Inundaciones: no toda la culpa es del cambio climático

Inundaciones: no toda la culpa es del cambio climático

Las inundaciones de los últimos 40 años han costado más de un billón de euros en todo el mundo, un fenómeno natural adverso que podría no ser tan desastroso si los países redujeran su vulnerabilidad y exposición al riesgo apostando por la predicción, resiliencia e infraestructuras verdes

El Ágora
Madrid | 27 octubre, 2020

Tiempo de lectura: 13 min



El Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés) ha destacado recientemente que, en los últimos 40 años, la humanidad ha tenido que hacer frente a unos costes superiores al billón de euros como consecuencia de las inundaciones.

Una cifra ya de por sí cuantiosa que, según sus estudios, se verá incrementada exponencialmente para el año 2030 elevando el número de personas afectadas por las inundaciones fluviales de 65 millones en 2010 a 132 millones en 2030, y el número de afectados por las inundaciones costeras aumentará de 7 a 15 millones en ese mismo periodo.

En España 200.000 personas estarán expuestas en 2050 de forma periódica a las inundaciones causadas por la subida del nivel del mar debidas al cambio climático, especialmente en las provincias de Cádiz, Girona, Huelva, Sevilla y Tarragona

Según la Agencia Europea de Medio Ambiente en los últimos años se han registrado más del doble de inundaciones repentinas de magnitud media o elevada que en toda la década de 1980.

El cambio climático es un factor de agravamiento, que provoca cambios en los patrones de las precipitaciones y del clima, subida del nivel del mar y, en consecuencia, inundaciones más frecuentes y graves.

Pero hay varios fenómenos, como la erosión costera, las tempestades en alta mar, las mareas altas y los vientos que empujan a las mareas hacia la tierra, que aumentan el riesgo de inundación en las zonas costeras.

A nivel mundial el WRI señala como factores fundamentales en el aumento de riesgo de inundaciones el cambio climático, que augura una intensificación de  las precipitaciones y el oleaje, producido por tormentas más severas; el crecimiento demográfico y el desarrollo urbanístico de espaldas al riesgo en zonas inundables; y por último señalan a los hundimientos de tierra, en gran parte causados por la sobreexplotación de las aguas subterráneas.

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Inundación en San Llorenc, Mallorca.

Para el organismo internacional los tres factores unidos provocarán que España tenga que invertir 420 millones de euros en costes de reparación de áreas urbanas para el 2030, y eso solo en regiones cercanas a los ríos. Si extrapolamos esta información a la costa, nuestro país tendrá que desembolsar unos 230 millones más.

Si hablamos de personas en riesgo, el WRI estima que en España la cifra aumentará casi en 50.000 personas afectadas por las inundaciones para el año 2030.

Como evitar las inundaciones si cada vez llueve peor

En respuesta al aumento de la incidencia de inundaciones, la UE aprobó en 2007 la Directiva sobre inundaciones. Diez años después el Tribunal de Cuentas de la UE ha constatado que la Directiva sobre inundaciones ha tenido y tiene, en general, efectos positivos, pero que la asignación de fondos en la aplicación de las medidas contra las inundaciones presenta insuficiencias.

Todos los Estados miembro han comenzado a aplicar los planes de gestión del riesgo de inundación, pero es necesario introducir mejoras para afrontar grandes desafíos para la plena integración del cambio climático, los seguros contra inundaciones y la ordenación territorial en la gestión del riesgo de inundación.

Así, los proyectos de infraestructura verde, pese a que constituyen un medio eficaz en relación con los costes para reducir el riesgo de inundación, no aparecen en los planes de dos tercios de los Estados miembros.

El análisis de las instituciones europeas identifica una de las principales prioridades inversoras para mitigar el impacto del riesgo de inundación: establecer nuevos sistemas de modelización que incorporen la incertidumbre del nuevo escenario climático.

La mayoría de los países no pueden tomar en cuenta el impacto del cambio climático en la magnitud, la frecuencia y la ubicación de las inundaciones ya que utilizan datos históricos, lo cual implica el riesgo de que no queden reflejadas futuras condiciones meteorológicas o posibles cambios en la frecuencia y la gravedad de las inundaciones.

