El Niño y La Niña (ENOS), los dos fenómenos que alteran medio mundo

El Niño y La Niña (ENOS), los dos fenómenos que alteran medio mundo

Las conexiones entre océano y atmósfera han propiciado la aparición de un fenómeno climático sobre el Pacífico que conocemos como la Oscilación del Sur, que palpamos a través de las consecuencias que dejan sus dos principales variantes: El Niño y La Niña ¿Quieres saber qué son?


Uno de los últimos boletines informativos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) destacaba el fin del periodo de La Niña, dando pasó así a una nueva era neutra climáticamente en el que las temperaturas del aire sean ligeramente superiores por lo menos hasta octubre, momento el que podría darse un patrón climático distinto, como El Niño.

Pero ¿Quién es exactamente esa “Niña” y porqué su marcha estará seguida de mayores temperaturas? ¿Y El Niño? ¿Acaso estamos ante un escenario similar a los que nos tiene acostumbrados la astrología, un hecho científico o se trata de un fenómeno que se nos escapa de las manos?

Pues bien, según la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de los Estados Unidos, tanto El Niño como La Niña se definen como dos fenómenos climáticos distintos, pero piezas de un mismo rompecabezas -La Oscilación del Sur (ENOS)- que se caracterizan por la fluctuación de las temperaturas del océano en la parte central y oriental del Pacífico ecuatorial, asociada a cambios en la atmósfera.

El Niño puede significar sequías en América Latina

Ambos fenómenos, junto a su condición neutral, producen importantes consecuencias para las personas y los ecosistemas de todo el mundo. Por ejemplo, El Niño-Oscilación del Sur es capaz de propiciar un aumento de las precipitaciones y, por lo tanto, de las inundaciones en la costa oeste de los Estados Unidos, Centro América y América del sur. Por no hablar de que su influencia ayuda también a relajar la temporada de huracanes sobre el Atlántico, a pesar de que El Niño es un fenómeno del océano Pacífico.

Del mismo modo, la producción de alimentos puede verse afectada por El Niño en la medida de que calienta las aguas y, por lo tanto, reduce la cantidad de peces que se pueden capturar. De hecho, por este motivo se le conoce así: según la NOAA, en el 1800 los pescadores de la costa oeste de América Latina sabían que cada cierto tiempo las aguas del océano se calentaban por navidad precisamente en el momento en el que Cristo nacía, y por eso decidieron llamar a este fenómeno como “El Niño”.

Por su parte, La Niña es la otra cara de la moneda de la Oscilación de Sur y se podría considerar como un polo opuesto de El Niño. Cuando ésta llega, las aguas del Pacífico oriental se enfrían y propician sequías como la que estranguló a los países latinoamericanos en octubre el año pasado. La parte positiva es que aumenta la pesca en esta zona. Mientras, Asía se prepara para una temporada de lluvias.

¿Será Niño o Niña?

Que aparezca un Niño o una Niña no es cosa del azar, sino que responde a una serie de procesos físicos que se retroalimentan entre sí y que no son sino un síntoma más de las relaciones entre atmósfera y océano y otras oscilaciones presentes en otras grandes masas de agua, como la Oscilación del Atlántico Norte.

En el caso de El Niño, los vientos alisios, es decir, aquellos que vientos que viajan de las regiones subtropicales al ecuador y de este a oeste por el efecto Coriolis, se debilitan. Entre otras cosas, estos vientos “empujan” las aguas del Pacífico oriental hacia Asia, por lo que al tener menor fuerza son incapaces de mover el agua y, por lo tanto, esta se estanca y se vuelve más cálida.

El agua, al estar más caliente, favorece la evaporación y los movimientos convectivos sobre esta zona, lo que significa que habrá más lluvias. Mientras, en Asia ocurrirá todo lo contrario: las aguas se enfrían ligeramente y reduce la posibilidad de lluvia.

Además, debido a que los vientos superficiales son más débiles, lo que reduce los movimientos de agua fría desde las profundidades del océano y, por tanto, retroalimentan El Niño, y la altura del nivel del mar disminuye en el Pacífico occidental.

Atmósfera y océano durante El Niño. El azul más oscuro representa la situación de las masas de agua fría | Foto: NOAA

Durante La Niña sucede una situación totalmente opuesta. Normalmente la zona del Pacífico oriental es más fría que la occidental -estado neutro-, sin embargo, en la Niña este gradiente se vuelve aun más intenso, por lo que las aguas cercanas a Asia se vuelven más calientes y, por lo tanto, se favorecen los movimientos de convección.

Al mismo tiempo, los vientos alisios se intensifican, lo que desplaza el agua caliente superficial del océano Pacífico oriental hacia Asía, dejando espacio para que el agua profunda y fría cercana a América se desplace hacia la superficie. Ésta posteriormente se desplazará hacia occidente, retroalimentando así a La Niña.

La finalización de un fenómeno u otro dependerá de distintos factores, como cambios en los vientos inducidos por otras oscilaciones, cambios de presiones o de temperaturas. Aunque normalmente son el propio Niño y Niña quienes siembran las semillas de su propia destrucción al dar vida a un proceso que a la larga se vuelve insostenible, como señala la NOAA, precisamente por las variables que existen en el mundo.

Situación del ENOS durante una etapa de La Niña | Foto: NOAA

En cualquier caso, la predicción de las condiciones que prevalecen sobre este océano se realiza principalmente a través de modelos dinámicos complejos que lanzan proyecciones futuras a partir de su estado actual.

“Por medio de modelos estadísticos de predicción también se pueden identificar algunos de los precursores de esa evolución. Los análisis de la situación actual que llevan a cabo los especialistas aportan un valor añadido, especialmente a la hora de interpretar las implicaciones de la evolución de la situación bajo la superficie del océano”, explican desde la OMM.

El boletín de El Niño/La Niña hoy se publica aproximadamente cada tres meses y ofrece información sobre el estado de esta oscilación y sus tendencias a largo plazo. Su lanzamiento responde a la colaboración de la OMM con el Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad (IRI) y constituye una contribución a la labor del Equipo de Tareas Interinstitucional sobre Reducción de Desastres de las Naciones Unidas.

“El Boletín se basa en contribuciones aportadas por los centros principales de todo el mundo que se ocupan de la vigilancia y predicción de este fenómeno y en las interpretaciones coincidentes de los expertos de la OMM y el IRI”, destacan desde la OMM.



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