El agua en Ciudad Real, del cántaro a lo digital con Aquona

El agua en Ciudad Real, del cántaro a lo digital

El agua en Ciudad Real, del cántaro a lo digital

El libro “El agua en Ciudad Real, historia de un reto diferido” recorre 800 años de nuestro pasado y detalla los esfuerzos para dotar a la localidad castellano-manchega de las infraestructuras precisas para garantizar el servicio. Durante siglos, la ciudad se enfrentó a dos desafíos contrapuestos y marcados por su geografía: aportar recursos hídricos en un clima seco y afrontar las inundaciones en los periodos de lluvias extremas


Pere Íñigo
Madrid | 18 marzo, 2022


La historia del abastecimiento y saneamiento de agua en Ciudad Real es un recorrido de ocho siglos protagonizado por los continuos y muchas veces demorados esfuerzos para dotar a la localidad de una fuente constante y de calidad de recursos hídricos.

Muchas de las obras de ingeniería e infraestructuras necesarias, que hoy garantizan el bienestar ciudadano, no estuvieron disponibles hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. El servicio en abastecimiento y depuración que actualmente disfrutan sus vecinos parecería una historia de ciencia ficción a muchos de sus antepasados. Porque durante siglos, las inundaciones, la contaminación de los pozos y las colas con el cántaro junto a las escasas fuentes fueron el día a día de los ciudarrealeños.

Todo ello lo narra el libro El agua en Ciudad Real, historia de un reto diferido, recién editado por Aquona junto al Ayuntamiento y la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad de Castilla-La Mancha. La coordinación editorial ha corrido a cargo del profesor de Urbanismo José María Coronado, y en la obra participan otros docentes de la Universidad como Rita Ruiz Fernández, Javier Rodríguez Lázaro, Amparo Moyano Enríquez de Salamanca y Eduardo Rodríguez Araujo.

Plaza delPpilar Ciudad Real inundada durante las lluvias, en una imagen de archivo recogida en el libro editado por Aquona.
Plaza del Pilar de Ciudad Real inundada durante las lluvias, en una imagen de archivo recogida en el libro editado por Aquona.

«El rey Alfonso X ordenó construir una ciudad en un lugar de escasas lluvias y propenso a inundaciones cuando llovía»

La seguridad hídrica, la innovación tecnológica, la digitalización y la sostenibilidad que aporta hoy Aquona, la empresa del ciclo urbano del agua responsable del servicio público en colaboración con el consistorio, contrastan con un pasado de incertidumbres y escasez.

Todo empezó con Alfonso X

“Cuando en 1255 el rey Alfonso X decidió ubicar una Villa Real en el caserío del Pozo Seco de Don Gil, estaba planteando, sin ser consciente de ello, un complejo desafío hídrico a las futuras generaciones que habrían de poblarla. El lugar elegido, un cruce de caminos en mitad de la llanura, iba a presentar dos problemas recurrentes relacionados con el agua: la dificultad para el abastecimiento en calidad y cantidad suficiente y, no menos importante, el complejo drenaje y saneamiento del sitio”.

Así arranca el documentado relato que José María Coronado ha tejido en torno a la historia del agua en Ciudad Real. Un pasado hecho de desafíos y también de esfuerzo, valentía y colaboración público-privada -desde tiempos remotos-, para dotar a la ciudad del agua que necesitaba para prosperar. Una aventura plagada de responsables públicos con visión y de emprendedores particulares dispuestos a apostar por su ciudad.

Pllaza de Cervantes, en Ciudad Real, en una imagen de 1915 tras un episodio de fuertes lluvias.
Plaza de Cervantes, en Ciudad Real, en una imagen de 1915 tras un episodio de fuertes precipitaciones.

«La mala calidad del agua, el agua de pozo y las colas con el cántaro fueron el día a día de los ciudarrealeños durante siglos»

Poco importa ya si Alfonso X acertó o no en la elección del lugar hace ocho siglos. El hecho es que la ciudad está donde está y, durante generaciones, los vecinos lucharon por conseguir que el lugar fuera “su lugar”, y un lugar con agua.

El reto de dotar a Ciudad Real de recursos hídricos es considerable. No llueve mucho, apenas 400 litros por metro cuadrado al año; los ríos cercanos están más bajos que la ciudad y no es posible desviar el agua por gravedad; y, además, la propia urbe está situada en una depresión, de modo que cuando llueve el agua se acumula y es necesario evacuarla para impedir inundaciones.

