Escritoras de la naturaleza - EL ÁGORA DIARIO Cultura

Escritoras de la naturaleza

Las bibliotecas son como ríos, con nacimiento, afluentes, rápidos y embalses. Esta es la reflexión que hace Antonio Sandoval en su aportación de esta semana, en la que repasa con motivo del Día Internacional de la Mujer, a las escritoras que más le han marcado y evalúa la creciente popularidad de la literatura hecha por mujeres


Las bibliotecas personales son muy parecidas a ríos. Están su inolvidable nacimiento y el de sus afluentes, de aguas impetuosas, ruidosas, transparentes y frescas, rodeadas de cumbres tan altas como las expectativas de la juventud, y de espesuras repletas de desconciertos. Regreso con frecuencia a esos libros, igual más de lo debido, y es como si revisara, en un álbum, las fotos algo movidas de mis primeras excursiones letras arriba.

En su curso medio, mi biblioteca recorre sus estanterías como si delineara mi carácter, mis ánimos, mis destinos e incluso mis rostros. Me cartografía con títulos de caudales profundos y cargados de sedimentos, en forma de meandros tan cerrados como los cambios de dirección más necesarios, o de embalses que retienen lo que jamás debo olvidar. Esa progresión es solo en apariencia imperturbable. Bajo su superficie en marcha fluyen aguas arriba y abajo, como salmones, truchas y anguilas vigorosamente salvajes, tantos versos, ficciones e ideas que, si no fuera por ellos, tengo por seguro que el total de todas esas páginas, toda la biblioteca, se quedarían en blanco. Me secarían. Leo y releo esas obras en concreto como si así custodiara cuanto atraviesan.

“En su curso medio, mi biblioteca recorre sus estanterías como si delineara mi carácter, mis ánimos, mis destinos e incluso mis rostros”

Refugio (Ed. Errata Naturae)

Espero que falte aún mucho para la desembocadura de esta biblioteca mía. Cuando llegue, me gustaría que tuviera forma de delta. Mientras tanto, no creo haber alcanzado aún su curso bajo y manso. Por el momento son aún multitud las memorias, argumentos, emociones, revelaciones, personajes, ritmos y lenguajes que, cada vez que miro esos libros, me interpelan y me exigen más y más compañía.

En eso estaba justo ahora, en mi librería de cabecera, al lado de mi casa, buscando un nuevo título que comprar de la misma manera que un zahorí: mis ojos como varas, mi intuición como un péndulo.

Ya que este domingo es 8-M, quiero además beber estos días de una voz femenina, natural y literaria, todo a la vez. Mi biblioteca-río ya tiene unas cuantas así, ¡pero quiere más!

escritoras
Tierra de Mujeres (Ed. Seix Barral)

Cuenta María Sánchez en Tierra de mujeres (Seix Barral) cómo los libros de naturaleza entre los que creció, y los autores a quienes admiró y siguió (“científicos, ecologistas, pensadores, veterinarios…”), eran todos hombres. En mi caso, en busca de obras con vocación a la vez natural y literaria, y no solo divulgativa o científica, que de eso algo había, ni casi hombres encontraba, salvo unas pocas y obstinadas excepciones. Se publicaba muy poco así. Cuando llegó a mis manos un absoluto tesoro como Sueños árticos de Barry López, lo leí dos veces del tirón. Desde entonces lo han publicado aquí tres editoriales diferentes. Tengo las tres ediciones, y la original en inglés.

Leí mucha literatura de/sobre/en/con naturaleza en ese otro idioma. ¡No había otra manera! Por entonces los libros aún se pedían tras consultar catálogos en papel. Me fasciné con Rachel Carson y su Primavera silenciosa (hay una reciente edición en Crítica), con Terry Tempest Williams (Refugio, en Errata naturae), con Annie Dillard (Una temporada en Tinker Creek, también en Errata naturae) y ya no pude parar. De aquella fuente manaban voces femeninas cada vez más imprescindibles.

Luego, de repente, hace pocos años, todo cambió. Junto a aquellas ediciones en inglés de esas y otras autoras emergieron en los estantes sus traducciones a castellano, junto a las de libros que no había leído aún. Celebré una y otra vez la oportunidad de nutritivas relecturas y descubrimientos. También  el buen ojo y el pulso literario de quienes las editaban y traducían.

En islas extremas. Ed. Vulcano.

