España contará en 2022 con un nuevo Plan Nacional contra la Desertificación - EL ÁGORA DIARIO

España contará en 2022 con un nuevo Plan Nacional contra la Desertificación

La desertificación es una de las consecuencias más graves de la acción humana sobre el suelo, el agua y los ecosistemas. Los mayores expertos en la materia se han reunido para avanzar en el nuevo Plan Nacional de lucha contra la Desertificación y que será clave en la estrategia de transición ecológica de España


Luchar contra la desertificación es una condición ineludible para alcanzar la transición ecológica. Y en esta lucha todos los actores -empresas, administraciones y sociedad- deben sumar esfuerzos para conseguirlo. Este ha sido el principal mensaje de la Jornada sobre la elaboración del “Nuevo Programa de Acción Nacional contra la Desertificación”, un foro de intercambio de conocimiento que ha involucrado a la comunidad científica y a entidades públicas, privadas y profesionales.

El nuevo programa, que el Gobierno pretende aprobar en los primeros meses de 2022, vendrá a actualizar, mejorar y dar continuidad al actual programa contra la desertificación, que fue aprobado en 2008. El avance en el conocimiento sobre este grave problema ambiental y los nuevos compromisos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, han motivado que el Ministerio para la Transición Ecológica inicie la redacción de un nuevo programa contra este problema ambiental para dar respuestas integradas no solo a los impactos, sino también a las causas que la provocan.

La desertificación -proceso de degradación de la tierra, el agua y los ecosistemas como consecuencia de las variaciones climáticas y la acción humana- es un fenómeno complejo y multicausal que está avanzando de manera acelerada en los últimos años y que, según las previsiones científicas, lo seguirá haciendo en las próximas décadas. Una de las zonas más vulnerables a este proceso y que ya está acusando sus efectos es la región mediterránea.

La ministra Teresa Ribera clausuró la jornada.

Si bien en el plan de 2008 se hablaba de un 74% de zonas secas en España y de 9 millones de hectáreas en alto riesgo de desertificación, “esas cifras se nos han quedado claramente pequeñas”, señaló la vicepresidenta y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, en su intervención durante la jornada.

Ribera señaló que de los más de 1.642 millones del Plan de Recuperación y Resiliencia destinados a la conservación y restauración de ecosistemas y gestión forestal, “gran parte irán destinados a la lucha contra la desertificación“. “Estamos ante un panorama muy complicado, como ya nos ha dejado claro el último informe del IPCC, y aumentan las preocupaciones. Pero no podemos parar, hay que dar respuestas ya”.

La ministra habló de las dos premisas de las que partirá el nuevo documento: “El mejor conocimiento científico junto con la mayor participación, para facilitar la respuesta más sólida en un plan que queremos que sea operativo desde el primer día”.

Una de las mesas de debate de la jornada.

Ribera insistió en la importancia de la participación social en la lucha contra la desertificación. “Vamos a necesitar cambios muy importantes en nuestra cultura, cambios en nuestros valores y debemos asegurar que el diálogo con todos los actores implicados sea muy fluido. Los cambios son más difíciles si no entendemos por qué los hacemos y que merece la pena hacerlos”. Por ello pidió a todos los participantes en la jornada, expertos de los equipos de investigación dedicados a esta materia desde hace años, un “importante esfuerzo divulgador para poder llevar a buen puerto el nuevo plan“. “Será necesaria la máxima participación y la máxima transparencia, además de movilizar a los actores del territorio, porque esta nueva estrategia debe ser de todos”, concluyó.

A lo largo de la jornada, los expertos y agentes implicados debatieron sobre las distintas prioridades del nuevo plan a partir de los últimos datos sobre desertificación y se analizaron las distintas causas del deterioro de la tierra, así como las consecuencias que tendrá la expansión paulatina de las zonas áridas en la exposición y la vulnerabilidad de la población a la escasez de agua en las tierras secas, el deterioro del hábitat y una mayor exposición a los incendios forestales e inundaciones.



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