‘Tenet’ o el inevitable apocalipsis ambiental de Hollywood

‘Tenet’ o el inevitable apocalipsis ambiental de Hollywood

‘Tenet’ o el inevitable apocalipsis ambiental de Hollywood

El cambio climático parece estar empezando a sustituir al holocausto nuclear o los zombies como fuente principal de nuestro miedo al fin del mundo, como muestra la última superproducción de Cristopher Nolan, pero aún queda mucho camino para que la crisis climática sea protagonista en Hollywood


Nicolás Pan-Montojo
Madrid | 25 septiembre, 2020


Chistopher Nolan lo ha vuelto a hacer. Ya seas un acérrimo defensor de sus películas o creas que es un director sobrevalorado, lo cierto es que su último filme no deja indiferente a nadie. Sin embargo, entre escenas de acción espectaculares y complicadas teorías físicas sobre viajes en el tiempo para salvar al mundo del apocalipsis, el realizador británico ha incluido un importante mensaje sobre el cambio climático que se acaba revelando como el verdadero motor de la trama de Tenet.

De forma muy resumida, el argumento de Tenet trata sobre una guerra fría entre el presente y el futuro, en el que los descendientes de la población actual buscan borrar el pasado. Pero estos enemigos del futuro son “invisibles” y, de hecho, no es hasta que se han consumido aproximadamente dos tercios de la película que alguien explica a la audiencia por qué está sucediendo toda la acción que vemos. En un momento clave, el villano del filme, un oligarca ruso del presente que colabora con la sociedad futura por motivos personales, asegura que “los océanos subieron y los ríos se secaron”.

Elige tu temática preferida

Desde El Ágora nos gustaría invitaros a participar en una pequeña encuesta. Vista la repetición de temas habitual en las películas de corte apocalíptico de Hollywood, nos gustaría saber cuáles son tus preferidas. No se trata de aventurar qué finales son más plausibles, sino sencillamente, cuáles son las que, narrativamente, te parece que ofrecen más juego.

¿Qué final apocalíptico de Hollywood es tu preferido?

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Por muy poética que sea la frase elegida, la referencia al cambio climático es más que evidente. Y es que, al parecer, la sociedad futura, incapaz de luchar contra el calentamiento global, decide literalmente aniquilar el pasado con un método de viaje en el tiempo tan mareante para el común de los mortales como audaz llamado “inversión”. No vamos a entrar aquí a discutir el meollo de esta idea, que en la propia película resulta tan complicado de explicar que es resumido varias veces con un escueto “no tienes que entenderlo, tienes que sentirlo”. Solo decir que supone revertir la generación de entropía que rige todo nuestro universo y hacer que los procesos físicos vayan hacia atrás.

Pero, en cualquier caso, el motivo de que todo ocurra sigue siendo el mismo: el cambio climático es una realidad que amenaza toda supervivencia en el futuro, por lo que solo queda intentar a la desesperada cambiar el pasado. Si todo va hacia atrás, también se reducirán hasta desaparecer las emisiones de efecto invernadero y el calentamiento global. Una premisa apocalíptica relacionada con nuestra influencia sobre el clima y sus desastrosas consecuencias que, a pesar de su enorme resonancia actual, sigue resistiéndose a entrar de lleno en el imaginario de Hollywood.

Guerra, zombis y virus

Para el espectador medio que haya seguido las noticias de los últimos años, es imposible no hacer una incómoda conexión entre las catástrofes ambientales que se multiplican ante nuestros ojos y las películas sobre el apocalipsis. Sin embargo, y a pesar de filmes como Tenet, el cambio climático no suele ser el enemigo a batir en nuestras batallas contra el fin del mundo.

En la pantalla grande o en la pequeña, las amenazas a la civilización tal como la conocemos suelen ser la guerra (El libro de Eli; Mad Max: Fury Road), la enfermedad (Contagio), los muertos vivientes (Zombieland; 28 Días Después), las drogas que estaban destinadas para contrarrestar enfermedades (Soy Leyenda; la nueva Trilogía del Planeta de los Simios), invasiones alienígenas (Oblivion; El Día De Mañana; Un Lugar Tranquilo) e incluso los demonios (This Is The End) y los monstruos de otra dimensión (La Niebla). Es obvio que existe un exceso de entretenimiento cargado de fatalidad que en parte responde a nuestras ansiedades sobre el estado del planeta. Pero, por algún motivo, la idea de que nuestras emisiones de gases de efecto invernadero puedan tener algo que ver con nuestro fin no cotiza demasiado en Hollywood.

