Una alimentación sostenible por la salud de la humanidad y el planeta

Una alimentación sostenible por la salud de la humanidad y el planeta

Una alimentación sostenible por la salud de la humanidad y el planeta

Como cada 16 de octubre, este sábado se conmemora el Día Mundial de la Alimentación, una ocasión para destacar la necesidad de llevar a cabo una transformación de los sistemas agroalimentarios hacia una sostenibilidad en la que el agua tiene mucho que decir


El Ágora
Madrid | 15 octubre, 2021


Garantizar que todas las personas tengan acceso a alimentos suficientes, asequibles, sostenibles, nutritivos y seguros; o lo que es lo mismo, lograr el hambre cero es uno de los objetivos fundamentales de la Agenda 2030. Un hito complejo de alcanzar en un contexto post-pandémico que ha puesto de manifiesto la fragilidad de la sociedad, ha alterado los sistemas de alimentación y provocado una recesión económica mundial que ha agravado la inseguridad alimentaria y la desigualdad.

Por ello, como cada 16 de octubre la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) celebra el Día Mundial de la Alimentación con la intención de concienciar a la población sobre los problemas existentes en relación a la alimentación en el mundo, y promover que se lleve a cabo un mayor esfuerzo para luchar contra problemas como el hambre o la desnutrición.

Este Día Mundial de la Alimentación 2021, se pedirá a los gobiernos, las empresas y la población en general, que impulsen una transformación de los sistemas agroalimentarios para poder garantizar que todas las personas tengan acceso a alimentos suficientes, asequibles, sostenibles, nutritivos y seguros, lo que facilitará que la población en general pueda llevar una vida saludable y activa.

En definitiva luchar contra el hambre y garantizar una alimentación saludable, con la mirada puesta en la forma en la que se producen los alimentos, la elección de compra, la preparación, cómo se cocinan y cómo se almacenan… Porque según la FAO todos somos parte integral y activa del funcionamiento de los sistemas agroalimentarios. Que sean sostenibles es muy importante, ya que además de nutrir correctamente, proporcionan seguridad alimentaria sin comprometer las bases económicas, sociales y ambientales, dejando un legado de calidad para las futuras generaciones.

La FAO explica que los sistemas agroalimentarios proporcionan trabajo a más de mil millones de personas en todo el mundo, lo que demuestra su importancia, pero la forma en que producimos, consumimos y desgraciadamente desperdiciamos alimentos, pasa una elevada factura al planeta, ya que se ejerce una presión innecesaria a los recursos, al medio ambiente y al clima.

Recordemos que el coste de un alimento que se pierde o desperdicia es mucho mayor de lo que pueda parecer, también se pierden todos los recursos que han sido necesarios para su producción, tierra, agua, energía, horas de trabajo, etc.

Solo en los hogares españoles se tiran anualmente a la basura 1.364 millones de kilos/litros de alimentos, una media de 31 kilos/litros por persona en 2020
La FAO asegura que existen soluciones, y éstas pasan por la reutilización de prácticas agrarias que incentiven la rotación de cultivos y otras más innovadoras permitan fomentar la producción de alimentos sostenibles, la innovación en el sector agrario, el establecimiento y fortalecimiento de redes de seguridad a los pequeños agricultores, la promoción de la resiliencia climática y la promoción del aprendizaje y la igualdad. Pero también es necesario considerar múltiples vínculos entre las áreas que afectan de forma directa o indirecta a los sistemas alimentarios, como pueden ser la salud, la educación, la protección social, la energía y la economía, formando un engranaje que funcione con equilibrio en el marco de la adopción de soluciones.

La organización recuerda que actualmente más de 3.000 millones de personas no pueden permitirse seguir una dieta saludable, que casi 2.000 millones de personas sufren sobrepeso u obesidad, que a nivel mundial un 20% más de mujeres que de hombres con edades comprendidas entre 25 y 34 años viven en pobreza extrema, que los sistemas alimentarios del mundo son responsables de más del 33% de las emisiones de gases de efecto invernadero, que un 14% de los alimentos se pierden en la cadena alimentaria y un 17% a nivel consumidor.

