Un año de pandemia para aprender a apreciar el agua - EL ÁGORA DIARIO

Un año de pandemia para aprender a apreciar el agua

Un año de pandemia para aprender a apreciar el agua

La pandemia de covid-19, declarada hace justo un año, ha puesto al descubierto la urgente necesidad de una acción mundial en materia de seguridad hídrica. Repasamos el papel protagonista del agua en estos 12 meses: la mejor receta de salud, el método de alerta temprana más efectivo y la herramienta de recuperación más necesaria


El Ágora
Madrid | 11 marzo, 2021


365 días. Un año desde que el 11 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarase la pandemia de covid-19, “tanto por los niveles alarmantes de propagación y gravedad, como por los niveles alarmantes de inacción” por parte de los gobiernos del mundo. Un año en el que han fallecido 2,6 millones de personas en todo el mundo y una pandemia, la primera en la historia declarada por un coronavirus, que ha cambiado nuestra manera de vivir, de relacionarnos y que nos ha hecho darnos cuentas de muchas cosas.

En primer lugar, de nuestra fragilidad ante una naturaleza y un planeta que se defienden del maltrato al que los sometemos. En segundo, que la colaboración y las alianzas, avanzar todos juntos, es el único camino para superar esta crisis. Y en tercer lugar, nos hemos dado cuenta de cuánto necesitamos un recurso que en los países desarrollados consumimos sin apreciarlo y en los países más vulnerables carecen de él: el agua.

El agua ha sido el mejor escudo que ha tenido la humanidad frente al covid y las manos limpias la mejor receta para la salud en este año interminable. Sin embargo, en un mundo en el que 3.000 millones de personas (el 40% de la población) no dispone de instalaciones seguras para poder lavarse las manos con agua y jabón, se ha puesto en evidencia las desigualdades en el acceso a este preciado recurso.

Y qué decir de los sanitarios que deben hacer frente a la enfermedad en centros que no tienen servicios básicos de agua. Las cifras también son desoladoras:  1 de cada 4 centros de atención de la salud carece de servicios de agua, 1 de cada 5 no dispone de acceso a la higiene de las manos en los lugares donde se presta atención y 1 de cada 10 no tiene servicios de saneamiento.

Ante estos datos, no hay duda de que la pandemia de covid-19 ha puesto al descubierto la urgente necesidad de una acción mundial en materia de seguridad hídrica. Sobre todo en una situación de crisis climática que generalizará y agudizará los desafíos relacionados con la disponibilidad de agua y los eventos hidrológicos extremos, como inundaciones y sequías. Sin olvidar los profundos cambios en la demanda de agua debido al crecimiento y desplazamiento de la población, la intensificación de la agricultura y la degradación de la infraestructura.

Así desde Naciones Unidas se ha destacado durante este año pandémico la importancia de invertir tanto en infraestructuras del agua como en gobernanza para suministrar el recurso más básico para la vida de las comunidades, su desarrollo y su protección frente  a la enfermedad. La ONU, consciente de la importancia del agua en la estrategia global frente al covid-19, en el mes de julio de 2020 activó el Marco Mundial de Aceleración del ODS 6 con el objetivo de apoyar el progreso acelerado de los países en cinco esferas decisivas para conseguir agua limpia y saneamiento para todos: financiación; datos e información; desarrollo de capacidades; innovación; y gobernanza.

No nos faltó el agua

En España, donde estamos acostumbrados a abrir un grifo y obtener agua sin ningún límite, el agua no nos ha faltado durante la pandemia. En los meses de confinamiento, cuando las cifras de contagios y muertes nos ahogaban, el sector del ciclo urbano del agua no falló en su servicio a la ciudadanía como actividad esencial.

Las empresas del agua, en coordinación con las autoridades sanitarias y las administraciones, reforzaron las medidas preventivas para proteger la salud de todos sus trabajadores con el objetivo de que el agua siguiera llegando con normalidad a los hogares, los hospitales y los centros de actividad económica. Se adaptaron las operaciones, desde las plantas de potabilización y depuración hasta toda la red de suministro para asegurar la continuidad del servicio haciendo posible que el agua siguiera manando de todos los grifos del país.

Técnico del ciclo de agua urbana trabajando durante el confinamiento total que vivió España desde marzo a junio de 2020.

Y el ciclo integral del agua, además de asegurar que todos podamos seguir las pautas de higiene recomendadas para frenar la pandemia, también nos sirve de sistema de alerta temprana para contener el avance de la enfermedad. La monitorización de la presencia de restos del virus en las aguas residuales antes de comenzar los procesos de depuración ha permitido anticipar por zonas decisiones sanitarias ante rebrotes días antes de la confirmación de los primeros casos clínicos.

Así, las depuradoras se han convertido en un factor determinante en la contención de la pandemia de covid-19, un mecanismo barato y asequible de alerta temprana que anticipa los rebrotes hasta en 10 días y que, por el precio de 3 PCR, analiza las aguas residuales de toda una ciudad.

Por lo tanto, el ciclo del agua ha salvado millones de vidas, tanto al garantizar la higiene como escudo frente a la enfermedad, como al proporcionar información valiosa para anticipar decisiones sanitarias acertadas.

Y el agua también se alza como un medio de recuperación ante la crisis económica que nos ha dejado la pandemia. El sector ha insistido la necesidad de inversión en infraestructuras hídricas, en proyectos de adaptación para aumentar la resiliencia de las ciudades a través de la gestión del agua, así como en proyectos economía circular para mejorar la depuración y la reutilización de un agua cada vez más escasa. En total una serie de propuestas para la recuperación verde y azul que contempla más de 500 proyectos con un presupuesto que supera los 12.400 millones de euros. El sector calcula que estas actuaciones y otras inversiones infraestructurales reportarían un incremento del PIB de más de 1.800 millones de euros, así como la creación masiva de empleo. 

Y en esta apuesta por una recuperación sostenible, tanto Naciones Unidas como la Unión Europea han pedido a los países que estas inversiones primen el agua. Para llevarla a los países más vulnerables, para renovar infraestructuras que han quedado obsoletas, para preparar las ciudades ante un clima cada vez más extremo, para conservar un recurso que disminuye cada día. 

El agua ha sido clave en la pandemia y lo será en la recuperación. Sin duda, ya era importante antes, pero este año nos hemos dado cuenta de cuánto la necesitamos.



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