La Europa verde se inspira en el movimiento Bauhaus... de hace un siglo

La Europa verde se inspira en el movimiento Bauhaus… de hace un siglo

La Europa verde se inspira en el movimiento Bauhaus… de hace un siglo

Experimentar otras soluciones de diseño y nuevas maneras de vivir para cumplir con el Pacto Verde europeo es lo que propone la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen. En España, los arquitectos también enuncian los postulados de 1919 de la Escuela de Artes Aplicadas de Weimar.


Analía Iglesias | Especial para El Ágora
Madrid | 23 octubre, 2020

Tiempo de lectura: 7 min



“Lo necesario puede también ser bello”, dice textualmente la nota que la Comisión Europea (CE) distribuyó hace unos días para lanzar la nueva Bauhaus europea, como espacio de reflexión y experimentación de nuevas soluciones entre ciudadanos, expertos y redes mundiales.

Esta plataforma para repensar el diseño y la arquitectura pretende ampliar el Pacto Verde (o Green Deal) también a las necesarias reformas que deberán hacerse a partir de ahora para descarbonizar la economía en los territorios que conforman la Unión Europea.

Escalera en el edificio de la escuela Bauhaus en Weimar, construido en 1927. | Foto: Uwe Aranas

“Más bello, más verde y más humano” es el reclamo de este pacto, cuya primera fase incluye la puesta en común de ideas de artistas, arquitectos, expertos digitales, científicos sociales, ingenieros, emprendedores y estudiantes. La segunda fase contempla la realización de proyectos artísticos y culturales en torno a la durabilidad, que tengan en cuenta la utilización de materiales de construcción ecológicos, la eficiencia energética, una movilidad adaptada a las demandas demográficas y la innovación digital en la utilización de recursos. Y la tercera, según la CE, consistirá en difundir las ideas de la doble transición ecológica y digital más allá de las fronteras del continente.

Bruselas acaba de lanzar la ‘nueva Bauhaus europea’, como espacio de reflexión y experimentación de nuevas soluciones en materia de diseño y arquitectura, para ampliar el Pacto Verde

La Nueva Bauhaus es, en palabras de la presidenta de la CE, Ursula Von der Leyen, “un nuevo proyecto cultural para Europa”, que conlleva una transformación y “una estética diferenciada, para alinear estilo y sostenibilidad”. Con el impulso de esta ola verde, la UE pretende que, en la próxima década, se renueven 35 millones de edificios, responsables del 40% de las emisiones de dióxido de carbono, con la vista puesta en la neutralidad climática para 2050.

El diseño se llama Gropius

Von der Leyen propone, entonces, abrevar en el concepto del diseño industrial que promovía  la Bauhaus original, ya que los propios intelectuales pretendían disolver –con trabajo funcional y manual– su arrogancia y la distancia que los separaba de los artesanos e ingenieros. Así, la transición ecológica del presente permitiría actualizar aquel movimiento artístico surgido de la emblemática Escuela de Arquitectura y Artes Aplicadas, fundada en 1919, en la ciudad alemana de Weimar, cuyo espíritu fue el de aunar las disciplinas del arte, revalorizando las tareas artesanales, en la creación de objetos útiles, racionales, a escala humana y adaptados a las necesidades de los obreros y el ciudadano de a pie.

El icónico edificio de la escuela de artes de la Bauhaus diseñado por el arquitecto Walter Gropius en 1925 y que todavía puede verse en Dessau, Alemania. | Foto: Claudio Divizia

“La forma sigue a la función”, proclamaba el arquitecto Walter Gropius, que fue el primer director de la Escuela de Artes Aplicadas que tuvo su sede en Weimar (de 1919 a 1925), en Dessau (de 1925 a 1932) y en Berlín (de 1932 a 1933) y cuyos tres célebres directores fueron el propio Gropius, Hannes Meyer y Mies Van der Rohe.

Entre los creadores, nada menos que Paul Klee y Wassily Kandinsky, junto a otros nombres fundacionales de las vanguardias. Allí se pensó mientras se esculpía, se soldaba, se construían sillas, fábricas y casas, y se tejía. Todo esto, y el gran legado que dejó la Escuela de Weimar para el diseño industrial sucedió durante esa escasa década de 1920, antes de caer derrotada por el Tercer Reich, y empujar a sus impulsores al exilio.

Barco en reposo, obra de Paul Klee, uno de los artistas plásticos ligados a la Escuela de Weimar
Composición VII, obra de Vasili Kandinski, pintor alineado con Bauhaus y la Escuela de Weimar

Hoy, para vestirse de futuro, la exhausta Europa busca inspiración en los libertarios años 20 y en una palabra hecha de dos términos: Bau (construcción) y Haus (casa).

Aproximaciones desde España

“¿Cómo vivir de una manera saludable y económica?” era una pregunta que inspiraba un filme del mismo nombre, que Ernst Jahn filmó, en 1928, y en el que mostraba lo funcional que era la cocina de la casa modelo que había construido Walter Gropius, en Dessau. El diseño orientaba nuevos modos de vivir que quedaron truncados con la llegada del nazismo y los bombardeos de la guerra, que convirtieron la casa en escombros. Hace unos años, en lo que fuera el terreno original del prototipo de Gropius, se reunieron un grupo de arquitectos, antropólogos y economistas a repensar modos de manejar lo doméstico.

