La corrupción deja sin agua a la populosa ciudad india de Chennai

La corrupción y la mala gestión dejan sin agua a la populosa ciudad india de Chennai

La corrupción y la mala gestión dejan sin agua a la populosa ciudad india de Chennai

La falta de lluvias, la urbanización sin control, la corrupción y una mala gestión pública del ciclo del agua han llevado al límite a la sexta ciudad más poblada de India. Esta situación de crisis en grandes asentamientos humanos se repite en capitales americanas como Ciudad de México, Lima y Sao Paulo y en urbes africanas como Ciudad del Cabo


Eva M. Rull | Especial para El Ágora
Madrid | 30 julio, 2019


Nueve millones de habitantes a punto de quedarse sin agua. La ciudad india de Chennai sufre problemas de abastecimiento desde hace semanas. Las colas para recoger agua comienzan tempranísimo, a las 4.00 de la mañana. En algunos casos el recurso ha viajado hasta aquí en tren desde otra reserva situada a 200 kilómetros de esta ciudad del Índico. En muchos medios locales e internacionales se recogen los testimonios de los afectados y cómo muchos vecinos se plantean cerrar sus negocios y mudarse a otras ciudades si la crisis continúa. Chennai, también conocida como Madrás, es la capital del Estado sureño de Tamil Nadu y la cuarta ciudad más grande del país.

Imágenes de Chennai tomadas por el satélite Sentinel 2 de la Agencia Espacial Europea.

Las imágenes del satélite Sentinel-2 de la Agencia Espacial Europea sobrecogen y no dejan lugar a dudas. En sólo un año, la reserva de agua ha descendido hasta prácticamente secar los cuatro embalses que alimentan esta zonas -Chembarambakkam, Cholavaram, Poondi y Puzhal están al 1% de su capacidad, según informa Europa Press-. La venta de agua en camiones cisterna por compañías privadas también se está normalizando, aunque los costes por conseguir un litro son altísimos. “Nueve litros de agua cuestan nueve euros. En España el precio de 1.000 litros en 2018 fue 1,84 euros. Se está pagando como si fuera agua mineral embotellada. Esto pasa en muchos países en vías de desarrollo. Los suministros no llegan a los barrios más desfavorecidos, porque los desarrollos urbanísticos van creciendo sin orden. La gente sin recursos, además, no tiene agua barata del abastecimiento; tiene que comprar un recurso cuya calidad no está controlada. En Argelia recuerdo que hubo un brote de gastroenteritis en una situación similar hace unos años”, relata Fernando Novo, experto en Gestión de Agua y Geopolítica.

Este año el monzón no llega. Ahora, que estamos de lleno en esta época, se estima que ha llovido hasta un 44% menos en comparación con otros años, según registra el servicio meteorológico de India Skymet. A esto se le suman dos años seguidos de sequía en el estado de Tamil Nadu, donde se localiza la ciudad, y el cambio climático: “En zonas de climas tropicales (monzónicos en este caso) y subtropicales (incluyendo en esta categoría las áreas de clima mediterráneo) está suponiendo ya una pérdida en la regularidad de las lluvias, con tendencia al descenso de precipitaciones anuales. Aquellas ciudades muy pobladas, que sólo dependan de la lluvia para su abastecimiento lo van a pasar mal. En la India, como siempre llueve mucho en esta estación, se ha confiado todo al monzón de verano, pero este está experimentando alteraciones en su funcionamiento normal. Estos países del sur de Asia deben empezar a hacer una planificación integral del agua”, explica Jorge Olcina, director del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante y presidente de la Asociación de Geógrafos Españoles.

