Alex Rogers, el biólogo que cartografía la destrucción del mar

Alex Rogers cartografía la destrucción del mar

Alex Rogers cartografía la destrucción del mar

En su libro, ‘Misterios de las profundidades’, el científico Alex Rogers narra su descubrimiento de hábitats desconocidos en los océanos, muchos de ellos al borde de la desaparición


Miguel Ángel Delgado
Madrid | 1 julio, 2022

Tiempo de lectura: 6 min



Hemos cartografiado con más detalle las superficies de Marte o la Luna que la inmensa mayoría de nuestra planeta. Una aparente contradicción, pero que cobra todo su sentido si tenemos en cuenta que el fondo de los océanos, que cubren la mayor parte de la Tierra, siguen siendo un casi total misterio para nosotros.

Un desconocimiento que no se queda tan solo en lo taxonómico o en la mera anécdota. El hecho de que apenas conozcamos el relieve del fondo oceánico o el funcionamiento de hábitats pletóricos de especies en condiciones que creíamos, hasta hace poco, incompatibles con la vida, ha tenido repercusiones directas en los modelos de previsión del cambio climático. El descubrimiento de muchas de esas dinámicas internas ha introducido variables que, en la mayoría de los casos, han agravado los escenarios cuando hemos comprendido que la capacidad de los océanos para absorber el golpe está cerca de un inminente agotamiento que no hará más que acelerar el proceso.

Colonia viva de 'Solenosmilia variabilis', parte de un arrecife de coral de aguas frías en el monte marino Coral, en la dorsal india sudoccidental, océano Índico, a una profundidad de unos 1.000 metros. El cangrejo (la concha que aparece sobre el coral) es un 'Calliostoma' que probablemente esté comiéndose los pólipos del coral. | CRÉDITO: Proyecto IUCN/NERC Seamounts.
Colonia viva de ‘Solenosmilia variabilis’, parte de un arrecife de coral de aguas frías en el monte marino Coral, en la dorsal india sudoccidental, océano Índico, a una profundidad de unos 1.000 metros. El cangrejo (la concha que aparece sobre el coral) es un ‘Calliostoma’ que probablemente esté comiéndose los pólipos del coral. | CRÉDITO: Proyecto IUCN/NERC Seamounts.

«Los entornos extremos del fondo marino demuestran que la vida puede surgir, incluso, en los ambientes más hostiles»

Quizá, por eso, la mayor frustración que sufren los especialistas que apenas están empezando a estudiar las maravillas de los fondos marinos es que tienen la sensación de estar viviendo en una auténtica carrera contrarreloj, de ir apenas un paso por delante de una destrucción irreparable de ese entorno que les va pisando los talones. E incluso, se pueden encontrar con que las semillas de la destrucción ya están asentadas en lugares vistos por primera vez por ojos humanos, como certifica el hallazgo de microplásticos, incluso, en lugares ahora accesibles gracias a la tecnología.

El autor Alex Rogers, como si fuera una cría de biólogo marino, en la rocosa costa de Cloonagh, Sligo, al oeste de Irlanda, en algún momento de la década de 1970. Al fondo aparecen su padre y su abuelo, y sus tíos John y Peter, empujando el barco pesquero de su abuelo. | FOTO: Alex Rogers
El autor Alex Rogers, como si fuera una cría de biólogo marino, en la rocosa costa de Cloonagh, Sligo, al oeste de Irlanda, en algún momento de la década de 1970. Al fondo aparecen su padre y su abuelo, y sus tíos John y Peter, empujando el barco pesquero de su abuelo. | FOTO: Alex Rogers

Biólogo y activista

Es el caso de Alex Rogers, uno de los biólogos marinos más importantes de las últimas décadas. Consultor científico de la exitosa serie de la BBC Blue Planet II, que despertó en Gran Bretaña, por primera vez, un intenso debate sobre cómo gestionar el problema de los plásticos, y que ha estado en primera línea en muchas de las batallas libradas por el conservacionismo de los océanos en las últimas décadas, ha querido impregnar en Misterios de las profundidades, libro que ahora publica en España Ático de los Libros, en traducción de Joan Eloi Roca, de una mirada profundamente personal y que oscila, una y otra vez, entre la maravilla y la desesperanza.

Alex Rogers, científico marino y autor del libro 'Misterios de las profundidades'.
Alex Rogers, científico marino y autor del libro ‘Misterios de las profundidades’.

