¿Sabías por qué el incendio de Sierra Bermeja es de Sexta Generación?

¿Sabías por qué el incendio de Sierra Bermeja es de Sexta Generación?

A pesar de que no ha ardido ni la mitad de las hectáreas que en el de Navalacruz, el incendio de Sierra Bermeja ha sido el primer siniestro clasificado como de Sexta Generación en España, un nuevo tipo de incendio que destaca por su voracidad e intensidad, capaces de retroalimentar al incendio por sí solos


El humo, las cenizas y la congoja fueron los elementos que presidieron la atmósfera abulense durante el mes pasado. Ya desde los primeros días de agosto, los habitantes de la provincia vieron como las llamas consumieron cerca de 800 hectáreas de terreno entre El Tiemblo y Cebreros. Sin embargo, lo peor vino una semana después con el gran incendio forestal nacido en una carretera entre Cepeda de la Mora y Navalacruz.

El resultado de la ineficacia por extinguir las llamas de un coche se saldó con más de 20.000 hectáreas calcinadas. Llamas que llegaron a amenazar municipios situados a más de 25 kilómetros de distancia del foco del origen del que fue el cuarto incendio más grave de todos los siniestros similares en España desde que hay registros, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

Sin embargo, el reciente incendio de la Sierra de Bermeja ha puesto en entredicho el potencial de aquel incendio, a pesar de que en Ávila se calcinaron aproximadamente 13.000 hectáreas más de terreno. Las recientes opiniones no menosprecian el incidente castellanoleonés, sino que tratan de reflejar una crudeza que, hasta ahora, no se ha visto en otro incidente.

Algunos, como Alejandro García, director de la extinción del incendio en Sierra Bermeja, lo describían como un “ente con vida propia con una intensidad y velocidad casi explosiva”. Por su parte, María Melero, portavoz del programa de Bosques de WWF, no daba crédito a la agresividad del incendio que, entre otras cosas, dificultó las labores de extinción.

Las llamas del incendio de Málaga tuvieron un comportamiento nunca visto | Foto: EFE/Álvaro Cabrera

“En este caso en concreto se han producido en el incendio unos comportamientos muy erráticos y cambiantes, lo que resulta muy peligroso para la población y los medios de extinción”, explicaba la portavoz en un video en el que clasificaba al incendio como uno de “Sexta Generación”. Y, de hecho, son muchos más los que se atreven a decir que este ha sido el primero en catalogarse como tal.

Pero ¿Qué significa exactamente que se trate de un incendio de Sexta Generación? Según Greenpeace, existe una amplia variedad de incendios que, al mismo tiempo, han ido evolucionando con el tiempo a medida que se encontraban con nuevos combustibles y formas de propagación que aumentaban su intensidad.

Según Greenpeace, el clima condiciona el estado de la vegetación y de la cantidad de combustible. En un contexto de calentamiento global y sequía, la vegetación seca se transforma en un polvorín. El monte se convierte en un escenario peligroso, en un paisaje inflamable continuado en el territorio. Un rayo, una chispa, una colilla o cualquier otra causa que origine el fuego puede desencadenar incendios de alta intensidad.

Se puede decir que aquellos de Primera Generación se corresponde con los vistos entre los años 50 y 60, es decir, incendios que queman hasta 5.000 hectáreas y en los que las tierras de cultivo se vuelven ineficaces para frenar su avance. Los cambios culturales propician que surjan estos bastos incendios que, principalmente, están impulsados por el viento.

El continuo abandono de los bosques, las tierras rurales y los cambios en el clima crearon en la década de los 90 amplias zonas de combustible seco que, para agravar la situación, se entremezclan con áreas urbanizadas. Estos son los llamados incendios de Tercera Generación, nuevos incendios capaces de devastar hasta 20.000 hectáreas de terreno forestal y urbano y que tienen pocas posibilidades de ser controlados:

“Los incendios de esta generación cambian de comportamiento más rápido que la información que se transmite a la cadena de mando de los Servicios de Emergencia”, destaca Greenpeace, que señala que la gran acumulación de combustible permite continuidad de copas, resultando focos de copa y grandes columnas convectivas.

Generaciones en los incendios forestales (clic para ampliar) | Foto: El Ágora, Castellnou, M. , Miralles, M. (2009), The changing face of wildfires. Crisis Response. Y Castellnou, M., 2017

Para principios de siglo, los incendios de Quinta Generación entraron en escena con un nuevo tipo de incidente más grande, rápido y extremadamente intenso amenazan al mismo tiempo distintas zonas. El éxodo rural, el abandono de usos, la escasa gestión forestal y, por supuesto, el cambio climático llegó más tarde para dar el paso a una nueva generación que parecía imposible que llegase: la Sexta Generación.

