“El volcan de sal de Dallol es el conjunto de paisajes perfecto”

El volcán de sal de Dallol, un conjunto de paisajes «perfecto”

El volcán de sal de Dallol, un conjunto de paisajes «perfecto”

Silbia López de Lacalle combina los pinceles, la fotografía y el texto para llevarnos a uno de los lugares más bellos del planeta, con un volcán que no ha sido reconocido como tal hasta hace poco, y que puede darnos las claves para enfrentar los restos del futuro


Miguel Ángel Delgado | Especial para El Ágora
Madrid | 14 enero, 2022


Silbia López de Lacalle es una muestra perfecta de lo que resulta cuando confluyen el periodismo, la ciencia y la pulsión artística. Esta vitoriana, que en la actualidad es responsable de prensa del Instituto de Astrofísica de Andalucía, lo ha reflejado a la perfección en su nuevo libro, Expedición al volcán de sal (Ed. Guadalmazán), donde acuarelas, fotografías y texto se combinan para hablarnos de uno de los lugares más singulares del planeta, el Dallol, el volcán etíope de sal que ha formado uno de los paisajes más hermosos que existen. El libro fue galardonado con el prestigioso premio Prismas cuando aún era una obra inédita.

Silbia López de Lacalle, en el volcán de sal de Danacoll, en Etiopía.

PREGUNTA.- Cuando es más fácil que nunca captar una imagen, ¿qué sentido tiene recurrir aún al dibujo?

RESPUESTA.- El dibujo aporta una belleza que no tiene la fotografía, que te aporta precisión, pero la acuarela te da una finura de rasgos y de trazos que es difícilmente comparable. Aunque incluí también fotos, para que la gente se creyera lo que estaba contando, porque las cosas que estaba viendo iban a parecer inventadas si no las acompañaba con una foto de verdad.

Ilustración del libro ‘Expedición al volcán de la sal’ de Silbia López de Lacalle

P.- ¿Cómo ha sido la relación entre el texto y los dibujos? ¿Qué vino primero?

R.- Los trabajé de manera simultánea porque, tras una semana intensísima de mucho madrugar, donde la cabeza no te funciona a causa del calor, me vine con muchas cosas, sin saber muy bien qué hacer con ellas. Empecé a dibujar todo lo que vi, y cuando tuve una carpeta bien gorda de dibujos, pensé en hacer una exposición. Pero mientras dibujaba estuve documentándome, porque en una semana no había tenido tiempo de comprender cómo se había formado ese volcán. Al final, el dibujo y el estudio fueron enlazándose para marcar la estructura del libro.

“Nuestro interés por los volcanes suele venir más bien desde la crisis; yo me lo planteo más bien desde la belleza”

P.- En tu caso, ¿qué ha pesado más, lo artístico o lo documental? ¿Cómo te mueves entre las dos perspectivas?

Mal (ríe). Yo sé que mis capacidades pictóricas llegan hasta cierto punto, y no voy a llegar a ser una dibujante hiperrealista, entre otras cosas porque no me interesa. Como vengo de la pintura abstracta, con mucho color, dejo un poco que el color me guíe, porque ese instinto sí que lo tengo muy desarrollado. Busco que el dibujo sea fiel a la realidad hasta cierto punto, pero también que funcione como una entidad propia, que no sea solo una representación de la realidad.

Ilustración del libro ‘Expedición al volcán de la sal’ de Silbia López de Lacalle

P.- No elegiste Dallol por propia iniciativa; más bien, se cruzó en tu camino.

R.- Como casi cualquier humano sobre el planeta, ni siquiera conocía la existencia de Dallol. Desde hace años, cada vez que conozco a un investigador que va a viajar a algún lado, me ofrezco para acompañarles para hacer lo que sea. Casi siempre, mis ofertas caen en saco roto, pero en este caso tuve la suerte de que Juanma [Juan Manuel García-Ruiz], el geólogo que llevaba este proyecto, siempre quiere imprimir a sus expediciones una huella algo más artística. Yo quería que me llevara a Kenia, porque él va muy a menudo allí, pero cuando me dijo que me fuera con él a Dallol yo le dije que sí, sin saber ni qué era ni dónde estaba, pero creo que al final salí ganando, porque Dallol es el único volcán de sal que existe sobre el planeta, y el sistema hidrotermal te produce un síndrome de Stendhal constante y que no se da por amortizado.

“Los afar pueden enseñarnos muchísimo sobre cómo afrontar el cambio climático”

P.- ¿Cómo describirías Dallol? A ratos, no parece un lugar de nuestro planeta.

