De la Antártida a Venecia: la épica marina en los cuadernos de bitácora

De la Antártida a Venecia: la épica marina en los cuadernos de bitácora

De la Antártida a Venecia: la épica marina en los cuadernos de bitácora

A lo largo de los siglos, las expediciones marítimas siempre han contado con un testigo de excepción: los cuadernos de bitácora. El historiador Huw Lewis-Jones ha seleccionado decenas de ellos para el libro NAVEGANTES. Diarios y cuadernos de bitácora (Ed. GeoPlaneta, 2019). Salpicada por numerosas ilustraciones originales, la obra recrea a la perfección la épica marina


Laura Chaparro
Madrid | 18 octubre, 2019

Tiempo de lectura: 6 min



“Un mal día en alta mar es mucho mejor que un buen día en la oficina”. En un pequeño bote de remos, a unos 800 kilómetros de la costa oeste de África, la británica Roz Savage escribe en su cuaderno de bitácora mientras la noche envuelve por completo al mar calmo. Las nubes le impiden ver la luna y las estrellas, lo que agudiza aún más su oído. El crepitar de la barca y el oleaje golpeando el casco la acunan hasta que se duerme.

Pero no todas las noches son tan idílicas. La deportista también ha sufrido olas escalofriantes durante tempestades o vientos huracanados que incluso le impedían sacar la cabeza por la escotilla.

Cubierta del libro. / Thames & Hudson.

En 2005, Savage fue una de las participantes de la Atlantic Rowing Race (actualmente llamada Talisker Whisky Atlantic Challenge), una carrera de remo oceánica que abarca 4.700 kilómetros, desde las islas Canarias hasta las Indias Occidentales. Fue la primera mujer en remar en solitario por tres océanos: el Atlántico, el Pacífico y el Índico, y la revista National Geographic la nombró Aventurera del Año en 2010.

La suya es una de las decenas de experiencias marinas que aparecen recogidas en NAVEGANTES. Diarios y cuadernos de bitácora (Ed. GeoPlaneta, 2019), una obra ilustrada escrita por el historiador británico Huw Lewis-Jones. “El proceso de confección de este libro ha sido una exploración continua, una búsqueda del tesoro”, relata el escritor.

Y no es para menos. Lewis-Jones emprendió una búsqueda incansable de cuadernos de bitácora olvidados en bibliotecas, recorrió numerosas colecciones privadas, se adentró en desvanes polvorientos e incluso llegó a abrir cofres encontrados en el mar. Todo para rescatar del olvido las historias de navegantes de todos los tiempos, pero no solo las de los más conocidos.

Junto a los legendarios Vasco da Gama, Horacio Nelson o Francis Drake también aparece la mujer de un ballenero, un cocinero de un barco, artistas, grumetes e incluso piratas. “Tras los líderes de cualquier expedición célebre había siempre una tripulación con talento que aseguraba el éxito de la misión”, señala el escritor.

Lápiz y acuarela a bordo

Uno de estos navegantes fue el fotógrafo australiano Frank Hurley (1885-1962), cuya madre intentó convencer al director de una de las expediciones en las que se embarcó de que no contara con él. “Nunca ha estado en un entorno salvaje y además tiene problemas de pulmones y si se va no creo que vuelva con vida”, le suplicó en una carta. Por suerte, no le hizo caso y Hurley desarrolló una prolífica carrera como fotógrafo, incluyendo la durísima expedición del Endurance que capitaneó Ernest Shackleton rumbo a la Antártida.

Una escena de cubierta en alta mar del artista y marinero John Everett, que cruzó el Atlántico en innumerables ocasiones. / National Maritime Museum, Greenwich, Londres.

El barco quedó atrapado en el hielo en 1915 y, tras unos meses a la deriva, naufragó. Para sobrevivir, la tripulación tuvo que recorrer kilómetros y kilómetros de territorio helado y recurrir a los botes salvavidas del Endurance, que los llevaron hasta la isla Elefante, donde vivieron durante cuatro meses con temperaturas gélidas. En todo ese tiempo, Hurley no dejó de escribir y dibujar en su diario. Sobrevivieron comiendo pingüino y foca y, tras ser rescatados, Hurley continuó su carrera como fotógrafo cubriendo las dos guerras mundiales e incluso volvió a la Antártida.

El libro recoge los bocetos que realizó el australiano sobre el refugio que construyeron en la isla Elefante, con dos botes salvavidas apoyados en una rocas. Al publicarlos a toda página, incluso se aprecian algunas manchas de grasa y se nota el desgaste y el color amarillento por el sol y las tormentas que sufrieron en ese rincón recóndito del mundo.

Porque, si además del mar, hay otro protagonista del libro es la ilustración. Entre las más de 400 que recoge, las hay a lápiz, como las de Hurley; a todo color, como las del pintor John Everett, o las tremendamente descriptivas, como el pez volador dibujado por el pescador Adriaen Coenen. Y, por supuesto, no faltan los mapas, como la laguna veneciana dibujada por el cartógrafo Piri Reis.

Representación de la laguna veneciana realizada por el comandante y cartógrafo Piri Reis. / Walters Art Museum, Baltimore.

