Antes de la atmósfera, el agua fue nuestro escudo

Antes de la atmósfera, el agua fue nuestro escudo

Antes de la atmósfera, el agua fue nuestro escudo

‘La vida de la ciencia y la ciencia de la vida’ (Editorial Nórdica), de José Manuel Sánchez Ron, con ilustraciones de Alberto Gamón, acaba de salir esta semana a la venta en España. Proponemos un diálogo con su autor.


La vida de la ciencia y la ciencia de la vida

La vida de la ciencia y la ciencia de la vida

Autor/es: José Manuel Sánchez Ron

Editorial: Nórdica Libros

Ciudad/Año de publicación: Madrid, 2021

Páginas: 128

Precio: 19,50 €


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“Si el deshielo continúa, lo que sucederá es que dispondremos de menos espacio vital cuando aumente sustancialmente el nivel de los océanos. En un sentido metafórico, será como si los humanos, y muchos otros seres, plantas y animales, que ahora pueblan la Tierra, regresásemos al lugar del que procedemos, a nuestra cuna ancestral, donde surgió la vida y donde prosperó, evolucionando, durante 3.000 millones de años. Aunque durante mucho tiempo no existió en la atmósfera terrestre una capa de ozono que sirviera de protección ante la nociva radiación ultravioleta procedente del Sol, el agua servía como escudo permitiendo que tuvieran lugar en su seno las reacciones químicas que dieron lugar a organismos ‘vivos’”. Estas palabras pertenecen al capítulo ‘Retorno al agua’ de La vida de la ciencia y la ciencia de la vida (Editorial Nórdica), el libro con textos de José Manuel Sánchez Ron e ilustraciones de Alberto Gamón que ha sido publicado esta semana en España.

En el ensayo del físico Sánchez Ron, hay otros capítulos dedicados específicamente al agua, pero el agua o los elementos químicos que la conforman están presentes en casi todo lo que allí se dice, desde las señales de los corales y el pensamiento de los pulpos a la simetría, la belleza y el cerebro, el órgano al que Sánchez Ron define como “uno de los objetos más complejos, si no el que más, del universo”.

Sánchez Ron (Madrid, 1949), que también es académico de la Real Academia Española, se define a sí mismo como un historiador de la ciencia y se atreve a escribir verdades científicas que parecen poesía: “somos los improbables hijos de alguna estrella, cenizas de su muerte”… Lo que sigue es parte del diálogo que mantuvimos con él:

PREGUNTA.- ¿Qué es la ciencia de la vida?

RESPUESTA.- Una vida informada por la ciencia. Significa ver la vida, la sociedad, cómo nos comportamos y adónde vamos, desde puntos de vista diferentes, más allá de las circunstancias del momento. Puedes prever, imaginar las consecuencias de lo que se está haciendo. En ese sentido, probablemente es una visión más amplia, más informada, pero quizá no sea más feliz.

“Todavía hay dudas del origen del agua. Se dice que llegó en meteoritos que chocaron contra la superficie de la Tierra”

P.- ¿Por qué no sería una visión más feliz?

R.- En este libro me refiero a una de esas consecuencias inexorables como la pérdida de biodiversidad o el cambio climático… Incluso al sistema solar que, aunque la especie humana no esté allí para verlo, tiene una vida determinada y al sol le quedan unos 4.500 millones de años de vida, en términos de estabilidad. El sol se convertirá en una gigante roja, con un diámetro que, si no llega totalmente a la tierra, de todos modos abrasará a nuestro planeta, que ya tiene unos 4.000 millones de años de existencia. O sea que acerca de la trascendencia que aspiramos a tener, no solo individualmente sino colectivamente, la Tierra te dice que no será así.

agua vida
El científico, académico y escritor José Manuel Sánchez Ron.

P.- Siempre decimos, usted lo confirma, que somos agua, pero ¿en qué sentido no metafórico dice que hemos estado en el interior de una estrella?

