El Delta del Ebro es muy reciente y ganó tamaño por la acción humana

El Delta del Ebro es muy reciente y ganó tamaño por la acción humana

El estuario del Ebro ha cambiado de aspecto en los últimos siglos. La deforestación de la cuenca en época romana provocó la erosión del terreno y la llegada de sedimentos. El delta creció gracias a esas aportaciones. Y ahora lleva décadas perdiendo terreno porque los materiales quedan retenidos en los embalses y no hay renovación


El Delta de Ebro es uno de los fenómenos geográficos más destacados de nuestro país. Un estuario de 300 kilómetros cuadrados donde los arenales y los canales del Ebro se entrelazan para crear un espacio de gran valor agrícola y faunístico. Lo que no muchos conocen es que el delta no es un producto totalmente natural, sino un paisaje en gran parte fruto fruto de la acción humana. Hasta hace no muchos años, el Delta del Ebro era muy distinto a lo que estamos acostumbrados a ver.

“Hace unos 6.000 años, cuando el nivel del mar se estabilizó después de la última glaciación, existía un Delta del Ebro, pero este era mucho más pequeño y estaba más sumergido que el actual. El delta de aquel tiempo era así porque, simplemente, había una desembocadura natural intacta”, explica Fernando Valladares, profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, a El Ágora.

El delta del Ebro inició su aumento debido a que el río empezó a arrastrar progresivamente más sedimentos, a medida que la expansión humana sobre los terrenos de la cuenca alteraron el uso del suelo potenciando su erosión.  Fernando Valladares ha publicado en su blog La Salud de la Humanidad  una breve historia de la evolución del delta que amplía en conversación para El Ágora.

Hacia el siglo XIV el Delta del Ebro comienza a crecer de una forma verdaderamente rápida asegura Valladares. Esto coincide con una mayor explotación de los recursos forestales de la cuenca, que experimentó un auge con el reinado de Felipe II, una época en la que España inició un proyecto naval faraónico que requirió una gran cantidad de madera de la zona del Ebro. Los restos de estas talas del siglo XVI se desplazaron río abajo hasta que, una vez llegados a la desembocadura, se empezaron a depositar.

Delta del Ebro
Imagen tomada del Delta del Ebro a color natural por el Landsat 8 del Observatorio de la Tierra de la NASA | Foto: Michael Taylor y Joshua Stevens

La influencia de la deforestación sobre el crecimiento del delta no se dio solo en ese ese periodo de final de la Edad Media y el Renacimiento. La transformaciónfue también muy significativa durante el Imperio Romano, un espacio de tiempo en el que “el del Ebro, y muchos otros deltas del Mediterráneo comenzaron a experimentar cambios como consecuencia de los usos agrarios, así como por las talas masivas de árboles”, indica un estudio publicado en la revista Earth Surface Dynamics.

La mano del hombre dio un notable impulso a la geografía y, sobre todo, a la vida en aquella región, que en poco tiempo comenzó a llenarse con una variedad de especies abundante. Sin embargo, tal y como señala Fernando Valladares, es probable que esto no dure para siempre y, con la misma facilidad que el hombre creó este sistema tan dinámico, es posible que también lo destruya.

Los embalses han provocado que más del 50% del caudal haya desaparecido. Además, por ellos, una gran cantidad de los sedimentos que llegaban al delta ahora están atrapados

En las últimas décadas de hecho, el Delta del Ebro ha empezado a sufrir un fenómeno inverso, el de la regresión, y también esta vez por la influencia humana. La construcción de embalses sobre el cauce fluvial ha hecho que la mayor parte de los sedimentos queden retenidos en ellos. El Delta dejó de crecer por la falta de renovación de materiales y la exposición a la erosión de las olas.

“El cambio climático jugará un importante papel en la desaparición del Delta del Ebro, pero sin duda es el hombre, a través de la construcción de embalses trasvases quien de verdad está destruyendo ese ecosistema. Gran cantidad de los sedimentos que llegaban al delta ahora están atrapados en estas infraestructuras”, explica.

Si esta tendencia continúa, es muy probable que en pocos años el delta acabe desapareciendo y con él un ecosistema que alberga a un increíble número de especies de flora y fauna que han ayudado a declarar a la mayor parte de esta región Parque Natural.

“El río Ebro es la base del delta y de todo lo que hay en él. Si su estado natural se modifica, se transforma todo”, afirma el científico del CSIC.

flamencos
Grupo de flamencos en el Delta del Ebro.

La salvación del Delta

A pesar de la perspectiva futura negativa, Fernando Valladares explica que una hipotética salvación del Delta del Ebro es posible, siempre y cuando se den una serie de circunstancias.

