'Nadar en aguas abiertas': una vida en cada brazada - EL ÁGORA DIARIO

‘Nadar en aguas abiertas’: una vida en cada brazada

‘Nadar en aguas abiertas’: una vida en cada brazada

La obra ‘Nadar en aguas abiertas’ de la británica Tessa Wardly es un manual perfecto para iniciarse en este mundo de manera tranquila, sacándole el máximo partido a cada instante en el agua. En él se habla de la vida, del trascurrir de las estaciones y de nadar, pero desde lo más profundo de nuestro ser, con plena conciencia de lo que hacemos


Nadar en aguas abiertas: una forma de meditación

Nadar en aguas abiertas: una forma de meditación

Autor/es: Tessa Wardley

Editorial: Siruela

Ciudad/Año de publicación: Madrid, 2019

Páginas: 160

Precio: 15,90 €


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Cuando practicamos un deporte, se liberan hormonas como la endorfina, la dopamina o la serotonina, que son neurotransmisores y nos proporcionan sensación de bienestar y de placidez. Pero incluso dentro de este mundo hay importantes diferencias según las disciplinas y la natación ostenta la difícil acepción de ser “el deporte más completo” de cuantos se pueden practicar.

Se trata de una disciplina deportiva de gran carga aeróbica, en la que prácticamente se ejercitan todos los músculos, pero al hallarse sumergidos en el agua, se reduce el peso del cuerpo, lo que se traduce en un menor impacto, con bajas probabilidades de lesión. Esta se puede ejercitar en piscinas cerradas, abiertas o en aguas abiertas.

Aunque la imagen del nadador va asociada a una piscina de baldosas azules, con corcheras de color rojo flotando que delimitan las calles, habitualmente abarrotadas de nadadores guardando una distancia de prudencia para no colisionar los unos con los otros, lo cierto es que la natación tiene una modalidad denominada de “aguas abiertas” que cada día gana más adeptos. Esta categoría se practica al aire libre y fuera de las piscinas. Es decir, en mares, ríos, lagos, embalses o incluso en pantanos, siempre que su normativa lo permita.

Es precisamente en este universo acuático donde se sumerge la británica Tessa Wardley con su libro Nadar en aguas abiertas: una forma de meditación. Y es que en esta magnífica obra, de la Editorial Siruela (colección Tiempo de mirar), se aborda la natación como un verdadero arte, como una liberación de nuestra mente, como una conexión total con la naturaleza y nuestro cuerpo y nos ofrece la oportunidad de hacer las paces con nosotros mismos, con el resto de los humanos y con la naturaleza, siempre cambiante, pero siempre perfecta.

El libro introduce un concepto muy novedoso en el mundo de la natación en aguas abiertas: la meditación. El mindfulness. Nos anima a nadar con conciencia plena de lo que estamos haciendo.

Nadar en aguas abiertas

Nadar con conciencia plena

La meditación es una técnica en la que el individuo entrena la mente o induce un modo de conciencia. Su objetivo principal es reducir los niveles de estrés y modificar las emociones de la persona. Dentro del término amplio de meditación, existen muchos tipos. Uno de ellos es la “conciencia plena”, también llamada “mindfulness”.

Este concepto, de origen anglosajón, consiste en un tipo de meditación que ayuda al practicante a vivir consciente del momento Presente. Con ello se fortalece la capacidad de mantener la atención, consiguiendo que los estímulos los recibamos con una mente principiante. Es decir, “como si fuera la primera vez”. Sin juicios ni interpretaciones. Tan solo… dejándolos fluir.

Cuando realizamos algo de manera repetitiva, dejamos de darle importancia, y se actúa con lo que en la jerga aeronáutica se conoce como “con el piloto automático”. Es decir, de forma automatizada y sin prestar atención. Entonces, nuestra mente empieza a divagar y salta de un pensamiento a otro sin control, sin saborear la tarea que estemos llevando a cabo. Para ello hay que concentrarse. Sentir lo que estás haciendo.

Nadar en aguas abiertas

En “Nadar en aguas abiertas” lo primero que se recomienda es tener cierta destreza en el arte de la natación, para no estar pendiente de la técnica. Y, de ese modo, poder disfrutar. Estar en contacto con la naturaleza, sentir el agua correr por la piel, escuchar el sonido que produce cada brazada, cada respiración, cada latido.

Pero todo ello va poco a poco. Como el ciclo de la vida, con el que compara la natación. Y nos anima a sentir los ciclos estacionales con los cambios físicos y espirituales de nuestro ser. Porque el agua fluye de forma diferente en primavera que en verano. Y el agua en la que nos deslizamos en un río está en continua evolución, como nosotros mismos. Desde que nacemos, experimentamos cambios continuos. Desde que nace en medio de la naturaleza, discurre serpenteante, hasta que alcanza el mar.

Nadar en la naturaleza

La primavera es como la infancia. Nace y cobra vida. Florece con el derroche del verano, como nuestra juventud. En otoño madura, y al llegar el invierno, se retrae y concentra… para volver a renacer en primavera. Sin duda, como he dicho antes, el ciclo de la vida.

Conjugar la natación con la conciencia plena no siempre es sencillo. No obstante, la respiración en natación es ideal para concentrarse en ella y conseguir ese estado de paz, ya que obliga a una respiración rítmica y constante. Una vez que se consigue, se puede percibir que, con cada inspiración, el aire es conducido hacia nuestros pulmones, para después, recorrer el mismo camino en sentido contrario y exhalar suavemente mientras nuestra cabeza permanece alineada y boca abajo, momento que aprovechamos para avanzar.

“Estamos en ese viaje ya desde nuestra primera zambullida en aguas abiertas. Nuestras primeras brazadas son inseguras, con la cabeza fuera del agua fría y en tensión, y el cerebro trabajando a marchas forzadas, imaginándose lo extraño y fantástico de ese mundo salvaje que rodea nuestras frenéticas patadas… hasta que un día comenzamos a dominar la técnica y somos capaces de arrancar relajados y encantados, flotando de espaldas, disfrutando del cielo y el viento en la cara, deleitándonos con el vaivén de las aguas naturales conforme nos masajean la espalda y juegan con nuestras orejas”, afirma Tessa Wardley.

Habla de nadar en aguas abiertas, pero también podría decirse que es de la vida misma. Una metáfora. Una comparación. Un canto a la perfección de la naturaleza salvaje, cuando relata lo insignificante que se siente al nadar en un río, y es consciente del trabajo realizada por esa corriente durante miles de años, horadando rocas y despejando caminos. Y ella, o nosotros, tan solo debemos dejarnos llevar… por el río de la vida.


Ana Alemany | Especial para El Ágora
Madrid | 9 abril, 2021

Tiempo de lectura: 4 min



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