El libro no es un tratado de oceanografía al uso, porque se encuentra muy ligado a las experiencias e investigaciones personales realizadas a lo largo de tres décadas por todo el mundo. Tiene su origen en sus experiencias cuando, de niño, acompañaba a su padre y su abuelo a pescar en la costa de Irlanda y tenía un primer contacto directo con las criaturas que surgían de las nasas y las redes que los hombres arrojaban.

Una mirada hacia un mundo que parecía extraterrestre y que, sin embargo, estaba a muy pocos metros de distancia, accesible desde un pequeño barco. Un mundo que le acogía, también, en las piscinas de roca que se formaban en la costa, donde el pequeño Rogers pasaba horas en compañía de la multitud de criaturas que habitaban en los recovecos, y donde descubrió cuál sería su vocación.

Desde entonces, Rogers ha trabajado en numerosas localizaciones a lo largo de todo el planeta, desde las costas escocesas al Pacífico o el Antártico, en investigaciones que han avanzado en el conocimiento de los hábitats de gran profundidad o en condiciones extremas, como las fuentes termales que acogen vida en condiciones que se creían imposibles y que han condicionado, incluso, que lugares del sistema solar considerados inhóspitos, como las lunas Encélado o Europa, hoy se hayan convertido en firmes candidatas a albergar el primer descubrimiento de vida extraterrestre.

Corales de aguas frías

Gran parte de la trayectoria profesional, y también como activista, de Rogers, se ha centrado en los corales. Sobre todo, en los de aguas frías, lo que le llevó en 1999 a asesorar a Greenpeace en una demanda crucial para detener la actividad petrolífera de la compañía Shell en aguas escocesas, y que marcó un hito en la jurisprudencia europea al considerar que también los corales de aguas frías eran merecedores de protección.

Esta sentencia le convirtió en una figura internacionalmente reconocida, y le llevó a participar tanto en los distintos foros para intentar ordenar la actividad pesquera mundial, así como en las sucesivas cumbres del clima, enfrentándose a la presión de los grupos de promoción de la extracción pesquera.

Lobos marinos antárticos ('Arctocephalus gazella'), isla Georgia del Sur, en el sur del océano Atlántico. | FOTO. Alex Rogers
Lobos marinos antárticos (‘Arctocephalus gazella’), isla Georgia del Sur, en el sur del océano Atlántico. | FOTO. Alex Rogers

«La participación de Alex Rogers fue esencial en la sentencia que declaró la protección de los corales de aguas frías»

Los encendidos y continuos debates se produjeron, sobre todo, por la participación de Rogers en las campañas activas contra la pesca de arrastre y los inmensos daños que produce en gran parte de los hábitats oceánicos, normalmente asociados a laderas de montes submarinos, donde esta sofisticada maquinaria arrasa con todo el fondo, un efecto que se compara con talar todo un bosque solo para poder atrapar los ciervos que lo habitan. Un problema que se extiende también a las llamadas “redes fantasma”, “equipos de pesca perdidos que seguían atrapando con avidez a todos los que se acercaban, ya fueran peces, cangrejos o langostas.”

Romper el ‘statu quo’

Los frentes son múltiples y, sobre todo, se acaba el tiempo. Para alguien que ha observado con sus propios ojos la agonía de las criaturas marinas envenenadas por los plásticos, o que ha testimoniado lo que puede suponer la rápida extinción de los grandes corales o los devastadores efectos que la pérdida de oxígeno y acidificación del mar, a un ritmo 10 veces mayor que el de la peor extinción registrada hasta ahora, no debería quedar margen alguno para la inacción.

“Dado que el conocimiento humano disminuye con la distancia a la costa, existe la tentación de creer que estas aguas profundas y oscuras no tienen vida y que podemos hacer lo que queramos con pocas perspectivas de daño. En los últimos 30 años he oído a los gobiernos y a las empresas vender esa tontería una y otra vez. Nada más lejos de la realidad, y cuanto más descubrimos sobre el océano, más comprendemos la importancia de la vida que contiene para el mantenimiento de nuestro ecosistema planetario, del que dependemos para sobrevivir», escribe Rogers.

“Llevo treinta años oyendo a los gobiernos y empresas vender la tontería de que podemos hacer lo que queramos con los océanos”

“Es de vital importancia que invirtamos en la ciencia que nos permitirá tomar decisiones racionales y basadas en el conocimiento sobre lo que permitimos, como sociedad, que ocurra en el océano. La alternativa es el statu quo actual, en el que los servicios del océano, de los que todos nos beneficiamos ahora y en el futuro, se destruyen deliberada o accidentalmente para el enriquecimiento de unos pocos», concluye el autor.



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