Ventanal en el último piso en la escuela de la Bauhaus en Weimar construido en 1927. | Foto: Uwe Aranas

De aquella convocatoria quedó una interesante publicación, en la cual tomaron parte algunos arquitectos españoles, como los del Estudio SIC. Mauro Gil-Fournier, ex socio de SIC, nos relata aquella experiencia, en la que su estudio vinculaba lo que sucedía en España con la crisis inmobiliaria, en 2015, con las demoliciones y mudanzas que sufrieron la Escuela de Weimar y sus miembros, expulsados para siempre de sus vidas domésticas y académicas. En ese momento y en ese lugar, “la Bauhaus representaba otra cadena de desahucios”, resume el arquitecto, fundador de Arquitecturas Afectivas.

“Más bello, más verde y más humano” es el reclamo de este pacto con la historia del arte del siglo XX, que prevé la puesta en común de ideas de arquitectos, expertos digitales, científicos sociales, ingenieros, emprendedores y estudiantes

Pero lo cierto es que aquellos nuevos modelos de vivir anticiparon los decálogos de esta era de obligada sostenibilidad. Así, en armonía con la dimensión social que adquirió la BauHaus en su tiempo y con su herencia en la búsqueda de la equidad, otra arquitecta española ha imaginado otros diseños de vida posible, en un proyecto que ella bautizó FrauHaus (la casa de la mujer).

El proyecto de la arquitecta Raquel Congosto consiste en crear una ficción especulativa sobre el origen del movimiento de arte y diseño: “Hice un proceso inmersivo y me fui a 1919, para imaginar cómo hubieran sido las cosas si las mujeres hubieran inventado la Bauhaus. En mi revisión, Alma Mahler (Viena, 1879-Nueva York, 1964) se apodera de la idea de su esposo, Walter Gropius, porque ve que está dejando fuera a las mujeres. Y, entonces, las artistas más talentosas de ese momento de entreguerras, en el que surgieron tantas cosas interesantes, deciden reinventarlo todo”.

Corregir el pasado con mirada femenina

El proyecto de Congosto –codirectora del documental Los cuidados– consiste en generar una enciclopedia basada en el nuevo conocimiento producido en reuniones de mujeres de la actualidad, jugando a ser aquellas de los años 20, y planificando la educación y las ciudades desde cero: “Es pensar cómo habría sido este siglo si las mujeres hubiéramos tenido el poder para diseñar la cultura, los museos, las ciudades, cómo nos relacionaríamos, cuáles serían las formas de vivir el cuerpo, qué lugar ocuparían la maternidad y los cuidados. Pensé en una suerte de sesiones parlamentarias que pudieran corregir el pasado. ¿Hubiera habido guerra? ¿Cómo serían las fronteras entre los países?”, nos explica.

Racionalismo y curvas orgánicas en este edificio de la Bauhaus en Berlín. | Foto: Uwe Aranas

La arquitecta española Raquel Congosto ha imaginado otros diseños de vida posible, en un proyecto llamado ‘FrauHaus’ (la casa de la mujer).

FrauHaus pone en cuestión incluso la mirada de la mujer, toda vez que esta se ha moldeado a imagen y semejanza de la masculina, tal como sucedió durante buena parte de la historia de los últimos siglos: “Si las mujeres hubiéramos sido el origen intelectual de las disciplinas, en lugar de salir a jugar el mismo rol de los hombres (que es lo que nos lleva pasando hasta ahora), todo hubiera sido de otra manera. Por ahora es una ficción, sí, pero es lo que veo que empieza a construir el movimiento ecofeminista”.

Congosto pone un ejemplo que ilustra este fenómeno de plegarnos a las reglas de juego impuestas por y para los hombres: “Muchas arquitectas del siglo XX intentaban ser hombres en su actuación profesional. Sin ir más lejos, la cocina Frankfurt, que es la cocina mueble, pequeña, empaquetada, para que las labores domésticas ocupen menos espacio, conlleva algo perverso, como es que la mujer gane tiempo en su casa para poder salir a trabajar fuera, cuidando (como asistenta, enfermera, etcétera).

Pero cocinar no es un servicio, es la vida y necesita tiempo. Si tuviera que pensar cómo se hace una ciudad, o una casa, creo que tendría que empezarse desde la cocina, porque es el lugar en el que está la persona que está sirviendo al resto, sobre todo a quien está en el salón, con el mando a distancia, que representa el poder”.

Sin embargo, hubo mujeres de distintos lugares del mundo que estaban produciendo conocimiento valioso sobre lo comunitario, ya desde los años 30, como es el caso de la arquitecta Lina Bo Bardi (Roma, 1914-Sao Paulo, 1992), mencionada por Congosto.

A las figuras históricas se suman, además, otros nombres propios, para una acción que alumbraría el presente desde el pasado: “Entre las mujeres actuales, pensé, por ejemplo, en Maé Durant, con su proyecto Agronautas, a través del que han estado construyendo dispositivos sostenibles en el espacio público, como cocinas agroecológicas con paneles solares”.

Osadía no falta para cercar la emergencia ambiental y climática, con imaginación. “Las mujeres estamos de lleno en esto de investigar en materiales que no contaminen, tanto en la arquitectura como en las artes plásticas. Construimos desde ahí, y en todo ponemos el cuerpo de diferente manera”, zanja la arquitecta.

Mies van der Rohe
Hannes Meyer
Walter Gropius


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