¿Día Mundial del Agua o Año Mundial del Agua?

¿Día Mundial del Agua o Año Mundial del Agua?

Se celebra el 22 de marzo el Día Mundial del Agua, dedicado este año a la relación entre los recursos hídricos y el cambio climático. ¿Cómo se está abordando este binomio a nivel internacional? Es tiempo para la acción. El sector del agua debe salir de su nicho, ser proactivo y trabajar con la comunidad del clima

Ramiro Aurín Ramiro Aurín es director de El Ágora, diario del agua


En el contexto internacional del agua, el año 2020 esta dedicado a la relación del agua y el cambio climático. El Día Mundial del Agua de Naciones Unidas, el Informe Mundial de los Recursos Hídricos del Programa Internacional de la UNESCO, la Semana Mundial del Agua de Estocolmo están todos dedicados al agua y al cambio climático.

Un año por tanto con el potencial de ser trasformador tanto en las actuaciones de comunicación y de compromisos de la sociedad civil como de generación de conocimiento y políticas.

Los mensajes principales que nos llegan desde las organizaciones internacionales es que “es tiempo de actuar”. No solo enfatizan las importantes sinergias del ODS6 del agua con el resto de los ODS sino que por primera vez nos dicen a la comunidad del agua que no nos encerremos en nuestro silo a esperar que el resto del mundo venga a nosotros.

La apuesta es ser proactivos y utilizar las ventanas de oportunidad que nos abre la comunidad del clima. El primer paso para ello es empezar a hablar su lenguaje y entender sus procesos. Quizá los más importantes son los relacionados con la preparación de los planes nacionales de adaptación al cambio climático y las “contribuciones nacionales” en el contexto de la COP de Cambio Climático.

Desde Naciones Unidas nos trasmiten algunos mensajes claros:

No nos podemos permitir esperar. La Comunidad del Clima tiene que incorporar el agua al corazón de sus planes de acción.

Hay que actuar ya. La incertidumbre sobre la evolución del clima y los efectos del cambio climático no puede ser excusa para no actuar hoy.

Hay que considerar que el agua es parte de la solución y la gestión integrada del agua es uno de los componentes esenciales de las estrategias de adaptación y mitigación que han tenido éxito.

La mejora de la gestión del agua nos permite mejorar la resiliencia, la salud de los ecosistemas y reduce el riesgo de los desastres relacionados con el agua.

La cooperación trasfronteriza es necesaria para poder gestionar los impactos del cambio climático y mejorar la cooperación regional.

Es necesario repensar la financiación, ya que la financiación del agua por los fondos del clima sirve para mejorar la resiliencia de las comunidades, permite la creación del empleo y mejora las oportunidades de desarrollo sostenible.

Desde Naciones Unidas también nos recuerdan que hay soluciones sostenibles que nos pueden permitir avanzar en diferentes aspectos que son necesarios para la contribución a la adaptación y mitigación del cambio climático.

Soluciones

Para la mejora del almacenamiento de carbono

Las turberas cubren alrededor del 3 % de la superficie terrestre, pero almacenan al menos el doble de carbono que todos los bosques de la Tierra. El suelo de los manglares puede secuestrar hasta tres o cuatro veces más carbono que sus equivalentes terrestres. La protección y ampliación de esos tipos de entornos puede tener grandes consecuencias en el cambio climático.

Protección de las barreras naturales.

Los manglares costeros y los humedales son barreras naturales eficaces y baratas frente a las crecidas, los fenómenos meteorológicos extremos y la erosión.

ción del agua de lluvia

La recogida del agua de lluvia es particularmente útil en aquellas regiones con una distribución desigual de las precipitaciones para potenciar la resiliencia ante las crisis y velar por el abastecimiento de agua en periodos de sequía.

Adopción de prácticas agrícolas climáticamente inteligentes

La agricultura de conservación permite incrementar el contenido de materia orgánica del suelo (necesaria para que el suelo retenga el agua), la reducción de las pérdidas posteriores a la cosecha y el desperdicio de alimentos. La transformación de los desechos en fuente de nutrientes, biocombustibles o biogás son prácticas que permiten abordar las cuestiones de la seguridad alimentaria y el cambio climático.

Reutilización de las aguas residuales

Los recursos hídricos no convencionales, como aguas residuales tratadas y reguladas, pueden utilizarse para el riego y en los ámbitos industrial y municipal.

¿Cuáles son las claves para avanzar?

Los organizadores de la Semana Mundial del Agua de Estocolmo se han planteado un paso más destacando que hay que trabajar en diferentes frentes para hacer que estas soluciones sean una realidad. Se plantean la importancia de tener un mandato político para poder avanzar, que ya tenemos a nivel internacional con el Acuerdo de París y el Marco de Sendai para la reducción del riesgo de los desastres.

También que tenemos que aprender de los ejemplos que ya tenemos de cooperación entre diferentes niveles de actuación para asegurar la coherencia y la efectividad de las actuaciones.

Quizás los temas mas novedosos tienen que ver con la idea de las ciudades climáticamente inteligentes y las oportunidades para el sector privado. Los organizadores de la Semana Mundial apuestan por conseguir que los fondos del clima sirvan para la adaptación del uso del agua al cambio climático y hacer ver que el conocimiento y la innovación son básicos para mejorar la gobernanza y las capacidades del sistema.

Los organizadores de la COP 26 de Glasgow se están centrando en el tema de la resiliencia y en este contexto consideran que el agua tiene un papel central. Una situación que no se había producido hasta ahora y que hay que aprovechar de manera decidida.

