¿Qué fue del desdichado rinoceronte de la corte que inspiró a Durero? - EL ÁGORA DIARIO

¿Qué fue del desdichado rinoceronte de la corte que inspiró a Durero?

¿Qué fue del desdichado rinoceronte de la corte que inspiró a Durero?

Un libro ilustrado de reciente publicación narra las desventuras de uno de los primeros rinocerontes traídos a Europa, a principios del siglo XVI. Aquel fue víctima de un incipiente exotismo que hoy sigue diezmando las poblaciones de un mamífero al que los cazadores furtivos matan por su valioso cuerno.


El rinoceronte del rey

El rinoceronte del rey

Autor/es: Jesús Marchamalo / Ilustrado por Antonio Santos

Editorial: Nordica libros

Ciudad/Año de publicación: Madrid, 2021

Páginas: 72 páginas

Precio: 16,50 euros


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Si uno lee esta pequeña historia del siglo XVI sobre el destino de un pobre rinoceronte al que traen atado en la bodega de un lento barco que surca los océanos desde la India, no puede menos que apiadarse del animal al que pasearon por ferias y gabinetes de Europa. Es la explicación detrás del grabado de 1515 del gran Alberto Durero, “una de las obras más reproducidas y reconocibles y, sin duda, uno de los iconos de la historia del arte”, según la  presentación del librito ilustrado El rinoceronte el rey (Nórdica), que escribe su autor Jesús Marchamalo.

Grabado xilográfico creado por el pintor y grabador alemán Alberto Durero en 1515.

La imagen que inspira las imprescindibles ilustraciones de Antonio Santos muestran “el formidable aspecto de un rinoceronte indio, el primero que se veía en Europa desde la antigua Roma”, en palabras de Marchamalo. El prólogo de Luis Landero nos invita a entrar en el universo de los detalles de esta anécdota histórica ilustrada, de algo más de 50 páginas, por la que paseamos –como el mamífero perisodáctilo– mirando todo con los ojos bien abiertos.

“Hubo una vez un rey  que no había visto nunca un rinoceronte”, arranca el texto de esta fábula, basada en crónicas de la época, en la que los protagonistas son: un rinoceronte en riesgo, un rey, un papa, un elefante y un pintor (apenas uno por especie). Resulta que aquellos sufrimientos artesanales que padecían cada una de esas bestias de feria requerían un enorme esfuerzo de muchos hombres, en contraposición a los desmanes a escala industrial que hoy podemos ocasionar a la fauna.

Y es que, actualmente, el rinoceronte se encuentra entre los grandes mamíferos amenazados del planeta, sobre el que pende la espada de Damocles de la extinción, debido a la acción del hombre, en este caso, especialmente a la caza furtiva. En este sentido, la fábula de Marchamalo y Santos grafica cómo han cambiado los tiempos, y no solo en cuanto a la manera en que se producían las obras de arte, mucho antes de los tiempos de la reproductibilidad técnica.

Ilustración de Antonio Santos.

Durero imaginó dos cuernos

El rinoceronte del rey cuenta cómo, a principios del siglo XVI, bastaba el relato oral, o un par de líneas descriptivas en un manuscrito, o algún boceto rápido de algún improvisado dibujante para que un gran artista como Durero multiplicara al infinito la idea de cómo era un rinoceronte. El resto era pura imaginación.

Así lo narra Marchamalo: “Sin duda uno de los méritos del grabado, más allá de su impecable factura, su belleza anatómica, radica en el hecho de que Durero nunca vio al rinoceronte, sino que lo dibujó a partir de la descripción de un mercader moravio que pudo verlo en Lisboa, y que se hizo eco del prodigio. Lo curioso del caso es que, a pesar de las imprecisiones del original de Durero, la imagen de su rinoceronte -con un cuerno en el lomo, barbas en el hocico y patas escamadas- fue copiada y difundida durante siglos e tratados de zoología y enciclopedias, de modo que acabó convertida en la imagen canónica del animal”. Además, de ese legado salieron otras obras de escultores y pintores como el propio Salvador Dalí.

Ilustración de Antonio Santos.

