La ONU pide un mayor esfuerzo para asegurar el derecho humano al agua

La ONU pide un mayor esfuerzo para asegurar el derecho humano al agua

Para poder hacer un mejor seguimiento y revisar el progreso hacia el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6, que busca garantizar el agua y el saneamiento para todos, la ONU pide a los países un mayor esfuerzo en la recolección y transmisión de datos, especialmente en países vulnerables


Incluso antes de que llegara la pandemia de COVID-19, el mundo no estaba camino para cumplir el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 6: garantizar el agua y el saneamiento para todos de aquí a 2030. Hace algo más de un mes, el informe del Programa Conjunto de Monitoreo de Unicef y la Organización Mundial de la Salud (OMS) evidenciaba que miles de millones de personas de todo el mundo se quedarán sin acceso a servicios hídricos seguros en la próxima década a menos que el índice de progreso se multiplique por cuatro. Una alerta que se ha repetido  durante la jornada inaugural de la Semana Mundial del Agua, cuando las principales agencias de Naciones Unidas (ONU) encargadas de monitorear el progreso del ODS 6 se han reunido en una sesión temática en la que han repasado los datos más recientes de acceso al agua y han pedido a la comunidad internacional un mayor esfuerzo tanto a la hora de impulsar mejores servicios hídricos como sobre todo a la hora de recabar y transmitir datos, imprescindibles para conocer los retos y soluciones.

“Los expertos en agua deben hacer converger los datos sectoriales en información sobre la que los responsables de la toma de decisiones políticas puedan actuar” ha explicado durante el evento virtual la especialista en monitorización de ONU-Agua Maria Schade, que ha asegurado que las agencias encargadas de controlar el progreso del ODS 6 necesitan “más inversión y apoyo” y ha hecho un llamado global “para que todos nos ayuden en esta materia, ya sean sector público o privado, academia o sociedad civil”.

En la sesión, durante la que se han presentado varios informes sobre indicadores concretos del ODS que recopilan en un solo documento los últimos datos disponibles, han participado también expertos del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), UN-Habitat, Programa Mundial de los Alimentos (FAO), UNESCO, Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (UNECE), Unicef y OMS.

Por mucho que los datos no sean nuevos, la imagen que proporcionan los siete informes de indicadores de los ODS publicados durante la sesión dibujan un panorama hídrico complicado. Más de 2.000 millones de personas en todo el mundo todavía viven sin agua potable administrada de manera segura, 3.600 millones no tienen acceso a un saneamiento adecuado y 2.300 millones carecen de instalaciones básicas para lavarse las manos con agua y jabón en el hogar. En este contexto, solo alrededor de la mitad de los países del mundo cuentan con leyes, instituciones y presupuestos avanzados para la gestión sostenible y equitativa de los recursos hídricos y solo en 24 países todas las aguas transfronterizas están cubiertas por acuerdos operativos para la cooperación en materia de agua.

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El agua es un derecho que no está al alcance de todo el mundo.

Unos problemas humanos a los que hay que sumar otros tantos ambientales: la mayoría de las aguas residuales se devuelven a la naturaleza sin tratamiento, una de cada cinco cuencas hidrográficas del mundo está experimentando cambios rápidos, como inundaciones o sequías, con mayor frecuencia e intensidad, y el 80% de los ecosistemas de humedales ya se han perdido. Además de todo esto, el cambio climático está aumentando la variabilidad del ciclo del agua y los fenómenos extremos relacionados en todas las regiones del mundo, causando estragos y desplazando a millones de personas: actualmente, casi el 10% de la población mundial vive en áreas con alto estrés hídrico.

“Más que nada, necesitamos que los políticos y legisladores a nivel nacional establezcan prioridades más audaces porque los datos muestran que necesitamos un esfuerzo para acelerar el progreso, en algunas áreas hasta cuatro veces más rápido, para cumplir con el ODS 6 en los próximos nueve años”, ha asegurado Schade. Un progreso que, según apuntaron las diferentes agencias que participaron en la sesión virtual, pasa por dos prioridades absolutas: fomentar una mejor recopilación de datos nacionales y subnacionales y ayudar a los encargados de formular políticas a tomar medidas informadas.

Recabar datos para mejorar el agua

Solo podemos administrar de manera sostenible lo que medimos y, en este momento, hay demasiadas lagunas en los datos de progreso de agua y saneamiento. El año pasado, las agencias custodias de los diversos indicadores globales del ODS 6 (OMS, UNICEF, ONU-Hábitat, PNUMA, FAO, UNECE y UNESCO) hicieron un esfuerzo especial para solicitar y recabar más datos en diferentes países a pesar de la complicada situación derivada de la pandemia. En concreto, el COVID-19 causó dificultades extremas para los puntos focales nacionales del ODS 6 en todos los países, con personas obligadas a trabajar desde casa con poco equipo, pocas consultas en persona y muchas actividades de recopilación de datos canceladas. Aún así, los Estados miembros de la ONU proporcionaron de media datos sobre 8.2 de 12 indicadores (frente a 7.0 en 2019), y el número de informes sobre nueve o más indicadores aumentó de 37 en 2019 a 92.

A pesar de este progreso significativo, persisten grandes lagunas de datos para algunos indicadores, especialmente aquellos que dependen de redes de monitoreo in situ, como la calidad del agua y los acuíferos. En este sentido, muchos países basan sus informes sobre la calidad del agua ambiental en relativamente pocas mediciones; los 20 países más pobres informaron sobre solo 1.000 cuerpos de agua en total, mientras que los 24 más ricos informaron sobre casi 60.000. Abordar estos problemas requiere fomentar la ayuda al desarrollo además de un esfuerzo intensivo en capital a largo plazo.

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El control de la calidad de las masas de agua es demasiado costoso para muchos países en desarrollo.

“La falta de datos sobre la calidad del agua de más de 3.000 millones de personas significa que corren riesgos importantes porque se desconoce la salud de sus ríos y lagos”, ha explicado Stuart Warner, del PNUMA, que considera que “esta información debe estar disponible para todos y no solo para aquellos que pueden pagarla” y pide “ayudar a los países en vías de desarrollo para que puedan ampliar sus sistemas de seguimiento“.

Y es que, sin datos, tomamos decisiones en la oscuridad. Gracias a ellos podemos priorizar esfuerzos hacia donde más se necesitan, determinar si se logran los resultados deseados y saber qué soluciones están funcionando y cuáles no, lo que permite dirigir los recursos en función de este aprendizaje. Los datos son verdaderamente  “un elemento vital de la toma de decisiones y la materia prima para la rendición de cuentas”, ha apuntado Bruce Gordon, de la OMS. 

“Es posible obtener ganancias dramáticas en agua y saneamiento cuando los gobiernos y todas las partes interesadas de la sociedad se unen. Asegurarse de que haya agua y saneamiento para todas las personas, para todos los propósitos, para 2030 ayudará a la sociedad global a prepararse para el futuro contra las diversas amenazas que se avecinan”, explican muchos de los participantes en la sesión de la Semana Mundial del Agua en una tribuna publicada este martes en el IISD. “Necesitamos hacer mucho más en todas las metas del ODS 6 y hacerlo mucho más rápido. Esto es crucial para la paz, el desarrollo sostenible, la acción climática y el bienestar humano. Sabemos adónde debemos ir y los datos ayudarán a iluminar el camino“, apuntan.



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