El ciclo integral del agua, ejemplo de circularidad urbana

El ciclo integral del agua, ejemplo de circularidad urbana

Incluso una acción tan sencilla como es abrir el grifo contiene detrás todo un mecanismo que vela para que el agua que salga por él goce de unos niveles de calidad aptos para el consumo humano y, sobre todo, para que el sobrante pueda ser tratado y enviado al medio con las mejores garantías. Ese mecanismo es el ciclo integral del agua


A pesar de que la teoría demuestre que la superficie del planeta está rodeada por un 70% de agua, la practica señala hacia una realidad totalmente contraintuitiva en la que solo se puede aprovechar el 0,007% de ella para consumo humano. Un pequeño porcentaje que nos obliga a reflexionar sobre la fragilidad de este recurso y sobre nuestra responsabilidad para evitar que se vea alterado por nuestras actividades.

Dado el gran desafío que presenta mantener la disponibilidad de agua en un contexto gobernado por el cambio climático y el resto de las presiones antropogénicas, la apuesta por el fortalecimiento de la circularidad del agua es, sin duda, nuestra mejor baza. Una estrategia que sale a relucir principalmente dentro del ciclo integral del agua urbana.

Según el Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico (Miteco), este ciclo integral abarca la compleja y completa labor de administrar los sistemas o procesos que permiten el abastecimiento urbano, con aguas aptas para el consumo humano, la reutilización del recurso para otros usos y su posterior saneamiento para que sea devuelta al medio natural con la menor cantidad de perturbaciones posibles.

 

En España, este ciclo se encarga de suministrar unos 4.000 hectómetros cúbicos de agua de calidad a los núcleos urbanos, de los cuales un 70% se derivan al consumo doméstico, por lo que cada habitante consume una media de 122 litros de agua al día, una cifra elevada que, no obstante, queda muy lejos de los 300 litros/que utilizan los suizos, los mayores consumidores de Europa.

Ahora bien, desde que recogemos el agua hasta que la devolvemos de nuevo al medio existen distintas etapas claramente diferenciadas que dan forma al ciclo integral del agua en los entornos urbanos, siendo la primera de ella el abastecimiento.

Abastecimiento

Para el Miteco, la primera de las etapas que compone el ciclo integral del agua es el abastecimiento, que abarca el proceso desde que se recoge el agua del medio natural hasta que llega a las acometidas y contadores del medio. Por tanto, dentro de ella se identifican dos fases: la captación o aducción y la potabilización.

Captación y potabilización

La captación hace referencia a la recogida del agua en el ambiente a través de las distintas fuentes que la contienen. En España, los embalses son la principal fuente de captación de agua debido a “la gran tradición su construcción”, aunque existen otras como los acuíferos, ríos e incluso aquella que se encuentra en el mar y que después debe ser desalada. En cualquier caso, el agua que contienen todas ellas se conoce como “agua prepotable” o “agua en alta” por no ser apta aún para el consumo humano.

Ciclo urbano del agua
Las distintas etapas que constituyen el ciclo urbano del agua | Foto: El Ágora

Para que toda esa agua que se capta y se almacena pueda ser consumida por los habitantes de los núcleos urbanos, debe pasar por las Plantas de Tratamiento de Aguas Potables, más conocidas como ETAP, que “son las responsables de suministrar el agua en perfectas condiciones sanitarias”, según el Miteco.

Tras haber analizado 53 parámetros oficiales sobre su salubridad, el agua se almacena en depósitos urbanos y se conduce por tuberías de transporte y reparto que se conforman en complejas redes malladas hasta llegar a las acometidas y contadores de los edificios o de las viviendas. En este supuesto, el agua cambia su denominación a “aguas en baja“.

Cabe destacar que los depósitos urbanos están diseñados para almacenar el agua requerida para el consumo urbano entre ocho y 48 horas, por lo que la cloración del agua se vuelve fundamental para garantizar su limpieza ya que el cloro es prácticamente el único agente que puede mantener el agua desinfectada durante horas.