A través de las biografías de los navegantes descubrimos cómo la tecnología ha ido evolucionando a lo largo de la historia, desde las primeras cartas náuticas hasta los actuales sistemas de navegación por satélite, lo que le resta cierta épica a la aventura. “Con la llegada de las mediciones de precisión y el conocimiento exacto de la superficie de la Tierra, desapareció la posibilidad de utopías y de islas ficticias”, se lamenta el novelista de viajes y navegante Philip Marsden, cuyo testimonio también recoge el libro.

De hecho, uno de los aciertos de la obra de Lewis-Jones es que intercala las breves reseñas biográficas de los marinos y marinas de los últimos siglos con pequeños textos escritos en primera persona por navegantes modernos, como la deportista Savage o el novelista Marsden. Y los relatos fluyen porque tienen un denominador común: la aventura en el mar.

Diarios que dan voz a los sin voz

Algo que llama la atención es que el escritor le da un papel destacado a la mujer, incluyendo ejemplos de marinas que se hicieron a la mar en circunstancias muy difíciles, en una época en la que estaba prohibido que viajaran a bordo de cualquier tipo de expedición. Es el caso de Jeanne Baret (1740-1807), que se hizo pasar por un criado para poder viajar a bordo de la primera travesía científica francesa alrededor del mundo.

Como el resto de la tripulación, sufrió escorbuto, malnutrición y durmió rodeada de ratas, manteniendo en secreto su sexo, algo que finalmente descubrió el capitán, Louis-Antoine de Bougainville, quien, admirado por su valentía, permitió que siguiera a bordo. Baret pasaría a la historia como la primera mujer en completar una circunnavegación al globo terrestre.

Adriaen Coenen recogió en su Visboek (libro de los peces) este pez volador encontrado en los mares tropicales cuyo apodo era “golondrina de mar”. / National Library of the Netherlands, La Haya (78 E 54).

Otro ejemplo es el de Rose de Freycinet (1794-1832), mujer del capitán Louis de Freycinet que, con solo 22 años y confabulada con su marido, entró como polizón en la expedición científica del Uranie. Se presentó a la tripulación con su verdadera identidad cuando ya estaban lejos de la costa y sufrió como uno más los ataques de piratas, las intoxicaciones alimentarias e incluso la malaria. “Estoy pálida, amarillenta, y tengo los ojos hundidos. En otras palabras, parezco un fantasma”, escribió en uno de sus diarios.

El pastor holandés Jan Brandes navegó hacia Java en 1778. También viajó a Ceilán y Sudáfrica y llenó sus diarios con coloridos bocetos. / Rijksmuseum, Ámsterdam.

También es positivo que otro colectivo denostado en esa época, los afroamericanos, estén representados con la figura de Charles Benson (1830-1881). Tataranieto de esclavos, Benson nació libre pero su carrera estaba muy limitada y empezó siendo cocinero en un barco y más tarde, mayordomo. Separado tanto de los marineros como de los oficiales a los que servía, cada noche, antes de dormir, escribía en su diario. “Si sobrevivo, lo dejo”, redactó en una ocasión, pero siguió en la mar dos décadas más hasta que murió a bordo de uno de los barcos que tan bien conocía.

Mujeres, criados, capitanes, artistas… Todos volvieron a la mar a pesar de su dureza. Sucumbieron a su belleza y la dejaron por escrito, bien con palabras o bien con dibujos. Cualquier fórmula es buena para que otros navegantes hoy continúen con su épica.

FICHA TÉCNICA

Título: NAVEGANTES. Diarios y cuadernos de Bitácora

Autor: Huw Lewis-Jones

Editorial: GeoPlaneta

Fecha de publicación: septiembre de 2019

Páginas: 304

Precio: 33,50 €


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Comentarios

Hola, lo primero felicitaros por la excelente publicación, está fenomenal y era muy necesaria.

Dicho esto comento mi relativa sorpresa al leer la reseña de este libro y comprobar que no hay ni un solo hispano entre los navegantes mencionados, es bien difícil, salvo proponiéndoselo uno a conciencia, hacer una selección de cuadernos de bitácora de viajes destacados y no mencionar ninguno que relate un singladura española.

Otra sorpresa viene dada por mencionar en la enumeración de autores a F. Drake y luego decir que además hay “incluso piratas”…ambas sorpresas dejan de serlo tanto al observar la nacionalidad de la autora del libro, no así de la reseña en Ágora

¿ alguien puede informar si hay o no algún viaje español en esta publicación?

¿no está el relato de bitácora de Isabel Barreto la primera mujer almirante de la historia?

¿Está el Tornaviaje de Urdaneta?

¿ y Vital Alsar y sus “imposibles viajes” en balsa desde Ecuador a Australia?

¿Hay referencia a José Luis Ugarte y su cuaderno de bitácora “El Último Desafío” donde relata la vuelta al mundo a vela sin escalas a los 65 años?

…por Juan Sebastián Elcano y el relator Pigaffeta ni pregunto, apuesto un buen trago de agua fresca a que no está en esta publicación inglesa, dar la vuelta al mundo por primera vez en la historia no merece tanta consideración… sobre todo cuando durante siglos han intentado convencer a la people que fue Drake quien lo hizo. Vergüenza ajena.

La lista de viajes marinos pioneros y apasionantes con su correspondiente cuaderno de bitácora protagonizados por españoles “casi desconocidos” daría para varias publicaciones como la reseñada aquí. Ojalá sirvan estas torpes notas para que algún lector de Ágora se interese por conocerlos mejor.

Saludos

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