Terranautas, ¿experimento o espectáculo?

Terranautas, ¿experimento o espectáculo?

Terranautas, ¿experimento o espectáculo?

Un documental y una novela evocan a los participantes en el proyecto científico Biosfera 2 casi tres décadas después de su aventura, marcada por éxitos y fracasos. Un grupo de ocho científicos se confinó en un futurista complejo en Arizona. Pretendían estudiar durante dos años si era posibles recrear una cápsula autosuficiente en el espacio capaz de generar alimentos, crear su propia atmósfera y hacer recircular el agua


Pura C. Roy | Especial para El Ágora
Madrid | 16 octubre, 2020

Tiempo de lectura: 10 min



“Lo que íbamos a proyectar era rigurosa ciencia, se hizo énfasis en la variedad de estudios ambientales y atmosféricos que `podríamos emprender –ciencia viva- y al mismos tiempo que reafirmamos el principio rector del encierro total e ininterrumpible. El gancho ¡cuatro mujeres, cuatro hombres encerrados juntos! Y no, no era ningún ardid. Ni era teatro”.

Ramsay Roothoorp. Los Terranautas

La novela

En 1994, cuatro mujeres y cuatro hombres se prestan voluntarios para el experimento de confinamiento de dos años bajo una cúpula de cristal bautizada como Ecosphere 2 que pretende simular las condiciones de una colonia extraterrestre y comprobar su posible autosuficiencia. La duda comienza cuando se cuestiona si es un experimento científico o simplemente un Gran Hermano con el gancho publicitario del experimento ecológico más ambicioso del mundo.

Sobrecubierta

Esta es la base del libro Terranautas de T.C Boyle publicado por Impedimenta, una novelización del ambicioso experimento que quería ayudar a colonizar otros mundos y que acabó en sonado y carísimo fracaso.

Los hechos reales están ahí, pero el escritor estadounidense no quiere hacer una crónica de lo sucedido. Sus personajes, dentro de este experimento, sirven para mostrar la banalidad, el narcisismo de los humanos más que otros valores. Es una reflexión contemporánea sobre el consumismo y el capitalismo y sus falsas utopías, además de la desconexión del hombre con la naturaleza.

En este confinamiento voluntario unos elegidos, científicos, van testando sus capacidad de aislamiento y su autosuficiencia. El escritor da alternativamente voz a tres de sus protagonistas. Estos cuentan cómo viven su sueño, pero también sus ambiciones y sus debilidades. Este enorme show científico y ecológico muestra sus dudas sobre el hecho de que estemos preparados para dominar las estrellas. Nuestra naturaleza es el problema. La otra sigue sus ritmos si se dan las condiciones.

“El libro es una reflexión contemporánea sobre el consumismo y el capitalismo y sus falsas utopías”

Deseos primarios, estrés, hambre, falta de oxígeno, fallos tecnológicos y la propia naturaleza humana son los ingredientes de esta novela donde los protagonistas de Boyle con sus nimiedades y egos pueden dar al traste con un proyecto súper financiado inmerso en la sociedad del espectáculo. Es América.

La realidad dentro del sueño

Ecosphere 2 es ficción, pero el ambicioso experimento llamado Biosphere 2, en el desierto de Arizona fue real. Su objetivo era comprobar que se podría vivir fuera de la biosfera 1, es decir La Tierra. ¿Se puede sobrevivir sin contacto con el exterior y solamente con los ecosistemas recreados dentro de las grandes instalaciones de cristal? Dos años para comprobarlo. Biosfera 2, con un tamaño similar al de dos campos y medio de fútbol, constituyó el mayor ecosistema cerrado jamás construido. La naturaleza hermética de la estructura permitió a los científicos monitorizar la química del aire, el agua, la tierra y la vida contenida en ella. Asimismo, un equipo médico efectuó un seguimiento continuo del estado de salud de la “tripulación humana”.