España cuenta con 1.342 áreas de alto riesgo potencial de inundación

Peñíscola, Castellón. 2019

Las inundaciones, a pesar de ser el país con más embalses per cápita del mundo, son la catástrofe natural que mayores daños generan en España, estimados en una media de 800 millones de euros anuales, según datos del Consorcio de Compensación de Seguros y del Instituto Geológico y Minero de España (IGME).

España cuenta con 1.342 áreas de alto riesgo potencial de inundación, fluviales y marinas.

La costa de Galicia se sitúa en primer lugar con 210 zonas de máxima peligrosidad, seguida de las cuencas mediterráneas de Andalucía con 200 y de la del Guadalquivir y Cantábrico Occidental, cada una con 110.

Según el Ministerio de Transición Ecológica en la actualidad, de estos 1.342 enclaves, en torno a 850 son áreas fluviales de riesgo potencial significativo de inundación y otras 450 son marinas, de acuerdo con los planes de riesgo de inundación aprobados en el año 2016.

“Los patrones del pasado no son una guía para el futuro”

En este sentido el profesor de Economía de la Universidad de California, Paul Griffin, autor de un estudio publicado en la revista Nature Energy, afirma que si bien los modelos de riesgo climático patentados pueden ayudar a algunas administraciones, empresas y organizaciones a comprender mejor las condiciones futuras atribuibles al cambio climático, el riesgo climático extremo sigue siendo muy problemático desde el punto de vista de la estimación del riesgo”, “Esto se debe a que con el cambio climático, los patrones del pasado no son una guía para el futuro, ya sea a un año, cinco años o 20 años” concluye en el artículo.

Un ejemplo que aterriza a la realidad la constatación de este incremento del riesgo de inundación se ve particularmente en las cifras estadísticas que arroja el Consorcio de Compensación de Seguros (CCS), cuya actividad el año estuvo marcada por las distintas tormentas y depresiones que se sucedieron a lo largo de 2019, dando lugar a que el 98% de los daños por riesgos extraordinarios cubiertos correspondieran a inundaciones.

El episodio más severo estuvo asociado a un fenómeno de DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos).

El CCS estima en 445 millones de euros las pérdidas ocasionadas por los 65.000 siniestros provocados por la DANA durante la segunda semana de septiembre, especialmente en las regiones de Alicante y Murcia, según afirmó Francisco Espejo Gil, subdirector de Estudios y Relaciones Internacionales del organismo.

La gota fría ha sido el segundo siniestro más caro para el sector asegurador en la historia reciente de España, después de las inundaciones del País Vasco de 1983.

En España 86 de cada cien euros de indemnizaciones por desastre natural se derivan del riesgo hidrometeorológico

Coincidiendo con la celebración del Día Mundial para la prevención de desastres naturales, que se conmemoró el pasado 12 de octubre, Francisco Espejo recordó que en España 86 de cada cien euros de indemnizaciones por desastre natural se derivan del riesgo hidrometeorológico.

Para Espejo es fundamental afrontar la incertidumbre que plantea el cambio climático, a la hora de hacer frente a los riesgos de inundación porque los periodos de retorno del siglo XIX y XX ya no nos valen y la clave para gestionar el riesgo pasa por la predicción, y por reducir la vulnerabilidad y la exposición.

Un claro ejemplo es cómo en apenas un año hemos afrontado dos de los episodios más costosos y dañinos en todos los sentidos en España: la DANA de septiembre y la tormenta Gloria, ambos entre las diez peores catástrofes de la historia del país.

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El municipio de Torre Pacheco, junto al Mar Menor, inundado tras el paso de la DANA por Murcia en septiembre de 2019. | Foto: Efe

Por todo esto un grupo de expertos de las Universidades de Murcia y Alicante, entre los que se encuentra el profesor Jorge Olcina, ya señalaron en 2017 a “la ocupación de espacios inundables” como causa principal del incremento de todo este tipo de riesgos y que la gestión y el uso del territorio, así como la planificación urbanística adecuada y responsable, son claves en la prevención de este tipo de accidentes causados por percances climatológicos.

