Un viaje por España con las aves como guía

Un viaje por España con las aves y Antonio Sandoval como guía

Un viaje por España con las aves y Antonio Sandoval como guía

El naturalista y escritor Antonio Sandoval Rey publica “De pajareo. Rutas ornitológicas por España” (Geoplaneta), una guía que ofrece consejos útiles para observar aves por todas las comunidades de España y responde al creciente interés por esta forma de ecoturismo que cada vez tiene más adeptos en nuestro país


De pajareo

De pajareo

Autor/es: Antonio Sandoval REy

Editorial: Geoplaneta

Ciudad/Año de publicación: Barcelona, 2022

Páginas: 280

Precio: 27,50 euros


Otros libros reseñados en El Ágora


Las expediciones que descubrieron el mundo

Javier Peláez

Las expediciones que descubrieron el mundo

La salud planetaria

Fernando Valladares / Xiomara Cantera / Adrián Escudero

La salud planetaria

El sueño de Ulises

José Enrique Ruiz-Domènec

El sueño de Ulises

Agua, una biografía

Giulio Bocaletti

Agua, una biografía

Hombre corzo

Geoffroy Delorme

Hombre corzo

“El océano vibra como atónito de la cantidad de aves que lo sobrevuelan. Van todas en la misma dirección: hacia el oeste. Quienes las observamos a través de nuestros prismáticos y telescopios vamos identificando grupos de pardelas cenicientas, pichonetas, sombrías y capirotadas. También de charranes patinegros, comunes y árticos. Y de negrones comunes y alcatraces atlánticos. Por entre ellos, no dejan de pasar además págalos de cuatro especies… y muchas otras aves. Aves viajeras. Muy viajeras, de hecho. El origen de algunas de ellas se encuentra en lugares tan remotos como Siberia. Otras van rumbo a las islas Malvinas, o hacia las aguas abiertas frente a las costas de Argentina y Uruguay. Otras más cubren la distancia entre el litoral norte de Europa y la costa occidental de África…!

Así arrancan las primeras páginas del nuevo libro de Antonio Sandoval Rey, habitual colaborador de nuestro diario con su columna Desde el fondo. La editorial Geoplaneta publica De pajareo. Rutas ornitológicas por España, un práctico y documentado manual de campo para disfrutar del avistamiento de aves en nuestro país, una de las aficiones naturalistas o ecoturísticas que más crecen últimamente y de la que el autor es un apasionado.

Como ornitólogo experto, Sandoval pasa largas jornadas al año haciendo seguimiento de aves marinas desde el cabo de Estaca de Bares en su Galicia natal. Y como apasionado que es, no deja de prestar atención a todas las que ve en cualquier momento del año, aunque sea un modesto gorrión en la ciudad o un viaje a cualquier sitio de España.

Sandoval es uno de los más destacados autores de literatura de naturaleza en nuestro país, un género en auge al que se han sumado numerosas editoriales con la edición de obras nuevas y la traducción de clásicos internacionales que no habían llegado todavía a nuestras librerías.

Hace una década, Sandoval sorprendió a todos debutando en la escritura con un libro memorable, ¿Para qué sirven las aves? (Tundra Ediciones) que fue traducido al inglés y recibido con elogios en Gran Bretaña, meca del llamado nature writing y la observación de aves. Algo así como un español triunfando en un equipo galés de rugby. Después, han seguido otros títulos de variada índole que han mostrado no solo su saber naturalista, sino una potente e inspirada personalidad como autor, pensador y observador del mundo alrededor.

niña viendo aves con prismaticos. | FOTO: Pedro CáceresLa obra que publica ahora con Geoplaneta es una condensación de sus muchos viajes por España siguiendo aves y una muestra de trabajo colaborativo. Sandoval ha consultado a colegas y aficionados de todo el territorio para ofrecer la guía más útil para disfrutar de las aves todo el año viajando por España.

