Aurelio Ayela: descubrir en la humedad de la cueva lo que casi olvidamos

Aurelio Ayela: descubrir en la humedad de la cueva lo que casi olvidamos

Aurelio Ayela: descubrir en la humedad de la cueva lo que casi olvidamos

El Museo de Aguas de Alicante acoge la exposición ‘Hipogea. El hueco interior’ de Aurelio Ayela, en el marco del II ciclo de arte y medio ambiente. El artista nos guía por los Pozos de Garrigós, transformados gracias a su obra


Analía Iglesias | Especial para El Ágora
Madrid | 22 octubre, 2021


“Entrar al hipogeo (bóveda bajo tierra) es favorecer el examen de conciencia de los humanos para poder reconciliarse con la naturaleza”, nos dice el artista plástico Aurelio Ayela (Alicante, 1970), que ha concebido una particular instalación en los Pozos de Garrigós, con olores, sonidos e ilusiones ópticas, pero también plena de presencias reales, corpóreas, que evocan un viaje a una húmeda cueva primigenia. En las profundidades de la tierra, puede que las personas se encuentren, por fin, con aquella flora que dejaron desaparecer, o que hicieron desaparecer, y eso las lleve a encontrarse consigo mismas.

“Los Pozos de Garrigós, en Alicante, son unos aljibes muy antiguos (el primero es del siglo VIII, de la época árabe), que recogían el agua que corría laderas abajo de la montaña, para cuando había sequía, y que funcionaron hasta el siglo XIX”, explica Ayela. En cada una de estas tres “cúpulas a ras de tierra”, el artista propone a los visitantes que se internen en cuevas hacia el fondo de la Tierra: “La sensación que da al entrar es muy atávica (…) Lo de los hipogeos viene de aquellos templos funerarios en los que iba el techo bajando y el suelo, subiendo. Es como si en las primeras miradas espirituales, o telúricas, hubiésemos ido más hacia el seno de la montaña, hacia un lugar más uterino, que hacia el cielo”.

“Entrar al hipogeo es favorecer el examen de conciencia de los humanos para poder reconciliarse con la naturaleza”

Ayela cuenta que cuando lo llamaron del museo de Aguas de Alicante para que preparara una exposición para celebrar el 123º aniversario de la empresa de aguas, pensó en esas cosas que “subyacen al modo en que nos relacionamos con la naturaleza”. Desde el principio supo, además, que el proyecto debía adaptarse a un sitio tan singular, porque “había que ir a favor de esa concepción sensorial que promueve el espacio”.

El reino en declive

La primera propuesta atraviesa las tres cúpulas, y se llama El Reino caído. “Alude a un caso notorio del exterminio de una especie arbórea que tuvo lugar en el siglo XVIII. Me llamó la atención porque está vinculada a los usos religiosos. Se trata de una especie de sándalo, no del arbusto que se importaba de la India, sino del sándalo de Juan Fernández, que es una especie endémica del archipiélado de Juan Fernández, en Chile, cuya madera se utilizaba para tallar. Se exportaba y, en apenas un siglo, desapareció. La última foto de un árbol fosilizado es de principios del siglo XX”, nos ilustra el artista plástico.

Así, con material fotoluminiscente (que refulge en la oscuridad al aplicarle luz negra), Ayela generó “una imagen fantasmal, no real” del árbol caído: “Ya no hay personas vivas que lo hayan conocido… entonces reproduje las hojas con material luminiscente y ramas de especies parecidas”, sostiene. Esta primera sala es como un altar para loar al árbol muerto (en su tumba), “en un juego con una acequia por la que corre el agua, que es como una celebración de la vida”, según Ayela.

Imagen de la exposición de Aurelio Ayela en el Museo de Aguas de Alicante.

El recorrido continúa por la segunda cúpula, en la que una grieta en la pared cobró todo su protagonismo, “porque es como una herida en la roca” que le impuso al artista “sus propias condiciones”. Y, ya en la tercera sala, Ayela se centró en “una escalera ascendente de escalones viejos y romos”, que en su presencia irreal con polvos luminiscentes, refiere a  “la memoria que queda tras la pérdida de un ser vivo”. En ese ascenso, la esencia de sándalo acompaña al visitante hacia la oscuridad del olvido.

El espacio devuelve creatividad

“Sigmar Polke –un compañero de ruta de Joseph Beuys– decía que, frente a la materia, él se apartaba y dejaba que Dios actuase. Más allá de Dios o las religiones, creo que hay una sabiduría innata en nosotros y que, si dejamos que eso tenga su propia vibración, uno se aparta y deja que crezca por sí mismo… La obra siempre debería ser más que nuestras argumentaciones”, afirma Aurelio Ayela, agradecido por todo lo que estas “cuevas” le han brindado.

De algún modo, Ayela se ha apartado para dejar de ser uno de esos  “absolutos protagonistas” o un “ingeniero del mundo” (como pregonaba la idea cientificista decimonónica). En su parecer, “ese espíritu de humildad y de llamar a una relación más horizontal con lo natural impregna toda la muestra”.

Aurelio Ayela
Imagen de la exposición de Aurelio Ayela en el Museo de Aguas de Alicante.

De ahí también que el humor esté presente en la segunda y la tercera propuestas del artista. Una es una escultura, una especie de rotor con un depósito de agua primitivo, “todo en un tono caricaturesco” y, la otra, es la video-proyección, a escala real, de una performance que consistió en el intento de levantar una torre de platos bajo el agua. Toparse con la imposibilidad de la empresa lleva al artista a reflexionar sobre las trampas de los objetos cotidianos y los solemnes. “Es jugar con el concepto de la columna conmemorativa, como la trajana, como un monumento que refiere a un triunfo bélico. Introducir el malabarismo con platos y algo circense le quita esa solemnidad”, concluye Ayela.

“Ese espíritu de humildad y de llamar a una relación más horizontal con lo natural impregna toda la muestra”

Inaugurado en 2009 con el objetivo de descubrir a los visitantes la influencia del agua en la historia de la ciudad, el Museo de Aguas se ha convertido en un espacio cultural de referencia en Alicante. La exposición Hipogea. El hueco interior, dentro del II ciclo de arte y medio ambiente, permanecerá abierta al público hasta el 15 de enero de 2022.



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