¿Cuánta agua comes? ¿Con cuánta agua te vistes?

¿Cuánta agua comes? ¿Con cuánta agua te vistes?

¿Cuánta agua comes? ¿Con cuánta agua te vistes?

Frente a estas preguntas sobre nuestra huella hídrica, podemos responder con nuevas maneras de llevar una existencia más sostenible, a partir de objetos útiles que han pensado los diseñadores para el ahorro y menor aprovechamiento de los recursos. Una exposición en CentroCentro, de Madrid, recopila algunas soluciones con mucho ingenio.


Analía Iglesias
Madrid | 8 abril, 2022

Tiempo de lectura: 6 min



El agua dulce es, sin duda, el bien más preciado de este mundo, pase lo que pase con los precios de los combustibles y con el abastecimiento de cualquier otra mercancía. Agua es lo que necesitamos todos los seres vivos para no morir y apenas el 2,5% es agua dulce. En la maravillosa película La sed del mundo, el fotógrafo y divulgador Yann Arthus Bertrand nos ponía frente a frente con esta verdad y, sobre todo, con nuestro consumo, a veces inconsciente, al comprar un vaquero (para cuya fabricación se han necesitado 11.000 litros) o al beber una botella de vino (que demanda unos 960 litros). A partir de esa constatación, la actual exposición Dulce Agua. Ideas para un futuro de escasez (en CentroCentro de Madrid, hasta el 21 de agosto) recopila algunas piezas de arte y diseños recientes, que vienen a ofrecer pequeñas soluciones (y reflexiones) para un problema global y creciente, si tenemos en cuenta la contaminación por plásticos de ríos y océanos, el despilfarro en el lado rico del mundo y las enormes carencias de lluvias y de fuentes en las regiones desertizadas.

La comisaria de la exposición Dulce Agua, Ana Domínguez Siemens, nos orientó, días atrás, en un recorrido a través de algunos de estos diseños de prototipos que buscan productores o que ya están en el mercado, destinados al ahorro de agua, a la desalinización, a la condensación de la humedad ambiente, al aprovechamiento del agua disponible (como el agua de lluvia o las aguas residuales) y al reciclaje de la gran cantidad de plásticos que contaminan nuestras fuentes de agua. “Hay muchos diseñadores que están mirando a cómo se hacían las cosas antiguamente”, nos explica, al abordar algunos objetos, como unos botijos hechos de terracota, que conservan fría el agua que dispensan o que posibilitan su depuración, gracias a los rayos del sol.

Personas acarreando agua con el bidón rodante diseñado por Pettie Petzer y Johan Jonker.

«Algunas soluciones pasan por aprovechar la evaporación del agua por el calor, con materiales simples, a fin de conseguir agua filtrada, potable»

Entre las soluciones, las más simples, una colección de recipientes de uso individual, que sustituyen a las botellas de plástico de un solo uso: algunas funcionan como termos, hay otra que se autolimpia e, incluso, una asociada a una aplicación informática, que indica dónde hay fuentes públicas para rellenarla. También encontramos objetos humildes pensados para el aprovechamiento radical del agua en nuestra vida cotidiana, que resuelve algo tan práctico como regar las plantas con lo que se puede recolectar de una buena lluvia; en este caso, una silla para balcones que recoge el agua que cae del cielo a través de un embudo en el asiento.

Una de las salas de la muestra 'Dulce Agua. Ideas para un futuro de escasez', que se puede visitar en el espacio CentroCentro de Madrid hasta el 21 de agosto de 2022
Una de las salas de la muestra ‘Dulce Agua. Ideas para un futuro de escasez’, que se puede visitar en el espacio CentroCentro de Madrid hasta el 21 de agosto de 2022. | FOTO: Alexandra Blanch

Un botijo, una silla, un depósito detrás del váter

La exposición Dulce Agua invita a pensar en asuntos corrientes y a valorar el saber técnico que los profesionales del diseño ponen al servicio de una existencia diaria más sostenible, pero también nos acerca la reflexión de científicos y artistas sobre la inequidad en el acceso al agua y sus causas.

Así, a un trabajo escultórico-antropológico para entender cómo ha evolucionado la distribución de agua a través del tiempo, que firma Asunción Molinos Gordo, se suma la reflexión de los menús de Jane Withers y Kari Korkman, que responden a la pregunta: ¿cuánta agua comes? Para concienciar a los comensales curiosos, estos artistas trabajaron con científicos del agua de la Universidad Aalto de Helsinki y el Kings College de Londres a fin de ofrecer una carta en la que las carnes ocupan los sitios de los ingredientes con más alto consumo de agua, en tanto las sopas o las frutas suelen demandar mucha menos inversión hídrica en su cultivo, producción y elaboración.

