El ser humano arroja tanto carbono al río Yangtze como la naturaleza

El ser humano arroja tanto carbono al río Yangtze como la naturaleza

El Yangtze, el tercer río más grande del mundo y del que depende el 20% de la población, transporta alrededor de 200.000 a 400.000 toneladas de carbono antropogénico por año, unas cifras similares a las producidas por los procesos naturales


El río Yangtze destaca por ser el río más largo de China y el tercero más largo del mundo, tras el río Nilo y el Amazonas. Por sus 6.300 kilómetros de longitud pasa el agua de la que depende prácticamente el 20% de la población mundial y una de las principales potencias del mundo que, al mismo tiempo, ha llevado hasta la extenuación sus recursos hídricos.

De hecho, la apuesta por el desarrollo en base a los combustibles fósiles, como el carbón, ha conducido a que todavía aproximadamente la mitad de las provincias del país presenten unos niveles de calidad en sus aguas no aptos para el consumo humano.

El Yangtze no es una excepción ya que un reciente estudio publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) advierte que entre el 37% y el 72% de todo el carbono orgánico particulado transportado por el río proviene de partículas sobrantes de la quema de carbón.

De este modo, el estudio, que es el primero de su tipo, muestra la magnitud del impacto del consumo de combustible fósiles en la Tierra. En este caso, el río transporta alrededor de 200.000 a 400.000 toneladas de carbono por año, cifras similares a las producidas por los procesos naturales.

“Aproximadamente una quinta parte del consumo mundial de carbón se produce a lo largo de este río. Sabíamos que eso tendría un impacto en el río, aunque simplemente no teníamos idea de lo grande que sería el impacto”, relata Gen Li, investigador asociado postdoctoral en Caltech y autor principal del artículo.

China es el mayor consumidor mundial de carbón en la actualidad: en el 2008, cuando se recolectaron las muestras para este estudio, el país quemó 2.500 megatones de carbón. Más de 10 años después y a pesar de las mejoras en la regulación, recolección y almacenamiento de cenizas volantes del carbón, China incrementó la quema hasta los 4.000 megatones.

Las cenizas volantes de carbón son el subproducto particulado no reactivo de la combustión del carbón, es decir, los granos finos que no se queman sino que se convierten en humo hollín. Esas partículas, compuestas de minerales y carbón orgánico particulado fosilizado en la misma escala que las partículas de limo o arcilla, son peligrosas cuando se inhalan, pero también son pesadas y se depositan en el aire.

La mayor parte se captura para su uso en la industria como aditivo para cementos y hormigones, en los que mejora la trabajabilidad y la resistencia general. También se utiliza en agricultura como fertilizante. Sin embargo, una parte escapa a la captura, y finalmente se acumula en los ríos y se lava río abajo con el sedimento normal que se erosiona en los lechos de los ríos.

El río es una vía fluvial de gran importancia para trasladar el mismo carbón que le contamina

“Este es un nuevo ángulo para las emisiones de carbono que no hemos rastreado antes. El hecho de que los procesos humanos estén produciendo tanto como los procesos naturales en esta región muestran lo problemático que es esto”, señala Woodward Fischer, profesor de geobiología y coautor del artículo.

Después de este descubrimiento, el equipo planea continuar examinando el papel de las cenizas volantes de carbón en otras grandes cuencas fluviales cercanas a poblaciones densas, por ejemplo, el río Mississippi.

Mientras tanto, los investigadores estudiarán los núcleos de sedimentos extraídos de la costa del flujo de salida del río Yangtze para ver si pueden identificar las cenizas volantes de carbón allí.

“Estamos empezando a apreciar cómo los ríos son conductos masivos de carbono en la superficie de la tierra. Al estudiarlos más a fondo, podemos cuantificar, evaluar y, con una planificación futura, mitigar potencialmente los impactos humanos adversos en el ciclo del carbono”, concluye Woodward Fischer.



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