La falta de políticas de planificación y la corrupción influyen en la crisis de agua que sufre la población, reconocen desde el Centro de gestión de Lluvia de la ciudad

Además, al cambio climático, la falta de lluvias y el crecimiento urbanístico descontrolado se le suma algo común en todo el país: una mala gestión del recurso. Sekar Raghavan, director del Centro de Lluvia de la ciudad cuenta a El Ágora que la gestión del agua es pública y “depende del gobierno estatal a través de la Junta de Suministro y Alcantarillado Metropolitano de Chennai (CMWSS)”. Al preguntarle si la situación actual se debe a una falta de políticas de planificación o a la corrupción, el técnico contesta lacónicamente: “ambas cosas”. Este mes de julio Chennai Metro Water, que es como se conoce de forma abreviada en la ciudad al Chennai Metropolitan Water Supply & Sewerage Board, está suministrando agua a la población mediante camiones, haciendo diariamente 12.000 viajes y empleando 1.150 vehículos para hacer el reparto. El 20% de las entregas se llevan a cabo bajo petición telefónica de los consumidores.

 

India es el mayor usuario de aguas subterráneas en el mundo. Un informe realizado por el grupo de expertos del Gobierno, Niti Aayog (The National Institution for Transforming India), advirtió ya el año pasado que la India está atravesando la peor crisis del agua de su historia. “Hay 12 millones de pozos en el país y el agua subterránea representa el 63% de toda el agua de riego. La mitad de los estados está promulgando marcos regulatorios para el agua subterránea, porque el 54% de los pozos tienen tasas de extracción que exceden las de recarga. Los propietarios de tierras extraen sin control”, dice el texto. Sekar Raghavan insiste en este punto: “Cerca del 60% de las necesidades de agua dulce de la ciudad se cubren con agua subterránea. Los ciudadanos extraen agua del suelo, perforando sus propios pozos, y la junta del Chennai Metro Water, también lo hace a través de los suyos”.

El informe de Niti Aayog recuerda que 600 millones de habitantes de la India viven bajo estrés hídrico (en estados que concentran el 30% de la producción agrícola nacional). Por otro lado, el 70% del agua está contaminada y causa 200.000 muertes al año. Además, las sequías se están haciendo cada vez más frecuentes y 21 ciudades, incluidas Delhi, Bengalore, Chennai y Hyderabad (con 60 millones de habitantes), se quedarán sin agua subterránea para 2020. Esto afectará a 100 millones de personas. Para 2030 las cosas se pondrán aún peor: “El 40% de los indios no tendrá acceso al agua potable. Todo porque la demanda continuará creciendo y lo hará por encima del agua disponible”, continúa el informe.

“La India fue declarada en 2018 el país más vulnerable a las consecuencias del cambio climático en el ránking del banco HSBC. Esto no ha hecho más que empeorar una ya de por sí crítica situación y hacer más latente la amenaza de desertificación. Cada año hay pozos que se secan y los acuíferos están llegando al límite de su explotación”, afirma Malla Reddy, técnico especializado en desarrollo rural y gestión de sequías de la Fundación Vicente Ferrer.

Sólo en Annatapur, distrito donde realiza su trabajo la fundación, los días sin que haya caído una sola gota han llegado a sumar 45 y “lo que vivimos aquí es solo uno de los múltiples ejemplos que se están sucediendo por el país”, explica el cooperante de la ONG española. “En Chennai, la cuenca es mediana, de casi 7.300 kilómetros cuadrados, un poco menor a la suma de Nalón y el Mijares o las del Llobregat y el Ter en la península Ibérica. Desde aquí se están exportando bienes con una huella hídrica de 95.400 millones de m3 al año. Se exporta algodón, azúcar, arroz y carne de búfalo; todos ellos, cultivos que necesitan mucha agua. Y a eso hay que sumar un riego ineficiente. Si sacas mucho y no dejas que los acuíferos se recarguen, te encuentras al final situaciones como esta. El nivel del agua freática ha pasado de 24 metros a 80 en este último año y medio”, explica Novo mientras consulta sus datos.