R.- Hemos estado en el interior de una estrella porque los elementos pesados, más allá del hidrógeno y el helio, se han formado en el interior de estrellas. Los átomos de hidrógeno se formaron primigeniamente, en el gran estallido (Big Bang), y también en el interior se forman el hierro, el carbono, y todo esto es parte de nosotros. Lo que sucede es que algunas estrellas, las supernovas, explotan y difunden ese caudal de elementos más pesados que el hidrógeno y el helio por el universo.

Y en algún lugar se condensan, formando otras estrellas y otros planetas. Uno de ellos es la Tierra, y ahí, por otro tipo de procesos, ha surgido la vida. En la composición de nuestros cuerpos están esos átomos, que han formado parte de una estrella. En lo que se refiere al agua, es una gran parte de nuestro cuerpo. Son dos átomos de hidrógeno, que es primigenio, y uno de oxígeno. O sea, que esa agua que somos también procede del interior de las estrellas.

P.- ¿Es fácil explicar esto de que el agua debería ser un gas, como leemos en su libro?

R.- Bueno, no debería sino que podría…De hecho, es un compuesto que puede estar en estado líquido, sólido o gaseoso y esto depende de la temperatura. El agua es un conjunto de moléculas que no están unidas con fuerza, o no están tan estrechamente unidas como en otros materiales, como la madera, y de ahí su ductilidad y su fluidez. Con el calor, estas moléculas se separan y forman un gas. De lo contrario, cuando se enfrían, las moléculas se unen con más fuerza y forman el hielo. Es fácil de entender.

P.- ¿Por qué dice que lo menos conocido es el origen del agua marina?

R.- Porque todavía hay dudas del origen del agua. Algunos dicen que llegó en meteoritos que chocaron contra la superficie de la Tierra. Luego estuvo en contacto con sales terrestres y de ahí su salinidad… No tengo teoría en este punto. No sé si es innata en el planeta o si ha llegado desde el exterior.

“Hemos estado en una estrella porque los elementos pesados que nos constituyen, más allá del hidrógeno y el helio, se han formado en el interior de estrellas”

P.- Eso quiere decir que el misterio es parte fundamental de la ciencia…

R.- Es que, de otro modo, la ciencia se fosilizaría, no avanzaría. Lo más interesante en la ciencia es lo que no se entiende o lo que aún no se ha identificado como problema. Si no fuera así, la sociedad se habría estancado. De hecho, miremos cómo vivía uno de los grandes científicos de la Historia, Isaac Newton, a finales del siglo XVII y principios del XVIII.

P.- Es trágico pero a la vez poético esto de que con el deshielo de los mares se reduciría nuestro espacio vital pero que, al fin, regresaríamos al lugar del que salimos, o sea al medio líquido….

R.- Lo que quiero señalar es que si continúa la tendencia del calentamiento global –se están derritiendo los casquetes polares y las nieves perpetuas de las montañas–, subirá el nivel de los mares y se reducirán las superficies terrestres habitables. No me refiero a que los seres que habitamos las tierras vayamos a hacer el camino inverso. Pero, sí, la vida nació en los mares y, en un sentido metafórico, fue nuestra cuna ancestral.

Deshielo en el Ártico.

P.- ¿Cuál sería el futuro de nuestra especie si no volveremos con branquias a los mares?

R.- Es difícil de aventurar, porque la evolución a la manera darwiniana de prueba y error, de la lucha por la supervivencia durante mucho tiempo para que una especie nazca a partir de otras… ha cambiado. Ahora disponemos de otros instrumentos, como la biología molecular, o la ingeniería genética, para intervenir en el plazo de una generación en la configuración de los seres humanos. Esas técnicas no son todavía muy seguras pero un día se establecerán y comenzará una mejora (entre comillas) que no sabemos adónde nos llevará a largo plazo.

Me hago ilusión de que no perderemos la naturaleza humana. A muy largo plazo, no soy muy optimista, ya que sabemos que la Tierra tiene los días contados, pero son muchos días y no creo que lleguemos hasta entonces, hasta el fin, porque estamos esquilmando los recursos naturales. Stephen Hawking imaginó que el futuro de nuestra especie estaría en otro planeta. Yo no lo sé.


Analía Iglesias
Madrid | 12 noviembre, 2021

Tiempo de lectura: 5 min



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