Acabar con el desperdicio insostenible

En un mundo en el que el número de personas afectadas por el hambre ha aumentado lentamente desde 2014, y en el que cada día se pierden o desperdician toneladas y toneladas de alimentación comestible, es fundamental reducir las pérdidas y el desperdicio de alimentos.

Un nuevo informe revela que el 40% de la producción de alimentos mundial, es decir, 2.500 millones de toneladas de productos, se desperdician en el mundo. Esto supone un despilfarro de recursos, como el agua, de la que se necesitan 760.000 hm3 para producir esa comida que después se pierde y que sería suficiente para alimentar a todo el mundo hasta 2050, incluso podríamos alimentar a todas las personas que pasan hambre en el planeta más de siete veces

El desperdicio alimentario supone un uso subóptimo de recursos cuya producción conlleva una huella hídrica, un aumento de la tierra cultivable y una emisión de gases de efecto invernadero.

El informe de la FAO revela que los cereales es el tipo de cultivo que mayor huella hídrica supone, un 51% de la huella de aguas útiles o aguas azules en agricultura y ganadería, seguidos de las frutas. La carne supone menos de un 10% del total de la huella de aguas azules de la agricultura.


En un momento en que la medidas para frenar el calentamiento global aún está rezagada, entre el 8% y el 10% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero están asociadas con alimentos que no se consumen, si se toman en cuenta las pérdidas que suceden antes del nivel del consumidor.

Disminuir el desperdicio de alimentos reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero y la velocidad de la destrucción de la naturaleza que resulta de la conversión de la tierra y la contaminación. Al mismo tiempo, mejoraría la disponibilidad de alimentos y, por lo tanto, reduciría el hambre y ahorraría dinero en un momento de recesión mundial tras el impacto de la pandemia de la COVID-19.

Los desperdicios vegetales suponen un 16% del total de gases de efecto invernadero provenientes de la agricultura, mientras que los productos de origen animal suponen el 7%. Entre los desperdicios que más contribuyen a aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero están las verduras y hortalizas (7%), la carne (6%) y los cereales (5%).

El uso de tierra arable es similar en los productos de origen vegetal y animal. Entre ellos, los cereales, la carne y la leche son los que mayores superficie cultivable ocupan. Una reducción total del desperdicio de los alimentos supondría reducir un 23% las emisiones totales de gases de efecto invernadero provenientes de la agricultura y la ganadería.

El agua es esencial para mantenernos hidratados y también cumple un rol vital en nuestra alimentación. ¿Sabías que entre el 20% y el 30% del agua que incorporamos al organismo proviene de los alimentos?

El alimento más controlado: el agua

El agua es el alimento que más consumimos, pero también el que menos conocemos, según los expertos. Quizá el alimento más controlado y con más garantías de calidad y salubridad cuando es del grifo.

Incolora, inodora e insípida es lo que solemos esperar en un vaso de agua. Sin embargo, aunque la calidad y la seguridad de todas las aguas de grifo esté más que garantizada, su aspecto, aroma y hasta su sabor varía de unas ciudades a otras.

Como apunta el Ministerio de Sanidad, el 99,5% del agua del grifo está testada y se considera segura para el consumo. En cuanto al 0,5% restante se debe a causas temporales (cortes o incidencias). Con este dato podemos afirmar sin ningún género de duda que el agua de los servicios de abastecimiento es uno de los productos de alimentación con mayores controles de calidad.

Para los españoles es la bebida preferida a tenor del consumo, aunque otros países de la UE nos superan: somos el cuarto productor de agua embotellada y el quinto en consumo. Casi mil millones de euros al año gastamos los españoles en agua embotellada, con una ingesta media de 120 litros per cápita, un sobre coste que no se justifica cuando en España disponemos de agua de grifo de excelente calidad.

Según el Ministerio de Sanidad, el precio medio del agua embotellada ronda los 21 céntimos por litro, si lo compramos en un supermercado, mientras que pagamos unos 1,57 euros por cada mil litros de agua del grifo, es decir, 0,0015 céntimos por litro, prácticamente gratis.