El rinoceronte había sido, en palabras del autor del libro, “un animal tan extraño, de una apariencia tan fabulosa que, durante siglos, se pensó que su existencia era una mera invención, una quimera, como las sirenas o los unicornios”. Pero un día de la primavera de 1515 llegó al puerto de Lisboa el gran bicho, mareado, pero vivo, y del que el historiador del Imperio Romano Plinio el Viejo dijese que era casi el único enemigo del elefante. Entonces, la corta imaginación de los hombres los llevó a un improvisado ring en el que se esperaba que un animal con aquella gloriosa armadura de cuero natural embistiera al paquidermo, pero…  A partir de aquí, la acción sobre la arena de la Praça do Comércio de Lisboa se reserva a los lectores de primera mano.

Como fuese, transcurrido un verano y un otoño entre rejas portuguesas, el rinoceronte tuvo que volver a embarcar, por decisión  del rey  Manuel I, el Venturoso, que decidió enviarlo a visitar al Papa León X, en Roma. Y hacia allí partió el desafortunado, por el estuario del Tajo, con abalorios de terciopelo, pero encadenado, y se convirtió en uno de los tantos animales que poblaron aquellas casas de fieras y sufrieron nuestras ansias de show y exotismo.

La pesadilla de los snobs

Precisamente, en ese afán por exhibir nuestros gustos exóticos radica la principal pesadilla de los rinocerontes, que figuran en la lista roja de animales en peligro de extinción de la Unión para la Conservación de la Naturaleza-UICN. Los cazadores furtivos se ensañan con ellos por arrancarles la nariz donde se inserta el único cuerno que poseen, a fin de venderlo en Asia o en Europa a precios astronómicos. Sin ir más lejos, en Irlanda, hace unos años, resonó la noticia del robo de un cuerno de rinoceronte, valorado en 200 mil dólares, de la mansión de un personaje famoso del mundo del espectáculo.

Mientras demasiados excéntricos hombres ricos se jactan de preparar brebajes a partir de hueso de cuerno de rinoceronte molido (que, supuestamente, lo cura todo),  en las márgenes de los ríos de África del Sur yacen los cuerpos enormes de estos animales, muertos tras largas horas de agonía, con la mitad de la cara serruchada. 

Ilustración de Antonio Santos.

Con todo, el grado de amenaza de las cinco especies de rinocerontes que habitan en la Tierra es diferente: por ejemplo, en África, el rinoceronte blanco está en peligro crítico de extinción, mientras el rinoceronte negro ha experimentado un ligero repunte en su población, gracias a las actuaciones de conservación, monitorización y lucha contra la caza furtiva. Muy grave es, en cambio, la situación del rinoceronte de Java, que en 2019 contaba con una exigua población de 79 ejemplares.  En el otro extremo, el caso del rinoceronte indio –el que llegó a Portugal e inspiró a Durero– resulta modélico, porque los gobiernos de India y Nepal  pudieron revertir el desastre de hace unas décadas (en que habían llegado a contabilizarse solamente unos 200 ejemplares) con enérgicas medidas de conservación. El rinoceronte de Sumatra, en cambio, se encuentra en un momento muy crítico, ya que en los últimos 15 años, solo dos hembras han llegado a reproducirse en cautividad, según informes de asociaciones conservacionistas internacionales.

Los expertos coinciden en que la solución consiste en ayudar a las poblaciones locales a sostener hábitats seguros para los animales vivos, lo que conllevaría que los rinocerontes vivos valgan más que los pedazos de sus cuerpos inertes. “Una lección clave de la mejora gradual del estado de los rinocerontes africanos es que la conservación funciona. Sabemos lo que hay que hacer y debemos ampliar nuestra acción de conservación en todo el mundo para continuar revertiendo el declive de estas y otras especies amenazadas”, según lo expresaba hace unos meses Jon Paul Rodríguez, presidente de la Comisión de Supervivencia de Especies de la UICN. Seguramente Alberto Durero agradecería ser parte de la campaña de sensibilización de los descendientes de su precioso ejemplar.


Analía Iglesias
Madrid | 23 julio, 2021

Tiempo de lectura: 5 min



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