Los ‘hidropoemas’ de Tonino Guerra, el guionista de Fellini

Los ‘hidropoemas’ de Tonino Guerra, el guionista de Fellini

Los ‘hidropoemas’ de Tonino Guerra, el guionista de Fellini

El italiano Tonino Guerra ha pasado a la historia del cine por su aportación como guionista del gran Federico Fellini, uno de los grandes de la gran pantalla con los que colaboró a lo largo de su carrera. Una editorial española publica ahora sus poemas ligados al campo, al territorio y al agua


David Benedicte
Madrid | 22 abril, 2022

Tiempo de lectura: 5 min



Acaba de aterrizar en las librerías españolas El árbol de agua, de Tonino Guerra, recopilatorio ilustrado que recoge los tres libros más importantes de aquel singular guionista/poeta que en su día fue apodado por la escritora Elsa Morante “el Homero de la civilización campesina”.

El volumen, publicado por Pepitas de calabaza, (“una editorial de provincias”, como se autodefinen estos hacedores de libros desde su Logroño natal) y acompañado de linograbados de Carlos Baonza, recoge tres de los libros más importantes del genio romañolo: La miel, El viaje y El libro de las iglesias abandonadas, poemarios que a su vez son traducidos (e introducidos) por el poeta valenciano Juan Vicente Piqueras. ¿Puede alguien dar más?

El guionista de cine y poeta italiano Tonino Guerra.
El guionista de cine y poeta italiano Tonino Guerra.

Poesía y salvación

Pues no. Imposible. Para ello sería necesario toparse de cara con otro alarde editorial para el que hoy no hay equivalencias. Y el caso es que, quien seguramente sea el guionista más reconocido de la historia del cine no hizo honor a su apellido. Nunca. Aunque no le faltaban motivos para dedicarse de por vida al conflicto bélico más allá de lo moral o cultural.

Sobrevivir al campo de concentración alemán de Troisdorf, donde pasó tres años deportado, es un motivo tan válido como cualquier otro para resentirse con la humanidad. Sin embargo, Antonio (Tonino) Guerra optó por abrazar con todas sus fuerzas el antónimo de su apellido y fue precisamente allí donde empezó a escribir sus primeros poemas.

“Lo hice para acompañar a mis compañeros de prisión”, confesó años más tarde. “Ellos eran romañolos como yo. El dialecto es la lengua de mi madre. La poesía nos salvó de aquella soledad”.

«Tonino Guerra sobrevivió al campo de concentración alemán de Troisdorf, donde pasó tres años deportado»

Tras recuperarse de un cáncer a mediados de los ochenta, Tonino Guerra abandonaba Roma y se retiraba a las montañas de Valmarecchia, el valle de su niñez, para empezar “una nueva vida”, lejos de las “uñas” de la gran ciudad. Guerra encontraba allí la paz del anonimato y recuperaba el pálpito poético mientras el mundo del cine no dejaba de rendirle discretos homenajes, como el de Pedro Almodóvar en Los abrazos rotos, película rodada en 2009.

Atrás quedaban cuatro David de Donatello, los Goya del cine italiano; diversos galardones en los festivales de Cannes, Venecia o Moscú o las tres nominaciones al Oscar por los guiones de Blow up, Amarcord y Casanova 70. Su nombre y su marcial apellido han quedado grabados a fuego en los títulos de crédito de más de 80 filmes en los que colaboró con directores como Fellini, Tarkovski, Antonioni o Vittorio de Sica.

Entre sus guiones más conocidos, además de los ya escritos, se encuentran algunas obras clásicas como Y la nave va, Ginger y Fred, Cristo se detuvo en Éboli o La noche de San Lorenzo. Lo dicho. ¿Alguien da más?

Ilustración de Carlos Baonza para el libro de Tonino Guerra
Ilustración de Carlos Baonza para el libro ‘El árbol del agua’ de de Tonino Guerra.