La hidratación es el factor más importante para una buena nutrición, ya que, entre otros beneficios, contribuye a disolver aquellos alimentos que no hemos masticado lo suficiente.

El agua es un “nutriente esencial” para la vida, que junto a los demás líquidos que ingerimos hace posible todas las reacciones químicas celulares, el transporte de nutrientes, células, hormonas, enzimas, y proteínas, así como de las sustancias de desecho a través de la sangre, linfa y orina. Asimismo, cumple una importante función estructural en nuestro organismo, (destacando su papel en la composición de los músculos), hace posible la regulación de nuestra temperatura corporal, y cumple una función lubrificadora en las articulaciones y en las mucosas del tracto digestivo y genitourinario.

El milagro de convertir cada gota en alimento

La Federación Nacional de Comunidades de Regantes (Fenacore) reivindica la labor del regadío para alimentar a 265 millones de personas amenazadas por los efectos del coronavirus, después de que el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas haya publicado que el impacto de la pandemia del COVID-19 podría casi duplicar el número de personas que padecen hambre aguda en todo mundo.

Los regantes reiteran que la solución a los problemas globales de desnutrición pasa por la biotecnología y por la agricultura de regadío, que produce hasta seis veces más que la de secano. De hecho, una hectárea de regadío intensivo puede producir el equivalente a 40 hectáreas de secano.

Así, si el aumento de la producción de alimentos a nivel mundial se hiciese a través de cultivos de secano, las selvas y bosques se verían seriamente amenazados, lo que desde el punto de vista medioambiental resultaría inadmisible. Y para reforzar la apuesta por el regadío y asegurar el suministro ante las necesidades crecientes de alimentación -teniendo en cuenta que la población ganará más de 2.000 millones de habitantes en los próximos 30 años-, asegura que se requiere un incremento del agua disponible para riego.

La Federación Nacional de Comunidades de Regantes (Fenacore) reinvindica la labor del regadío para alimentar a 265 millones de personas amenazadas por los efectos del coronavirus, después de que el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas haya publicado que la incidencia del COVID-19 podría casi duplicar el número de personas que padecen hambre aguda en todo mundo.

Los regantes son conscientes de la escasez, que se agrava en periodos de sequía. De ahí la necesidad de buscar recursos alternativos y complementarios a los convencionales. En este escenario, Fenacore considera que la prioridad de la política hidrológica debe ser sacar adelante un nuevo Plan Hidrológico Nacional y ejecutar las actuaciones ya contempladas en los diferentes planes de cuenca, donde se incluyen no sólo obras de regulación sino también de modernización y medidas complementarias de gestión de la demanda para optimizar el consumo como la reutilización de aguas regeneradas que, tras la trasposición de la nueva directiva UE de reutilización podría hasta multiplicar por seis la cantidad de recurso procedente de esta fuente no convencional procedente de las depuradoras.

La inovación y la agricultura de precisión son fundamentales a la hora de optimizar el uso del agua para que cada gota cuente a la hora de producir alimentos. La importancia del agua en la industria de la alimentación es máxima, siendo necesario contar siempre con un agua de gran calidad que garantice la seguridad de los consumidores, así como un alto nivel de calidad de los productos elaborados.

El agua tiene múltiples usos en la industria alimentaria, ya sea en procesos de limpieza e higienización, como recurso en la cadena productiva, medio de transporte o en refrigeración y calderas, entre otros. Sin embargo, el empobrecimiento de calidad del recurso y su escasez exigen de acciones desde diversos sectores, incluyendo el industrial, para mitigar esta tendencia como pueden ser la disminución del consumo de agua en la actividad industrial, reciclaje o depuración de las corrientes residuales para reducir su impacto medioambiental y la regeneración, desinfección y recuperación de esas aguas residuales para su reutilización.

Depuración y reutilización del agua

El marco legal y normativo actual relacionado con la depuración y la reutilización del agua en la industria alimentaria, es de especial interés por las necesidades y oportunidades que supone como forma de mejorar la sostenibilidad de su gestión en el sector de la alimentación.