No todo es culpa del cambio climático

Algunos de los principales expertos en lluvias torrenciales, crecidas e inundaciones debatieron hace pocas semanas en Orihuela las mejores fórmulas para convertir el sur de la provincia de Alicante en “resiliente” a fenómenos como las DANA y a las consiguientes inundaciones.

Palmeras azotadas por el viento en Denia (Alicante) durante el paso de la borrasca Gloria en enero de 2020. | Foto: Stephen M Brooks

En aquel Congreso Nacional de Inundaciones, el responsable del Instituto del Agua y de las Ciencias Ambientales de la Universidad de Alicante, Joaquín Melgarejo, destacó que las mejoras en las medidas preventivas, las infraestructuras blandas y de corrección hidrológica, y la cuestión urbanística son fundamentales a la hora de aminorar esos efectos.

“Hay que adaptar las nuevas construcciones a estas circunstancias y las que ya existen acondicionarlas para que puedan ser más resilientes” explicó.

Los expertos plantearon además la necesidad de impulsar el desarrollo de aplicaciones móviles y de sistemas de información temprana para evitar, por ejemplo, pérdidas humanas.

En este sentido la tecnología juega un papel esencial, tanto en la previsión como en la resiliencia y mitigación del impacto de estos eventos climáticos.

Alicante
Inundación en Orihuela como consecuencia de la DANA. 2019

La planificación urbana del agua en el litoral mediterráneo, en relación a las sequías, tiene varios retos por delante: disponer de diferentes fuentes de abastecimiento (tradicionales -superficiales y subterráneas- y “no convencionales”, depuración y desalación); eficiencia en las redes para reducir las pérdidas; monitorización continua; redes alternativas de distribución de agua depurada; impulso de sistemas terciarios y cuaternarios de depuración; construcción de depósitos de distribución dimensionados para situaciones de escasez; planes municipales de emergencia ante sequías; sistemas tarifarios que penalicen el exceso de consumo; y sensibilización social continua de los beneficios del ahorro del agua.

En relación con los episodios de lluvia torrencial, los retos son construir colectores de agua pluvial de gran capacidad, depósitos pluviales y espacios públicos inundables; adecuar los sistemas tradicionales de alcantarillado a lluvias intensas; crear sistemas de alerta a las poblaciones (aplicaciones específicas en móviles); y poner en marcha sistemas de drenaje urbano sostenible.

Más allá de la tecnología, las infraestructuras deben ser las adecuadas, según explicó Francisco Espejo: “en ocasiones la negligencia agrava el impacto de los fenómenos meteorológicos adversos, que no son un desastre en sí mismos sino por el impacto y las consecuencias que provocan”.

Inundación en Cebolla, Toledo. 2018

Así lo ejemplifica con la histórica, aunque recurrente, riada que sufrió el municipio toledano de Cebolla en septiembre 2018 en el que una tromba de agua provocó que se desbordara el arroyo Sangüesa. La corriente de agua llegó a superar, en algunos tramos, el metro de altura anegando casas, calles, el consultorio médico y dejando a los vecinos aislados.

Más allá de la cantidad de agua caída de forma torrencial, en poco tiempo desbordó un arroyo, el Sangüesa, incapaz de acoger la crecida de caudal que llegaba a su estrechamiento, soterrado bajo una de las calles principales de la localidad.

Una canalización ciertamente estrecha, ocupada en algunos tramos por otras conducciones, obstruida por piedras desprendidas o arrastradas.

A esta deficiente infraestructura, explica Espejo, construida para solventar la ocupación de una franja inundable, se une la gestión del territorio colindante, ocupado por olivar de producción intensiva carente de vegetación que hubiese facilitado la infiltración minimizando el caudal de la riada.

Soluciones basadas en la naturaleza

A pesar de las carencias de las infraestructuras hidráulicas en España, poco preparadas para afrontar los nuevos fenómenos adversos que nos lanza el cambio climático, los españoles hemos aprendido a “navegar” en agua dulce y podemos afirmar que somos pioneros en soluciones que redundan en la predicción, la mitigación del impacto y la resiliencia frente al riesgo de inundaciones. Sin olvidar las soluciones basadas en la naturaleza y las infraestructuras que la propia Directiva Europea de Inundaciones preconiza.