«El bidón rodante, de 90 litros, diseñado por Pettie Petzer y Johan Jonker, permite acarrear cinco veces más agua que un cubo»

Las soluciones abordan diversos contextos, en el norte y en el sur del mundo, tanto en el ámbito rural como en el urbano. Por caso, se exhibe el hallazgo del bidón rodante, pensado para áreas rurales africanas que padecen sequías y largas distancias hasta las fuentes de agua. Entonces, este bidón (Hippo water roller), de 90 litros, diseñado por Pettie Petzer y Johan Jonker, permite acarrear cinco veces más agua que un cubo, lo que cubriría las necesidades de una familia de cinco a siete miembros, durante una semana, a fin de que las mujeres y los niños –que son los encargados de su transporte– “puedan utilizar esas horas libres para estudiar”, en palabras de la comisaria.

Eliodoméstico, un diseño de horno solar creado por Gabriele Diamanti que permite desalar agua empleando el calor del sol.
Eliodoméstico, un diseño de horno solar creado por Gabriele Diamanti que permite desalar agua empleando el calor del sol.

En esta misma línea, se puede reseñar el purificador de agua eliodoméstico de Gabriele Diamanti, una suerte de horno integrado por tres piezas de cerámica, para desalinizar el agua de mar y convertirla en agua “de boca”, a partir de la energía solar: el artefacto necesita ocho horas de sol y puede producir hasta cinco litros de agua potable. Además, el recipiente puede transportarse fácilmente sobre la cabeza.

Secuencia del montaje del destilador solar diseñado por Henry Glogau y que permite filtrar agua sucia para hacerla potable por medio de la evaporación.
Secuencia del montaje del destilador solar diseñado por Henry Glogau y que permite filtrar agua sucia para hacerla potable por medio de la evaporación.

Asimismo, en materiales asequibles (muy baratos) y también a partir del poder de la energía solar, está pensado el premiado destilador de Henry Glogau, que consiste en una lona de plástico de dos capas, que se suspende (a modo de paraguas invertido) sobre unas cañas de bambú, para aprovechar la evaporación del agua por el calor, a fin de conseguir filtrar agua poco limpia o salada; el agua depurada se condensa en la capa superior y posibilita su utilización. Se pueden conseguir hasta 18 litros de agua potabilizada con este sistema que ganó el premio Lexus de diseño 2021.

Pelusas recicladas

Entre las propuestas para el ahorro y el mejor aprovechamiento urbano de los recursos hídricos, se cuentan el panel recolector de lluvias para fachadas Aquatecture, del Studio Sway (a cargo de la diseñadora sudafricana Shaakira Jassat), que bombea agua del depósito al sistema de aguas del edificio, o el proyecto de Bioesquina para Lanzarote, de LPA Studio, que representan un ecosistema, llamado biorrincón (árbol, sombra y asientos), con sistemas de drenaje sostenibles para la captación, depuración y almacenamiento del agua de lluvia. La comisaria, originaria de la isla de Gran Canaria, valora este diseño, explicando que, “para los canarios, el día del agua es todos los días, ya que desde niños nos han enseñado a usarla a consciencia”.

«Hay objetos útiles a partir de curiosos materiales reciclados, como los restos cal de las tuberías o las pelusas que se almacenan en máquinas lavadoras»

Entre los prototipos urbanos, destacan, por lo demás, el lavabo sobre el depósito del váter, que recoge el agua que se usa en el lavamanos, y un robot holandés que extrae agua de la atmósfera y, por condensación, la almacena, gracias a un fácil dispositivo con manivelas que puede accionar cualquier paseante (el robot tiene ruedas y va ofreciendo agua fresca por las aceras de la ciudad).

Por último, la exposición Dulce Agua recopila bellísimos objetos útiles que se pueden hacer con el plástico recogido en los mares o en los cursos hídricos de cualquier región del mundo, así como otros conseguidos con materiales que provienen de la cal y restos de tuberías o que pueden confeccionarse con las pelusas que se almacenan en máquinas lavadoras de ropa, tanto industriales como domésticas. Y un hallazgo que hará más amable la vida de la fauna acuática que suele  atragantarse con basuras plásticas: los anillos biodegradables y compostables E6PR (100% libres de plástico) para sujetar latas de cerveza, resistentes y que no representan una amenaza para las curiosas tortugas marinas, por ejemplo. Porque el diseño es mucho más que una palabra.



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