Como mencionábamos, las acometidas de usuarios forman la parte final de la distribución. Son los pequeños dispositivos o sistemas que permiten la distribución individual, su medición y la administración de este servicio público. Constan de dispositivo de conexión o acometida, la “llave de acometida”, y de armario de contadores (con valvulería de corte y retención, y el medidor o contador).

Saneamiento

Una vez que el agua urbana ha sido utilizada en las viviendas, comercios o industrias, se recoge de manera conjunta o separada de las aguas de lluvia a través de las tuberías para su transporte hacia los sistemas de depuración, donde será tratada para su posterior vertido en el medio. Se trata, por tanto, de una etapa esencial que está constituida por dos fases secundarias: el drenaje o alcantarillado y depuración.

Alcantarillado y depuración

Una vez que el agua urbana ha sido utilizada en las viviendas, comercios o industrias, se recoge de manera conjunta o separada de las aguas de lluvia a través de las tuberías para su transporte hacia los sistemas de depuración y vertido.

España cuenta con cerca de 165.000 kilómetros de tuberías pensadas para este propósito que van a parar a más de 2.300 estaciones de depuración. Sin embargo, estas infraestructuras vitales en el transporte del agua sufren un importante desgaste debido a los estragos del tiempo. El 58% de ellas han vivido durante más de 30 años, mientras que solo el 11% tienen menos de una década de edad.

En las estaciones depuradoras se pretende que el agua residual pueda convertirse en un agua apta para su posterior vertido en el ambiente

Después de su transporte, al responsabilidad de recoger las aguas fecales para su posterior transformación en aguas limpias aptas para su posterior vertido en los sistemas fluviales recae en las Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales o EDAR.

En ellas, el agua pasará por unos estrictos controles que poco a poco irán eliminando los materiales orgánicos e inorgánicos presentes en el agua para, posteriormente, dejar un agua libre de impurezas a la que solo faltará pasar un proceso de desinfección antes de ser devuelta al medio natural en las mejores condiciones para que pueda seguir su camino por el este planeta.

Reutilización

El actual contexto de cambio climático y la implementación de nuevos desarrollos técnicos, donde administración, ciencia y empresas han formado un tándem colaborativo, han permitido repensar las EDAR como unas herramientas que no solo son capaces de tratar el agua, sino en dotarla de una segunda vida para que puedan ser utilizadas de nuevo en algunos procesos específicos.

Regeneración y transporte

Así pues, las aguas convenientemente depuradas pasan por algunos tratamientos complementarios que permiten reutilizar el agua en otros distintos al consumo humano, como puede ser la agricultura o los usos industriales. En estos casos, este agua reciclada se transporta y se entrega al usuario final por unas tuberías diseñadas de manera diferente a las de abastecimiento para evitar su confusión.

Estas EDAR evolucionadas son las denominadas biofactorías que, además de reciclar el agua, consiguen valorizar todo lo que hasta ahora era residuo para convertirlo en recursos renovables vía energía, combustible y fertilizantes para una agricultura sostenible, como lo es la estruvita nacida de los procesos de depuración. En relación a la estruvita, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) vio en estas instalaciones un aliado fundamental para construir un mercado de mundial de productos ricos en fosforo reciclado, en contraposición al actual que se basa en la limitada roca fosfórica.

“Incluso, un proceso de putrefacción controlada permite obtener un biogás, muy rico en metano, del cual se puede obtener energía calorífica o eléctrica. Se puede llegar a ahorrar casi el 50% del gasto energético en depuración aprovechando la energía del biogás que se obtiene de los fangos de depuración”, señalan desde el Miteco.

Con todas estas herramientas, las ciudades pretenden plantar cara a uno de los desafíos que prometen marcar nuestra agenda futura, a la par de demostrar que el agua, más que una causa, puede ser la palanca que impulse nuestra conciliación con la naturaleza.



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