobre su vida. Solo sabemos que vivió en Madrid en 1865, año en que obtuvo su patente. Preocupada seguramente por las deficiencias sanitarias en cuanto a la alimentación en aquella época, Orduña ideó un carruaje que transportaba hasta el consumidor la leche en unas condiciones higiénicas óptimas.

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Fermina Orduña fue la primera española que pudo patentar una invención a su nombre. | Mercedes Palacios.

El carruaje se componía de un pesebre con pienso para que los animales tuvieran comida a su disposición y estuvieran bien alimentados, algo clave para que la leche tuviera buenas propiedades nutricionales. Para conservarla recién ordeñada, Orduña ideó un envase de agua caliente al que llamó “calori-lácteo”, que la mantenía durante 20 minutos con la temperatura que tenía al salir de la ubre. El primer proceso de pasteurización de este alimento tuvo lugar 50 años después de este invento.

“En cualquier actividad creativa siempre ha habido mujeres. Antes de la existencia de los registros oficiales nadie puede negar la participación femenina en la generación de ideas, nadie”, recalca en el prólogo del libro Marta Macho-Stadler, profesora del departamento de Matemáticas de la Universidad del País Vasco y divulgadora científica.

De las 10.087 patentes que se registraron en España desde 1882 hasta 1935 solo un 2% estaban a nombre de mujeres
Las patentes son la fórmula legal necesaria para tener la propiedad industrial del avance. A lo largo de los siglos, muchas mujeres no podían patentar sus invenciones y estos títulos estaban a nombre de sus maridos, padres o hermanos. En Estados Unidos en 1790 el Gobierno aprobó una nueva ley de patentes según la cual, cualquier persona que fuera esclavo podía registrar una patente, lo que abría la puerta a las mujeres, siempre que no fueran esclavas. La primera patente estadounidense de una mujer fue a nombre de Mary Dixon, en 1809, que inventó un sistema de manufactura de sombreros.

En España, en 1826 y gracias a la influencia de la Revolución francesa se publicó el primer decreto sobre patentes de invención, pero si miramos los datos la presencia de mujeres como inventoras era muy escasa. De las 10.087 patentes que se registraron en España desde 1882 hasta 1935 solo 211 estaban a nombre de mujeres, es decir, un 2% del total.

Pioneras ambientales

Volviendo a Estados Unidos, otra revolución, en este caso la industrial, provocó que ciudades como Nueva York se vieran saturadas de población que emigraba de las zonas rurales buscando trabajo en las fábricas. Mary Elizabeth Walton era propietaria de una pensión y no soportaba el constante ruido, polvo y hollín en las estanterías y ventanas de su establecimiento debido a los ferrocarriles y fábricas situados en las inmediaciones.

Para solucionarlo ideó dos dispositivos. El primero, que patentó en 1879, dirigía el humo de las chimeneas de las locomotoras, fábricas y residencias hacia un depósito de agua que capturaba las partículas contaminantes antes de expulsar el humo.

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Bocetos de Nancy Johnson, que revolucionó la industria heladera con sus inventos. | Mercedes Palacios.

En cuanto a la contaminación acústica, Walton construyó una maqueta de un ferrocarril en el sótano de su casa para probar qué materiales absorbían mejor las vibraciones. Una combinación de alquitrán, algodón y arena era lo que mejor amortiguaba los ruidos, lo que patentó en 1881 y vendió sus derechos al ferrocarril metropolitano de la ciudad de Nueva York.

Algunas científicas sí han sido reconocidas como Mária Telkes, que diseñó la primera casa calentada con energía solar
Tomando como inicio el siglo XVIII, a medida que pasan los años el libro muestra cómo las mujeres, poco a poco, van teniendo mayor formación universitaria y, tras muchos esfuerzos, algunas consiguen ser reconocidas como inventoras. Es el caso de la científica húngara Mária Telkes, considerada la pionera de la energía solar. Suyo fue el diseño de la primera casa calentada mediante energía solar, la Casa Solar Dover, en Massachusetts (EEUU). También ideó el primer refrigerador termoeléctrico o los primeros sistemas de almacenamiento solar.

Son solo algunos ejemplos que demuestran la capacidad de invención de la mujer. “La tarea que más me costó a la hora de hacer el libro fue la de tomar la decisión de cuáles formarían parte de la obra y cuáles tendría que descartar”, afirma la autora. ¿Habrá una segunda parte? Palacios no lo descarta, puesto que se le han quedado decenas de historias en el tintero. Y subraya: “Todavía hacen falta muchas más obras sobre muchas mujeres a las que hay que darles la visibilidad que merecen”.


Laura Chaparro | Especial para El Ágora
Madrid | 6 marzo, 2020

Tiempo de lectura: 5 min



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