“Los bosques que van quedando fuera de rango climático están extremadamente disponibles para quemar. Estos incendios liberan tanta energía que además de tener una atmósfera que les favorece, la aprovechan y la modifican, generando tormentas de fuego”, aclaran desde Greenpeace.

Manuel Páez, jefe de la Unidad de Defensa contra Incendios Forestales de Murcia (UDIF), señala que, en este tipo de incendios, “el propio siniestro es el propio motor de destrucción al generar su propio espacio con independencia de las condiciones externas”. Incluso los medios aéreos se ven incapaces porque el agua que arrojan se evapora antes de llegar a las llamas. En estos incendios, una de las mejores estrategias es crear cortafuegos y focos controlados para frenar el avance de las llamas.

“Tendemos a hablar de superficie afectada como si fuera el indicador principal de la gravedad o daño de los incendios, pero no tenemos que limitarnos a ese parámetro”, indica el experto.

En el caso de Sierra Bermeja, este poder de retroalimentación y voracidad se pudo ver claramente cuando los medios de extinción advirtieron de la formación de un pirocúmulo, un fenómeno común en las erupciones volcánicas y que ahora los incendios replican a menor escala gracias a esas corrientes convectivas que generan.

Vista del pueblo de Algatocín junto a una nube de humo que proviene del incendio declarado en Jubrique | Foto: EFE/ David Arjona

Estas corrientes portan el agua evaporada por el incendio y, además, gran cantidad de partículas, como los restos de la materia vegetal que ha ardido que funcionan como núcleos de condensación del agua. El derrumbe de esta nube provocaría una lluvia, pero no solo de agua, sino de todas esas cenizas y pavesas: “Sería como si lloviese fuego. Y esto podría multiplicar la zona afectada”, comenta Manuel Páez.

Echando la vista atrás, un incendio que “también creó sus propias condiciones meteorológicas” según técnicos de Emergencias del Cabildo de Gran Canaria fue el de Valleseco el año pasado, contra el cual los medios de extinción lucharon durante cuarenta días, aunque no pudieron impedir la destrucción de 10.000 hectáreas.

También fue una “pesadilla” parecida la serie de fuegos de Galicia y Portugal en 2017 donde ardieron hasta 300.000 hectáreas, de las cuales 47.000 en tierras galaicas. El mal sueño de este año en Sierra Bermeja acabó con la entrada de una fuerte borrasca que hizo precipitar agua durante más de seis horas en la zona afectada.

El presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, aseguraba el martes a través de un tuit que el incendio ya se daba por controlado, gracias en parte a esas lluvias, por lo que la estrategia cambiaba a acabar con los puntos calientes en la zona afectada.

“Nos quedan aún puntos calientes y van a salir, y cuando pase la lluvia y salga el sol saldrán más”, precisaba Juan Sánchez, director de Extinción del Plan contra Incendios Forestales de Andalucía (Infoca). Explica, por ejemplo, que los árboles centenarios que había en las tierras afectadas tenían unas raíces muy grandes, “y esas raíces van a estar ardiendo durante mucho tiempo“, por lo que será “un trabajo duro pero llevadero, no como lo sufrido esta semana”.

Evitar nuevos incendios

Por su parte, la Ministra de Transición Ecológica y Reto Demográfico, Teresa Ribera, ha advertido que cada vez habrá “incendios más virulentos”, por lo que “preservar los bosques en buen estado será una de las medidas más importantes de cara a prevenir y evitar la extensión rápida de las zonas quemadas”.

Asimismo, ha indicado la importancia de la profesionalidad de los equipos de emergencia y de los bomberos que “trabajan en invierno y no solo en verano en un entrenamiento y una coordinación especialmente importante y significativa con el refuerzo de brigadas nacionales y el esfuerzo de la UME”.

Un bombero forestal lucha contra las llamas en un incendio| Foto: EFE, Kai Försterling
Un bombero forestal lucha contra las llamas en un incendio | Foto: EFE, Kai Försterling

“La capacidad de reacción rápida es determinante para no tener que afrontar algo más doloroso”, ha señalado la ministra, al tiempo que ha recordado que los incendios son “uno de los impactos del cambio climático en los climas de transición como el mediterráneo”.

Teresa Ribera también ha señalado la necesidad de “repensar” cómo se gestiona el territorio. “Despoblación, abandono del campo, la falta de atención al monte, reconocer la tarea de los vecinos en zonas mucho menos pobladas que hasta hace décadas podían vivir de tareas relacionada con el monte… hay que actuar en distintos frentes y de manera sinérgica”, ha indicado.

Para Ribera, lo más importante es invertir en la mayor medida posible para que este tipo de episodios no ocurran. “Sabemos que nos enfrentamos a incendios que ya no son los de hace 30 o 40 años que se podían perimetrar más fácilmente y que son más pequeñitos. De esto tenemos, pero lo más peligrosos son episodios como este (el de Sierra Bermeja)”, ha añadido.



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