Barry Lopez y su postrera elegía por una naturaleza en crisis

Barry Lopez y su postrera elegía por una naturaleza en crisis

Barry Lopez y su postrera elegía por una naturaleza en crisis

“Horizonte”, la obra póstuma del estadounidense Barry Lopez, es el colofón a una carrera que le llevó a ser etiquetado como el mejor escritor de naturaleza de nuestros días. Viaja de un punto a otro del planeta para mostrarnos una naturaleza en decadencia. Su prosa, que aúna reportaje, contemplación y lirismo plantea una intensa reflexión moral sobre nuestro lugar en el mundo


Horizonte

Horizonte

Autor/es: Barry Lopez

Editorial: Capitán Swing

Ciudad/Año de publicación: Madrid, 2021

Páginas: 614

Precio: 25 €


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Barry Lopez (Nueva York, 1945-Oregón, 2020) es catalogado por muchos como el mejor escritor de naturaleza de nuestro tiempo. Ese tipo de etiquetas, de las que se imprimen en las solapas promocionales de los libros… podría ser cierta en este caso. Su obra Sueños árticos, galardonada con el National Book Award en 1986, ha deleitado a millones de lectores en todo el mundo y ha merecido reediciones continuas, como la que en 2017 publicó Capitán Swing.

Sin duda, ese texto ya clásico, que retrata la inmensidad de las tierras boreales y los intensos cambios que el calentamiento global y la explotación industrial empezaron a causar en el más remoto de los lugares a finales del siglo XX, merece permanecer en los anaqueles de cualquier amante de la naturaleza o, sencillamente, de la lectura.

Porque Lopez mostraba en ese título un estilo único para alumbrar lo que podría considerarse un género nuevo. A medio camino entre el relato de viajes, la divulgación científica, el diario íntimo y la reflexión personal teñida de lirismo y éxtasis contemplativo.

Lopez se recreaba en Sueños árticos en un estilo minucioso en los detalles, hasta el extremo de dedicar párrafos enteros al brillo de una gota de agua sobre el musgo de la tundra, demorarse en antológicas páginas sobre la tenacidad y el pelaje de los bueyes almizcleros o analizar las variaciones de luz sobre un paisaje completamente blanco y uniforme. Hay algo físico y extático en su prosa: te congela junto a él en la contemplación de lo que describe. Te aterra con el mundo gélido que recrea y al que te ves transportado desde la comodidad de tu sillón de lectura. Pero transmite; y mucho.

Iceberg en la Antártida. | FOTO: María Campos
Iceberg en la Antártida. | FOTO: María Campos

En ocasiones, es cierto, Lopez cae en un preciosismo en las descripciones que puede resultar de una morosidad fatigosa para un lector acelerado. Pero hay que entender que este viajero solitario no escribe para lectores apresurados. Lopez nos lleva a su mundo, y este está hecho de largos días y semanas a la intemperie, de soledades, de mirar un paisaje vacío de personas. Solo por eso su obra pasará a la posteridad, pues ha sabido hacer en ellas una égloga al silencio en un planeta plagado de ruido y multitudes.

“Su obra pasará a la posteridad, pues ha sabido hacer una égloga al silencio en un mundo plagado de ruido y multitudes”

Esta cualidad de Lopez para arrastrarnos a su forma de ver y estar en los sitios tiene algo de hipnótico. Uno se deja llevar y descubre de repente que está viajando con él a lugares insospechados, pero, sobre todo, que se ha dejado conducir a un nuevo modo de conciencia.

Un grupo de bueyes almizclero (‘Ovibos moschatus’) en el Ártico.

El legado de un creador singular

Ha habido otros autores, como Philip Hoare en Leviatán o la ballena, que han encontrado esa forma de llevarnos de la mano por un texto lleno de referencias históricas, literarias y científicas; por lugares, personas, contemplaciones y obsesiones personales iluminadas de naturaleza. La crónica viajera no urbana, el género que muchos estábamos esperando.

“El título póstumo del gran autor estadounidense nos hace conocerle mejor como individuo y comprender el impulso ético de toda su creación”

John Valliant, en El tigre, engrandecía el formato más reporteril de Lopez para hacer lo mismo: provocar una inmersión mesmérica en un paisaje que no transitamos. En cierto sentido, algunos grandes autores actuales son deudores de un género nuevo alumbrado por Lopez. Una salida del armario hacia la naturaleza, hacia el yo y hacia el paisaje. Un punto intermedio entre el mundo y quien lo observa.

