¿Sabías que Inglaterra no siempre fue una isla?

¿Sabías que Inglaterra no siempre fue una isla?

Las evidencias científicas muestran que Inglaterra estuvo unida al continente hasta el final de la Prehistoria, aproximadamente unos 6.000 años antes de Cristo. La última glaciación hizo bajar tanto el nivel del mar que entre las islas y las actuales Dinamarca y Alemania se extendía una planicie cubierta de vegetación y poblada por fauna y seres humanos. Esta tierra sumergida recibe el nombre de Doggerland


“El continente está aislado”. Esta era la expresión, rebosante de humor y orgullo británico, con la que solía darse a conocer en tiempos pasados el cierre del Canal de la Mancha en condiciones de mala mar. Dado el estado del tiempo, que impedía la navegación en la única vía de comunicación entre ambas partes …. ¡Era el continente europeo el que quedaba separado de Inglaterra, no al revés!

Esta muestra de flema y distancia británica hacia lo europeo ha formado parte siempre de su relato nacional, acrecentado ahora por el Brexit, a punto de consumarse a finales de este 2020. Un proceso político que ha tenido mucho de distancia y menos de flema británica, a la vista del sainete en el que se ha convertido su separación de la UE.

Pero este intento de marcar distancias con tierra firme olvida un hecho científico fundamental, y es que Inglaterra no ha sido siempre una isla. De hecho, lo ha sido durante poco tiempo; hasta prácticamente ayer si lo medimos en tiempos geológicos. Las evidencias científicas recientes muestran que las islas británicas estuvieron unidas al continente hasta el final de la Prehistoria, aproximadamente unos 6.000 años antes de Cristo.

La última glaciación hizo bajar tanto el nivel del mar que entre las islas británicas y las actuales Dinamarca y Alemania se extendía una planicie emergida cubierta de vegetación y poblada por fauna y seres humamos. El deshielo comenzado hace unos 10.000 años hizo que los océanos se elevaran y que aquel terreno, habitado por el ser humano primitivo, en un momento de transición del Paleolítico al Neolítico, desapareciera bajo las aguas.

Por difícil que resulte de entender a la luz de nuestros días, hubo un momento muy cercano en el tiempo en el que se podía caminar desde Inglaterra hasta Alemania, por terrenos ahora sumergidos donde los primeros pobladores humanos, iguales a nosotros mismos, levantaron poblados, cazaron rebaños y fabricaron herramientas. Algunas evidencias de ese pasado siguen aflorando en los fondos marinos del Mar de Norte, en lugares someros como el banco de Doggerland, topónimo que ha dado nombre a esta tierra sumergida hace 8.000 años.

Durante años, los marineros británicos no supieron cómo explicar el origen de objetos misteriosos que aparecían en sus redes de pesca: utensilios de piedra, huesos de grandes mamíferos, vestigios varios de una vida terrestre en el fondo del mar. El el año 1931 se desembarcaron objetos que provocaron los primeros estudios sobre lo que el fondo del Mar del Norte escondía.

Desde entonces, la solución la ha ido aportando la ciencia. En los los últimos años esta ha dado pasos de gigante en el estudio de esa gran zona del Mar del Norte hoy cubierta por el agua y que, hasta hace unos 8.000 años, constituyó una enorme extensión del territorio europeo habitada por nuestra especie y que abarbaba sin solución de continuidad desde las llanuras noreuropeas hasta Escocia y más allá. En ese terreno del pasado, el Támesis y el Rin confluían una una misma bahía, como muestran los mapas que han reconstruido la geografía perdida de Doggerland.

“Durante años, los marineros británicos no supieron cómo explicar el origen de objetos misteriosos que aparecían en sus redes de pesca: utensilios de piedra, huesos de grandes mamíferos”

Esta Atlántida prehistórica europea debe su nombre al llamado Banco de Dogger o Dogger Bank, un productivo punto de pesca explotado desde hace siglos en el centro del Mar de Norte. Es un banco arenoso de apenas 30 metros de profundidad que es especialmente rico en peces. Allí han acudido desde antiguo barcos arrastreros, que además de arenques y bacalao extraían dientes de mamuts y rinocerontes lanudos, turba de pantano y artefactos humanos de piedra.

Los geólogos están convencidos ahora de que el origen de esa acumulación de arena y piedras en el centro del Mar del Norte se debe a la acción de los glaciares. Cuando Doggerland estaba emergida, grandes lenguas de hielo llegaban hasta esa zona y los materiales que vemos ahora en el fondo del mar son las morrenas terminales de gigantescos glaciares.

Fin de la glaciación y Diluvio Universal

Durante la última glaciación, el nivel de los océanos  bajó decenas de metros en todo. La acumulación de hielo en los casquetes polares y las zonas altas del planeta sustrajo tanto volumen a las aguas marinas que permitió crear puentes terrestres entre áreas separadas por aguas someras.

