Las cicatrices de la gran DANA de 2019 necesitan fondos - EL ÁGORA DIARIO

Las cicatrices de la gran DANA de 2019 necesitan fondos

Dos después de la Dana de septiembre de 2019, en la Vega Baja del Segura las cicatrices siguen al aire y necesitan fondos para no perder el tren de la resiliencia y la adaptación al cambio climático


Dos años han pasado ya de una de las peores riadas que se recuerdan en la vertiente mediterránea peninsular, en Alicante y Murcia.

Una tremenda DANA que comenzó a descargar con fuerza y torrencialidad desconocida el 12 de septiembre de 2019 desbordando toda la Vega media y Baja del río Segura, llevándose por delante siete vidas y causando daños por más de 2.150 millones de euros.

La DANA de 2019 fue uno de los episodios más severos de la gota fría de la comarca y se convirtió en la mayor catástrofe del último siglo y medio con 425 litros por metro cuadrado en 48 horas y las roturas de varias motas del río Segura arrasaron caminos y anegaron diferentes localidades.

Hoy, a dos años vista todavía se aprecian las cicatrices de las motas rotas, las canalizaciones destrozadas, infraestructuras civiles e hidráulicas arrasadas.

Y aunque aún queda mucho camino para la completa recuperación de la región afectada, la Dana consiguió recuperar la conciencia colectiva de comarca y la implicación para poner en marcha un plan de recuperación que sirva para recuperar la resiliencia y adaptación al cambio climático de una de las zonas más expuestas a los riesgos del nuevo escenario climático.

Un riesgo que se traduce en el miedo de los ciudadanos de los más de 27 municipios afectados de la Comunidad Valenciana y Murcia, que aún hoy temen la llegada de la época otoñal de temporales y sucesión de Danas, como la que hace pocos días volvió a anegar poblaciones y provocar destrozos en Cartagena.

Una conciencia colectiva que en palabras de Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante y comisionado del Plan Vega Renhace ha permitido el desarrollo de un Plan científico-técnico, alejado de la contaminación política, para dinamizar, recuperar y adaptar toda la Vega Baja del Segura a los rigores del cambio climático a los que se expone.

 

Para Olicia dos años es poco tiempo para comprobar los efectos de las lecciones aprendidas, pero valora la reacción de todos los actores sociales, económicos y políticos para poner en marcha, hace exactamente un año el Plan Vega Renhace. Un proyecto integral para la comarca que plantea 27 medidas y que “supone el último tren de la Vega Baja para lograr la resiliencia frente a las inundaciones”.

 

Si bien ya hay algunos elementos del Plan puestos en marcha como la digitalización del sistema de alerta temprana y predicción para agilizar las respuestas ante una emergencia, o las reparaciones urgentes de las infraestructuras dañadas, el comisionado del Plan, Jorge Olcina insiste en que hace falta más inversión para lograr el complejo desarrollo de las actuaciones previstas.

“Algunas de estas actuaciones son de gran envergadura como la construcción de nuevos sistemas de alcantarillado preparados para grandes avenidas que mejoren el drenaje urbano de los municipios en riesgo, o la mejora de los sistema de depuración de las más cien depuradoras de la comarca”.

 

Para ello Olcina insiste en que es necesario el compromiso de todas las administraciones, tanto la autonómica como la central para destinar fondos, acudiendo al caudas de los procedentes del NextGeneration para no “perder este tren a la resiliencia”.

“Vega Renhace, el ultimo tren a la resiliencia”

En este sentido, la Generalitat espera poder optar a parte de los Fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de España con cargo a los Next Generation-UE para potenciar la inversión en la resiliencia de la Vega Baja.

De momento esta comunidad autónoma destinará 16 millones de euros a los municipios de la comarca alicantina de la Vega Baja para facilitar la inversión en sistemas urbanos de drenaje sostenible, para iniciar las obras necesarias que mitiguen las consecuencias de nuevos episodios de lluvias torrenciales.

En el marco del Vega Renhace se han redactado 20 planes frente a inundaciones, 23 municipales y 6 para hacer frente a otros riesgos, como riesgos sísmicos o de incendios forestales.

