La falta de agua alimenta el conflicto en Camerún - EL ÁGORA DIARIO

La falta de agua alimenta el conflicto en Camerún

El agotamiento del suministro de agua se está convirtiendo en una importante fuente de enfrentamientos al norte de Camerún, generando una gran inseguridad y obligando a miles de personas a huir de la zona e incluso pasar a Chad, donde el estrés hídrico es similar


En un día cualquiera, se pueden observar decenas de pequeños barcos cruzando el río Logone, que marca la frontera entre Camerún y Chad, en ambas direcciones. Pero en las últimas semanas, el intercambio parece haberse detenido al tiempo que más de 11.000 cameruneses, el 98% de los cuales son mujeres y niños, han tomado un billete solo de ida a Chad. El motivo de estas migraciones se encuentra en la región más septentrional de Camerún, que está experimentando una ola de violencia entre comunidades sin precedentes, en la que los pastores árabes choa y los pescadores y agricultores de Mousgoum se enfrentan por el control de los escasos recursos hídricos del territorio. Desde el mes de agosto, 19 aldeas han sido incendiadas y otras 40 han sido abandonadas por sus asustados habitantes, en un conflicto civil que ya ha causado 45 muertes y 74 heridos.

En el origen del conflicto esta un solo elemento: el agua. La falta de precipitaciones está ahogando los escasos recursos de una zona que, aunque lleva siglos siendo árida, cada vez está más cerca de convertirse en un auténtico desierto por culpa del cambio climático. Y es que el calentamiento global es ya una auténtica realidad en esta región del Sahel, donde las temperaturas están subiendo 1,5 veces más rápido que la media mundial y donde la ONU estima que el 80% de las tierras agrícolas están degradadas. A lo largo los últimos 60 años, el área del lago Chad, del cual el río Logone es uno de los principales afluentes, se ha reducido en un 95%, sumergiendo a este pequeño país en la más absoluta pobreza hídrica y afectando también a toda la zona norte de Camerún.

Esta crónica falta de agua ha llevado a uno de los grupos de un territorio étnicamente muy diverso, los pescadores y agricultores de Mousgoum, a cavar vastas trincheras para poder retener un mínimo de agua restante en el río que les permita pescar y cultivar. Pero el problema de estas zanjas fangosas es que se han convertido en trampas para el ganado de los pastores árabes choa, que tiene que sacrificar a menudo a un valioso animal porque se ha quedado atascado o se ha roto las patas al intentar salir. Un problema de ordenación territorial y competencia por los recursos que en un principio provocó solo intercambios verbales e intentos de apaciguamiento pero que se ha ido estancando hasta estallar en una ola de violencia.

Camerún
Un rebaño de cabras en la región Extremo Norte de Camerún.

Todo comenzó el pasado diez de agosto, cuando los pastores árabes se acercaron a una aldea Mousgoum para exigir compensaciones por el ganado perdido. Armados con herramientas tradicionales, además de arcos y machetes, el conflicto pasó rápidamente de las palabras a los golpes mortales y acabó provocando el fallecimiento de 45 personas y la quema de cientos casas, obligando a miles de hombres, mujeres y niños a huir por el río Logone a Chad para protegerse. Y eso que, al llegar a este país, su situación hídrica será incluso peor, pero al menos no tienen que hacer frente a la violencia.

Un reportaje del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) nos permite conocer testimonios de primera mano de lo que está ocurriendo ahí como el de Jean-Pierre Semana, un camerunés choa árabe de 52 años que logró cruzar con su esposa y seis hijos a Oundouma, un pueblo en la costa chadiana. “Fue la guerra lo que me trajo a Chad”, asegura. “Me vi obligado a huir. Durante mi viaje, vi gente muerta con mis propios ojos“, explica este hombre desde una localidad cuya población se ha triplicado en dos semanas con la llegada de 3.000 refugiados.

“Tuve que descansar cada 100 metros”, recuerda Amina Moussa, una mujer Mousgoum de 20 años, que estaba embarazada y casi a término cuando la violencia la obligó a huir a casa de unos familiares en Oundouma, donde encontró refugio. “Mi parto fue facilitado por una partera del pueblo dos días después de mi llegada aquí”, explica sosteniendo a su bebé. Por el momento, Moussa sigue sin noticias de su marido, a quien dejó atrás.

Controlar la situación

Ante la gravedad de la situación, Camerún ha desplegado fuerzas de seguridad y ha emprendido operaciones de desarme y mediación para poner fin a los enfrentamientos. “El Gobierno nos ha ordenado que vayamos al campo y hablemos de paz”, ha explicado Midjiyawa Bakari, gobernador de la región del Extremo Norte de Camerún, en declaraciones a Voanews. Este alto funcionario asegura además que su objetivo “es educar y sensibilizar a los pescadores de Mousgoum y a los ganaderos árabes choa para que depongan las armas y revitalicen los comités de vigilancia” con los que tradicionalmente se ha resuelto los conflictos étnicos en la zona. e

Este despliegue, aunque se ha restablecido una relativa calma, no resuelve el problema porque muchos de los refugiados de Camerún que se encuentran en Chad y lo más de 12.500 desplazados internos no tienen previsto regresar de inmediato, especialmente aquellos que temen represalias o cuyas casas han sido incendiadas. Además, los agricultores que han huido no han podido mantener sus cultivos durante varias semanas durante la temporada de lluvias, un momento crucial en el que los cultivos requieren mucho cuidado, por lo que gran parte de la cosecha se ha perdido y, con ella, su principal medio de vida.

El Gobierno tiene claro que el problema, sin embargo, no es coyuntural y el conflicto puede reactivarse en cualquier momento, ya que avance del desierto ha empujado a los agricultores, pescadores y ganaderos que antes tenían sus propias áreas de influencia definidas a concentrarse en un solo sitio y establecerse a lo largo del río Logone para sobrevivir. Actualmente, el ACNUR y sus socios están ayudando a las autoridades de Camerún y Chad a responder a la emergencia, pero encontrar soluciones a más largo plazo a los impactos del cambio climático es un desafío mucho más complejo que exigirá, según apunta esta agencia de la ONU, una gran inversión internacional.

lago chad
Un grupo de mujeres recoge agua del lago Chad sucia para subsistir

Las soluciones están, sin embargo, sobre la mesa. Un proyecto de infraestructura a gran escala, llamado Transaqua, cuyo objetivo es desviar el agua de la cuenca del río Congo al lago Chad a través de un canal de 2.400 km de largo, se ha estado considerando durante décadas, pero el primer paso aún está a la espera de que se concrete una ayuda al desarrollo climático internacional que lleva estancada desde antes de la pandemia de coronavirus. Pero incluso si se materializa, solo repondrá el río Chari, el principal afluente del lago, y solo tendrá un impacto limitado en los niveles de agua en el río Logone, aunque en cualquier caso sería un avance bienvenido para una zona casi ahogada por la sequía.

Mientras tanto, los recursos para hacer frente a los impactos humanitarios de la emergencia climática son limitados. Chad ya alberga a 510.000 refugiados y Camerún a 450.000. A partir del 1 de agosto, las operaciones del ACNUR en los dos países estaban gravemente subfinanciadas, con menos de la mitad de las necesidades financieras para 2021 satisfechas, por lo que se necesitan con urgencia fondos adicionales para satisfacer las necesidades de las personas refugiadas en ambos países.



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