El libro está ilustrado con estupendas imágenes que retratan sucesos de otros tiempos, inundaciones recurrentes donde se puede ver, por ejemplo, la plaza del Pilar convertida en una laguna incluso en el año 1931. Escasez y abundancia, mal repartidas, se daban la mano en un clima de extremos que ha forjado el carácter resistente de los habitantes ante la adversidad.

Calle Alarcos de Ciudad Real inundada tras inundaciones en los años 50 del siglo XX.
Calle Alarcos de Ciudad Real inundada tras las fuertes lluvias en los años 50 del siglo XX.

Donación de Fernando el Católico

Merece la pena leer el libro coordinado por el profesor José María Coronado para apreciar en toda su amplitud la lucha de Ciudad Real por garantizar el agua a sus vecinos. Un recorrido de siglos difícil de resumir en pocas líneas.

El esfuerzo comienza desde la misma fundación del lugar. Urgía, en primer lugar, desaguar. Cuando llovía, el centro de la incipiente localidad se convertía en una laguna, para lo cual se trazaron algunas obras para vaciarla. La más ambiciosa se completó en 1508. Tras sufrir catastróficas inundaciones, se excavó una zanja de drenaje denominada La Cava. Partiendo de la Plaza del Pilar, recogía las aguas de lluvia hacia la puerta de Alarcos y de allí puertas afuera. Narra el libro que el rey Fernando el Católico concedió a la ciudad 1.000 escudos para la construcción “de las minas” de desagüe. Estas obras se siguieron ampliando en siglos posteriores.

Portada de la revista comarcal 'Vida Manchega', del año 1912 que muestra los trabajos para abastecer de agua a Ciudad Real
Portada de la revista comarcal ‘Vida Manchega’, del año 1912 que muestra los trabajos para abastecer de agua a Ciudad Real

Por otra parte, para conseguir agua se empleaban los pozos de la ciudad. Ya durante el reinado de Felipe II, se destinaron 15.000 maravedíes para abrir tres pozos en 1564. Uno de ellos, el Pozo Dulce, ha dado su nombre a una céntrica calle actual.

No obstante, puesto que los pozos no bastaban, o se contaminaban por las filtraciones de aguas sucias, desde la Edad Media se recurrió a transportar el agua en grandes contenedores desde pozos y manantiales de las afueras, labor de la que se encargaban los aguadores.

“La calidad de las aguas de los pozos fue empeorando con el tiempo, con lo que el agua de boca tendría que ser traída por los aguadores desde manantiales y fuentes próximas, por lo que durante bastantes años la ciudad perseguirá el sueño de traer agua potable”, explican los autores.

No fue hasta el siglo XVIII cuando se plantean las primeras obras de ingeniería. Hacia 1773, Fray Marcos de Santa Rosa lleva a cabo una captación de un arroyo de las afueras y construye un depósito conocido como el arca de la Atalaya, donde acuden los aguadores a cargar.

Primeras obras de ingeniería

Hubo que esperar a 1860 para inaugurar la primera traída de agua corriente, que fue ejecutada por encargo del ayuntamiento al ingeniero francés Eugenio Salarnier. El agua se extraía con noria de pozos situados en La Poblachuela y se llevaba por conducciones de obra hasta tres fuentes públicas. Allí, los vecinos se abastecían de agua pagando al municipio un precio acordado por cada cántaro.

Este sistema pronto se vio insuficiente para garantizar la cantidad necesaria que requería la población. El sistema no era capaz de suministrar la demanda necesaria en todos los momentos del año, y además la calidad no era muy buena, según el parecer de las gentes. Además, seguía pendiente otra cuestión fundamental, que era la evacuación y el saneamiento de aguas sucias, pues no había un sistema de alcantarillado como tal.

Fuente del Pilar ejn Ciudad Real hacia el año 1904.
Fuente del Pilar en Ciudad Real hacia el año 1904.

«A partir de 1860 los vecinos pagaban al municipio un precio acordado por cada cántaro sacado de las nuevas fuentes»

La ciudad entró en el siglo XX abasteciéndose con el precario sistema de pozos de Salarnier, que ya tenía 40 años de antigüedad y generaba muchísimas quejas por la falta de continuidad y calidad en el suministro. Además, Ciudad Real seguía sufriendo problemas de aguas residuales que eran también de orden sanitario.

Como explican los autores del libro, un testimonio de la situación que padecía la ciudad es la noticia publicada en El Pueblo Manchego, de 18 de julio de 1911 con motivo de la expansión de una epidemia de cólera.