Otras ciudades en crisis hídrica

Lo que está sucediendo en India ya ha tenido lugar en otros lugares del planeta, y ciudades africanas y de América del Sur también han sufrido problemas. “Ocurrió hace un par de años en Ciudad del Cabo y ahora aquí. Estas noticias irán a más”, explica Olcina.

La crisis del agua de Ciudad del Cabo aún no ha terminado, pero se necesitó la amenaza de un día cero sin agua para que la gestión se volviera más eficiente y menos corrupta. “En 2015 esta metrópoli de cuatro millones de personas estaba consumiendo 1.200 millones de litros diarios. A finales de 2018 ya estaban en 507 millones. Se ha ahorrado más de la mitad del agua”, dice Novo. Al inicio de la crisis, el gobierno decidió cortar el abastecimiento diario por persona a 50 litros. Sólo como referencia es interesante recordar que la ONU estableció en 2010 el derecho humano al agua y al saneamiento y calculó que el mínimo necesario para garantizar que su cubren las necesidades básicas está entre 50 y 100 litros. En España la media está en 132 litros por agua al día.

Otras grandes capitales del mundo sufren problemas de abastecimiento debido a la mala gestión pública del ciclo del agua, como ocurre en Lima, Ciudad de México o Ciudad del Cabo 

Otra de las ciudades con constantes fallos de abastecimiento debido a la mala gestión y la falta de mantenimiento público de las infraestructuras es la Ciudad de México. A finales de 2018, por ejemplo, una cuarta parte de la urbe se vio afectado por un corte de suministro que duró más de una semana. Cerca de cinco millones de personas se vieron afectadas por un gran corte de agua generalizado, que afectó a 13 de las 16 alcaldías de la capital y forzó el cierre de colegios, empresas y a suspender las actividades en el Palacio Nacional, la sede del poder ejecutivo en México.

Lima es otra gran capital mundial sometida a problemas en su suministro. Situada en la árida costa peruana y abastecida por pozos y los cauces que bajan desde los Andes, precisa una buena planificación y gestión para garantizar el acceso al agua para los ciudadanos. Sin embargo, la administración no consigue ofrecer un servicio que funcione. Este mismo mes de julio dos millones y medio de habitantes de Lima y El Callao se quedaron durante días sin agua debido a las obras emprendidas por el Servicio de Agua Potable y Alcantarillado de Lima (SEDAPAL), la empresa estatal que desde 1981 es responsable del abastecimiento.

La gran urbe brasileña de Sao Paulo tampoco escapa a los problemas con los recursos hídricos. En 2015 se quedó prácticamente sin agua cuando sus reservas cayeron al 4%. Las fuerzas del orden tuvieron que escoltar a los camiones cisterna que distribuían el líquido para evitar desórdenes.

Corrupción y mala gestión

En demasiados casos, la sombra de la corrupción y de la incapacidad de gestión sobrevuela sobre las crisis del agua. En el caso de Chennai, la falta de agua lleva semanas enfrentando al Tribunal Superior de Madrás con el gobierno por las medidas que se está adoptando; una de ellas: la excavación de pozos profundos. Jyoti Sharma, fundadora de FORCE, una ONG india centrada en el agua y el saneamiento, declaraba a la Agencia Anadolu que “la mayoría de las ciudades tienen reglas con respecto a la recolección de lluvia, el reciclaje de aguas residuales y la reutilización, pero la aplicación es deficiente. Los gobiernos de las ciudades no priorizan la planificación“. Y es que muchos señalan a las autoridades como responsables de la crisis por la falta de políticas de gestión de agua. Incluso la Comisión Central del Agua (CWC) publicó a finales de 2017: “India no es un país con déficit de agua, pero debido a la negligencia severa y la falta de monitorización de proyectos de desarrollo de recursos, varias regiones del país experimentan estrés hídrico frecuentemente. Esto llevará a la escasez de agua en el futuro y hace necesario tomar medidas legales para prevenir el mal uso del agua e introducir recompensas y castigos”.