Así es como ahora mismo, en esta librería y echando mano de la memoria, fluyen por mi recuerdo títulos que tardaron demasiado en llegar, como Diario rural de Susan Fenimore Cooper (Pepitas de calabaza), o La tierra de la lluvia escasa de Mary Austin (Volcano), mezclados con otros muy recientes, como En islas extremas de Amy Liptrot (Volcano, también) y otros más rescatados tras décadas de olvido para mayor gloria de la literatura universal, como esa maravilla que es La montaña viva de Nan Shepherd (Errata naturae).

¿Debería sentarme y apuntar una lista? No. Los cánones son a menudo traicioneros. Luego, cuando llegue a casa, miro a ver a quién he dejado de recordar.

Mónica Fernández-Aceytuno llenó de naturaleza multitud de estanterías hace un año con El país de los pájaros que duermen en el aire (Espasa), poco después de que Helen MacDonald se obsesionara con instruir a un azor para cetrería en H de Halcón (Ático de los libros). Aún antes, Andrea Wulf nos dejó a muchos pasmados con esa soberbia biografía de Alexander von Humboldt, La invención de la naturaleza (Taurus) que es además un tratado de muchas otras cosas. Otro texto con vocación de ensayo, La sexta extinción de Elizabeth Kolbert (Crítica), es de tamaña contundencia de fondo y de forma que no solo se mereció de sobra el Pulitzer, sino que es uno de esos modelos de factura perfecta que se deberían estudiar una y otra vez.

Un mundo azul. Ed. RBA

Sumo los ensayos de la poeta Kathleen Jamie reunidos en Campo visual (Volcano), que aplaudió el mismísimo John Berger. También El alma de los pulpos de Sy Montgomery (Seix Barral), Gorilas en la niebla de Dian Fossey (Pepitas de calabaza), Un año en los bosques de Sue Hubbell (Errata naturae), ¿Qué es la vida? de Lynn Margulis y Dorion Sagan (Tusquets), Un mundo azul de Silvia Earle (RBA)… E incluso novelas tan impecablemente vivas como Sobre los huesos de los muertos, de la reciente Nobel Olga Tokarczuk (Siruela), bestsellers como La chica salvaje, de Delia Owens (Ático de los libros), o esas caminatas tan literarias como son Salvaje, de Cheryl Strayed (Roca) o Los senderos del mar, de María Belmonte (Acantilado).

Y sigo sin decidir qué libro llevarme. Estoy leyendo estos días La humanidad en peligro, el manifiesto ante la emergencia climática de Fred Vargas (Siruela), pero cuando lo acabe voy a necesitar más.

“Dudo entre dos títulos. Salgo con ellos a la calle, rumbo a mi casa, con ese sabor fresco a libros nuevos en la mano que tan bien conocemos quienes vivimos en una biblioteca–río”

La biblioteca del hielo. Ed. Atico de los Libros

Hace poco comentaba con un amigo que vive fuera de España cómo entre los mejores textos que ambos hemos leído últimamente, de cualquier género, han sido mayoría los escritos por mujeres. Le conté entonces la suerte extraordinaria que tenemos en mi ciudad, A Coruña, con el entusiasmo del equipo, muy mayoritariamente femenino, que impulsa nuestras bibliotecas municipales. Y con la energía y el excelente criterio de unas libreras que cada día abren sus puertas aquí no solo para vender, sino también para no parar de organizar encuentros, tertulias, presentaciones… Y con el hecho de contar, además, a un paso de esta ciudad, en Oleiros, con el Centro de Documentación Ambiental de Galicia, al que no dejan de llegar novedades de todo tipo de literaturas medioambientales. Su responsable se llama Ana. También es sobre todo femenino el nombre de quienes, desde más de 100 centros similares, integran con él la extraordinaria red RECIDA para regar de textos tan necesarios todo el país.

Dudo entre dos libros que acaban de salir estos días: La biblioteca del hielo, de Nancy Campbell (Ático de los libros) y Félix. Un hombre en la Tierra, la semblanza de su padre que acaba de publicar de Odile Rodríguez de la Fuente (Geoplaneta). El título del primero me tira mucho después de haber escrito todo esto, claro. Pero es que, a la vez, Félix fue fuente de tantas cosas en mi vida… Al final me decido por los dos. Los llevo al mostrador, los pago y salgo con ellos a la calle, rumbo a mi casa, con ese sabor fresco a libros nuevos en la mano que tan bien conocemos quienes vivimos en una biblioteca–río.


Antonio Sandoval es escritor, comunicador ambiental y ornitólogo. Es autor de obras como ¿Para qué sirven las aves? (Tundra Ediciones, 2012), La Torre (Kalandraka, 2018) y BirdFlyway. Un viaje en familia por la Ruta de las Aves (Lynx, 2016)



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