Así seríamos si actuáramos como las plantas - EL ÁGORA DIARIO

Así seríamos si actuáramos como las plantas

Así seríamos si actuáramos como las plantas

Nuestras “compañeras vegetales abandonaron el agua y colonizaron la tierra firme hace 450 millones de años”, mientras nosotros llegamos mucho más tarde, y con más voracidad. Esta es la premisa de la que parte ‘Un encuentro vegetal’, una exposición divulgativa en La Casa Encendida.


Analía Iglesias | Especial para El Ágora
Madrid | 11 junio, 2021

Tiempo de lectura: 5 min



La fotosíntesis, el más sabio de los procesos de reciclaje, podría ser el espíritu benefactor que subyace a la exposición Un encuentro vegetal, que puede visitarse estos días en La Casa Encendida de Madrid y que examina nuestro vínculo con la biodiversidad, a través de las obras de Patricia Domínguez (Santiago de Chile, 1984), Ingela Ihrman (Kalmar, Suecia,1985) y Eduardo Navarro (Buenos Aires,1979). Y es que nutrirse de dióxido de carbono para brindar, a cambio, oxígeno renovado al aire que respiramos parece la más generosa de las obras de la naturaleza y un mensaje ineludible de las plantas frente a la mezquindad en que, casi inevitablemente, transcurre la vida de la humanidad.

Para tomar consciencia de nuestra presencia ínfima e inmensa en este mundo, dos artistas del continente americano y una escandinava tuvieron el encargo de repensar nuestra relación con las plantas. Del ejercicio surgió este diálogo del arte con la naturaleza, que se enmarca en la colaboración de La Casa Encendida con la Wellcome Collection de Londres, a través de reproducciones de las colecciones etnobotánicas de la galería londinense y el Museo de América de Madrid, así como piezas del Real Jardín Botánico y la Real Academia de la Historia de Madrid.

“Nuestras compañeras vegetales abandonaron el agua y colonizaron la tierra firme hace 450 millones de años. El homo sapiens surgió hace trescientos mil años y hoy los humanos tan solo representan el 0,01 por ciento de la biomasa de la Tierra”, nos advierte Bárbara Rodríguez Muñoz, comisaria de la Wellcome Collection. La domesticación de la fauna también significó la domesticación de la flora, la cual consumimos con fines alimentarios o terapéuticos, sin apreciar los valiosos servicios que los ecosistemas nos prestan ni respetar sus necesidades básicas para su supervivencia. De ahí que estos artistas propongan demoler el muro artificial que nos separa. ¿Sentir como las plantas?

Matrix Vegetal, Yagé, Patricia Domínguez, VEGAP, Madrid, 2021.

“Tener una mirada introspectiva hacia la naturaleza”, podría ser el lema, que en este caso tomamos del libro Un tratado de estética japonesa, de Donald Richie, para proponer otra perspectiva del hombre frente al paisaje.

Espejos de nuestras formas

La artista plástica chilena Patricia Domínguez propone un recorrido por las narrativas históricas de algunas plantas mágicas de Sudamérica, las cuales, según la dosis, pueden catalogarse como curativas, alucinógenas o venenosas. En el punto de vista del observador y el usuario radica la sanación o el “pecado”.

Los tótems diseñados especialmente para esta exposición tienen contornos reconocibles, ligados a la sexualidad humana, por lo que no nos resulta difícil vernos en ese espejo de la naturaleza e intuir partes de nuestro cuerpo. Cada una de las figuras está dedicada a cada una de las plantas a las que Domínguez rinde homenaje.

Hablamos, por caso, de la quinina, el alcaloide antipalúdico que se obtiene de la planta llamada “chinchona”, en Sudamérica, y que sirvió a los europeos para elaborar medicamentos y ese refresco tan actual: el agua tónica. Pero aquellas propiedades fueron la condena no solo de los ejemplares de chinchona sino de algunos de los sabios nativos que explicaron, por ejemplo, que los árboles que miran a los Andes tienen más carga de quinina que los que les dan la espalda. Porque “hay una historia de violencia con la que tienen que lidiar estos conocedores de los secretos de sus plantas y defensores de la biodiversidad”, explica la comisaria.

Imagen del interior de la exposición ‘Un encuentro vegetal’. | La Casa Encendida

Otras plantas curativas ancestrales en las que se detiene Domínguez son: la mandrágora, que está asociada a la actividad de las hechiceras, incluso a los vuelos de las brujas; el floripondio (Brugmansia arbórea, extinta en estado silvestre, según la lista de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza-UICN), cuyas flores pueden desatar todo tipo de reacciones alucinógenas y tóxicas, hasta hacernos perder la vista (por la dilatación de las pupilas) y el control de la voluntad, y, por fin, la famosa ayahuasca, que ha propiciado una industria turística alrededor de su consumo que, en algunos casos, ha separado a los chamanes de sus núcleos sociales de pertenencia y ha afectado a otras zonas de cultivos diversos.

“Son plantas que no descubrimos nosotros, sino que nos apropiarnos del conocimiento ancestral para ponerle un valor en el mercado internacional”, argumenta Rodríguez Muñoz, frente a la palabra “descubrir”.  De hecho, la comisaria observa que desde la galería londinense “planteamos una crítica a nuestra propia colección”, toda vez que esos ejemplares etnobotánicos pueden dar cuenta de prácticas y relatos colonizadores que es necesario revisar.

Junto a simbologías aztecas ligadas a la estrecha relación de las personas con los ciclos de la naturaleza, podemos admirar una antigua fotografía  que protagoniza una chamana, a la que los mapuches llaman “machi”, además de las acuarelas de la artista chilena, que parece ofrecer en sus cuadros una catarsis al dolor que sienten los pueblos originarios cuando una parte de la corteza de su piel queda herida de ambiciones ajenas.

Algas como intestinos

La complejidad y la sensibilidad de las plantas es otro de los ítems que se abordan en esta exposición, en este caso, a cargo de la artista sueca Ingela Ihrman, que optó por el mar para transitar un momento de convalecencia. De su existencia a orillas de la gran lámina de agua salada surge su representación de las algas para hablar del dentro y fuera de nuestro propio cuerpo, o nuestra flora intestinal y la vida marina.

Ihrman prefiere relacionarse con los seres vivos a través de las flores y las plantas, de ahí su experimento de rociar su traje de un néctar dulce para invitar a los pájaros y a los insectos a libar. Hay, en su caso, otra manera de aproximar el cuerpo propio a las funciones de la naturaleza.

Photosynthetics, Eduardo Navarro, 2021 © Sofia Jallinsky

Por último, Eduardo Navarro se expande en el espacio con dibujos que plasman el acto de contemplación del ser humano, que puede valerse de la naturaleza para su goce, siempre que devuelva sus frutos a la tierra y al agua a las que pertenecen. Hay, asimismo, una serie de propuestas lúdicas (o performativas) que el artista expone junto al filósofo Michael Marder, por las que se anima a los participantes a interactuar con el medio como lo haría un vegetal.

Durante esta primavera y todo este verano que pronto comienza se ofrecen, en La Casa Encendida de Madrid, cursos, talleres y actividades para niños y adultos en torno a Un encuentro vegetal.



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