Pia Pera y el jardín como metáfora de la enfermedad - EL ÁGORA DIARIO

Pia Pera y el jardín como metáfora de la enfermedad

Pia Pera y el jardín como metáfora de la enfermedad

Pia Pera nos regala de manera póstuma un auténtico clásico de nuestros días con ‘Aún no se lo he dicho a mi jardín’, que explora los recovecos de la dolorosa enfermedad de la escritora italiana a través de las flores y plantas de forma conmovedora


Aún no se lo he dicho a mi jardín

Aún no se lo he dicho a mi jardín

Autor/es: Pia Pera

Editorial: Errata Naturae

Ciudad/Año de publicación: Madrid, 2021

Páginas: 256

Precio: 20,00 €


Otros libros reseñados en El Ágora


El sendero de la sal

Raynor Winn

El sendero de la sal

Sócrates en bicicleta

Guillaume Martin

Sócrates en bicicleta

La Cruz del Sur

Nicos Cavadías

La Cruz del Sur

El rinoceronte del rey

Jesús Marchamalo / Ilustrado por Antonio Santos

El rinoceronte del rey

El sonido de la naturaleza

Carlos de Hita

El sonido de la naturaleza

A tumba abierta. Como han de hacerse las cosas cuando uno aprende, por fin, la lección de que el tiempo apremia. Sin nada que perder y en libertad plena. Pia Pera abre la primera página de un diario con fecha de caducidad casi inmediata y comienza así un diálogo imaginario con sus gardenias, buganvillas y rosales en el que todos, sin excepción que valga, nos vemos reflejados. Y el resultado es: Aún no se lo he dicho a mi jardín, traducido del italiano al español por Errata Naturae.

Cuando acaban de cumplirse cinco años de la muerte de la autora de Diario de Lo, la aclamada revisión del mito de Lolita, aparece traducida en español esta conmovedora crónica de un cuerpo que se marchita obedeciendo las leyes de la naturaleza.

Pia tiene 60 años, reside en la localidad toscana de Lucca y padece ELA (esclerosis lateral amiotrófica). Durante el tramo final de su enfermedad, decide convertir las flores y plantas de su jardín en compañeros de viaje para quien nunca ha dejó de cultivar lo mejor de esta vida.

“Quizá, cuando se trata de morir, el jardinero deja de ser jardinero. El escritor deja de ser escritor. Quizá, cuando se trata de morir, tomamos conciencia de que somos indefinidos. Esa indefinición que, meditando, se aprende a aceptar. Indefinido, inmerso en el infinito, parte del infinito. ¿Cómo era? ¿La gota que vuelve a unirse con el océano? Una gota harto reacia a perder su envoltorio”, afirma. Y sus palabras emocionan allá por donde pasan.

Muerte entre las flores

De este modo, tan sutil como descarnado, Pia Pera nos enseña a morir. O lo que es lo mismo, a vivir. Es decir, a cuidar nuestro entorno con pasión desmedida, como si se tratase de un gigantesco jardín del que debemos ocuparnos cada día. A respetar y conocer la naturaleza por más errores que aciertos que encontremos en ella. A toparnos con lo extraordinario en cada flor que veamos en nuestro camino. A sentir la vida, o a disentir de ella, convirtiéndonos en una especie de jardinero experto en podar lo peor de nosotros mismos.

Pia Pera
La escritora Pia Pera, retratada en su jardín en 2015. | Errata Naturae

Pia no tarda en encontrar en un poema de Emily Dickinson, el número 50, Aún no se lo he dicho a mi jardín, que también acabará siendo el título de su libro, la metáfora idónea para resumir el impacto de su enfermedad. Ahí van sus conmovedores versos:

Aún no se lo he dicho a mi jardín,
por miedo a que se apodere de mí.
Aún no me veo con la fuerza
de confesárselo a la Abeja.

Prefiero no hablarlo por la calle,
evitar la mirada de los escaparates:
¿cómo tiene la desfachatez de morir
alguien tan tímida, tan ignorante?

No pueden enterarse las colinas
por las que tanto deambulé,
tampoco los amados bosques,
del día en que mi iré.

No lo susurraré en la mesa,
ni dejaré caer, como si nada,
que alguien en el Misterio
se adentrará esta mañana.

Versos que nos sugieren que llegará ese día en que el jardinero no se presentará a su cita cotidiana. Eso el jardinero lo sabe. Cesarán de repente todos los cuidados. “Me gustaba la idea de que ante esa inversión del punto de vista –confiesa Pia Pera en su libro– el egoísmo se atenuase; de que al pensar en nuestra muerte casi nos saliera pedir perdón por el abandono voluntario: en lugar de preocuparnos por nuestra suerte, preguntarnos qué supondrá, no para nosotros, sino para los demás”.

Pia Pera
Vista de la casa que Pia Pera reconstruyó y convirtió en su refugio de paz.

“Ahora pongo en duda aquella primera lectura –prosigue la autora– y, lejos de verla como un indicio de egoísmo atenuado, humildad, preocupación por las plantas de las que ya no podremos cuidar, por el perrito al que no daremos de comer, solo me parece una forma más de darnos importancia, de creernos indispensables. (…) Una vez perdida la certeza de haber entendido correctamente los versos de Emily Dickinson, con la sospecha, antes bien, de haberlos usado como pretexto para desarrollar una idea mía, quedaba el tema: el jardinero y la muerte. Con mayor motivo ahora que mi salud no era la de antes”.

Un mal ritmo

El libro entero es la crónica de una desaparición forzosa. Una especie de dietario de aquel que va siendo borrado, paulatina y diligentemente, con el típex de la desmemoria. El definitivo descenso a las cloacas de la enfermedad terminal que a todos nos aguarda oculta en una esquina de ese jardín que llegado un día, por prescripción existencial, dejaremos de podar.

Pia nos deja bastante claro cómo llegó su momento: “Un día de junio de hace unos años, un hombre que decía quererme observó, en tono de reproche, que cojeaba. Era una cojera casi imperceptible, apenas una desarmonía al caminar, un mal ritmo. Pasó mucho tiempo sin que supiera el motivo. Tenía la sensación de que se me estaba secando la pierna derecha, como a veces se seca la rama de un árbol”.

Pia Pera
Una imagen del jardín de la escritora Pia Pera. | Errata Naturae

“Estaba marchitándome. Morir había dejado de ser una especulación intelectual; estaba ocurriendo de verdad. Muy lentamente y antes de lo previsto. Quizá dejándome el tiempo de escribir en directo sobre el jardinero que se enfrente a la muerte”, relata.

“Quizá no sea tan terrible que las fuerzas disminuyan lentamente. De alguna forma hay que marcharse. A quienes viven en soledad, como yo, les cuesta darse cuenta de que llega el momento de ceder el paso; de que la vida está hecha de fases y no somos idénticos hasta el final”. El resto es un libro con vocación de indispensable y categoría de clásico. De lectura obligada. Podéis empezar a hacerlo pinchado aquí.


David Benedicte | Especial para El Ágora
Madrid | 10 septiembre, 2021

Tiempo de lectura: 4 min



Otros libros reseñados en El Ágora


El sendero de la sal

Raynor Winn

El sendero de la sal

Sócrates en bicicleta

Guillaume Martin

Sócrates en bicicleta

La Cruz del Sur

Nicos Cavadías

La Cruz del Sur

El rinoceronte del rey

Jesús Marchamalo / Ilustrado por Antonio Santos

El rinoceronte del rey

El sonido de la naturaleza

Carlos de Hita

El sonido de la naturaleza

Se adhiere a los criterios de transparencia de

Archivado en:
Otras noticias destacadas