Estructurado de forma práctica, el libro ofrece descripción de sus valores naturales y de las figuras de protección de cada lugar; explicación sobre aves características del sitio según el momento del año además de itinerarios, descripción de la ruta y otras cosas que hacer. Todo ello chequeado sobre el terreno y en consulta con aficionados locales y con links e información extra para planificar la ruta en el momento de hacerla.

Como explica el autor, los criterios que han primado para diseñar las rutas han sido la riqueza en aves y la facilidad para su observación; la comodidad de su acceso y de su visita, eligiendo siempre que ha sido posible aquellos lugares con observatorios, senderos, miradores, centros de visitantes e instalaciones afines. «Se han seleccionado, de este modo, aquellos itinerarios y sitios que llevan ya tiempo siendo conocidos, promocionados y gestionados como destinos de turismo ornitológico. Y que, por tanto, garantizan estupendas y cómodas observaciones», dice el autor.

Locos por las aves

El número de los aficionados a las aves, el pajareo, el birdwatching o birding en la jerga internacional, se cuenta por millones y no para de crecer en todo el mundo.

Por mucho que esta ocupación pueda parecer excéntrica, no hay duda de que se trata de un modo de disfrutar de la naturaleza que cuenta con cada vez más seguidores. El pasado noviembre de 2021, cientos, si no miles de aficionados de toda España, viajaron hasta Asturias al correrse la voz de que un búho nival, propio del Ártico, había aparecido en el Cabo de Peñas. El fenómeno fue tan llamativo que apareció en los telediarios y la prensa nacional.

«Hay gente que lloró al ver por primera vez al búho nival», titulaba La Voz de Asturias. En cierta forma, ver aves es un hobby; es una actividad al aire libre; es coleccionismo; es un arte; es una actividad intelectual; es una forma de reconectar con la naturaleza. Las aves, realmente, dicen mucho sobre el territorio en el que están. Indican el tipo de vegetación, el clima, el suelo, incluso la estación del año. Al aprender a seguir aves, el aficionado aprende también, sin darse cuenta, a interpretar el territorio.

El escritor Antonio Sandoval observando aves en el cabo de Estaca de Bares, en Galicia.
El escritor Antonio Sandoval observando aves en el cabo de Estaca de Bares, en Galicia.

«Las aves funcionan como un bioindicador, una especie de sensor sobre la calidad del medio»

Lo explica así Antonio Sandoval en la introducción a su libro: “No hay como viajar pajareando. Y ya sea recorriendo unos pocos cientos de kilómetros como partiendo a lugares verdaderamente distantes. Lo que encontramos en los destinos a los que acudimos con ese fin es mucho más que las especies que en ellos viven. Porque, como si esas criaturas fueran nuestros cicerones, al ir a su encuentro atravesamos paisajes naturales y humanos que nos ayudan a comprender un poco mejor muchas cosas. Y, de paso, a sentirnos más vivos. Más vibrantes. Como este océano que hoy tenemos ante nosotros”.

Tanto es así, que la Unión Europea obliga a los estados miembro a hacer inventarios e informar regularmente sobre la cantidad y variedad de aves en su territorio. Los censos de avifauna no se hacen solo por ellas, sino porque son una herramienta esencial para conocer el estado general de los ecosistemas. Dada su ubicuidad, movilidad y sensibilidad a los cambios ambientales, las aves funcionan como un bioindicador, una especie de sensor sobra la calidad del medio.

En nuestro diario, dedicado principalmente al agua, hemos hablado en otras ocasiones de programas de seguimiento de aves llevados a cabo por empresas del ciclo integral del agua, como el programa Biobserva que se realiza en las instalaciones de depuración y tratamiento como parte del compromiso con el fomento de la biodiversidad y el empleo de la misma como forma de monitorización de los avances en naturalización de infraestructuras.

Wildpicness, un joven que ayuda a entender la afición por las aves

 Para entender lo que la afición a las aves supone para decenas de miles de personas en nuestro país, podemos ver un ejemplo cualquiera sacado de las redes sociales.

Esta semana, un usuario de Instagram, un joven de apenas 20 años, compartía en su perfil de Wildpicness algunas de las observaciones hechas desde su domicilio en las afueras de Madrid.

