En el río Orange, los poetas oyen campanas bajo el agua

En el río Orange, los poetas oyen campanas bajo el agua

En el río Orange, los poetas oyen campanas bajo el agua

La película ‘This is not a burial, it’s a resurrection’ del director de Lesoto Lemohang Jeremiah Mosese muestra lo que pasa en una pequeña aldea a punto de ser inundada por las aguas de una presa que proveerá de agua potable a Johannesburgo


Analía Iglesias | Especial para El Ágora
Madrid | 8 enero, 2021

Tiempo de lectura: 4 min



Una tapa pesada hecha de agua, la loza inamovible sobre las tumbas de los seres queridos, será la presa que construyan sobre la desalojada aldea de Nasaretha, en Lesoto.

Sobre este acontecimiento se erigen los cimientos de una película poética como This is not a burial, it’s a resurrection (Esto no es un entierro, es una resurrección/2020), la película de Lemohang Jeremiah Mosese, que fue premiada en Sundance, se vio en el Festival de Venecia y, más cerca, en la última edición del Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger, que terminó unas semanas atrás.

Los cementerios no suelen relocalizarse antes de la inundación, de ahí la pena sin lápidas de los pobladores que temen perder sus referencias y las raíces familiares.

“El ministro ayudará a quienes elijan mover sus tumbas”, promete el jefe del pueblo, aunque casi nadie duda de que sigue haciendo sus apuestas en la trastienda.

Mantoa, la viuda de 80 años, es la contracara de la especulación, el puro instinto de la dignidad, la mujer que acaba de perder a su último hijo, un “héroe de guerra” que esta Navidad no volvió de las minas de oro de Sudáfrica.

El tercer pilar de esta obra es el griot ciego (Jerry Mofokeng Wa Makheta) que interpreta la lesiba, un instrumento tradicional de África del Sur que él toca inspirando y exhalando aire sobre un tubo de madera que hace vibrar una cuerda, en contrapunto con estos versos: “Dicen que si te acercas más allá del borde de la presa, todavía puedes oír las campanas de la iglesia repicando bajo el agua”.

“El agua de un río funda una cuenca que, a su vez, crea comunidad, poesía, oraciones y, a veces, cuando la mezquindad se premia, en la comunidad se generan disputas”

Fotograma de la premiada película "This is not a burial", sobre la construcción de un embalse en sur de África.
Fotograma de la premiada película “This is not a burial”, sobre la construcción de un embalse en sur de África.

Nasaretha fue así bautizada por los colonizadores, que de esta manera convertían en devotas cristianas aquellas “planicies del llanto”, según el nombre autóctono de esa región del pequeño y desconocido país de Lesoto, al sur del gran continente africano, incrustado en la misma Sudáfrica y que también perteneció al protectorado británico.

Y el espectador adivina en ese paisaje una naturaleza lacónica, de plantas crasas con islas de flores silvestres que recortan los perfiles montañosos, bordeando el valle, en la cuenca del río Orange (que separa Lesoto de Sudáfrica y Sudáfrica de Namibia).

La amenaza de la inundación

A Mantoa (interpretada por Mary Twala), la muerte no le hace caso, por lo que está obligada a  seguir viviendo y presenciando la vileza de la especulación en su pueblo. Paradójicamente, la amenaza de inundación es una poderosa causa para levantarse cada mañana.

De esta ambivalencia entre la vida y la muerte (o el estímulo y la tristeza) está hecho el primer largometraje del poeta y videoartista Lemohang Jeremiah Mosese (Lesoto, 1980), que actualmente vive en Berlín: “No podría haber visto África en su totalidad si no me hubiera alejado un poco de ella”, dice.

Mosese echó mano de su propia experiencia infantil con los desahucios y de una “vida llena de parches”. Quizá por eso eligió filmar en Leribé, al norte de Lesoto, que es su región natal.

Al mismo tiempo, se inspiró en las noticias de actualidad, pero dándoles forma lírica: This is not a burial… narra la vivencia real de los habitantes de algunas aldeas expropiadas con el fin de construir infraestructuras hídricas, en el marco del programa Lesotho Highlands Water Project, para la explotación hidroeléctrica y, sobre todo, para abastecer de agua potable a grandes urbes como Johannesburgo.

“En la película de Lemohang Jeremiah Mosese, la comunidad se rinde a las tradiciones cristianas del colonizador, aunque sigue abonando sus rituales tradicionales, con amabilidad o furia, de un modo catártico”

Su personaje principal, Mantoa, hace un voto de silencio, “observando a Dios y a la naturaleza con desdén silencioso”, tal como pronuncia el viejo trovador ciego. “Los niños se niegan a crecer y los días se vuelven hombres peligrosos”, recita, en nombre de aquello a lo que “la gente le llamaba hogar”, antes de la expulsión.

Del agua de un río nace una cultura común

Esta es una entre las miles de historias que pueden nacer de un río, en este caso el Orange, el río africano que marca el sur del sur.

El agua de un río funda una cuenca que, a su vez, crea comunidad, poesía, oraciones y, a veces, cuando la mezquindad se premia, en la comunidad se generan disputas. En ese espacio cultural, la religiosidad ocupa un lugar central. Y en esta película, la religión está muy presente, así como la idea de que la vida vale la pena si podemos ver crecer a nuestros hijos, que de adultos seguirán visitándonos en el hogar común, y venerar a nuestros ancestros, en la propia tierra.

“Veo a mi país, Lesoto y, en una escala más amplia, a África, como si viera a mi madre”, explica Mosese. El cineasta añade: “El arte no surge del vacío; es un espejo de una sociedad que inspira ideas que pueden fomentar el cambio… O puede ser autoindulgente y convertirse en un espejo en el que solo se refleja el artista, como Narciso”.

“El espectador adivina allí una naturaleza lacónica, de plantas crasas con islas de flores silvestres que recortan los perfiles montañosos, en la cuenca del río Orange, en el norte de Lesoto”

En su película, la comunidad se rinde a las tradiciones cristianas del colonizador, aunque sigue abonando sus rituales tradicionales, con amabilidad o furia, de un modo catártico.

Al propio director lo guía la emoción a la hora de crear: “Solamente puedo crear desde un lugar de amor o de miedo. Necesito tener una reacción violenta para poder expresarla. El odio que mostré en la película es amor dicho a la inversa”. Este es Lemohang Jeremiah Mosese, a quien las publicaciones internacionales especializadas están mencionando como uno de los autores más promisorios de la actualidad. Para seguirle la pista.



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