 

Complejo de Biosfera 2, en Tucson, Arizona, en una imagen actual. | Foto: Kyle Bennet

Construida entre 1987 y 1990 por Space Biosphere Ventures, compañía que contó como principales delegados con John Polk Allen y Margret Augustine, se financió principalmente a través del magnate del petróleo Edward Bass. El proyecto costó 200 millones de dólares y se prolongó hasta 2007. En su interior había una selva tropical de 1.900 m², un océano de 850 m² con un arrecife de coral, un manglar de 450 m², una sabana de 1.300 m², un desierto de 1400 m² y 2.500 m² de tierras cultivables que albergaban distintos animales. Además, lógicamente, contaba con alojamientos y oficinas, y ciertas instalaciones técnicas bajo tierra. La calefacción y el agua fría circulaban por sistemas de tuberías independientes, y la energía eléctrica era proporcionada por una central de gas natural.

El documental

Cuando todo estuvo listo, en 1991 un grupo de ocho personas se aisló del mundo para demostrar que sobrevivirían sin contacto ni provisiones del exterior. Vestidos con llamativos trajes, que emulaban a sus héroes de la ciencia ficción y a la cultura pop y beat, se sentían los protagonistas de una misión espacial. El documental Spaceship Earth, que narra la peculiar historia de este grupo fue presentado en enero en el Festival de Sundance.

 

Para Matt Wolf, director del filme, es “una historia sobre la ambición humana, sus posibilidades y limitaciones”. “Creo que el experimento reveló que los humanos son el elemento más inestable de un sistema cerrado”, dice Wolf, que apenas conocía el experimento antes de empezar a investigarlo. Descubrió que muchos de los bioesferianos originales aún viven juntos en el Rancho Synergia, incluyendo a Allen, que ahora tiene 90 años. Afortunadamente, grabaron todo: Wolf tuvo acceso a más de 600 horas de película y vídeo de 16mm.

Ciencia ficción, sin ficción

Aunque la historia juzgue a Biosfera 2 como un fracaso, ¿fue realmente tan malo? ¿Es ciencia o un espectáculo con un pretexto ambiental? ¿Son una secta? Algunos medios los describen como miembros de una comuna en la que compartían sus fantasías.

Esta idea surgió dentro de un rancho llamado Synergia, donde un grupo de amigos daban rienda suelta a sus ideas y se autoabastecían. Pero según sus declaraciones no eran una comuna, sino una corporación. “Pusimos en marcha negocios alrededor del mundo para sacar dinero, éramos bastante capitalistas”, afirman en el documental.

El grupo da con Ed Bass, un millonario heredero del petróleo texano. Para explorar la relación entre el ser humano y la Tierra crean el llamado Instituto de Eco-Técnica, con el del magnate. Se habla del calentamiento global y uno de ellos plantea hacer un microplaneta, que incluya un banco con miles de especies vivas, la humana entre ellas. La primera colonia del espacio se probaría en la Tierra. Algunos lo calificaron de ciencia ficción, sin ficción.

“Muchos de los bioesferianos originales aún viven juntos en el Rancho Synergia”

John P. Allen les advierte de que probablemente el experimento no funcionará a la primera, y quizá a la séptima tampoco. Pero cada vez estarán más cerca de conseguir simular la vida en el espacio. Cuentan con asesores de la Universidad de Arizona, del Smithsonian y del Jardín Botánico de Nueva York. Hay que unir conocimiento de agricultura, de ingeniería, de ecología. Para montarlo disponen de unos 200 millones de dólares de la época. El inversor Bass, confía en licenciar sus biosferas para la conquista del espacio.

A la gente del rancho Synergia le fascina una obra de Buckminster Fuller, Spaceship Earth (La nave tierra). Fuller, un diseñador y arquitecto visionario, quiso hacer lo máximo a partir de lo mínimo. Sus cúpulas geodésicas, enormes pero livianas, son uno de sus mayores hallazgos. Los habitantes del rancho Synergia, otra palabra querida por Fuller, construirán en él una de esas estructuras. Además de inspirar las construcciones de la Biosfera 2.

Una de las cúpulas geodésicas características del arquitecto estadounidense Buckminster Fuller, en esta caso la que cubre el museo Biosphere, dedicado al medio ambiente en Montreal, Canadá. | Foto: Meunierd

Para Fuller “el universo es una sinergia de sinergias”. Según sus palabras, “no hay nada de lo que hacemos que no afecte a los demás en mayor o menor medida, y esto se aplica a toda forma de vida”. Para visualizar este pensamiento, Fuller aplica la geometría y, por ello, sus estudios se ejemplarizan en la cúpula geodésica.

