La curiosa simbiosis entre lucha ambiental y rock

La curiosa simbiosis entre lucha ambiental y rock

La curiosa simbiosis entre lucha ambiental y rock

Desde los años 60 hasta la actualidad y desde el folk más relajado al heavy metal más descarnado, las causas ambientales se han hecho hueco en las canciones de todo tipo de artistas de la música popular más universal. En el Día Mundial del Rock, repasamos la historia de esta curiosa simbiosis


Nicolás Pan-Montojo
Madrid | 13 julio, 2020

Tiempo de lectura: 5 min



Estados Unidos, años 60. La Guerra de Vietnam se alarga sin remedio, concentrando un enorme rechazo social, y el movimiento por los Derechos Civiles de los afroamericanos está en su apogeo. Mientras tanto, en cientos de campus universitarios alrededor del país, la revolución cultural se abre paso en las mentes y el corazón de miles de jóvenes. Ha nacido una nueva contracultura, los conocidos como hippies, que lanzan proclamas de paz y amor en un gesto claro de rechazo a los valores e ideas de la generación de sus padres, en un momento histórico que tiene una banda sonora ineludible: el rock.

Es en esa época de profunda transformación cultural donde la música popular aparece como vehículo de cambio social, una manera de transmitir consignas contraculturales a una generación entera. La canción protesta y el folk-rock, con raíces en la canción tradicional norteamericana, empiezan a tener una gran popularidad, con auténticos himnos juveniles que llaman a la rebelión contra las injusticias del poder establecido. Aunque, por supuesto, el rechazo a la guerra y el pacifismo dominan gran parte de estos temas, es en este momento histórico que aparecen también las primeras canciones con conciencia ambiental.

Eso sí, en plena década de los 60, la preocupación por el planeta aún no se centraba en el cambio climático, sino en los potenciales efectos desastrosos de las bombas nucleares. Durante esos años, las grandes potencias atómicas se afanaban en probar sus poderosos misiles en remotos atolones y desiertos, aunque también se llevaron a cabo explosiones controladas en la atmósfera, lo que causaba un nuevo enemigo muy poderoso: la lluvia radiactiva.

 

What Have They They To The Rain fue escrita por la cantante folk Malvina Reynolds en 1962, aunque acabaría siendo un éxito gracias al grupo The Searchers, que grabarían una versión dos años después. Este himno, que también sería versionado por Joan Baez y Marianne Faithfull, dibuja un sombrío futuro en el que la lluvia radioactiva va destruyendo poco a poco el planeta y se acabaría convirtiendo en la primera canción ambiental de la historia del rock. Pionera en lo temático, este tema también fue un adelantado a su tiempo musicalmente hablando, ya que se convirtió en éxito cuando la primera ola de Beatlemania aún estaba en marcha en Estados Unidos y el folk-rock aún no tenía gran importancia a la espera de que aparecieran The Byrds y la popularidad de Bob Dylan subiera como la espuma.

Los 70 y el Día de la Tierra

A pesar de este primer aviso en forma de canción, habría que esperar al comienzo de una nueva década para que los temas ambientales empezaran a ganar peso en el rock. En 1969, un derrame de petróleo en el Canal de Santa Bárbara provoca una importante catástrofe ambiental que cuesta la vida a más de 10.000 criaturas marinas y se retrasmite en directo a todas las televisiones de Estados Unidos. Poco a poco, una ola de activismo ecologista se abre paso en los mismos campus en los que se protesta contra la Guerra de Vietnam, aunque la indignación por el vertido sobrepasa los movimientos juveniles y entra de lleno en la política estadounidense.

El Gobierno de Richard Nixon no tarda en reaccionar y lanza la primera Ley de Política Ambiental de Estados Unidos al tiempo que planta simbólicamente un árbol en el césped de la Casa Blanca. En ese ambiente, activistas estadounidenses lanzan en 1970 la celebración del primer Día de la Tierra: la conciencia ambiental ha encontrado su sitio y tiene cada vez más relevancia en la cultura popular. Ese mismo año se fundaría Greenpeace.