Hubo conexiones de tierra que enlazaron el cordón de islas de Indonesia con Australia, y permitieron la llegada de los primeros pobladores humanos al continente austral, así como la dispersión de especies de fauna cuya distribución actual sería imposible de comprender sin conocer este hecho. Esto fue algo que intuyó en el siglo XIX Alfred Russell Wallace, el coinventor junto a Darwin de la teoría de la evolución y el padre de la biogeografía.

John Tomanio y Amanda Hobbs, NGM / Ilustración: Alexander Maleev / Fuentes: Simon Fitch, Vincent Gaffney y Benjamin Gearey, Universidad de Birmingham, Reino Unido
John Tomanio y Amanda Hobbs, NGM / Ilustración: Alexander Maleev / Fuentes: Simon Fitch, Vincent Gaffney y Benjamin Gearey, Universidad de Birmingham, Reino Unido

“Las evidencias científicas recientes muestran que las islas británicas estuvieron unidas al continente hasta el final de la Prehistoria, aproximadamente unos 6.000 años antes de Cristo”

El puente australiano ha generado mucha literatura científica desde hace un siglo, pero el europeo, curiosamente, lo ha hecho menos. En los últimos tiempos, sin embargo, ha avanzado la investigación y la divulgación sobre ese conector terrestre que unió hasta hace bien poco las islas británicas con el continente europeo. Por él pasearon los Homo sapiens, en épocas que podríamos considerar casi históricas y en las que la agricultura, la tecnología clave para dirimir el paso del Paleolítico al Neolítico, estaba surgiendo y expandiéndose por el globo.

Doggerland es algo así como el territorio europeo perdido bajo las aguas del Diluvio universal. No en vano, el relato del Diluvio, que forma parte de los mitos de culturas de todo el mundo y no solo de la tradición judeocristiana, responde según los científicos a algo insertado en los recuerdos de toda la humanidad: el momento hace unos 10.000 años en el que las aguas empezaron a subir de nivel por todo el planeta, inundando zonas costeras o cientos de kilómetros de tierras bajas y marismas como las de Doggerland.

Pero el momento también en el que se dieron las condiciones climáticas necesarias para el surgimiento de la civilización humana, la aparición de los cultivos, las primeras agrupaciones urbanas y el surgimiento de la historia y la las sociedades complejas.

Investigación actual

Diversos equipos trabajan actualmente en estudiar lo que Doggerland puede enseñarnos sobre la historia de nuestra especie y sobre los cambios climáticos del pasado.

Hace 10.000 años, cuando las temperaturas globales ascendieron y los hielos comenzaron a fundirse, el mar empezó a subir y sumergió costas y tierras bajas. Este óptimo climático, del que aún disfrutamos pero estamos empezando a calentar en exceso con las emisiones de gases de efecto invernadero, permitió el florecimiento de la cultura Neolítica y los albores de la agricultura.

Como sabemos ahora, el clima cambiante alumbró el comienzo de la moderna civilización humana, pero también sumergió zonas de tierra que estaban ocupadas por seres humanos modernos y dejó en en el acervo común el relato de una gran  inundación. Otras zonas del mundo, como el Mar Negro, acumulan vestigios de toda una cultura ribereña sumergida bajo las aguas.

“Dentro del paisaje sumergido de Doggerland se encuentran evidencias fragmentarias pero valiosa de los estilos de vida de sus habitantes, incluidos los cambios resultantes tanto de la invasión del mar como de la introducción de tecnologías neolíticas”, afirma la Universidad de Bradford, que lleva a cabo un proyecto de investigación que ha permitido realizar los primeros mapas sobre la extensión del territorio sumergido y su ocupación por parte de los europeos primitivos.

“Los materiales que vemos ahora en el fondo del mar son las morrenas terminales de gigantescos glaciares”

La literatura y la divulgación también están empezando a dar a conocer este fascinante hecho de nuestra historia y la del planeta. En España, la editorial Anagrama publicaba hace escasos meses Doggerland, de la escritora francesa Élisabeth Filhol, una novela ambientada en nuestros días y cuyos protagonistas son expertos que trabajan en la investigación de Doggerland y en el estudio del subsuelo marino para la explotación petrolífera. Un texto que, desde la ficción, acerca a los lectores esta curiosidad del clima y la geología terrestre.

Han pasado unos 8.000 años desde que las aguas separaron las islas británicas del continente europeo. Dentro de unos días, el Reino Unido consumará su separación política y económica de la Unión Europea, una división que, a la vista de la historia geológica, puede interpretarse seguramente solo como un cambio más en una historia larga de amor y desamor entre un territorio cambiante.

Territorio de Doggerland, según los estudios de la Universidad de Bradford. | Crédito: University of Bradford
Territorio de Doggerland, según los estudios de la Universidad de Bradford. | Crédito: University of Bradford


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