Desde su balcón, armado con una cámara y un objetivo largo, podía ver en pleno paso primaveral, y en una semana de lluvias y calimas que no dejan un cielo precisamente limpio, ejemplares de alimoche, águila calzada, águila pescadora, aguilucho lagunero, aguilucho pálido, azor, cernícalo primilla, cigüeña negra culebrera europea, gavilán y milano negro, por citar algunas especies.

Es decir, una decena de aves más para el total de 91 que ya lleva avistadas en su lista desde que empezó el año 2022, es decir, cerca del 20% de las más de 500 aves que pueden verse regularmente en nuestro país, cuando apenas hemos consumido el primer trimestre del año.

Un águila culebrera sobrevolando Madrid. | FOTO: Wildpicness

Cuando contactas con este joven universitario, intrigado por su afición, y le preguntas por qué le gusta ver aves, fotografiarlas y compartirlas en unas redes donde muchos otros ponen puestas de sol o cafés decorados con espuma, te comenta que para él es algo natural que tiene incorporado a su vida, sin sentirse por ello un freak.

“Para mí, ver aves es una sensación de intriga e ilusión; cada día que vas a observar aves realmente no sabes qué vas a poder ver y de qué manera. Es una afición más, igual que juego al tenis y al fútbol, siempre intento sacar un rato para poder ir a observar aves”, dice  Wildpicness.

De hecho, explica, no puede evitar mirar arriba cuando hace deporte, y a veces hay que parar unos segundos porque un bando de cientos de grullas está pasando por encima de la cancha.

El joven instagramer fue uno de los muchos que el pasado noviembre dejó todo lo que estaba haciendo para fotografiar el búho nival llegado a Asturias, aunque eso supusiera renunciar a todo el fin de semana por la pasión de avistar un ave única y rara en nuestro país.

Imagen del búho nival avistado en noviembre de 2021 en Asturias. | FOTO: Wildpicness
Imagen del búho nival avistado en noviembre de 2021 en Asturias. | FOTO: Wildpicness

La diferencia entre ver o no ver, reconocerlas o no, ser capaz de notar que un bando de grullas te pasa por encima mientras tienes una raqueta en la mano, es lo que distingue a los llamados pajareros: pueden tener vidas normales, ocupaciones normales, gustos normales, pero conservan o han desarrollado una habilidad sumamente humana, que es mirar y conocer lo que hay alrededor. Algo que en tiempos remotos fue esencial para nuestra supervivencia como especie y como individuos.

No hay que olvidar que una de las primeras pinturas rupestres de las que se tiene noticia es la de un ave, no de un bisonte.

Ya hace 30.000 años, en la cueva francesa de Chauvet, alguien grabó sobre la pared la figura idealizada de un búho. Se cree que es uno de los dibujos más antiguos de la Humanidad. Es la primera muestra de arte, de representación simbólica y de pensamiento elaborado de nuestra especie… y se trata de un pájaro.

Figura de un búho con la cabeza girada hacia atrás grabada sobre la superficie de la cueva de Chauvet, en Francia. Descubierta en 1994, se considera que data de hace unos 30.000 años.
Figura de un búho con la cabeza girada hacia atrás grabada sobre la superficie de la cueva de Chauvet, en Francia. Descubierta en 1994, se considera que data de hace unos 30.000 años.


Pedro Cáceres
Madrid | 25 marzo, 2022

Tiempo de lectura: 7 min



Otros libros reseñados en El Ágora


Las expediciones que descubrieron el mundo

Javier Peláez

Las expediciones que descubrieron el mundo

La salud planetaria

Fernando Valladares / Xiomara Cantera / Adrián Escudero

La salud planetaria

El sueño de Ulises

José Enrique Ruiz-Domènec

El sueño de Ulises

Agua, una biografía

Giulio Bocaletti

Agua, una biografía

Hombre corzo

Geoffroy Delorme

Hombre corzo

Se adhiere a los criterios de transparencia de

Archivado en:
Otras noticias destacadas