Como resultado, aparecen en esa época cada vez más canciones ambientales, que intentan trasmitir una sensación de urgencia. El mejor ejemplo sea problablemente Mercy Mercy Me (The Ecology), una de las pistas clave del álbum clásico de Marvin Gaye What’s Going On. En esta canción, que es al mismo tiempo un lamento y una oración, el príncipe de la Motown alerta sobre los peligros de no hacer nada para frenar la destrucción del medio ambiente y alerta de que la humanidad podría estar quedándose sin tiempo “para hacer las cosas bien”.

 

Pero la conciencia ambiental empieza a aparecer en todos los flancos del rock. El primer sencillo de Joni Mitchell, Big Yellow Taxi, lanza un grito de ayuda por la naturaleza, avisando de que los árboles pueden terminar en un museo si no se hace nada y tejiendo un estribillo icónico: “Han pavimentado el paraíso/para hacer un aparcamiento”. En la canción Apeman, los míticos Kinks añoran un pasado más simple en el que el ser humano vivía en comunión con su entorno y Ray Davies se queja de que “la contaminación del aire está empañando mis ojos”. Incluso The Archies, un grupo para niños más conocido por su markéting en forma de cómics y dibujos animados de televisión que por su música, lanzaron una canción  llamada Mr Factory en cuyo videoclip aparecían niños con máscaras de gas y peces saltando fuera de unos ríos contaminados con veneno.

De la canción al activismo

A medida que pasaban los años, el rock se fue escindiendo en muchas subcategorías, a menudo enfrentadas entre sí. Sin embargo, el respeto al medio ambiente siguió siendo un elemento transversal y músicos de todos los tipos se han volcado desde los años 80 en diferentes causas “verdes”, como la protección de los bosques o el fin de la caza de ballenas. Por ejemplo, entre la canción folk-rock Barrel Of Pain de Graham Nash y el punk de Cesspools In Eden de Dead Kennedys no hay apenas coincidencias musicales, pero las dos canciones hablan de contaminación atmosférica y residual con un fatalismo muy parecido.

De hecho, si uno analiza las listas de canciones de los dos álbumes recopilatorios que lanzó Greenpeace a mediados de los 80, aparecen todas las superestrellas socialmente conscientes de la época: Peter Gabriel, U2, Queen, George Harrison, R.E.M., Midnight Oil…  Pero en este momento ya no eran solo las canciones ambientales, que empezaron a perder peso, las que señalaban la simbiosis entre el rock y el planeta, sino que eran los propios músicos de rock los que se convertían en activistas. Los conciertos benéficos para salvar a las ballenas o acabar con el hambre en el mundo se convirtieron en moneda común en aquella época, en la que grupos como U2 aparecían volcados con cualquier causa ambiental que apareciera.

 

Pero, lejos del mainstream, otro género recuperaba las visiones apocalípticas de un futuro sin naturaleza y las integraba en sus canciones: el heavy metal. En una lista de clásicos del metal ambiental se podría incluir desde el Hole In The Sky de Black Sabbath (una de las primeras canciones que hace referencia al agotamiento de la capa de ozono), hasta el furioso Blackened de Metallica, pasando por prácticamente todo lo que ha escrito la banda francesa de death metal Gojira o la escocesa Godeater, pioneros del “metal vegano”.

También en el hip-hop, un género de música tradicionalmente alejado de las preocupaciones ambientales, algunos raperos populares llevan ya mucho tiempo dedicándose a la concienciación ambiental, a veces a través de las propias letras de sus temas. El ejemplo más claro es el del MC de Brooklyn Mos Def, que en su tema de 1999 New World Water, visualiza la escasez de agua potable como una problema mundial y tiene canciones sobre la polución que afecta a las grandes ciudades o la contaminación que llena los océanos de plástico.

 

Actualmente, la simbiosis entre el rock y el medio ambiente continúa más viva que nunca, ya que los recientes movimientos juveniles en defensa del medio ambiente han insuflado nueva vida a la música concienciada con el cambio climático. Ídolos juveniles como Jaden Smith o Billie Eillish están permanente haciendo campaña por el medio ambiente, al igual que grupos consagrados como Coldplay o Tame Impala. Sin embargo, el mejor ejemplo de conciencia ambiental en el rock actual quizás sea el grupo británico The 1975, que hacen “tours eco-responsables” alimentados al 100% con energías renovables, en los que además plantan un árbol por cada entrada que venden. También han colaborado con Greta Thunberg en su canción homónima  The 1975, que incluye un inspirador monólogo de la joven activista.



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