“Los ocho bioesferianos tendrían que vivir dos años de lo que dieran la tierra y los animales y respirar un aire y beber un agua reciclados”

Estas ideas de sinergia y eficiencia convertirán a Fuller en un pionero de la conciencia ambiental. Sus llamadas a actuar con responsabilidad para no poner en riesgo el futuro de la nave espacial Tierra, anticiparon el moderno concepto de sostenibilidad. Es estos momentos la Fundación Telefónica le dedica una exposición, Curiosidad Radical. En la Órbita de Buckminster Fuller, con la que inicia su nueva temporada.

Proyecto mediático

Cuando los científicos entraron para encerrarse, allí estaba la televisión. Los confinados parecen astronautas, pero en lugar de viajar a las estrellas no van a moverse de las paredes de la Biosfera 2. “Lo que van a ver aquí es cómo ocho bioesferianos, así los llamaban, se van a encerrar durante dos años”, recalca una periodista.

En el día anhelado las cámaras se amontonan en torno a la estructura plantada en el rojizo terreno de Arizona. Los ocho saludan al público y a las cámaras. “¿No es como si se fueran a la Luna?”, dice una periodista. “Este es un momento increíble. El futuro está aquí”, sentencia una de las mujeres confinadas. No debían recibir aire, ni agua, ni alimentos del exterior. Lo único externo será la luz del sol, la electricidad -argumentan que en otros planetas se podría conseguir por alguna fuente de energía-, y la voz y la imagen que les llegue por teléfono y videoconferencia. Tendrán que vivir de lo que den la tierra y los animales y respirar un aire y beber un agua reciclados.

Los ocho ocupantes de Biosfera 2 posando con sus uniformes en el interior de la cápsula
Los ocho ocupantes de Biosfera 2 posando con sus uniformes en el interior de la cápsula

El mayor temor es que el dióxido de carbono los asfixie, pero había mucho trabajo que hacer. Dicen poner en marcha 64 proyectos científicos. Con el paso del tiempo el mayor temor se hace realidad: el nivel de dióxido de carbono va en aumento y notan que con las tareas se ahogan. Las plantaciones dan poco fruto. Mueren varias especies, pero las cucarachas salen a montones de las cañerías. Tienen que centrarse en algunos cultivos que aguantan mejor. Comen remolacha hasta en la sopa. Mal alimentados, semi asfixiados, empiezan las peleas y el resentimiento contra John P. Allen como gran creador de la idea. El oxígeno es tan escaso como en altitudes de 4.000 metros. La atmósfera de la Tierra tiene alrededor de 21% de oxígeno, pero dentro de la biosfera se redujo al 14,2%.

La promesa de una vida totalmente confinada se viene abajo. Resulta que el proyecto tiene una trampa: han instalado un depurador de CO2, como en los submarinos. Un aparato que no serviría para un proyecto a largo plazo fuera del planeta. ¿Cómo explicar que se ocultara a la opinión pública esa artimaña? Las críticas se suceden. También les enmienda la plana Lynn Margulis, eminencia del estuvio de la evolución, a la que los bioesferianos adoran. En cambio, Thomas Lovejoy, un gran nombre en el estudio de la biodiversidad, los apoya desde el Smithsonian.

Los detractores achacan al proyecto que no está sometido a la revisión por pares y que tampoco se ha preparado una biosfera de control, que sirva para comparar. Lo que hacen no es ciencia, es entretenimiento, les dicen. Las instalaciones no dejan de recibir turistas, que contemplan fascinados a los cuatro hombres y a las cuatro mujeres como si fueran animales exóticos.

“¿Se puede sobrevivir sin contacto con el exterior y solamente con los ecosistemas recreados dentro de las grandes instalaciones de cristal?”

A las dificultades técnicas se añaden las financieras. A principios de 1993, unos meses antes de la salida al mundo exterior de los bioesferianos, Ed Bass tiene que inyectar 50 millones de dólares porque el proyecto no deja de perder dinero. Y para refinanciarlo echa mano, entre otros, de un viejo conocido, un banquero de inversión, que ha trabajado y escalado dentro de Goldman Sachs para que consiga fondos de capital riesgo: Steve Bannon. Con él surge la pregunta y la crítica: ¿No es una ironía que un proyecto pensado para estudiar la viabilidad de la vida humana montado por unos idealistas de San Francisco cayera en manos de un negacionista del cambio climático, apóstol de la nueva ultraderecha y ex asesor de Trump?