Es cierto que ha habido algunas películas sobre el apocalipsis que juguetean con grandes cambios climáticos o geológicos como causa de nuestro final colectivo, pero sin mencionar explícitamente el dióxido de carbono o el calentamiento global. En The Core (2003), el núcleo de la Tierra ha dejado de girar y se requieren explosiones nucleares para reactivarlo, una premisa que se asemeja a la de Sunshine (2007) de Danny Boyle, donde es el Sol el que está casi extinto y, de nuevo, las explosiones nucleares son lo que se necesita para devolverle la vida.

También están Interstellar (2014), de Christopher Nolan, donde el problema son las plagas de los cultivos que han condenado a la Tierra a la penuria alimentaria y Snowpiercer (2013), del coreano Bong Joon-hoo, una película de acción distópica ambientada durante una nueva era glaciar. Sin embargo, el escenario de este apocalipsis no ha sido provocado por el cambio climático per se, sino que la catástrofe fue causada por un intento equivocado de revertirla al dispersar agentes químicos en los niveles superiores de la atmósfera.

La anomalía de ‘El Día de Mañana’

Por supuesto, hay una película apocalíptica 100% basada en el peligro que supone el peligro del cambio climático: El Día de Mañana (2004). La superproducción, dirigida por Roland Emmerich, dibujaba un futuro cercano en el que el derretimiento de los polos altera gravemente las corrientes marinas, trayendo maremotos y temperaturas gélidas a Estados Unidos. Con escenas icónicas como la de la Estatua de la Libertad siendo devorada por las olas, el filme fue un éxito de taquilla, demostrando que una película podría tener temas ambientales importantes y aun así recaudar varios cientos de millones de dólares.

Sin embargo, El Día de Mañana no logró que aumentara la conciencia ambiental de las películas estadounidenses. Han pasado ya más de 15 años, y aunque el cambio climático ha brindado documentales ganadores del Óscar como Una Verdad Incómoda, pocas películas se han atrevido a explorar verdaderamente el tema. Al fin y al cabo, aunque Tenet base su premisa en el calentamiento global, el tema se despacha con algunas frases y queda sepultado bajo el espectáculo visual de las coreografías de acción del filme.

apocalipsis
Fotograma del film ‘El día de mañana’, en el momento en el que una ola gigante destruye Nueva York. | 20 Century Fox

Una pista para encontrar una respuesta a esta falta de interés podría estar precisamente en las otras tantas películas sobre el apocalipsis que han salido en los últimos años. En todas, o en casi todas, la trama se centra en los esfuerzos de los heroicos protagonistas por salvar miles o millones de vidas, ya sea elaborando una cura para un virus o haciendo explotar un asteroide que se dirige hacia la Tierra.

¿Podría ser esa la razón por la que Hollywood suele pasar por alto el cambio climático? Y es que, quizás, el calentamiento global es demasiado grande y abrumador para una aventura de dos horas, que además no se puede solucionar con un héroe derrotando a un villano. Al fin y al cabo, de alguna manera, casi todos somos el villano de esta historia, debido a nuestras pequeñas decisiones diarias como tomar un vuelo o comprar un móvil nuevo a pesar de que realmente no lo necesitamos.

Es comprensible que los estudios de Hollywood no quieran alienar a la audiencia recordándoles esa verdad incómoda. Desde el punto de vista comercial, es más sensato culpar del apocalipsis a los experimentos de algún científico loco o a los misiles nucleares de algún dictador extranjero. Pero cada vez más ciudadanos, sobre todo jóvenes, perciben la emergencia climática como la mayor amenaza a nuestras vidas. Y si de algo sabe el cine, es de capturar nuestros miedos e ilusiones para transformarlas en blockbusters: por eso, quizás Tenet sea solo el primer aperitivo de una nueva generación de películas ambientalmente conscientes.



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