Curso de iniciación para peritos en nubes

Curso de iniciación para peritos en nubes

Un libro de Tristan Gooley nos enseña a descifrar nuestro entorno para poder hacer previsiones meteorológicas mediante señales que son fáciles de reconocer. Sus páginas tratan de recuperar el arte perdido de interpretar la naturaleza y predecir el tiempo. A partir de ahora, cuando el dios de la lluvia se eche a llorar, sabrás por qué lo hace


Estaba cantado que, tras facturar best-sellers de monstruosa altura como Cómo leer el agua, Guía para caminantes o El instinto natural, Tristan Gooley iba a sorprendernos con un libro escrito para permanecer sobre la mesilla de noche durante años y es uno de esos ejemplares de los que cuesta tanto separarse como de los mejores amigos.

De esos amigos que uno lee y relee, sobre todo relee siempre en busca de una nueva lección de vida. Eso es El mundo secreto del clima, de Tristan Gooley, publicado en España, al igual que los tres anteriores, por la editorial Ático de los libros. Un curiosísimo ensayo que, a medio camino entre lo que es una guía al uso y una galería de curiosidades, ya nos deja claro desde el subtítulo que lo suyo va más allá del típico compendio repleto de confusa nomenclatura y teoría para culturetas: Descubre las claves para leer las nubes, la brisa, las colinas, las calles, las plantas, los animales y el rocío.

El naturalista Tristan Gooley.

 

En el reino de los microclimas

El mismo Tristan Gooley nos lo aclara en el arranque de su brillante libro, justo al llegar a la página 10, no vaya a ser que alguien empiece a leerlo del modo equivocado: “Este es un libro poco ortodoxo sobre el clima. Mi investigación se aleja de las pantallas llenas de gráficos para centrarse, en su lugar, en las pistas que encontramos al rodear un árbol o caminar por la calle, y lo que estas nos revelan del tiempo de ayer, de hoy y de mañana. Este camino nos llevará a sumergirnos en un reino poco explorado, pero maravilloso: el reino de los microclimas. Es momento de regocijarnos con pequeñas observaciones locales y celebrar las señales meteorológicas que pocos son capaces de ver. Están ahí fuera, en el cielo y repartidas por nuestros paisajes, esperándonos. Muchas están al alcance de la mano. Espero que disfrutéis del viaje”.

“Es un libro a medio camino entre lo que es una guía al uso y una galería de curiosidades”

Bienvenidos sean, pues, estos ejemplares (nunca mejor escrito) que resultan ser a la vez inseparables amigos e invitaciones a felices viajes sin retorno. Sobre todo porque, gracias a su grata lectura, puede uno llegar a sentirse el único protagonista de una novela inédita de don Miguel Delibes. No nos hará falta encasquetarnos para ello una boina a modo de tornillo, ni fumar picadura más o menos selecta, ni correr el cárabo o avisar al Mago del Almendral, si lo que pretendemos es tan solo elevar cada mañana la mirada al cielo y lanzar pronósticos acertados sobre el tiempo que hará en las próximas horas.

El Sherlock Holmes de la naturaleza

Será porque su autor fue cocinero antes que fraile, pero el caso es que El mundo secreto del clima serviría de ejemplo para aprender a diferenciar entre lo que es un libro teórico y otro práctico. Tristan Gooley es navegante, aventurero y naturalista. A él debemos un necesario renacimiento en el arte de orientarse y moverse en la naturaleza. Y de tan peculiar manera, o sea, aprendiendo a leer lo que nos dicen las nubes, ha liderado expediciones a los cinco continentes, ha escalado cumbres en tres de ellos (por ejemplo, el Kilimanjaro), ha saltado en paracaídas desde un edificio en Australia y ha estudiado los métodos con los que se orientan en tierra y mar las tribus de las regiones remotas.

“Tristan Gooley es navegante, aventurero y naturalista. A él debemos un necesario renacimiento en el arte de orientarse y moverse en la naturaleza”

¿Alguien da más? Pues sí. El mismo Tristan Gooley, quien más de una vez se ha autodefinido como el Sherlock Holmes de la naturaleza. Ítem más. Tristan es la única persona viva que ha cruzado en solitario el Atlántico en barco y en avión. Escribe para el Sunday Times, el New York Times, The Wall Street Journal y ha colaborado con la BBC. Es a su vez miembro del Royal Institute of Navigation y de la Royal Geographical Society.

A pecho descubierto

Pero centrémonos mejor en el contenido de su último libro, que es lo que nos interesa. Será porque detrás de cada párrafo de El mundo secreto del clima se oculta siempre una lección de lo más interesante. Como que los arcoíris son un poco más pequeños en la costa, debido al exceso de sal que lleva la lluvia. O que los pechos de las mujeres son mucho más sensibles al frío que el pecho de los hombres, motivo por el cual una ráfaga de aire frío puede detener el flujo de leche de una madre lactante.

Aprenderemos que un halo alrededor de la luna nos dice que hay una delgada nube de hielo, muy probablemente un cirrostrato, y esto puede formar parte de un pronóstico. Y que cuando un relámpago cae sobre la tierra, hace un viaje de ida y vuelta desde la nube hasta el suelo, y los principales que vemos y oímos se llaman “descargas de retorno”. Por su parte, las culebrinas, esos pequeños rayos que van de nube a nube, a modo de zarcillos, pueden alcanzar en realidad hasta 100 kilómetros de longitud.

El naturalista Tristan Gooley.
El naturalista Tristan Gooley.

El ulular del  búho

Sabremos que los pájaros toman el sol para calentarse, y si parten de un lugar soleado es posible que se dirijan a otro lugar soleado. Aunque a veces se acaloran demasiado y se trasladan a la sombra. Y muchas de ellas vuelan más cerca del suelo cuando se desplazan contra vientos fuertes, aprovechando que a esa altura la velocidad del viento es menor. En el siglo XVII, Francis Bacon escribió: “Los antiguos creían que el canto de un búho indicaba un cambio de tiempo, de bueno a húmedo, o de húmedo a bueno. Pero, entre nosotros, cuando un búho grita con claridad y libertad, suele indicar buen tiempo, sobre todo en invierno”. Tristan Gooley da la razón a Francis Bacon.

Empezaremos a conocer algunos secretos de las nubes. Conoceremos los cirros coma, las colas de caballo, las cuerdas de la corriente en chorro, las estelas de condensación, los agujeros fallstreak, las nubes rotor y las nubes en banderola. Nos quedará bastante claro, aprendiendo a leer de esta manera, que “si las líneas se cruzan en el cielo, cruza la calle y ponte a cubierto”.

No tendremos, en fin, nada que envidiar a Mariano Medina o Roberto Brasero una vez que hayamos descubierto las sencillas reglas que explican las pistas que nos da el tiempo, ya sea en una ciudad, en la playa o en el campo.

Sabremos, para terminar, que El mundo secreto del clima era un libro necesario. De los que se quedan, repito, a vivir en nuestra mesilla de noche con lo hace un buen amigo. Es decir, uno de esos amigos que convierten la amistad en continuo aprendizaje. ¡Que os cunda su lectura!



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