Más cooperación transfronteriza para lograr la seguridad hídrica en Iberoamérica

Más cooperación transfronteriza para lograr la seguridad hídrica en Iberoamérica

Contar con componentes de gestión integrada, instrumentos más armonizados para la mantención de los ecosistemas acuáticos y mejorar la cooperación transfronteriza a nivel internacional en materia de aguas fueron los temas que cruzaron la segunda jornada de la Semana Medioambiental Iberoamericana


Centrada en la seguridad hídrica y los objetivos ambientales de los ecosistemas acuáticos, se realizó este martes 21 de septiembre la segunda jornada centrada en el agua de la Semana Medioambiental Iberoamericana, organizada por la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

En el panel moderado por Marco Antonio Bravo Arriagada, consultor regional en el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), participaron Manuel Menéndez Prieto, vocal asesor en el Gabinete del Secretario de Estado de Medio Ambiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de España; Chantal Demilecamps, oficial de Asuntos Ambientales de la Secretaría del Convenio del Agua, Comisión Económica para Europa (CEPE) de las Naciones Unidas; Fabian Caicedo Carrascal, director de Gestión Integral del Recurso Hídricos del Ministerio Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia, y Tulio Santoyo, gerente general de la Autoridad Nacional del Agua (ANA) en Perú.

Alcanzar la seguridad hídrica es equivalente a tener garantizado un mínimo suministro de agua para las necesidades humanas y de la economía, el que se plantea como uno de los principales objetivos a corto plazo a nivel mundial, por lo que los impactos del cambio climático y la degradación de las fuentes naturales de agua hacen que la seguridad hídrica pueda ser un reto insalvable en el medio a largo plazo.

A ello se suma que la mala calidad de las masas de agua y el cambio de los usos del suelo dificultan el suministro de agua con garantía en cantidad y calidad. Por ello, la sesión estuvo centrada en la importancia que tiene la consecución de objetivos ambientales para garantizar la seguridad hídrica.

Humedal del río Valdivia (Chile).

De esta manera, los profesionales llevaron a la mesa temas transversales sobre la importancia de contar con los componentes de la gestión integrada de los recursos hídricos, para lograr alcanzar la seguridad hídrica, así como con instrumentos más armonizados para la mantención de los ecosistemas acuáticos. Un punto relevante fue cómo mejorar la cooperación transfronteriza a nivel internacional, “la importancia en el trabajo de alianzas en el espacio iberoamericano, entendiendo que los países tienen distintas necesidades y valorando el papel de las redes como aglutinadoras de los principales actores en la gestión de los recursos hídricos, entre otros elementos, como el conocimiento científico y el acceso de datos, que permitan la elaboración de políticas públicas acordes a los territorios”, precisó Marco Antonio Bravo.

Planificación del suministro

“Alcanzar la seguridad hídrica significa garantizar un mínimo suministro para las necesidades humanas y económicas, para lo que es necesario que los países tengan una buena gobernanza del agua, basada en los principales elementos de la gestión integrada de los recursos hídricos, en cuanto a la disponibilidad de marcos adecuados, normativos e institucionales, instrumentos de gestión y planificación, financiación y participación pública”, comentó Bravo.

Tulio Santoyo de ANA Perú comentó la experiencia peruana sobre caracterizar y conocer el territorio, ya que son el octavo país con mayor disponibilidad de agua en el mundo, pero su territorio tiene un alto nivel de complejidad, basado en inequidad y heterogeneidad en términos espaciales y de tiempo.

“Tenemos 129 cuencas hidrográficas sobre las que tenemos que orientar procesos descentralizados para planificar la gestión integrada de recursos hídricos”, comentó Santoyo, quien también se refirió a la necesidad de recoger la tradición y cultura milenaria de Perú para capitalizar el conocimiento desde la época pre inca e inca y orientar el rol del Estado hacia la observación de gestión por resultados e impactos. Esto significa definir una clara política para abordar la seguridad hídrica, darle soporte con normas y leyes y tener los aspectos de planificación estratégica vinculados con la gestión institucional.

Ponentes participantes en la segunda mesa dedicada al agua en la Semana Medioambiental Iberoamericana.

Para Manuel Menéndez, conseguir la seguridad hídrica es lograr un equilibrio estable entre la oferta y demanda de agua. “Tradicionalmente, hemos trabajado con la oferta, a través de la construcción de infraestructuras de regulación, como grandes presas, y no solo eso, sino que en incrementar la oferta de agua, con medidas como utilización de aguas subterráneas, de pozo, etc.,”, señaló. Sin embargo, todas estas medidas orientadas a incrementar los recursos tienen un “cierto coste ambiental”, a juicio de Menéndez.

