Las nuevas viviendas ahorran energía, pero derrochan el agua

Las nuevas viviendas ahorran energía, pero derrochan el agua

La normativa ya obliga a las nuevas promociones de viviendas a cumplir parámetros sobre el ahorro de energía o la gestión de la energía, pero el escaso precio del agua desincentiva a los promotores a introducir medidas para su ahorro y reutilización


Miguel Ángel Delgado | Especial para El Ágora
Madrid | 15 enero, 2021


En los últimos años, ideas que parecían ajenas a nuestra vida diaria han ido calando en nuestros hábitos. Hemos integrado la necesidad del reciclaje, nos planteamos alternativas al coche que sean menos contaminantes para desplazarnos o nos preocupamos más por el origen de nuestros alimentos.

En la arquitectura sucede algo parecido: nos preocupa que nuestros hogares sean eficientes en el consumo de energía, y hemos pasado a valorar su cercanía a lugares verdes. Sin embargo, hay un agujero que persiste en la inmensa mayoría de la obra nueva proyectada para los próximos años: el uso sostenible del agua. ¿A qué se debe eso?

«Desgraciadamente, en España, el precio del agua potable es tan barato que no es nada rentable introducir mejoras en el mundo de la construcción». Así de contundente se muestra el arquitecto Fernando Muñoz, del estudio Smart and Green Design, que desde su fundación ha hecho del concepto del ecodiseño uno de sus ejes fundamentales.

Sistema de reciclaje de aguas grises para autoconsumo instalado en un vivienda de Madrid. | FOTO: Huso Arquitectos

El bajo precio del agua lleva a que los promotores no tengan un aliciente a la hora de introducir unas mejoras que, en sus cálculos, solo servirían para encarecer el precio de la vivienda, reduciendo el margen de beneficio que, en el sector del ladrillo, tiende en demasiadas ocasiones a jugar en el terreno de lo especulativo. A diferencia de lo que sucede con el uso eficiente de la energía o la gestión de los residuos, en los que la aprobación de unas exigentes normativas ha llevado a que sí que se tengan en cuenta en los nuevos proyectos, no existe ninguna presión legislativa para hacer lo mismo con el uso del agua.

«Este coste, en el momento de la construcción, no se ve como una inversión que generará una rentabilidad, tanto económica como social, sino como un gasto», afirma David García-Asenjo, doctor arquitecto y profesor en la Universidad Rey Juan Carlos. «En realidad, incrementa el precio de construcción del inmueble, pero ese incremento se verá compensado a lo largo de su vida útil».

Los problemas son aún mayores cuando hablamos de adecuar viejos edificios. Por ejemplo, un trabajo de fin de grado de la ETSAM sobre una posible adaptación del edificio Girasol, en pleno barrio de Salamanca de Madrid y construido en 1964, demostraba que el coste de una actuación para acondicionar sus sistemas de tratamiento de aguas e introducir sistemas como el de la climatización evaporativa (en la que la refrigeración se consigue mediante la evaporación de agua previamente reciclada del consumo sobre las fachadas y terrazas) resultaba, simplemente, imposible debido a lo prohibitivo de sus costes.

Por ello, hoy por hoy, el que una obra nueva o una reforma tengan en cuenta el factor agua en su diseño depende sobre todo de la sensibilidad, y por supuesto los recursos, del cliente que encargue la obra. Algunas marcas ofrecen ya sistemas para, por ejemplo, reaprovechar el agua sobrante del lavabo para llenar el inodoro, ofrecen ya esa posibilidad, pero siguen siendo opciones que obligan a un importante desembolso.

Faltan estímulos

«Nos hemos encontrado con ordenanzas locales donde ni siquiera está permitido reutilizar aguas grises recicladas», cuenta el arquitecto Iñaki Alonso, al frente del estudio sAtt Arquitectura, especializado en proyectos que fomenten sobre todo la creación de comunidad, y que ha firmado algunos tan emblemáticos como el de la cooperativa Entrepatios.

