Poca agua y de mala calidad: los retos que plantea la sequía

Poca agua y de mala calidad: los retos que plantea la sequía

España ha entrado en un nuevo periodo de sequía, fenómeno cíclico típico de nuestro clima. En algunas regiones se ha declarado ya la alerta ante el descenso de recursos hídricos, que las previsiones auguran que no mejorarán a medio plazo. La escasez tiene un efecto añadido y es que desciende la calidad del agua embalsada, lo que llega a poner en riesgo la capacidad de adecuarla para el consumo


No hay más que mirar al cielo, al termómetro, o al campo… faltan lluvias. Estamos en pleno invierno y España ha vuelto a entrar en unos de esos ciclos tan propios de nuestro clima que convierte la sequía en un fenómeno recurrente.

Hemos vivido un mes de enero con las temperaturas medias diurnas más altas conocidas desde 1961, es decir, desde que empezó la serie histórica de registros. Además, solo llovió un 25% de la media del mes, siendo el segundo enero más seco del siglo.

La pauta de este enero seco sigue la de los últimos meses. Atravesamos un año hidrológico –un parámetro que se mide de octubre a octubre- especialmente seco, que se suma a un año previo de lluvias también escasas. Tomando como referencia el periodo 1981-2010, en los últimos cuatro meses ha llovido un 36% menos, según indica la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

Se trata, de hecho, del segundo cuatrimestre más seco de este siglo, sólo superado por el mismo periodo en la temporada de 2007-2008.

Además, los modelos de previsión auguran que este febrero será también un mes escaso en lluvias. Y AEMET considera que hay una alta probabilidad de que las precipitaciones estén por debajo de lo normal en los siguientes tres meses, que es precisamente el periodo del año donde suele llover más.

La escasez de lluvias prevista para los próximos meses va a comprometer las reservas de agua embalsada, que ya venían tocadas del año pasado. Ahora mismo, en invierno, los pantanos deberían estar llenándose, pero hacen lo contrario. Cada martes, el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO) hace balance del agua almacenada en los embalses, y llevamos un 2022 de continuos informes a la baja.

El martes 8 de febrero, el Ministerio informaba de que las reservas de agua embalsada en todo el territorio estaban al 44,6%, cerca de 15  puntos por debajo de la media de los últimos 10 años, y un 25% menos respecto al  periodo 1981-2021.

Récord de incendios forestales en enero

 El mes de enero, frío y húmedo normalmente, no es propicio a los incendios, pero este 2022 está viendo cifras récord de siniestros. A fecha de 31 de enero se habían registrado ya 822 incendios forestales, más del doble que la media de la última década, según ha informado el Ministerio para la Transición Ecológica.

Los incendios de enero de 2022 han quemado 4.000 hectáreas, el doble que la media de la última década y 16 veces más que en 2021. 

Desde Andalucía hasta Galicia

La media de agua embalsada para todo el territorio nacional es de 44,6%, pero hay cuencas hidrográficas más deficitarias que otras. Una de las más afectadas es la del Guadalquivir, que se encuentra al 28,5% según el último balance del Miteco.

De hecho, desde el pasado noviembre de 2021 está declarada la situación de sequía extraordinaria en el 80% de la cuenca, y se activó el protocolo del Plan especial de Sequía que supone reducir el consumo para ciertos usos, como el regadío.

“Desde octubre ha llovido un 36% menos de lo habitual en toda España”

La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir ha avisado que, dada la predicción meteorológica, es posible que haya que aumentar las restricciones.

No solo el sur sufre problemas de escasez. Incluso en Galicia han saltado las alarmas. El Gobierno gallego declaraba a comienzos de febrero el estado de prealerta por sequía en 12 de los 19 sistemas de abastecimiento de la demarcación hidrográfica Galicia-Costa, que abarcan desde la ría de Baiona a la de Betanzos.

La conselleira de Infraestructuras de la Xunta, Ethel Vázquez, anunciaba que el suministro está garantizado, pero que es necesario tomar medidas preventivas ante “un invierno anómalo”.

Y es que el valor medio de precipitaciones en enero en Galicia está un 64 % por debajo de la serie histórica y el caudal medio circulante en los ríos fue un 43 % menor que en ese mes los últimos 10 años. En este momento, los embalses del sistema Miño-Sil están al 53,5% y los de Galicia Costa al 61,8%.

La paradoja de la España húmeda

En Galicia, como en otros lugares del norte húmedo español, no se han desarrollado grandes sistemas de almacenamiento de agua, ya que se cuenta con una pluviometría abundante y continua. También son cortas las cuencas de los ríos.

De este modo, cuando deja de llover, como está ocurriendo ahora, estos territorios no tienen tantas reservas como otros más acostumbrados a la escasez y que gozan de una mayor capacidad de almacenar agua para el futuro.

No es solo la cantidad, también la calidad

Nos enfrentamos en los próximos meses a un horizonte de escasez de lluvias y de descenso de reservas hídricas. En estos casos, se da también una circunstancia muy importante y es que la calidad del agua embalsada se deteriora.

Cuando bajan las precipitaciones y desciende el nivel del agua embalsada, se pierde también calidad del líquido almacenado.