La digitalización de las emergencias, plasmada en diferentes actuaciones del Plan Vega Renhace del Consell, es una de las líneas de actuación prioritarias para la Vega Baja y en ella trabajan de manera conjunta la Generalitat y el Ministerio para la Transición Ecológica.

El uso de recursos electrónicos y de una herramienta como Internet en el campo de las emergencias permite también elaborar una cartografía de peligrosidad y captar información en tiempo real de los Sistemas Automáticos de Información Hidrológica (SAIH), vital para la toma de decisiones y salvaguarda de vidas humanas en casos extremos de emergencia.

Otra de las aplicaciones prácticas del uso de la tecnología en las emergencias es la consulta pública de los Planes de Emergencia Municipales (PEMs) y Planes de Actuación Municipal ante el Riesgo de Inundaciones (PAMRis) en formato electrónico desde la página web de los propios ayuntamientos así como la creación de un Big Data para la gestión de embalses e inundaciones.

Otro de los objetivos del ambicioso Plan Vega Renhace es lograr la reutilización del cien por cien de las aguas regeneradas en 29 depuradoras de la Vega Baja. Un importante un programa para la mejora de la depuración de aguas residuales que permitirá regenerar 25 millones de m3 en la comarca.

El Plan Vega Renhace se completa con el Plan de Actuación Territorial de la Vega Baja que abarca 27 municipios, 950 kilómetros cuadrados, incide sobre 350.000 habitantes y ha sido elaborado por un equipo técnico de alta capacidad y solvencia, con destacados miembros de las Universidades de Alacant y Elche.

Combina los objetivos de resiliencia, sostenibilidad y dinamización de la actividad económica y entre sus novedades destaca la revisión a la mitad del desarrollo urbanístico previsto en la comarca.

El planeamiento considera que el territorio solo puede asumir 12 millones de metros residenciales frente a los 24 que suman los 27 municipios de la Vega.

Fango un homenaje a los héroes de la riada de Santa Maria

Con motivo del primer aniversario de la DANA que asoló la Vega Baja en septiembre de 2019, Hidraqua ha lanzado el documental Fango, una pieza audiovisual de 35 minutos de duración que busca poner en valor la labor de administraciones, empresas, ONGs, servicios de emergencia y personas que trabajaron incansablemente para ayudar a aquellos que más lo necesitaban.

Un trabajo que puso de relieve la importancia de la colaboración y el afán de ayuda de toda una comarca y de un país que, a día de hoy, sigue recuperándose de aquel acontecimiento.

 El Mar Menor no resistiría otra DANA

Otra de las regiones que necesita con urgencia un plan de resiliencia para adaptar su orografía al nuevo escenario climático es Murcia. Almoradí, Los Alcázares, Cartagena y los municipios costeros al Mar Menor se convirtieron hace dos años en el kilómetro cero de la devastación de la DANA que hace dos años provocó la peor riada que se recuerda.

Aún hoy, padecen las consecuencias de los sucesivos temporales que ponen en evidencia la ingente necesidad de trabajar en el drenaje urbano y la construcción de infraestructuras hidráulicas verdes y grises que contengan la furia del agua. Unas infraestructuras que podrían favorecer la recuperación de la mayor laguna salada de Europa, el Mar Menor, en estado ecológico crítico, entre otras cosas por la gran cantidad de aportaciones de agua dulce y sedimentos que recibe cuando se producen lluvias torrenciales.

Imagen del satélite Sentinel del programa Copernicus. El Mar Menor tras las lluvias torrenciales de septiembre 2019

La etapa de transformación y resiliencia que ha abierto la pandemia para la recuperación de las economías y la transición ecológica del conjunto del estado es hoy una oportunidad para, por fin, sentar las bases que protejan a la Vega Baja de su alta exposición a las inclemencias climáticas de forma que en lo sucesivo, los inevitables fenómenos climáticos adversos no se conviertan nuevamente en desastres naturales como lo fue la Riada de Santa Maria.


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