¿Causaron las aguas termales el envenenamiento por plomo y la muerte de Beethoven?

¿Causaron las aguas termales el envenenamiento por plomo y la muerte de Beethoven?

¿Causaron las aguas termales el envenenamiento por plomo y la muerte de Beethoven?

El experto en música P. Unamuno regresa a El Ágora para desgranar en esta ocasión las diversas hipótesis sobre la enfermedad que aquejó al compositor desde la adolescencia, además de la sordera. Una de las más plausibles sostiene que pudo intoxicarse con el agua de los balnearios que frecuentó tras la dolorosa muerte de su madre


P. Unamuno | Especial para El Ágora
Madrid | 10 julio, 2020

Tiempo de lectura: 5 min



El tormento comenzó al parecer con un ataque de ira. Beethoven había estado discutiendo en su apartamento de Viena con un tenor que acabó abandonando la casa con cajas destempladas. Volvió poco después aporreando la puerta, cuando el compositor estaba ya absorto en la creación de una partitura. Furioso, saltó este de su escritorio y sufrió una convulsión que lo dejó tumbado boca abajo en el suelo. “Cuando me levanté, descubrí que estaba sordo, y lo he estado desde entonces”, recordaría años más tarde sobre el aterrador descubrimiento realizado a finales de 1798.

No había cumplido los 28 años cuando la lista de males físicos de Beethoven alcanzó el paroxismo con la mayor maldición que puede sufrir un músico: perder el oído, y no solo eso, sino escuchar en su cabeza un enloquecedor coro de ruidos, chirridos y zumbidos que no paraban ni de día ni de noche mientras, en general, su mundo se iba sumiendo lentamente en el silencio. Desde su adolescencia había padecido también periodos de vómitos y diarrea que ningún médico acertó a atajar con los remedios habituales de la época, desde sangrías y baños tibios alternados con fríos hasta dolorosas aplicaciones de corteza de árbol en los brazos, nada de lo cual tenía base científica según la perspectiva de hoy.

“El compositor comenzó no solo a quedarse sordo, sino también a oír en su cabeza un enloquecedor coro de ruidos, chirridos y zumbidos que no paraban ni de día ni de noche”

De modo que ahora, a los vómitos y el lacerante dolor abdominal se sumaban la sombra atroz de la sordera y los tinnitus, que por sí mismos llevan a algunas personas al suicidio. A esas alturas finales del siglo XVIII, el joven Beethoven era ante todo un consumado virtuoso del piano, pero en absoluto el único de Viena. En su profesión abundaban los enemigos, pero de repente su propio cuerpo se convirtió en su enemigo más feroz, alguien que podía traicionarle en cualquier momento, y ese temor hacía las peores migas con el abatimiento anímico que le había dejado la muerte de sus hermanas y hermanos pequeños, de su profesor Franz Rovantini y, luego, de su madre. Beethoven no pudo conocer el pensamiento positivo que pregonan muchos papanatas de hoy, así que no tuvo ocasión de sobrellevar sus desgracias con una cándida sonrisa de oreja a oreja.

Beethoven
Estatua de Beethoven en la Münsterplatz de su ciudad natal, Bonn (Alemania).

Más bien se lo describe como irritable, malhumorado, taciturno, asocial y paranoico, por usar de nuevo una terminología actual. Pues bien, tanto los males del cuerpo como los del ánimo que padecía se debieron con toda seguridad al saturnismo o intoxicación por plomo, presente entonces en los utensilios de cocina, en las aguas de los balnearios y de otras fuentes, así como en el vino barato -que Beethoven consumía en cantidades crecientes-, al que se le añadía como edulcorante, y hasta en los recipientes donde se guardaba ese vino.

“Los episodios de vómitos, diarrea y dolor abdominal, así como la tendencia a la paranoia, se debían al envenenamiento por plomo, según el análisis de sus cabellos”

Sabemos todo esto por el análisis de los muchos cabellos del músico que aún circulan por el mundo cuando se cumplen, en este 2020, 250 años de su nacimiento en Bonn. Algo bueno tenía que tener que al pobre Beethoven, convertido ya en una celebridad, lo enterraran casi calvo por la costumbre de los fans de la época de llevarse mechones de sus ídolos como reliquia. En el año 2000, unos investigadores de Chicago analizaron esos pelos canos con vagos restos oscuros y llegaron a la conclusión inequívoca de que el compositor sufría plumbismo o envenenamiento por plomo, que se encontraba en su cuerpo en una proporción 100 veces mayor de la que se considera tolerable para un organismo humano.

