¿Sabías que las aguas del mar Rojo se pudieron separar de verdad?

¿Sabías que las aguas del mar Rojo se pudieron separar de verdad?

El Éxodo es una historia bíblica que nos ha cautivado, sobre todo, por escenas como la separación del mar Rojo a manos de Moisés. Sin embargo, un grupo de científicos cree que, en realidad, las aguas pudieron haberse separado con la ayuda de fuertes vientos


El Éxodo es para muchos uno de los relatos bíblicos más emocionantes y épicos que componen el libro sagrado, al verse reflejado en sus páginas la historia del profeta judío Moisés desde que tuvo que sortear a la muerte nada más nacer hasta convertirse en el nexo entre Dios y la Tierra para liberar al pueblo hebreo de la esclavitud egipcia.

Una historia que cautiva sobre todo en sus compases finales cuando, después de haber sometido al faraón a la voluntad de Dios con diez calamidades, Moisés tuvo que guiar al pueblo hebreo hasta la “Tierra Prometida”, cruzando en el trayecto el mismísimo mar Rojo mientras los egipcios les pisaban los talones dispuestos a acabar con su vida.

Blount DeMille, en la película de Los 10 Mandamientos, muestra la escena como un enfrentamiento épico en el que un Moisés repleto de fe logra separar las aguas del mar Rojo para abrir un camino a su pueblo mientras es escudado de los egipcios con lenguas de fuego. Otros largometrajes, típicos en España de Semana Santa, simulan un escenario más humilde poniendo el foco en esa fé inquebrantable de Moisés, aunque con un resultado similar.

En cualquier caso, la escena no deja indiferente y abre una brecha en nuestro ideario al abrirnos la duda de si realmente ese suceso concreto pudo haber tenido lugar en algún momento de nuestra historia, tal y como deja entrever la Biblia.

La ciencia, en este sentido, también ha removido cielo y tierra para encontrar una respuesta lógica al suceso. Algunos expertos señalan que la supuesta apertura del Mar Rojo pudo deberse a un tsunami, otros apuntan hacia la existencia de un puente de tierra que desapareció con la erosión del mar. Ahora, científicos Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR) y la Universidad de Colorado en Boulder (CU) creen haber encontrado una pista en el viento.

Según su investigación, publicada en la revista PLOS ONE, los mares en ocasiones pueden sufrir un efecto opuesto a la marejada ciclónica en el que el estrés constante del viento termina por desplazar el agua de ciertas zonas, algo así como cuando soplamos el agua para desplazarlo de una superficie.

Recreación de la desembocadura del Nilo en el año 1250 a.c. En un cuadro negro se encuentra la región estudiada (Clic para ampliar) | Foto: PLOS ONE

“Los reflujos de las mareas pueden hacer que el agua retroceda de la costa original y exponer el fondo del mar, y es fácil imaginar que el estrés del viento provoque un comportamiento similar”, señalan en el estudio. De hecho, en la investigación exponen el caso del general de división británico Sir Alexander Bruce Tulloch (1838 – 1920), quien escribió en su diario que un vendaval de una noche de duración fue suficiente para secar una sección de agua al oeste del canal de Suez, dejando expuesta una región de barro por la que los nativos caminaban entre los barcos encallados.

Con este suceso en mente, los expertos recrearon la desembocadura del Nilo, concretamente la más cercana al canal de Suez, que pudo tener en el año 1250 a.C., por ser la fecha aproximada en la que pudo haber sucedido este evento. Los datos topográficos extraídos de los registros históricos y las imágenes satelitales actuales se introdujeron después en un programa informático para recrear escenarios con distintas fuerzas de viento.

En uno de esos supuestos, los científicos valoraron la idea de la existencia de un arrecife de coral que atravesaba el canal y que los hebreos utilizaron más tarde en su éxodo. Para que esa sección de tierra fuese liberada del agua tuvieron que aplicar en las simulaciones un viento constante de 108 kilómetros por hora durante 12 horas.

El resultado del experimento fue fructífero, aunque aclaran que, para que el coral fuese transitable, tendría que ser casi homogéneo para no dar cabida a obstáculos de agua y para no necesitar más tiempo de exposición al viento. Del mismo modo, subrayan que el coral más cercano se encuentra a varios metros de profundidad, por lo que es casi imposible que el viento lo pudiera haber desenterrado.

El otro escenario plantea el secado de una antigua laguna costera conocida como lago de Tanis que se extendía desde la ciudad de Damietta hasta la urbe de Pelusium durante el Período del Imperio Nuevo de Egipto. En la actualidad, esa región está ocupada por lago Manzala, compuesto a su vez por varios lagos más pequeños.

En esta ocasión, los científicos simularon unas condiciones de viento similares que durante 12 horas de exposición lograron crear un pasadizo de cinco kilómetros de ancho y unos tres o cuatro de ancho, suficientes como para permitir al pueblo hebreo huir de sus perseguidores. “La gran desventaja de este modelo es que las fuerzas del viento pueden que sean demasiado intensas como para permitir la travesía de personas, ya que el viento necesitaba ser constante para seguir separando las aguas”, comentan los expertos.

Si bien los autores dejan claro que este fenómeno no explica lo relativo a la historia de Moisés en la Biblia, deja abierta una posibilidad y, lo que ellos denominan, “un fenómeno hidrodinámico interesante” para aquellos interesados ​​en la historia y geografía del delta oriental del Nilo.



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