Hay una marca de agua en la espera del fotógrafo - EL ÁGORA DIARIO

Hay una marca de agua en la espera del fotógrafo

Hay una marca de agua en la espera del fotógrafo

Andoni Canela, uno de los profesionales de referencia en España, está embarcado en el proyecto ‘Panteras’, del que acaba de ver la luz un libro de imágenes que es un relato extraordinario de la vida en libertad de todos los grandes felinos del mundo y en cuyo marco prepara también una película documental, de la que ha adelantado fragmentos impactantes. En esta exploración de estepas, ríos, sabanas y cordilleras lo acompaña su hijo Unai, que ha escrito un cuaderno de campo entre los 12 y los 16 años


Analía Iglesias
Madrid | 3 enero, 2020

Tiempo de lectura: 4 min



Buena parte de la vida y los desvelos de Andoni Canela (Tudela, Navarra, 1969) llevan la marca del agua. Su nombre de pila ya es sinónimo de fotografía de naturaleza, un reportero especializado que escribe y que realiza documentales, que convive con el resto de las especies de nuestro planeta, en sus hábitats. Desde hace unos años,  Canela lo hace con su propio “cachorro” a su lado, porque Unai -su hijo de 16 años, que ya había debutado en el documental El viaje de Unai– tiene un protagónico indiscutible en sus empresas hacia el paisaje inexplorado.

Junto a los cursos de agua como aliados naturales, aguardan ambos, pacientemente, que un esquivo leopardo se acerque a beber para hacerle un primer plano, manso, deleitándose en cada lengüetazo, mirando de frente a la lente, ralentizando su acción y bajando la guardia. También la existencia cotidiana de Andoni y su familia, en España, transcurre junto al agua, porque su hogar está cerca del estanque de Banyoles, en Girona, y allí es donde esperan que se haga la hora de la próxima expedición.

Hay quienes identifican “al chamán y al jaguar como un mismo ser: los asocian a lo desconocido, los elevan a otra dimensión. Chamán y jaguar se mueven por tierra, agua y cielo”, se lee en la ficha de explicación de uno de los grandes felinos a los que Andoni Canela ha salido a fotografiar por el mundo.

Estas fotografías pertenecen forman parte del libro Panteras, de reciente aparición, y que contiene las fotos siempre únicas de Canela y de otros autores

Unas fotografías realizadas hace tres años para un proyecto del que forma parte el libro Panteras, de reciente aparición, y que contiene las fotos siempre únicas de Canela, los collages de Armand, ilustrando las fichas técnicas de los “gatos”, además de los textos del propio Candela, de Miguel Ángel Valladares, de Isaac Vega y de Xavier Aldekoa, y el cuaderno de campo de Unai Canela Margarit, que comenzó su bitácora cuando tenía doce años.

“En el camino hemos hecho muchos amigos entre los pueblos que conviven con estos felinos y con quienes los protegen y estudian. Con todos hemos compartido nuestra pasión, aprendiendo a través de sus experiencias sobre los animales y sobre la vida misma”, anuncia Canela padre, en las líneas de presentación.

Con similar espíritu de compenetración del ser humano y su medio, presentó la publicación, unas semanas atrás, en Madrid, el inquieto Carlos De Hita, que describía así los pasos del fotógrafo sobre esta Tierra: “andando, con la mochila y un saco de dormir, buscando en lo salvaje, se encuentra con Dersus Uzalas” (en referencia a aquel cazador nómada que se sentía parte de la naturaleza y que guiaba al protagonista del relato siberiano de Arséniev que Akira Kurosawa llevó al cine, en 1975). Decía De Hita que el “relato extraordinario” de Panteras está en la línea de los libros del naturalista Jim Corbett o las historias de los leones de Tsavo, de Bruce Patterson.

Uno de los Leopardos fotografiado bebiendo | Foto: Andoni Canelas

La película que vendrá

El libro se integra en un proyecto más amplio sobre esos gatos salvajes que son el león, el tigre, el jaguar, el leopardo y la pantera de las nieves, a los que se añaden otros felinos de grandes dimensiones como el puma, el guepardo y el lince ibérico. Ellos serán los protagonistas de un documental en plena preparación, aunque la cotidianidad del equipo de filmación en condiciones naturales extremas tiene tanto interés como acercarse a la respiración de las panteras.

De la película, con producción de Wanda Natura y a la que le queda un año más de trabajo, Andoni y sus colaboradores nos han adelantado imágenes para quedar boquiabiertos, y sonidos que nos dejan mudos y nos erizan la piel, como esos los rugidos en la noche de la sabana (grabados por Carlos De Hita), pero también simpáticas postales de la paciente vida en la espera.

La paz del hielo

timelapse

Cuentan que la inspiración llegó hace unos años, en la Patagonia, cuando un puma dejó una estela de misterio en el paisaje, entre las ráfagas de ese incansable viento del sur. Entonces, supieron que había que ir a buscar más “gatos” a los otros rincones del mundo en que habitan: en el gran pantanal sobre el río Paraguay, el jaguar; en el desierto del Kalahari (entre Namibia, Botswana y Sudáfrica), el guepardo; en el parque del Serengueti (Tanzania), el león; en Sri Lanka, el leopardo; en Rajastán (la India), el tigre, y en Ladakh (Cachemira), el leopardo de las nieves. Por último, dar con el lince ibérico, uno de los más esquivos entre los felinos, en el sur de España.

Si se escribiera, el diario de rodaje de esta película podría hacerse en infinitivo, porque es un tiempo verbal abarcador, que nos permite meternos en la escena, sin imperativos, como la invitación que consiguen las imágenes de Andoni Canela.

Así: esperar en la orilla; hablar en susurros; seguir esperando a 45 grados, y el vapor, “porque todos los tigres necesitan beber”; ver una serpiente atragantada con vaya a saber qué presa inmensa y que flota en el río amazónico; presenciar la ceremonia del caimán devorado por el jaguar; perder la fe de ver al tigre, sin noticias de él, entre el frío y la bruma del Tíbet, y recuperar la fe (dos semanas después); ir al menos dos veces a cada lugar y dejar pasar unos años entre una y otra, para registrar el bienestar o el malestar de las poblaciones; transitar en silencio el tiempo que le queda para parir a una gata colgada en la rama de un árbol; montar una tienda de treinta años en el techo de un 4×4 prestado al que ya se le han hecho 500 mil kilómetros en África; ir en lancha con los pobladores del Mato Grosso y anotar los pesos récords de un jaguar, los 148 y los 149 kilos; registrar un solo leopardo en casi un mes; saber que, como dice Carlos De Hita, probablemente sea la de Unai la última generación que podrá convivir con los felinos en esta gran comunidad salvaje, en libertad, y sin atajos turísticos, porque es posible que los hombres y las mujeres del futuro solo puedan verlos recluidos en grandes reservas. Esperar, en sus dos acepciones.



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