Las posibles iniciativas que el sector agroalimentario puede poner en marcha para una gestión sostenible y segura de su suministro de agua fueron uno de los aspectos más relevantes de la intervención del presidente de la Asociación Española de Reutilización Sostenible del Agua (ASERSA), Rafael Mujeriego, quien destacó que la reutilización del agua debe ser una actividad cotidiana para las empresas: “Implantar la reutilización es una necesidad, pero también una oportunidad. Debemos promover la puesta en marcha de grupos científico-técnicos que ofrezcan información conducente a legitimar la reutilización ante las autoridades de salud pública y recursos hídricos, aplicando métodos de prevención y gestión de riesgos mediante Planes de Seguridad del Agua y Proyectos de demostración impecables, bien organizados y dotados de excelentes programas de comunicación y divulgación.

Por su parte, Alfredo Rodrigo, del departamento de Medioambiente de AINIA ha destacado la importancia del agua como recurso natural esencial dentro de la cadena alimentaria, “desde la etapa de producción agrícola de las materias primas, pasando por su transformación en las industrias alimentarias, hasta el consumo final de los alimentos por parte de los consumidores”. En este sentido, ha explicado Alfredo Rodrigo “el uso de indicadores hídricos (huella hídrica, huella del agua, GRI,..) permiten a las industrias del sector de la alimentación la cuantificación, evaluación y mejora de la gestión de este recurso y de las aguas residuales generadas, cuyo alcance puede limitarse a una etapa concreta de la cadena alimentaria o a todo el ciclo de vida del producto”

Este nuevo modelo de regeneración y reutilización del agua, como una parte más de la gestión integral hídrica de la empresa, aborda una necesidad social y medioambiental tanto a nivel municipal como industrial. Para el tejido empresarial supone una oportunidad para mejorar su posicionamiento como entidad sostenible y comprometida con los ODS, además de reducir los costes y ser, por ello más eficiente.

alimentación
Industria conservera. Anfaco

La economía circular supone un cambio de paradigma en el que el agua residual pasa de ser un simple residuo, a tratarse como una rica fuente de recursos que pueden ser recuperados a través de la innovación tecnológica. La colaboración entre empresas, centros de I+D y proveedores tecnológicos es clave para aprovechar todo el potencial de las corrientes residuales.

Sobre casos de éxito relacionados con la implementación de estrategias de economía circular en la industria mar-alimentaria y en acuicultura, tanto en materia de gestión integral del agua como en la valorización de residuos y obtención de compuestos de alto valor añadido ha girado la intervención de la Responsable de sostenibilidad y Economía circular de la Asociación Nacional de Fabricantes de Conservas de Pescados (ANFACO), Leticia Regueiro. “El alto coste de la depuración de las aguas residuales son el mayor problema de la industria de productos del mar, por ello, desde Anfaco participan en el proyecto CONSERVAL”, indica Regueiro.

El proyecto CONSERVAL, que cuenta con un presupuesto de casi un millón de euros cofinanciados por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) a través del Programa Interreg V-A España-Portugal (POCTEP) 2014-2021, promueve la modernización del sector con un modelo de gestión sostenible que contribuye a preservar el espacio marino, a la vez que promueve al crecimiento económico de la región. Este modelo, además, fomentará la creación de empleo cualificado en Galicia y el Norte de Portugal, abrirá nuevos nichos de mercado en la región y potenciará la competitividad empresarial.

La iniciativa, que se desarrollará hasta diciembre de 2021, está liderada por Cetaqua Galicia y cuenta con la colaboración de la Asociación Nacional de Fabricantes de Conservas de Pescados y Mariscos (ANFACO-CECOPESCA), Universidade de Santiago de Compostela (USC), Fundación Empresa-Universidad Gallega (FEUGA), Universidade do Porto y Asociación de Fabricantes de Conservas de Pescados de Portugal (ANICP).

Conserval se marca como reto desarrollar tecnologías para la valorización de subproductos y aguas residuales del sector conservero en Galicia y el norte de Portugal. En concreto, pretende transformar estas corrientes sólidas y líquidas en productos de alimentación de mayor valor añadido y con un potencial de negocio, como ácidos grasos volátiles específicos, aceites de pescado con elevado contenido en omega 3 e hidrolizados proteicos con alto valor.



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