Interior de Biosfera 2 en Tucson (EEUU). | Foto: Shutterstock

En septiembre de 1993, justo cuando se cumplían dos años, se abre la puerta de la Biosfera 2. No todos quieren salir. Algunos se han quedado prendados de esa vida ajena al mundo, pero en un lugar tan parecido al mundo. La etóloga experta en primates Jane Goodall los espera fuera y les da un discurso de bienvenida.

Los ocho participantes han perdido de media un 15% del peso que tenían al entrar. El océano se había acidificado y la composición del aire se había alterado. De las 25 especies de animales vertebrados que se habían introducido dos años antes, solo quedaban ejemplares de siete.

De aquellos ocho pioneros, siete siguen vivos. El único que ha muerto fue curiosamente el médico, que confiaba alcanzar los 120 años gracias a su dieta y el ejercicio, pero que falleció de ELA a los 79.

“Las instalaciones no dejaban de recibir turistas, que contemplaban fascinados a los cuatro hombres y a las cuatro mujeres como si fueran animales exóticos”

Como muestra el documental Spaceship Earth, “sólo el hecho de que saliera el mismo número de personas que entraron es un triunfo”, dice Mark Nelson, uno de los ocho bioesferianos originales. Lejos de ser un fracaso, considera que Biosfera 2 es un logro. “Me gusta decir que la construimos no porque tuviéramos las respuestas. La construimos para descubrir lo que no sabíamos”.

La primera misión duró desde el 26 de septiembre de 1991 hasta el 26 de septiembre de 1993. La tripulación la formaron el investigador y médico Roy Walford, Jane Poynter, Taber MacCallum, Mark Nelson, Sally Silverstone, Abigail Alling , Mark Van Thillo y Linda Leigh.

Vista aérea actual de las instalaciones de Biosfera 2. | Foto: Joseph Sohm

Vivir en las condiciones de la Biosfera 2 fue un desafío en el mejor de los casos. Si el confinamiento por el coronavirus se lleva mal, es fácil imaginar el hartazgo de pasar dos años con las mismas siete personas. Además todos  estaban en exhibición permanente. Autobuses llenos de turistas y escolares llegaban diariamente para golpear el vidrio y tomar fotos de la deteriorada tripulación.

Linda Leigh recuerda que se tiraban vasos y se peleaban, pero afortunadamente no hubo violencia. “Fue más bien un clima de frialdad”, dice Leigh. Las dificultades de Biosfera 2 no habían pasado desapercibidas, aunque Allen y el equipo habían intentado ocultarlas. Eventualmente se introdujo comida y oxígeno extra, cuestiones que fueron muy criticadas.

Tras un periodo de transición de seis meses, el 6 marzo de 1994 entraban otros cinco hombres y dos mujeres. La tripulación”la formaron Norberto Álvarez Romo John Druitt, Matt Finn, Pascal Maslin, Charlotte Godfrey, Rodrigo Romo (sin relación con Norberto) y Tilak Mahato. Esta segunda misión estaba proyectada para 10 meses, pero no se cumplieron. La compañía propietaria, Space Biospheres Ventures se disolvió el 1 de junio, dejando la gestión de la misión en manos del equipo que se encontraba en el área de control. El 6 de septiembre se daba por concluida la segunda misión, que fue también la última.

El mundo se hizo eco del polémico final de Biosfera 2. Pero lo cierto es que aquello no lo fue. De hecho, terminadas las dos misiones y apagados los focos mediáticos, la investigación continuó. Tras cambiar de manos en varias ocasiones, en 2007 la Universidad de Arizona se hizo cargo de las instalaciones, que se convirtieron en un centro de investigación abierto. Se trataba de un entorno único para estudiar cuestiones como la ecología, la conservación y el cambio climático. ¿Por qué desaprovecharlo?

Además se ha convertido en una atracción científico-turística, que visitan miles de curiosos cada año y estudiantes de colegios e institutos.



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