William Walsh, director científico del laboratorio que realizó las pruebas, estimaba que la ingesta involuntaria de plomo “podría explicar su larga vida de dolor, y el impacto en su personalidad”. No se sabe con certeza cómo pudo producirse la intoxicación. Algunos científicos la atribuyen al exceso de este metal en las aguas vienesas, pero Walsh discrepaba porque no hay pruebas de envenenamiento semejantes en la capital imperial a caballo entre los siglos XVIII y XIX. “Una posibilidad -señalaba- es que, como acudió largas temporadas a balnearios para reponerse de la depresión tras la muerte de su madre, bebiera y se bañara en aguas con exceso de plomo”.

“Beethoven pudo intoxicarse con el agua de los balnearios o bebiendo vino barato, al que se le añadían sales de plomo como edulcorante y al que él era cada vez más aficionado”

En su monumental biografía sobre Beethoven publicada en España en 2017, el compositor y musicólogo Jan Swafford sostiene que nuestro hombre era un alcohólico funcional, es decir, una persona adicta al alcohol pero capaz de desempeñar los roles sociales y profesionales que se esperan de ella, y que el abuso de vino adulterado le provocó tanto el saturnismo como la cirrosis que acabó finalmente con su vida.

Si existe un consenso generalizado sobre la causa de la enfermedad y la muerte del compositor -aunque no sobre los factores precisos que las desencadenaron-, más oscuro es el origen de sus acúfenos y su sordera, pues el plomo hace estragos en el intestino y hasta en la psique -como hemos visto-, pero no ataca a los oídos. Para Walsh, hay que culpar a un crecimiento óseo anormal que terminó por destruir por completo su sistema auditivo. Desde luego, el arrebato de cólera descrito al principio pudo ser el desencadenante, pero no el motivo, del problema. Swafford lo emparenta con lejanos episodios de la niñez del autor. Tal vez el tifus o alguna de las otras enfermedades que padeció con anterioridad, como la viruela infantil.

“Tres años antes de morir, atormentado por el dolor y ya enteramente sordo, estrenó sin poder oír su Novena Sinfonía, reflejo de una asombrosa voluntad de imponerse al sufrimiento”

Los análisis de Chicago demostraron también que Beethoven no recurrió a opiáceos para aplacar los agudos dolores de sus últimos años y que mantuvo la cabeza clara hasta el final. Tres años antes de morir, atormentado por el dolor y ya completamente sordo, estrenó sin poder oír su Novena Sinfonía, obra que, más allá de su brillo y grandeza, revela una asombrosa voluntad de oponer siempre al sufrimiento coraje y capacidad de resistencia, eso que hoy llamamos resiliencia.

 

Al dolor, Beethoven respondía con determinación y disciplina, un rasgo seguramente de nacimiento; a los desafíos, personales o musicales, con la agresividad que le dictaba un temperamento levantisco que desconocemos si también era de serie o fruto del envenenamiento progresivo al que estaba sometido sin saberlo. Esta fuerza genuina, unida al amor a la música, lo salvó del hundimiento -acaso el suicidio- que se anunciaba en la carta que escribió a sus hermanos cuando tenía 31 años, conocida desde entonces como el Testamento de Heiligenstadt, en la que les confesaba que su creciente tendencia a la misantropía y a la manía persecutoria se debía a “una larga enfermedad”, expresión exacta en este caso, a diferencia del moderno eufemismo que evita mencionar del cáncer.

“La sordera era atribuible a un crecimiento óseo anormal que destruyó por completo su sistema auditivo o a alguna enfermedad sufrida en la niñez, tal vez el tifus o la viruela infantil”

Beethoven supo resistir a la tentación de abandonarse y, en cuanto sus padecimientos le daban una tregua, componía sin descanso y con la energía de siempre, con la confianza y el talento intactos. Tanto como su genio nos deslumbra su capacidad para crear música, muchas veces maravillosa, cuando vivir era un infierno incluso para alguien tan valiente como él.



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