Se trata de una cuestión de la que el gran público no oye hablar habitualmente, pero que resulta fácil de entender. A medida que un pantano pierde volumen de agua almacenada, se hace mayor la cantidad de materiales en suspensión que el agua tiene, desde materia orgánica y sedimentos minerales a residuos prevenientes de la actividad humana. Menos líquido y más sólidos disueltos.

Y a ello se añade el hecho de que a medida que baja el nivel de los pantanos estos se acercan al fondo, donde durante décadas se ha depositado todo lo que el río lleva.

A medida que desciende el nivel del agua embalsada, y aunque las captaciones de agua en alta se tomen en la parte superior de los pantanos, no se puede evitar que el líquido almacenado tenga más cantidad de partículas en suspensión.

Esto obliga a los gestores a multiplicar esfuerzos para servir un agua en condiciones a la población y a redoblar la vigilancia de todos los parámetros para garantizar que el suministro mantenga sus estándares de calidad y seguridad.

En algunas comarcas ya han aflorado las consecuencias de tener que estar empleando el agua de mala calidad que queda en los pantanos.

En Campo de Gibraltar, que desde octubre está oficialmente en situación de «sequía excepcional severa», se han producido episodios de turbidez del agua por su alto contenido en hierro y manganeso, minerales abundantes en gran parte del territorio y que se acumulan en el fondo de los embalses.

Las estaciones de tratamiento de agua potable (ETAP) están habituadas a vigilar y tratar este tipo de componentes, siempre presentes en el agua, pero se ven obligadas a multiplicar sus tareas cuando los niveles de estos minerales aumentan, pudiendo llegar a concentraciones que no es posible tratar en las plantas, ya que no están diseñadas en su mayoría para situaciones extremas.

«La mala calidad del agua causada por la sequía supone un problema que debe afrontarse con medidas diversas que comprometen a multitud de actores»

La poca calidad del agua embalsada ha provocado incluso cortes de agua en el Campo de Gibraltar, como ha ocurrido en La Alcaidesa, una urbanización de 600 vecinos perteneciente a los municipios de San Roque y La Línea de la Concepción. La Junta de Andalucía declaró el agua como no apta para el consumo el pasado día 25 de enero, y los vecinos estuvieron una semana y media sin poder emplearla.

El motivo fue que se había detectado un nivel de trihalometanos (THMs) ligeramente superior al margen establecido. Este compuesto se origina como subproducto cuando el cloro empleado en la potabilización entra en contacto con elementos orgánicos y aumenta cuanto más tiempo permanecen juntos. Puesto que el agua que se está empleando viene cargada de materia, es más fácil que se genere este compuesto indeseado.

En este caso, uno de los ocho puntos de control de La Alcaidesa superó el pasado 25 de enero el rango marcado por la normativa europea que es muy restrictiva para esta sustancia y marca 100 microgramos por litro.

Las autoridades autonómicas tomaron la decisión de cortar el suministro hasta resolver la situación. Y es que el agua potable está sometida en España a todo tipo de controles y análisis que garantizan al 100% su salubridad.

De modo que lo que puede ocurrir cuando se detecta alguna alteración es que las autoridades de Sanidad ordenen cortes temporales, como en la urbanización gaditana, hasta que se restablezcan los parámetros habituales, pero no que se suministre agua que no cumpla los criterios sanitarios. Es una molestia a los ciudadanos que tiene origen en la mala calidad del agua embalsada debido a la sequía.

sequías

“La calidad del agua embalsada se deteriora cuando se reduce el volumen”

En cuestión de recursos hídricos cantidad y calidad es un binomio que se retroalimenta y que ocasiona molestias y esfuerzos extra. Cuanta menos agua queda en los embalses más cargada de nutrientes y minerales se encuentra, y esto exige a los responsables de la gestión del agua dedicar más tiempo y esfuerzos para que alcance su nivel óptimo.

En ese sentido, la mala calidad del agua causada por la sequía supone un problema que debe afrontarse con medidas diversas que comprometen a multitud de actores. Es crítico, en primer lugar, garantizar servicios con capacidad analítica experta que permitan intensificar los controles en función de las necesidades más allá de lo exigido por la ley.

También sería importante mejorar la digitalización de los proveedores de agua en alta, que usando herramientas de teledetección que ya existen podrían tomar medidas antes de que el líquido llegara a las estaciones de tratamiento de agua potable.

Es también necesario realizar inversiones para adaptar las plantas de tratamiento a estas necesidades, y más teniendo en cuenta que las previsiones del cambio climático indican que los periodos de sequía serán más intensos y recurrentes en el futuro.

En nuestro país existe conocimiento experto para tomar medidas ágiles ante situaciones extremas, pero las autoridades deben saber cómo movilizarlo y ponerlo en valor.

Durante siglos, cuando sufrimos sequías, no hemos podido hacer otra cosa que mirar al cielo para rogar que lloviera. Pero en cuestiones como la calidad del agua y su gestión en periodos de fala de precipitaciones no se puede dejar todo a la providencia: inversiones, conocimiento, tecnología y suma de esfuerzos es lo que cabe y toca emplear.



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