Himanshu Thakkar, coordinador de la Red de Asia del Sur sobre Presas, Ríos y Gente, una red informal de organizaciones y personas del sector del agua, escribe para el medio especializado Indian Water Portal: “El gobierno actual no ha podido encontrar soluciones sostenibles a los desafíos que enfrenta el sector del agua y ya no podemos permitirnos estar mal preparados para enfrentar la situación, que amenaza con empeorar con el cambio climático. Las instituciones de la India siguen teniendo un enfoque burocrático, poco transparente y nada participativo. Los proyectos de infraestructura en las ciudades están destruyendo los cuerpos de agua locales y la cubierta arbórea, ignorando el hecho de que muchas de estas ciudades necesitan mejores políticas de agua”. El Washington Post recuerda que Chennai, la llamada capital del sur y la sexta ciudad más poblada de India, es la única del país en contar con una ley para que se instale en los edificios tanques de almacenamiento de agua de lluvia. Una medida que, dice el diario, no está siendo bien implementada, porque las autoridades confían demasiado en los monzones. “Para recolectar agua, tenemos que levantarnos en medio de la noche. El gobierno nos ha fallado”, afirmaba una residente a la agencia de noticias Anadolu.

Para el director del Centro de Lluvia de Chennai la recolección del recurso pluvial ya no es opcional. “Es la única manera de sostener nuestra agua superficial y subterránea. La Tierra obtiene agua de la fusión del hielo o de la lluvia. En la India, viene sobre todo de las precipitaciones. Llueve solo unos pocos días al año en todo el país. Son los que el Departamento Meteorológico llama “días lluviosos” y están documentados para cada ciudad. A menos que capturemos la lluvia que cae en estos días, nos quedaremos sin agua el resto del año. Esto se puede lograr mediante la instalación eficiente de sistemas de recogida. El centro se ofrece para asesorar de forma gratuita. El Gobierno, por su parte debe recuperar los cuerpos de agua de la ciudad y de los distritos de los alrededores; perseguir los abusos y los vertidos contaminantes. También deben dejar inmediatamente de construir sistemas de drenaje del exceso de agua de lluvia por toda la ciudad. Estas medidas son contrarias al almacenamiento”, concluye.

ReutersP. Ravikumar

Si tenemos en cuenta que la población mundial alcanza los 7.700 millones y en 2050 seremos casi 10.000 y que, según las estimaciones más comunes, las necesidades de agua van a doblarse en ese tiempo, sólo nos queda la escrupulosa gestión de agua. Especialmente en España, uno de los 33 nombres que figuran en la lista del WRI como países que se enfrentan a un estrés hídrico extremadamente alto en 2040. “La solución pasa por diversificar las fuentes de suministro. En las ciudades de costa, lo lógico será implantar desaladoras, como complemento, para garantizar el abastecimiento y evitar que los años en los que llueva menor -años secos- puedan aparecer problemas serios de cortes de agua. No queda otra a corto y medio plazo”, afirma Olcina.

Las mejoras en la agricultura también podrían recortar el gasto de agua un 30%. Sólo un dato rescatado de la plataforma Water Footprint Network: “La huella hídrica del tejido de algodón hecho en China es de 6.000 litros por kilo. El de EEUU, de 8.100 litros por kilo. El algodón indio consume 22.500 litros por la misma cantidad”. También se expande la idea de la reutilización del agua. En California, Israel e, incluso en el área metropolitana de Barcelona, ya se recargan los acuíferos con agua tratada cerrando el llamado ciclo integral. Sin embargo, no hay que olvidar que el primer paso en la correcta gestión debe ser necesariamente no consumir más de lo que se tiene. Y antes de invertir en nuevas infraestructuras arreglar lo que se tiene, matiza Novo. Para ello hace falta planificación y políticas de inversión impulsadas desde la administración pública.



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