Sonora, donde el el desierto encuentra al mar y a la ballena gris

Sonora, donde el desierto encuentra al mar y a la ballena gris

Sonora, donde el desierto encuentra al mar y a la ballena gris

Los municipios de Guaymas y San Carlos en el estado mexicano de Sonora son dos destinos turísticos y centros pesqueros de primera importancia. En sus costas, consideradas entre las más bellas del mundo por National Geographic, confluyen el desierto y el océano Pacífico, en cuyas aguas es fácil avistar las ballenas grises


Emiliano Rodríguez | Especial para El Ágora
México | 30 abril, 2020

Tiempo de lectura: 7 min



México tiene playas hermosas, algunas de ellas muy conocidas internacionalmente, que se han convertido en focos turísticos de gran importancia económica. Cancún, Acapulco, Iztapa-Zihuatanejo, Puerto Vallarta y Nuevo Vallarta, Huatulco, Puerto Escondido, Mazatlán, Los Cabos y Cabo San Lucas. Muchas otras menos conocidas y a donde llega un turismo más modesto o más selecto.

Vista de la ciudad de Hermosillo, con la Catedral y el Palacio Municipal. | Foto: Emiliano Rodríguez

En mis viajes de trabajo aprovechaba escapar para conocer lugares en los que valiera la pena tomar fotografías, para compartirlas con amigos y colegas. La fotografía, en lo personal, es un hobby; más que una ocupación artística en el estricto sentido es el medio de compartir lo que veo y me impacta. Por eso hago muchos panoramas, porque nuestra vista no se limita al marco del encuadre fotográfico, sino abarca mucho más. Y quiero mostrar lo que veo. Así encontré en el estado de Sonor, las playas, el mar y los atardeceres del Pacífico, en la zona de Guaymas y San Carlos, a donde me llevaron excelentes amigos.

La marina turística de Guaymas, con el Cerro del Tetakawi al fondo. | Foto: Emiliano Rodríguez

Sonora es lugar de climas extremos. Con lugares donde el desierto se encuentra con el mar. En verano tiene áreas con temperaturas que sobrepasan en ocasiones los 50 grados a la sombra. En el otoño y el invierno las temperaturas son muy benignas y los vecinos del norte, Canadá y Estados Unidos, bajan a pasar esa época en sus playas.

Un mar azul acero, costa de rocas espectaculares, cactáceas que llegan hasta el mar, gran cantidad de aves, leones marinos en sus islas, forman un espectáculo incansable de belleza impactante.

Olas azul acero en el ocaso de Guaymas. | Foto: Emiliano Rodríguez

Heroica Guaymas de Zaragoza, conocida como La Perla del Mar de Cortés, es una ciudad y un puerto del estado mexicano de Sonora que se ubica 135 kilómetros al sur de la capital estatal, Hermosillo, y a 129 kilómetros de Ciudad Obregón, extremo sur del estado. Es la cabecera municipal del municipio de Guaymas y cuenta con una población de 113.082 habitantes, lo que la convierte en la sexta ciudad más poblada de Sonora y en conjunto con Empalme constituye la única Área Metropolitana de Sonora.

Toma su nombre de la tribu Guaimas, nombrados por diversos historiadores también como Guaymas,​ Uayemas,​ Gueimas, Baymas​ o Guaymi. Fue un pueblo perteneciente a la etnia seri, que habitó junto con los Upanguaymas, en dicho territorio.

Un puerto pesquero destacado

Guaymas es uno de los Puertos de México denominado “de Altura” en la costa del Pacífico mexicano. Es una de las principales ciudades productoras de camarón en el norte de México y anteriormente también fue destacada por su captura de ostras.

Vuelo de aves en formación al amanecer. | Foto: Emiliano Rodríguez

Desde sus inicios, Guaymas se destacó por tener una economía fundamentada principalmente en la pesca y otras actividades relacionadas con el mar. Sin embargo, con la paulatina escasez de recursos pesqueros que se ha dado en la región en las últimas décadas y con el incremento de la contaminación marina en el Mar de Cortés o Golfo de California, el sustento de su economía ha tenido que buscar otras vertientes, hasta el punto de que actualmente gran parte de la actividad laboral guaymense se basa en la industria maquiladora y el turismo.

La presencia indígena en el municipio es de gran importancia, dado que cuenta con 11.394 habitantes que hablan alguna lengua indígena, los cuales representan el 8% del total de la población del municipio. La lengua indígena más común es el yaqui, ya que el 94.6% de la población que habla una lengua indígena emplea ese idioma.

Un león marino saltando en el agua. | Foto: Emiliano Rodríguez

La pesca guaymense ocupa a 11.800 personas en la captura y otras 325 se dedican a la acuicultura. Aporta el 70% de la producción pesquera total estatal, siendo las principales especies capturadas, la sardina, el camarón y el calamar.

Se tiene 175 kilómetros de litoral donde se forman bahías importantes como la de Guaymas, Lobos, San Carlos  y la Herradura. El municipio cuenta con más del 83% de los muelles que operan en el Estado.