Parque inundable “La Marjal” Playa de San Juan (Alicante)

Alicante: tanque de tormentas, anticontaminación y parque inundable

En la Semana Santa de 2019 cayó en Alicante, en apenas cinco días, el doble de precipitaciones habituales que en una primavera convencional, dejando un acumulado total de 116 litros por metro cuadrado según datos oficiales proporcionados por el observatorio de Ciudad Jardín.

Unas cifras similares a las registradas en el año 1997, cuándo las terribles riadas dejaron una importante lección que ha servido para que Alicante sea hoy un ejemplo de resiliencia tras las tormentas para toda Europa.

Y es que, a pesar de las lluvias torrenciales, con intensidades máximas registradas de 90 litros a la hora por metro cuadrado, Alicante no vivió durante esos cinco días ningún problema significativo de inundaciones, ya que se realizó una correcta gestión de las escorrentías superficiales, la captación del agua acumulada y su transporte en la red de alcantarillado.

Tradicionalmente los problemas ocasionados por lluvias en la ciudad se producen en los puntos bajos de la misma, próximos a la línea de costa, donde se acumulan los aportes de escorrentía de las zonas altas de la ciudad. La pendiente de las calzadas favorece el estancamiento y la capacidad de evacuación de los colectores suele ser más reducida.

Los grandes colectores antirriadas de la ciudad construidos tras las inundaciones de finales del siglo pasado funcionaron de manera adecuada, evacuando los caudales pluviales generados en el centro de la ciudad y Playa de San Juan hacia los principales barrancos que la circundan y al mar.

Tanque Anticontaminacion Ingeniero Ingeniero José Manuel Obrero
Tanque Anticontaminacion Ingeniero Ingeniero José Manuel Obrero

Las protagonistas de esta buena gestión de la escorrentía urbana y el potencial uso posterior del agua pluvial son dos infraestructuras pioneras levantadas por Aguas de Alicante: el depósito anticontaminación Ingeniero José Manuel Obrero y el Parque Inundable La Marjal.

Estas dos infraestructuras destacan porque, además de mantener su función hidráulica, aportan un valor social añadido para los ciudadanos.

Durante el temporal referido, el depósito anticontaminación ubicado en el barrio de San Gabriel almacenó hasta 70.000 m3 de aguas unitarias, y el parque inundable La Marjal un total aproximado de 1.800 m3 de aguas pluviales.

En ambos casos las aguas almacenadas fueron enviadas posteriormente a la estación depuradora para su tratamiento y regeneración, reutilizándose entonces para el riego de zonas verdes, baldeo de calles e incluso para la limpieza de la propia red de alcantarillado.

Un ejemplo de cómo parques urbanos inundables y tanques de tormenta son sistemas idóneos para modular el efecto de las lluvias torrenciales.

Badalona: drenaje urbano para evitar riadas

Badalona es una típica ciudad costera mediterránea de la provincia catalana de Barcelona que por su orografía y situación geográfica presenta un mayor riesgo de episodios de lluvias severas e inundaciones como consecuencia del cambio climático.

Según los modelos de predicción, los episodios de lluvia torrencial e inundaciones podrían aumentar en los próximos años en torno a un 15% proyectando el riesgo de inundaciones, escorrentías, contaminación en playas y hasta arrastre por corrientes de ciudadanos en torno a un 25%.

Para aumentar la capacidad de recuperación de la ciudad de Badalona ante inundaciones urbanas y problemas derivados de las descargas del sistema de alcantarillado en las playas durante episodios de precipitación intensa, alterando la calidad del agua de baño y las actividades pesqueras locales, se han adoptado diversas medidas.

Desde la ampliación de la red de alcantarillado actual y la implementación de un sistema urbano-marino de drenaje integrado que permitirán la recogida, el tratamiento y la evacuación del agua de lluvia de una manera más eficiente y sostenible.

A un sistema integral de alerta temprana en caso de lluvias, inundaciones y vertidos junto al desarrollo de una plataforma de modelización 1D-2D para la evaluación de los riesgos e impactos sociales, económicos y medioambientales -directos e indirectos- de las inundaciones en la ciudad (sobre los peatones, vehículos, edificios y negocios), incluyendo mapas de geolocalización y simulaciones.