La memoria de los demás

Pues no. Imposible. A no ser que uno se llame Tonino, se apellide Guerra y decida seguir dando ídem al folio en blanco hasta el final de sus días mientras hace uso (y abuso) de agudas reflexiones sobre la vida y la muerte. Porque Tonino Guerra siguió escribiendo hasta que llegó su hora, el 21 de marzo de 2012, pocos días después de cumplir 92 años.

La casualidad quiso que falleciera en el Día Mundial de la Poesía convocado por la Unesco, un azaroso acto de justicia poética para quien nunca dejó de ser aquel poeta a quien, en ocasiones, le tocó oficiar de guionista. O dicho con sus palabras: “La única manera de vencer a la muerte es permanecer durante mucho tiempo en la memoria de los demás. Yo creo que todo lo que he escrito y he hecho en esta vida no tenía otro objetivo”.

El árbol de agua. Así llamaba al río Marecchia, máximo responsable de que la Valmarecchia que el poeta inmortalizó en su obra fuese una especie de paraíso en la tierra y de que el líquido elemento desbordase, metafóricamente, casi la totalidad de sus poemas, a los que bien podríamos denominar ‘hidropoemas’. Ahí van dos ejemplos:


CANTO VIGÉSIMO

Al principio las gotas hacían temblar las ramas
y nosotros, detrás de la ventana, esperábamos
a que el agua lavara las hojas más ocultas.
Luego estalló la tormenta y llovió a mares,
habíamos puesto un vaso en el alféizar
para medir el agua de la lluvia.

A las cuatro salió el sol
y en la ventana brillaba el vaso
lleno hasta rebosar.

Mi hermano y yo nos lo bebimos a medias
y luego nos pusimos a comparar el agua
del pozo con la del cielo, que es más blanda
pero tiene el olor de los relámpagos.

 

Ilustración de Carlos Baonza para el libro de poemas de Tonino Guerra editado por la editorial Pepitas de Calabaza.

EL CEMENTERIO DE LAS CRUCES OXIDADAS

Maioletto era un pueblo que desapareció de la faz de la tierra una noche que llovía a mares y la montaña se resquebrajó. Una parte aún está en pie; la otra, sin embargo, donde estaban las casas, los hombres y los animales se hundió en el precipicio.

Bajo el enorme barranco que ha quedado hay un cementerio con cruces desperdigadas entre la hierba o apoyadas en las paredes.

Una pareja de jóvenes que iban paseando y miraban los árboles en flor entraron en aquel silencio para intentar leer lo escrito sobre los hierros y las losas. Pero el tiempo había devorado hasta las fechas. Allí solo había cruces oxidadas, abandonadas incluso por los huesos y por los nombres.

Con un clavo comenzaron a escribir sobre la herrumbre, como si hubiera muertos allí dentro.


 

Portada dl libro H’idropoemas’ Portada del libro de hidropoemas titulado 'El árbol del agua' s’ firmado por el guionista italiano Tonino Guerra y publicado en español por la editorial Pepitas de Calabazapor el guionista italiano Tonino Guerra y publicado en español por la editorial Pepitas de Calabaza
Portada del libro de hidropoemas titulado ‘El árbol del agua’ s’ firmado por el guionista italiano Tonino Guerra y publicado en español por la editorial Pepitas de Calabaza

“Tonino es el Homero de la civilización campesina”, repetía una y otra vez Elsa Morante a quien quisiera escucharla, como ya se ha dicho. Y, seguramente, la novelista romana llevaba toda la razón del mundo. Tonino Guerra fue a la vez Homero y Ulises, como acertadamente destaca Juan Vicente Piqueras en el prólogo de El árbol de agua.

Quizá porque su Ítaca particular siempre estuvo situada en ese territorio sioux que es la infancia. O porque le tocó conocer los sinsabores de una verdadera guerra.

O quizá porque su madre, lo que son las cosas, también se llamaba Penélope.

El caso es que su particular Odisea poética llega ahora a nosotros en forma de versos.

Y poder leerlos es un lujo al alcance de todos.

Cuando se cumplen diez años de su muerte.

No lo dejemos pasar.



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