San Carlos es una comisaría, es decir, una pedanía del municipio mexicano de Guaymas, ubicada 15 kilómetros al norte de la ciudad.

Está ubicada en la costa del Mar de Cortés. Rodeado de montañas y playas, un territorio que ofrece paisajes únicos. Tiene alrededor de 2.264 habitantes, y entre ellos hay muchos extranjeros, la mayoría estadounidenses y canadienses que viven durante el invierno por su clima favorable. Se pueden practicar diversas actividades como la pesca, el buceo y excursionismo.

San Carlos está a 120 kilómetros de Hermosillo y a 350 kilómetros (cuatro horas aproximadamente) en automóvil de la frontera de los Estados Unidos por la Carretera Federal 15. En tiempos vacacionales San Carlos es un punto de reunión principalmente de jóvenes.

Cae la tarde en el norte de la Bahía de Guaymas. | Foto: Emiliano Rodríguez

El cerro Tetakawi es un emblema de alto valor paisajístico para San Carlos, ahí sobrevivieron los indígenas yaquis y seris; además de que su mística silueta fortaleció el espíritu guerrero y el alma del indio nómada. Según la creencia popular, el Tetakawi lleva ese nombre por su inusual silueta, que dibujan las tetas de una cabra. Sin embargo, para la tribu yaqui este cerro es el Tákale, que significa “cerro partido”, por la forma de su punta, abierta, como la lengua de una enorme serpiente. La leyenda dice que el nombre de tetas de cabra se lo dio un empresario guaymense y que en ese caso, la palabra en lengua yaqui sería Teta Cagui, sin k ni w, que significa “cerro de piedra”.

En el año 2011 estuvo clasificada dentro de las mejores 10 vistas oceánicas del mundo por National Geographic.

En épocas pasadas, San Carlos fue testigo del peregrinar de las tribus indígenas que poblaron el territorio sonorense antes de la conquista de México por los españoles. Los yaquis, los guaimas y los seris sobrevivieron en este hábitat natural donde las aguas del Golfo de California les proporcionaron alimento en aquel tiempo, y el cerro Tetakawi era considerado su lugar de refugio.

Desierto, mar y rocas confluyen en la costa de Sonora. | Foto: Emiliano Rodríguez

San Carlos recibe este nombre gracias a una de las embarcaciones que encontró resguardo en esta área en los tiempos de la conquista.

El lugar fue denominado durante mucho tiempo el Baviso de Navarro ya que el dueño fue Don Cayetano Navarro, héroe de la batalla de Guaymas.

Años más tarde San Carlos se empezó a convertir paulatinamente en el lugar favorito de los propietarios de embarcaciones deportivas y practicantes de actividades acuáticas.

La zona de aves marinas en la isla de San Pedro Nolasco, en Sonora. | Foto: Emiliano Rodríguez

En los meses de noviembre a marzo, un espectáculo internacional es el arribo de la ballena gris, las cuales se acercan tanto a la costa y las embarcaciones que casi pueden tocarse; la presencia de estos mamíferos despierta mucho interés en todo el mundo, ya que se trata de un evento natural de gran trascendencia para el estudio de ciertas conductas biológicas, de las que depende la conservación de variadas especies.

Un evento natural y sorprendente. A diferencia de lo que ocurre en otros lugares, en San Carlos no es frecuente el paseo para curiosos que quieren acercarse a los cetáceos. Un día por la mañana, con un cielo despejado y el mar tranquilo, salimos en una pequeña embarcación de tipo deportivo, para tomar fotos de la costa y llegarnos a la isla de San Pedro Nolasco, a unos 25 kilómetros de la costa, para visitar a los leones marinos que tienen su hábitat en esa costa.

Navegando para ver las formaciones rocosas de la costa, de pronto algo cambió. ¿el silencio, las gaviotas que se fueron? El chico que manejaba la lancha, silenció el motor y ante el mar tranquilo, nos dijo: “Hay una ballena cerca de nosotros”. 

Una ballena gris muestra su lomo junto a la embarcación. | Foto: Emiliano Rodríguez

No estábamos lejos de la costa. En medio del mar tranquilo, empezamos a notar turbulencias y a poco, el lomo gris se hizo presente. Nadó en torno nuestro. A veces solo el hocico asomado para echar agua y el vapor de su respirar. Estábamos expectantes, desaparecía y no sabíamos donde aparecería. Solo asomaba el arco de su lomo y en uno de esas apariciones, se levantó justo junto a la lancha que casi pudimos agarrarla. ¡Si hubiéramos tenido la presencia de ánimo!

No es miedo, ya que sabemos que es un animal que no ataca al ser humano, pero es una sensación difícil de describir. Nunca la vimos completa, pero el tamaño percibido en sus apariciones a ras del agua, nos parecía enorme. ¿O era nuestra emoción?

Poco propicia a poder tomarle fotos, se dispara la cámara una y otra vez con la esperanza de que nos crean que sí la vimos. Fue desde luego una emoción increíble, pero las fotos poco pueden decir.



Se adhiere a los criterios de transparencia de

Archivado en:
Otras noticias destacadas