R.- En el libro lo describo como el conjunto de paisajes perfecto. Por varias razones, por estar en una grieta continental, en un desierto de sal donde no crece nada en kilómetros a la redonda, donde todo es marrón, y de repente subes a la cima de una montaña muy chiquitita, parda, y te encuentras el espectáculo de color y forma más bello que puede contemplar un ser humano, y que además cambia todos los días. Yo pongo el símil de cómo, cuando vemos un paisaje nevado, el blanco casi nos quema las retinas; pues allí ocurre lo mismo, solo que con el color.

Ilustración del libro ‘Expedición al volcán de la sal’ de Silbia López de Lacalle

P.- Es un lugar que acumula muchos campos de interés científico: el geológico, el paleontológico, incluso el biológico, además de la gente que vive allí. En una semana, ¿cómo se filtra todo este contenido, en medio del chaparrón de datos que te llega?

R.- Todas las anotaciones que hay con letra manuscrita las tomé allí, mientras dibujaba. Mi interés por los distintos temas surgió allí, pero en algunos casos luego se dieron la vuelta por completo. Allí, como te he comentado, cuando llegamos, no se hablaba de Dallol como de un volcán, sino como protovolcán. Se sabía que había una cámara de magma subterránea que había intentado ascender, pero como no había llegado a la superficie, la superficie se abombó, pero no hubo lava, así que no se consideró volcán. Y fue muy bonito porque allí, mientras ascendíamos al volcán, uno de los geólogos del grupo miró al suelo y dijo: “Pero, ¿quién dice que aquí no hay lava? Esto es clarísimamente una colada volcánica, lo que pasa es que no es negra, sino parda, y por eso confunde”.

Portada del libro Ilustración del libro ‘Expedición al volcán de la sal’ de Silbia López de Lacalle.

Así que hubo momentos muy bonitos de descubrimiento de algo nuevo, pero en otros casos vinieron muy a posteriori, porque allí convivimos con los guardias afar, los habitantes del triángulo de Afar, que son una etnia de pastores nómadas con una forma de vida muy extraña, y con los que no nos pudimos comunicar en absoluto. Pensaba que el capítulo de los afar iba a ser sobre su resistencia al calor, pero luego ya en España me puse a leer sobre ellos y se te ensancha la cabeza. También te tortura un poco la sensación de que estamos dejando perder algo bellísimo, porque estamos haciendo que toda la población del mundo sea igual.

P.- Son modos de vida que tienen mucho que enseñarnos ante las difíciles consecuencias que ya está provocando el cambio climático en nuestras sociedades…

R.- Por supuesto. Como pastores nómadas, no pueden permitirse agotar los pastos, cosa que el resto hacemos. No producen residuos; entre los afar no existe el concepto de basura, todo se aprovecha. Es un modo de vida muy limpio, muy austero. Pero ahora llegan el cambio climático o las plantaciones masivas a través de empresas foráneas, y todo eso está cercenando este modo de vida que, como tú dices, tiene mucho que enseñarnos, también en el sentido de lo que significa la ayuda de la comunidad: esa gente, o se ayuda, o muere. Tienen unos principios muy claros de decirse la verdad, si el de al lado ha perdido sus camellos tienes que compartir con él porque te puede pasar a ti, etcétera. Nos pueden enseñar mucho a nosotros, que somos más individualistas, más derrochadores.

“El volcán de sal de Dallol es un síndrome de Stendhal constante”

P.- La aparición del libro ha coincidido con un momento de extraordinario interés por los volcanes…

R.- Yo llevo enamorada de los volcanes muchos años, una década y pico. Desde que fui a Islandia me interesan mucho los lugares de geología desenfrenada, como Galápagos, donde casi sientes cómo el planeta respira. Nuestro interés por el volcán de La Palma ha venido desde la crisis; yo lo planteo más bien desde la belleza, cómo la geología produce espectáculos bellísimos antes, durante y después de que ocurra. Claro, a veces nos pilla en medio.

P.- Pero Dallol es un volcán distinto…

R.- Bueno, a primera vista, nadie diría que el Dallol es un volcán. De hecho, el primer artículo científico que lo sugiere es del año pasado. Cuando un mar se seca, que es lo que ocurrió en Dallol, la sal se compacta y se forma una llanura salada. Se cree que en el Mediterráneo pudo haber volcanes de sal, en los que el magma intenta ascender, pero lo que llega es la sal fundida. Es lo que ocurrió en Dallol; tú ves esa montaña, que es una montaña parda y bajita, apenas de 40 metros, y en el cráter, en lugar de ver azufre, como puedes ver en el Teide, o roca basáltica, negra y oscura, ves un sistema hidrotermal de colores. Es muy difícil, así, que a primera vista Dallol te parezca un volcán.



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