Y una segunda forma es actuar sobre la demanda, a través de nuevas tecnologías, campañas de sensibilización de los ciudadanos. “El problema de estas medidas que gestionan la demanda es que suponen una cierta renuncia al crecimiento económico y así ocurre cuando renunciamos al crecimiento urbanístico o al regadío, porque no tenemos suficientes recursos hídricos”, añadió.

Por ello, al equilibrio entre oferta y demanda es necesario añadir otros elementos, como el conocimiento, la planificación y la toma de decisiones. Asimismo, comentó que en España están involucrados en un plan de capacitación del marco acelerador del ODS 6 de la Agenda 2030 con Unesco y Endesa.

Para Menéndez, en la planificación hidrológica “no cabe actuar sobre la marcha”, sino que exige tiempo, además de una estructura legal e institucional sólida que asegure su eficacia. Y considera también que para la toma de decisiones es necesario integrar a los ciudadanos, no solo a través de las decisiones de representantes políticos, sino que también con elementos de participación pública.

Incorporar el sentir de las comunidades

Fabián Caicedo señaló que el agua no tiene fronteras ni límites físicos, por lo que su gestión debe tener una gobernanza ambiental del territorio, basada en una gobernanza del agua.

“Esto nos lleva a hablar de territorio sostenible, que no solamente es encontrar el equilibrio entre oferta y demanda, sino que hay que agregar el desarrollo sostenible, el económico, el social y el ambiental”, sostuvo.

Colombia se encuentra en la actualización de políticas Política Nacional de Gestión del Recurso Hídrico (2010), dado que es necesario dar un salto en la gestión de seguridad hídrica, de acuerdo con Caicedo. Para ello, antes hay que fortalecer la gobernanza ambiental del territorio, que todos sepan el rol que tiene, para poder entregar niveles de participación, escuchar a las comunidades y convertir eso en política pública. “Cuando podamos tener esa capacidad de incorporar en una política pública el sentir de las comunidades, vamos a llegar a un buen concepto de seguridad hídrica con las bases fuertes, que es la gestión integral del recurso hídrico”, opinó.

En una línea similar, a juicio de Chantal Demilecamps, un elemento clave en la seguridad hídrica es la cooperación en materia de aguas fronterizas, dado que a nivel mundial las cuencas fluviales, lacustres y sistemas acuíferos transfronterizos cubren más de la mitad de la superficie terrestre y representa alrededor del 60% del flujo de aguas dulces y albergan más del 40% de la población a nivel mundial. “Latinoamérica es la zona hidrógena más rica del mundo y aproximadamente el 71% del flujo total de agua superficial procede de cuencas hidrográficas compartidas”, especificó.

A ello se suma que la pandemia del Covid ha puesto en evidencia la importancia del acceso de agua limpia para prevenir enfermedades, lo que “no se podrá lograr sin un enfoque a largo plazo en la gestión sostenible de los ecosistemas y de los recursos hídricos compartidos con especial atención al fortalecimiento de la recuperación para un mejor manejo de los recursos hídricos transfronterizos”, manifestó Demilecamps. Dado que estas aguas generan interdependencias sociales, económicos, medioambientales y políticas, lo que hace que estos recursos hídricos compartidos sean cruciales para el suministro de agua potable, la agricultura, la energía, la energía y la protección de los ecosistemas.

Por lo tanto, “gobernar esas aguas de forma cooperativa, equitativa y sostenible es fundamental para el desarrollo sostenible y la seguridad hídrica, así como para prevenir las repercusiones negativas de futuras crisis como las del Covid, que pueden tener un impacto en la paz, la transición al cambio climático en la región”, argumentó Chantal Demilecamps, aunque informó que se está lejos de tener acuerdos entre países.

“A nivel global, solo 24 países tienen todas sus cuencas transfronterizas cubiertas por acuerdos cooperativos y en América Latina, solo 30% de las superficies de las cuencas transfronterizas cuenta con uno. Por eso, es urgente acelerar los avances en el diseño, el desarrollo y la aplicación de acuerdos de cuencas para la gestión sostenible de esas aguas”, indicó.

Para ello, hoy existen dos herramientas disponibles: el Convenio del Agua y la Convención de Nueva York, que impulsan la cooperación fronteriza en esta materia.



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