Vega Baja Renhace

Una de las primeras Comunidades Autónomas en sumarse al fondo de reconstrucción europeo ha sido la valenciana, que aspira a lograr 400 millones de euros para inversiones hídricas, tanto para garantizar el acceso al recurso esencial para el futuro de los dos motores económicos de la región: la agricultura y el turismo; como para adaptar toda la Vega Baja a las inclemencias del nuevo clima.

Desde impermeabilización de comunicaciones por carretera, a sistemas digitales de alerta temprana, pasando por la mejora de la red de distribución y alcantarillado y sistemas de drenaje urbano que eviten las consecuencias de las inundaciones.

Región de Murcia también apuesta por la resiliencia frente a las inundaciones, y tras la lección que dejó la Riada de Santa María, ha apostado por un sistema de tecnología punta y digitalización para  gestionar en tiempo real todo el ciclo integral del agua, desde la evolución de los caudales de cada colector, a nuevos colectores de recogida de aguas pluviales o fuentes de recurso adaptados a la urgencia en cada momento que permiten a las autoridades tomar decisiones ejecutivas en tiempo real con datos reales.

Estrategias para la Protección de la Costa Española

Cientos de voluntarios en la playa de Arenys de Mar quitando los restos que ha dejado el paso del temporal Gloria. EFE/Alejandro García

Estas estrategias detallan las actuaciones necesarias para solucionar el problema de erosión que sufren estas áreas del litoral, incluyendo la variable de adaptación al cambio climático en la gestión de la costa española para garantizar su buen estado de conservación.

Hasta el momento están redactadas las Estrategias para la Protección de la Costa para la provincia de Huelva, Maresme (Barcelona), Sur de Castellón-Norte de Valencia, Sur de Valencia-Norte de Alicante y Granada.

El MITECO comenzará a redactar en breve el Plan Estratégico para la Protección del Litoral español, financiado igualmente por la Unión Europea.

Este instrumento parte de los objetivos de la Estrategia de Adaptación al Cambio Climático de la Costa Española, que son: incrementar la resiliencia de la costa española al cambio climático y a la variabilidad climática, e integrar la adaptación al cambio climático en la planificación y gestión de la costa española.

Sin duda, el nuevo Marco Financiero Plurianual con que se ha dotado la Unión Europea para los próximos siete años, junto con la apuesta por el Pacto Verde y la reconstrucción post-pandemia abren un escenario optimista de cara a acometer nuevas inversiones que hagan de Europa, en general, y de España en particular, una región resiliente, adaptada al cambio climático y capaz de reducir su exposición al riesgo de inundación apostando por la tecnología, el conocimiento y la colaboración de todas las instituciones científicas, políticas y empresariales; porque la resiliencia sirve para salvar vidas.

Un nuevo proyecto reducirá el riesgo de desastres por inundaciones y sequías en Centroamérica

El pasado mes de julio se presentó en El Salvador el proyecto “Aumento de Capacidades para la Reducción del Riesgo de Desastres por Inundaciones y Sequía y Fomento de la Resiliencia en Centroamérica”, con el objetivo del proyecto de fomentar la gestión integral de riesgo de desastres en el desarrollo de los países de Centroamérica, desde un enfoque intersectorial, y mediante el aumento de la resiliencia, a fin de reducir la vulnerabilidad, socioeconómica y ambiental.

El proyecto es financiado por el programa EUROCLIMA+ de la Unión Europea y se ha formulado desde la articulación del Subsistema Ambiental entre la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD), Centro de Coordinación para la Prevención de los Desastres en América Central y República Dominicana (CEPREDENAC) y el Centro Regional de Recursos hidráulicos (CRRH).

España a través del Fondo España-SICA se suma para apoyar este proyecto, no solo del punto de vista administrativo y operativo, sino en la apuesta por mitigar todo lo que implica el cambio climático.

Se trabajará durante dos años en los ocho países del SICA: República Dominicana, Belice, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.


Se adhiere a los criterios de transparencia de

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