¿Cómo se ven estos retos en España?

En España estos retos son particularmente importantes y preocupan y mucho, porque además hay una dificultad añadida por la competencia por un recurso que el cambio climático hará cada vez más escaso, entre los ecosistemas castigados y las necesidades socioeconómicas de las personas.

Porque lo cierto es que cerca de la mitad de las aguas superficiales y subterráneas no están en buen estado ecológico. Y los problemas de los ecosistemas acuáticos se ven cada día más agravados por los efectos de la crisis climática. A fin de cuentas, España es el país más vulnerable de Europa al cambio climático.

Nuestras zonas húmedas están al borde del colapso ambiental: Doñana; el Delta del Ebro; la Albufera de Valencia; las Tablas de Daimiel y el Mar Menor están en riesgo desde hace dos décadas.

La adaptación al cambio climático es en gran medida un problema de gobernanza, pero también de disponer de las infraestructuras necesarias para hacer frente al nuevo contexto climático. Es utópico y voluntarista pensar que lo uno será suficiente sin lo otro.

Hay que sofisticar los nuevos planes de cuenca para dar respuesta a los nuevos retos y sensibilidades. Es importante la presencia de la sociedad civil, pero también que esa presencia no esté secuestrada ni que haga imposible la adecuada gestión de las cuencas, que no olvidemos ha de garantizar que el agua permita la vida y la actividad de los ciudadanos.

Por supuesto que no solo a corto plazo, sino que también y sobre todo a largo plazo. Los planes tienen que enfocarse al futuro, de forma compatible con el presente a través de un verdadero compromiso con la transición hídrica y la lucha contra el cambio climático, con el objetivo de mejorar la resiliencia necesaria en la adaptación al cambio climático, tanto de las comunidades humanas como de los ecosistemas y su biodiversidad.

¿Cuáles son los avances institucionales?

Sabemos que en España los impactos del cambio climático van a ser tremendos. Los estudios prospectivos apuntan a una reducción de los recursos hídricos disponibles es España (del orden del 24% a final de siglo en el escenario de incumplimiento del Acuerdo de París, y de hasta un 40% en los emplazamientos más vulnerables), así como al aumento de la magnitud y frecuencia de fenómenos extremos como inundaciones y sequías.

Para dar respuesta a este desafío, durante el año 2019 la ministra Ribera anunció la preparación del Libro Verde de la gobernanza del agua de España. También se está preparando en plan nacional de adaptación al cambio climático en el que el agua tiene un papel fundamental y que recoge las propuestas de la subcomisión parlamentaria al respecto.

Los elementos básicos del modelo de transición que se han presentado desde el Ministerio en diversas intervenciones plantean la gestión integral y coordinada de todas las fuentes de oferta, proteger la calidad del  agua que ya tenemos, proteger el patrimonio hidráulico del país, desarrollar y proteger las fuentes de agua no convencionales avanzando hacia la diversificación de recursos, es decir reutilización y desalación fundamentalmente, una apuesta por la eficiencia y la gestión de la demanda como medios para mejorar la seguridad hídrica, aprovechar las múltiples oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías y darle un papel a los instrumentos e incentivos económicos para alinear las decisiones de los usuarios con los objetivos de la transición.

El reto es poner esas herramientas en marcha de forma inclusiva, y asumir que sin integrar a fondo las innovaciones y la digitalización en la gestión integral del ciclo del agua, la transición a una adaptación no traumática no será posible, y provocará frustración y disfunciones.

¿Mejoras en la gobernanza?

El Libro Verde de la Gobernanza del Agua en España ha abordado la reforma necesaria de un sistema de gobernanza del agua que se gestó a partir de finales del siglo XIX.

En el ámbito urbano hay propuestas sobre dos temas esenciales: el regulador y la gestión integral del agua en los pequeños y medianos municipios. Se han desarrollado en un proceso participativo y de concertación y es importante que las propuestas del Libro contemplen la diversidad de opciones que se plantearon en el proceso participativo, para que ese calificativo sea merecido.

La necesidad de una regulación más rigurosa y homogénea es un clamor que no puede solventarse con instrumentos retóricos y no operativos. La objetividad, la independencia y la capacidad de arbitrar han de ser cualidades fundamentales del regulador. En este sentido, el paso adelante de la CNMC no debería caer en saco roto.

Evidentemente, su papel sería muy diferente del que tiene en el mercado energético. pero sin duda tiene las capacidades para desarrollar los objetivos planteados en una perspectiva realista en el tiempo, porque no da igual cuándo se hacen las cosas, y el regulador es necesario ya.

En cuanto a los pequeños municipios, el reto es ser más eficientes y ser capaces de crear economías de escala a través de la agregación de servicios, procurando para esos municipios la misma calidad y excelencia, en la medida de lo posible, que para los grandes núcleos de población. También aquí hay que huir de las simplificaciones ideológicas que después del discurso grandilocuente, acaban con un servicio arcaico, con malas prácticas técnicas y laborales, y en definitiva con el retraso del progreso de esos pequeños municipios.

La crisis sanitaria actual no hace más que reforzar los mensajes de concertación y de trabajo conjunto de los actores público y privados. En el campo de la gestión del agua y el saneamiento urbanos garantizar un suministro de agua de calidad y el funcionamiento de las infraestructuras críticas es una prioridad en la que los diferentes gestores del agua se han unido para conseguirlo bajo el liderazgo constructivo e inclusivo de la ministra Ribera. Por el agua no será.



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