Todos aquellos que hayan disfrutado de Sueños árticos y también quienes aún no han visitado el singular mundo de este autor encontrarán en Horizonte (Capitan Swing, 2021) una dosis final que no les dejará indiferentes ni para bien ni para mal. Porque para algunos, el universo de Barry Lopez resultará ajeno, lejano, etéreo. Para otros, supondrá una inmersión en una mente singular y en una realidad planetaria en la que todos vivimos sin querer apreciarlo: la conciencia de que estamos ya en un mundo disminuido, demediado, deteriorado.

Barry Lopez
Barry Lopex escribiendo en su cabaña de Oregon. | Capitán Swing

Si algo tiene de singular la obra de Barry Lopez, es que es el primer gran autor de literatura de naturaleza que ha gestado toda su obra en un mundo en crisis. A diferencia de otros cronistas y viajeros del pasado, que todavía pudieron ver algunos paisajes casi sin influencia humana, Lopez, que empezó a escribir en los años 70-80, se ha enfrentado a una naturaleza  acosada y nos ha perturbado con el retrato de esas tribulaciones.

En Horizonte, su trabajo más extenso y personal, Lopez recorre los dos polos y nos lleva también a Galápagos, los yacimientos de fósiles de Kenia, Australia y la costa de Oregón, su lugar de residencia durante años. Visita estos lugares reuniéndose con biólogos, arqueólogos y paleontólogos que trabajan sobre el terreno, ofreciéndonos una apabullante lección de historia y ecología.

Un testamento vital

La mezcla de reflexión íntima y retrato de personajes y lugares es una de sus grandes habilidades. Domina las técnicas del buen reporterismo: ir a sitios, ver lugares y conocer a gente, pero las ejerce de forma más pausada de lo habitual. Es divertido ver cómo desvela alguno de sus trucos: quedarse siempre cinco minutos más que los demás, porque es en ese rato extra, en los viajes en grupo, donde el personaje se suelta por fin o el lugar desvela su secreto.

De hecho, Horizonte, como testamento vital que es, es un libro plagado de revelaciones íntimas. Lopez nos cuenta sus recuerdos de infancia, un niño nacido en Nueva York y deseoso de conocer mundo; los motivos que le llevaron a hacerse fotógrafo y escritor, su alegría al conseguir pronto labrarse una carrera de autor para diversas publicaciones. También su compleja historia familiar, con un padrastro empresario con antepasados en Cuba, del cual heredó su apellido español.

“Lopez nos enfrenta a una realidad planetaria en la que todos vivimos sin apreciarlo: la conciencia de que estamos ya en un mundo disminuido”

Descubrimos también su interés por las artes plásticas y su fascinación por los pintores impresionistas, lo cual permite entender la precisión que aplica a la descripción de los paisajes en su obra: Lopez intenta capturar con palabras las más ligeras variaciones de luz, algo mucho más difícil de lograr con la pluma que con el pincel.

En conjunto, Horizonte es un texto filosófico y moral, que apela a tomar conciencia sobre la destrucción de la belleza natural. Y es también un libro profundamente humanitario, que denuncia la explotación colonial durante siglos y los abusos actuales contra los derechos humanos y que lamenta el desprecio que las sociedades modernas hacen de los pueblos indígenas y el saber de los ancianos.

La soberbia de la técnica y la compulsión por el dominio han hecho olvidar al ser humano la sabiduría de la tribu… y destruir su casa al mismo tiempo.

“Cada vez hay menos tiempo, y la necesidad de escuchar con atención historias fundacionales que no sean las nuestras se hace imperativa. Cuando me he encontrado con otras culturas humanas, sobre todo si eran radicalmente distintas a la mía, cada una me ha parecido siempre profunda y difícil de comprender, no “exótica” ni “primitiva”. Todavía hoy, muchas culturas se distinguen por unas sabidurías que no están asociadas a las tecnologías modernas, sino basadas en un agudo conocimiento de las debilidades humanas, de las trampas que la gente se tiende a sí misma cuando entra en el antiguo laberinto de la soberbia o persigue ciegamente saciar sus apetitos”.

(Barry Lopez, Horizonte)


Pedro Cáceres
Madrid | 18 junio, 2021

Tiempo de lectura: 5 min



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