“Lo primero que deben hacer las autoridades competentes es rediseñar la gestión hidrológica del Ebro. Eso implica organizar de nuevo los sistemas de canales y los diques de contención del Ebro y del propio delta”, afirma. “Una vez conseguido esto, no deberemos dejar de lado los propios sistemas naturales y su sistema de recuperación”, añade.

En ese sentido, el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), ha hecho un llamamiento a las autoridades tras el paso de la borrasca para que se permita movilizar los sedimentos retenidos en los embalses para que lleguen a la desembocadura. Según el IRTA, antes de que estas infraestructuras se construyeran al delta llegaban 20 millones de toneladas de sedimentos al año. Ahora solamente llegan 90.000 toneladas. Por ello, una de las soluciones que se proponen es movilizar los materiales retenidos en los embalses.

Los arrozales del Delta del Ebro

El Delta del Ebro es un punto de gran interés para aves migratorias de toda Europa y contiene una gran biodiversidad, que convive con extensos campos de cultivo y arrozales que se alimentan de los sedimentos que arrastra el río Ebro.

Estos campos representan el sustento de económico de muchas familias de la zona y, por ello, siempre se han tratado de gestionar con la mayor delicadeza posible a través de dinámicas de inundación y secado naturales, en la mayoría de los casos. Esto permitía generar varias cosechas a lo largo del año.

Ahora, con la borrasca Gloria, muchas de las cosechas se han perdido, por no hablar de la fertilidad de la zona, que puede verse afectada por la salinización de los suelos.

En este sentido, Fernando Valladares comenta que muchas de las capas del suelo, sobre todo las superiores que contienen el mayor número de elementos orgánicos, han desaparecido porque el agua las ha arrastrado.

“Los arroceros, tras este temporal, se han alterado porque se ha perdido la base de su sistema agrario. Restaurar ahora todos los daños va a ser una tarea muy laboriosa que, entre otras cosas, exigirá una elevada inversión de dinero”, explica el experto del CSIC.

Las distintas formaciones naturales responden de manera diferente a las alteraciones y experimentan unos plazos de tiempo de recuperación después de que un fenómeno extremo las arrase, explica Valladares. De este modo, por ejemplo, una montaña podría tardar unos dos años en recuperarse los desperfectos causados por una lluvia torrencial, un tiempo que, en medidas de “la propia naturaleza”, es ínfimo.

En el caso del Delta del Ebro, Valladares remite a un estudio publicado en la revista Estuarine, Coastal and Shelf Science y en el que se señala la gran capacidad que tiene un sistema tan dinámico como el Delta del Ebro para recuperarse. De hecho, los expertos de ese artículo destacan que existen algunas áreas que aumentaron potencia de sus sedimentos hasta 2,13 centímetros por año.

“Combinando esfuerzos, es posible que el Delta del Ebro no desaparezca”, afirma Valladares.

Los efectos del cambio climático

A la falta de renovación de sedimentos hay que añadir el calentamiento global como otra presión extra para el Delta del Ebro. Según Valladares, hay tres importantes factores que inciden en gran medida en la transformación del delta.

El primero de ellos es el aumento del nivel del mar, debido al cambio climático y que “provocará que los temporales tengan mucha más capacidad de penetración, como ha pasado con Gloria, o que existan zonas que no tengan la capacidad crecer al mismo ritmo que lo haga el mar y, por lo tanto, queden sumergidas”.

En este sentido, Fernando Valladares destaca que es casi imposible que el mar a corto plazo “engulla el delta”. Sin embargo, cree que, si no se consigue hacer llegar el sedimento suficiente, es posible que esta hipótesis se haga realidad en un cierto plazo.

En segundo lugar, entran en juego las corrientes: “Las corrientes traen sedimentos y arenas de un sitio y las depositan a otro. Si cambia la orientación de estas por culpa del cambio climático, es posible que muchas regiones queden desabastecidas y la fuerza del agua destruya otras”, afirma el experto del CSIC.

Por último, hay que tener en cuenta el aumento de la frecuencia de fenómenos extremos, algo que puede repercutir negativamente en el sistema de recuperación del entorno al no darle el tiempo suficiente para prepararse para la siguiente oleada de destrucción. “Las ganancias no superarían a las perdidas en el ecosistema”, dice Valladares.

Debido a la especial delicadeza de este sistema, el científico recuerda que “el camino que está recorriendo el Delta del Ebro hasta ahora es el de la desaparición. Por lo tanto, considera, está en nuestra mano permitir que la naturaleza deje para el olvido un importante sistema que hasta ahora hemos podido disfrutar y habitar.



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