“Para que haya higiene en los domicilios, preciso será que comience a haberla en las calles. Y en nuestras calles no aparece la higiene por ninguna parte. No se barre ni se riega, porque no hay barrenderos ni agua en abundancia. Y el mal ejemplo cunde. Para que el vecindario se familiarizase con el lavado y con el baño, muchos no se lavan, salvo contadísimas excepciones nadie se baña, haría falta que se dispusiese de aguas en abundancia. Así no sería tacaño en derramar el preciado líquido, hoy escaso para las más perentorias necesidades. […] Si hubiese abundantemente la gastarían los vecinos en el aseo de las personas y en la limpieza de las cosas”.

Inundaciones de1931 en Ciudad Real.
Inundaciones de 1931 en Ciudad Real.

De este modo, Ciudad Real entraba en el siglo XX sin tener garantizado ni un abastecimiento de calidad de agua ni una depuración conveniente a una ciudad moderna.

En 1912, gracias al impulso del alcalde Miguel Pérez Molina se inauguraron un pozo y un depósito elevado con aguas de La Poblachuela que abastecieron desde entonces a un nuevo sistema de fuentes públicas. Estas se convirtieron en un elemento fundamental de la vida urbana ya que, de una manera u otra, todos los vecinos debían pasar por ellas para abastecerse. En cada fuente había un guarda o “fuentero” que era el encargado del cobro, así como de la apertura y cierre del caño.

«En cada fuente había un guarda o “fuentero” que era el encargado del cobro, así como de la apertura y cierre del caño»

La llegada de agua a los domicilios directamente no se consiguió hasta los años 20 del siglo pasado. Tras numerosos retrasos y vicisitudes, se inauguraba en 1924 un servicio que logró traer agua hasta las casas desde el Valle de los Molinos, tras trazar 35 kilómetros de conducciones desde el punto de origen. Pronto se vio insuficiente y, tras un grave episodio de sequía en 1932, se recurrió de urgencia en 1934 a una obra de bombeo desde el embalse de Gasset, que había sido construido en 1911 para regadíos. Hoy en día ese reservorio sigue abasteciendo a la ciudad.

Las obras de alcantarillado, por su parte, no empezaron hasta los años 30, y las turbulencias de aquellos años hicieron que no estuvieran completadas hasta 1945. Este primer sistema se modernizó finalmente entre los años 1971-1974, después de que las inundaciones de 1964 mostraran que la ciudad no estaba bien preparada.

En 1980 se iniciaba finalmente el fructífero acuerdo de colaboración entre Aquona y el Ayuntamiento, que ha permitido a la ciudad avanzar en 40 años más que en los 800 años anteriores.

Inspección del embalse de Gasset en 1916 para estudiar el abastecimiento a Ciudad Real.
Inspección del embalse de Gasset en 1916 para estudiar el abastecimiento a Ciudad Real.

El presente y el futuro del agua

Como afirma José María Coronado Tordesillas en el epílogo del libro: “Y así llegamos a la situación actual, en la que abrimos el grifo con alegría, con naturalidad, olvidando el arduo camino que ha sido necesario recorrer para llegar hasta aquí. Sirva este libro para que la ciudad conozca y valore el trabajo de las personas que, a lo largo de los años, colaboraron en resolver el reto diferido planteado por Alfonso X en el llano manchego hace casi ocho siglos. Hoy, gracias al trabajo de todos, podemos decir: ¡reto superado!”

“El agua es un bien escaso y cada vez más por los efectos del cambio climático, por eso queremos transformar nuestras instalaciones con criterios de resiliencia y sostenibilidad, dando paso a la nueva economía circular, con la implantación de plantas de producción fotovoltaica, la digitalización de las instalaciones y la transformación de la depuradora de aguas residuales en una biofactoría”, afirma por su parte en la introducción a la obra Jesús García del Valle, director territorial de Aquona.

Inspección de la toma de agua en Los Molinos, Ciudad Real, a comienzos del siglo XX.
Inspección de la toma de agua en Los Molinos, Ciudad Real, a comienzos del siglo XX.

“Cuando los estudiantes de bachillerato vienen a la escuela a conocer la Ingeniería de Caminos les explicamos que, algo tan trivial para ellos como abrir el grifo y tener agua corriente es uno de los avances más importantes de la humanidad, un avance que, además, contribuyó determinantemente al crecimiento de la esperanza de vida, al acabar con enfermedades comunes de las ciudades como el cólera”, explica en el libro Ana Rivas Álvarez, directora de la E.T.S. de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos.



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