A pesar de todo, piensa que sí que sí que existe un margen para la actuación de los particulares: «Todo depende del alcance de las intervenciones, pero siempre es posible llevar a cabo algunas si hay voluntad. Hay estrategias que tienen un impacto económico mínimo, como es el hecho de colocar reductores de caudal en todos los grifos, y otras de gran calado, como el reciclaje total de las aguas grises y negras a través de fitodepuración, donde la amortización se va muy lejos.»

Los que sí que creen en el papel de los particulares son los arquitectos Diego Barajas y Camilo García, quienes desde su estudio Husos Arquitectos llevan ya años abordando sus proyectos desde una perspectiva global, en la conciencia de que cada gesto puede ayudar a empujar en el sentido del cambio necesario.

«Pensemos, por ejemplo, en el baño», afirma Diego Barajas. «Es aparentemente el lugar más privado de nuestros hogares, donde incluso nos encerramos con cerrojo. En realidad, es un lugar que moviliza recursos importantísimos como el agua que entra y sale, sin que seamos muy conscientes de todo lo que esto supone. Desde este lugar supuestamente tan íntimo se articulan flujos materiales que nos conectan con lo colectivo, con territorios muy extensos, cuencas de ríos, represas, suelos…»

Con esa conciencia, uno de sus proyectos más emblemáticos ha sido el que han bautizado como Un chico, un bulldog, un huerto y la casa que comparten, ejecutado sobre una vieja vivienda de una corrala de Madrid, y donde entre las medidas tomadas incluyeron un sistema de reaprovechamiento del agua de la ducha (el elemento donde más agua se consume) para regar de manera automática un huerto vertical que cumple con una triple función: autoconsumo, refrigeración de la vivienda y socialización, al estar orientado el huerto hacia el patio común.

Camilo García, la otra pata de Husos, lo tiene claro: «El costo de implementar estos sistemas no es alto. La inversión mayor está en el tiempo y conocimientos necesarios para diseñarlos, más que en su materialidad en sí, que puede ser bastante sencilla. En el caso de esta vivienda, el sistema de recuperación y reutilización de las aguas grises de la ducha para riego es un ensamblaje que podría replicarse en muchas otras viviendas. Sería una forma de responder desde la pequeña escala a la importante escasez de agua en regiones como la de Madrid. Además, su efecto replicable puede conseguir una transformación cuantitativamente importante, y a la vez bajar bastante los costos de cada unidad.»

Sin embargo, a pesar de ejemplos como estos, lo cierto es que para que la situación cambie es fundamental el compromiso de unas administraciones que comprometan inversiones y, a la vez, establezcan el marco que lleve a los promotores privados a moverse en esa dirección.

Pavimento permeable instalado por el Proyecto Life Cersuds n Benicàssim.

En este sentido, cobran fuerza iniciativas para, por ejemplo, reaprovechar el agua de lluvia de las ciudades para reutilizarla para riego. Una de las más prometedoras es la de Life Cersuds, que en lugares como Benicàssim está utilizando cerámica de bajo valor comercial para la implantación de paseos de suelo filtrante que facilitan la sostenibilidad de todo el área circundante. De hecho, es en este ámbito, dada la relativa economía de las intervenciones necesarias, donde se está produciendo el mayor avance, también entre las viviendas unifamiliares.

A pesar de estos tímidos acercamientos, el agua sigue siendo la gran asignatura pendiente en la transición hacia un modelo realmente sostenible de nuestras viviendas. Al menos, mientras su coste para el consumidor siga siendo poco menos que simbólico; ojalá no haya que esperar a que se convierta en un bien escaso y, por tanto, caro, para que esta situación cambie, porque para entonces puede ser ya tarde.

Proyecto Life Cersuds de pavimento permeable en Benicàssim.
Proyecto Life Cersuds de pavimento permeable en Benicàssim.


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