Nicos Cavadías, el poeta del mar - EL ÁGORA DIARIO

Nicos Cavadías, el poeta del mar

Nicos Cavadías, el poeta del mar

La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Con este juramento podría resumirse su escritura, puesto que aún conserva, a pesar del paso del tiempo, la honestidad de quien sabe de lo que habla ya que siempre estuvo a pie de obra. O sea, de ola. De hecho, su vida fue aquello que transcurrió entre la llegada de una marea y la siguiente, siempre a babor o a estribor de buques renqueantes, en la proa o en la popa de enormes cargueros, alumbrado por atardeceres infinitos y con el rumbo puesto en otra aventura. Leerlo es embarcar en una singladura sin fin. Estos días, la reedición de sus poemas y de una mítica novela vuelve a sacarlo a flote


La Cruz del Sur

La Cruz del Sur

Autor/es: Nicos Cavadías

Editorial: Alianza Editorial

Ciudad/Año de publicación: Madrid, 2021

Páginas: 135

Precio: 9,80 euros


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Nicos Cavadías (1910-1975) sería Popeye si a Popeye le hubiese dado por la lírica en vez de por engullir, con ese bulímico afán del que siempre hacía gala, latas de espinacas en conserva. Cavadías sería un Popeye con una pegada similar a la del pugnaz cartoon, pero más genuino en su rol de marinero distinguido. Un Popeye adicto a la musaka que apenas pisaba tierra porque eligió la cubierta de un barco por toda patria, lo que hizo que hoy sea conocido en su país como el poeta del mar, del extrañamiento, del eterno viaje.

Pero hay más: su obra –breve, aunque comparable en popularidad a la de García Lorca o Machado en España–, siempre gozó del favor del pueblo griego y las numerosas versiones musicales de sus poemas forman parte de la memoria colectiva de sus paisanos. Valgan como ejemplo los que fueron grabados por Zanos Micrúchicos, cantautor fallecido en 2019, ya que circulan por YouTube como pólvora encendida. Merece la pena buscarlos.

Marinero en agua

Cavadias
Nicos Cavadias

La Cruz del Sur –título que toma nombre de uno de sus poemas más célebres y versionados– recopila ahora su poesía completa traducida en español por David Hernández de la Fuente gracias a la indispensable labor de la editorial Alianza. Obra de un valor inconmensurable integrada en tres únicos poemarios, Marabú (1933), Calima (1947) y De través (1975), que tienen en común el estar basados en la experiencia como marino de un Cavadías que, desde joven, decidió embarcarse en la marina mercante para sumarse a una tradición griega, la de versificar las olas, que va desde Homero hasta Cavafis.

Leer la poesía completa de Nicos Cavadías es algo así como enrolarse en un buque de 185 páginas con la finalidad de convertirse, verso a verso, ola a ola, en todo un marino de los de siempre. Apenas cuesta sentirse uno más de la tripulación más acogedora del mundo a bordo de La Cruz del Sur.

Capitanes ingleses cincuentones

Sus temas, tan recurrentes como rebosantes de profunda hondura, son el exilio, la partidas, las resacas (en todas sus acepciones), el mundo visto como sucesión de puertos a lo largo y ancho de la eterna singladura vital y, a la vez, ese profundo desamparo que se experimenta cuando se llega a casa, después de años de errar por los océanos, y que es conocido como el mal du départ o la «locura por los viajes» que atormentará de por vida al marinero en tierra. Basta con haber leído a Conrad para ir entrando en ambiente y saber por dónde irán los tiros. O con abordar el siguiente poema con la mejor voluntad. ¿Su título? Lista negra. Y pertenece al poemario Marabú. Ahí va:

De algunos capitanes ingleses cincuentones

pasó la juventud en el puente de mando.

Guardias agotadoras observando los faros,

haciendo extrañas cuentas de tiempos y distancias,

tanto que solamente en navegar pensaban.

Pero bien por cansancio o por darse al alcohol,

expulsaron a algunos, perdieron su diploma.

En una «lista negra» inscritos, un papel

les dieron para que fueran contramaestres.

Y ellos, por cansancio o bien por amargura,

quedaron en sus puertos, no zarparon jamás.

 

Conozco capitanes ingleses cincuentones

de uniformes de oro ajados, bebedores

que rondan todo el día los bares, se emborrachan,

mascan chicle, maldicen, gritan, al suelo escupen…

Pero cuando atardece y los barcos se van,

cuando hacia atrás maniobran en las aguas del puerto,

llegan y juzgan tercos todas las maniobras.

A veces se pelean, y llega a sacar

cuchillos marineros y oxidados de Sheffield.

Se los clavan y mueren sobre bolas de yute

y sobre sacos llenos de especias de Penang.

Cavadias
Nicos Cavadías.

Conrad, Brecht, Cendrars…

Pasamos del verso a la prosa sin solución de continuidad. La guardia, traducida por Natividad Gálvez García, es el título de la única novela que Nicos Cavadías publicó en vida. Obra sutil y dotada de una sensibilidad poética que contrasta con la dureza del mundo en el que se nos embarca. Rescate de un clásico incontestable, de un libro imprescindible que rescata en español, en una edición que parece haber sido hecha para enmarcar, la editorial Trotalibros. Y hablar en este caso de lectura que debería ser obligada en los colegios es quedarse corto. Demasiado corto.

Un extracto de la crítica de esta novela que apareció en el diario Libération no deja mucho lugar a dudas. Ahí va: «Una mezcla explosiva de Conrad y de Brecht, de Cendrars, de Genet y de Duras, que machaca la mitología homérica de los océanos para, al final del camino, no ser ya sino un hilito ahogado de voz humana que no viene de ninguna parte y es, por ende, universal».

Estructurada en tres partes, La guardia nos permite comprar un billete sin problemas de overbooking para subir a bordo del viejo carguero Pytheas, que navega desde Singapur hasta el norte en una singladura que parece no tener fin. En la primera parte se establece un diálogo entre un oficial y un radiotelegrafista –oficio que desempeñaba el propio Cavadías– que sirve para rellenar los silencios del mar, personaje principal de un relato que navega entre lo obsceno y lo lírico. Y el resultado es un hito en la literatura griega que merece por sí solo traspasar todas las fronteras y puertos francos.

Mareo en tierra

Retrato de Cavadias
Retrato de Cavadias

El resto es pura evocación del oleaje. De Beirut a Amberes pasando por Huelva, Sidney o Argel. Pensiones de mala muerte, muelles repletos de almas desesperadas, estibadores, mecánicos, oficiales, guardas, prófugos, taberneros, prostitutas, cachimbas encendidas, maldiciones lanzadas al cielo con voz aguardentosa y una frase lanzada cual escupitajo que resume, en la parquedad de sus palabras, la esencia de la novela: «Yo, en tierra, me mareo». 

Cavadías colgó los trastos de navegar poco antes de su fallecimiento en Atenas. Al respecto, uno de sus cuartetos resulta premonitorio: «Yo que deseé tanto que un día me enterraran / en algún mar profundo de las Indias lejanas / tendré una muerte triste y bastante normal / y un funeral de esos como toda la gente». Hoy, un busto en su honor le recuerda junto al mar que fue su vida, en Argostoli, en Cefalonia, junto a Ítaca. Descanse en paz el poeta.


David Benedicte
Madrid | 30 julio, 2021

Tiempo de lectura: 5 min


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